Las maravillas visibles e invisibles de Dios

Dice el Credo que Dios es creador de todo lo visible y de lo invisible.

Pues bien, cada día más veces, en más momentos, me quedo extasiado al contemplar lo que está a mi alcance de esa creación, tanto de lo visible como de lo invisible; sí, también de lo invisible, porque hay no pocas creaciones de Dios invisibles que, aunque suene a paradoja, se nos muestran visibles, palpables.

De las visibles me extasía mi ciudad, sus edificios, el cielo, los seres humanos, aún con sus deficiencias, los animales, las plantas, en fin, todo lo que me rodea cotidianamente. Me extasía pensar que de la nada, de ese “papel en blanco”, el Creador ideó, primero, y creó, después, todo eso. El mar, las montañas, la nieve. Una hormiga laboriosa, la arena, la televisión, el motor de combustión, los aviones. Todo tan complejo como maravilloso, todo increíble, perfecto, intrincado. Todo lo que toco. Un trozo de pan, un buen vino, un refresco. Una simple manzana, un vaso o mi coche, todo es creación de Dios. Incluso lo que consideramos inventos no son sino meros descubrimientos de lo que Dios creó ya desde el mismo instante de la creación. Por ejemplo, y entre infinitos, los trenes ya existían, todo estaba preparado desde que Él lo creó todo. El hombre sólo tenía que descubrirlo, que cumplir con Su mandato de dominar la creación, pero todo, todo, existía ya desde que fue creado por Él. Ha sido cuestión de tiempo, el descubrirlo.

¿Y lo invisible? Pues al margen de todo aquello que no podemos ni imaginar, es decir, de lo que llena el Cielo, hay muchas cosas invisibles que vemos, que palpamos y que, también, claro y cómo no, me extasían. Por ejemplo, hoy los móviles, es decir, la capacidad para conectarnos sin hilos de una punta a otra de la Tierra, esa creación, que también lo es de Él, existía desde que Dios creó todo, sólo era también cuestión de tiempo que el hombre lo descubriera, pero ahí estaba. Y como tal ejemplo, simple, infinitas cosas más invisibles pero que hoy podemos, digamos, ver.

Y así, entre visibles e invisibles, ad infinitum.

Las maravillas visibles e invisibles de Dios que hoy contemplamos cada día, a cada minuto, de las que nos servimos son infinitas y… claro, maravillosas. En ellas se refleja también Dios, en ellas Le vemos, Le podemos palpar, sabemos que está, que es, que todo lo hizo, que todo lo puede, porque sólo Él, omnipotente, puede haber hecho tanto y tan maravilloso, visible e invisible pero que podemos ver.

Y me extasío cuando pienso qué infinitas cosas más, visibles e invisibles, nos quedan por descubrir, y que verán nuestros descendientes, qué sorpresas les esperan cuando consigan descubrirlas, cuando dominen más y mejor lo creado por Dios para nuestro solaz y vida. No podemos ni imaginarlo, como alguien de hace tres siglos jamás pudo ni imaginar que, como hemos dicho, podríamos hablarnos de una a otra punta del planeta a través del espacio, de las ondas o viajar en automóviles, o…

Valoremos cada día, cada minuto, la creación, la obra maravillosa visible o invisible pero visibles de Dios que nos rodea, de la que nos aprovehchamos, y démosle las gracias por ser Quien es y por poner a nuestra disposición tanto. Parémosnos varias veces durante el día para fijarnos en ésto o aquéllo, admirémoslo, reconozcamos su valor y démosle las gracias, y… tomemos conciencia de cuán pequeños somos y cuán grande, omnipotente e infinito es Él, y agradezcámoslo cumpliendo sus mandamientos que son, también, parte maravillosa de Su creación.


5 respuestas a «Las maravillas visibles e invisibles de Dios»

  1. Comparto tan justificada admiración, querido Juan:

    «Más bien, como dice la Escritura, anunciamos: lo que ni el ojo vio, ni el oído oyó, ni al corazón del hombre llegó, lo que Dios preparó para los que le aman.»

    (I Corintios, 2 : 9)

    Pero también…

    «Pongo hoy por testigos contra vosotros al cielo y a la tierra: te pongo delante vida o muerte, bendición o maldición. Escoge la vida, para que vivas, tú y tu descendencia.»

    (Deuteronomio, 30 : 19)

  2. Percibimos la belleza cuando estamos en paz. Da igual que miremos un zafiro o una lata oxidada, a una adolescente despreocupada o a una anciana cocinando: cualquier ser u objeto nos resulta bello si estamos en paz. El grado de belleza que se perciba no es relativo a lo observado sino proporcional al grado de paz que haya conquistado el observador. Y así discurriendo, me pregunto: ¿acaso estar en paz, hacer el bien, amar, tener fe en Dios… no son una y la misma cosa?

  3. «Teoría de los universos multidimensionales» de Carlos Scabbath
    Dios no creó pueblos ni ciudades pero sí creó la Naturaleza…su Creación auténtica donde todo ser viviente tiene su propia inteligencia…desde un pájaro a un arbol…todo es belleza + inteligencia

  4. Si observamos y conseguimos VER desde el espíritu ese maravilloso documental que nos envió el señor Julio, ( gracias!!! ) sabremos
    que la naturaleza es Dios y que a la especie humana la creó su adversario con el propósito de destruirla.

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