Las minas no sólo matan

ESCUCHAR NOTICIA: Hace unas semanas, el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos publicó un informe sobre el impacto de las minas antipersona. Al leer el título, es fácil pensar que se trata de un documento sobre guerra, armamento o seguridad. Pero en realidad habla de algo mucho más amplio. Habla de derechos humanos. Porque las minas no sólo matan o hieren a quienes las pisan. También limitan derechos tan básicos como la educación, la salud, la alimentación, el trabajo o la libertad de movimiento. Una mina puede impedir que una familia llegue a un pozo de agua. Puede obligar a un pastor a abandonar rutas tradicionales de pastoreo. Puede dejar inutilizadas tierras durante décadas. Puede hacer que un niño tenga que recorrer caminos más largos para llegar a la escuela. Puede convertir una actividad cotidiana en un riesgo permanente. A veces pensamos en las minas como un problema que aparece en el instante de una explosión. Sin embargo, su impacto real suele ser mucho más silencioso y prolongado. Una mina enterrada puede seguir condicionando la vida de una comunidad durante generaciones. En el Sáhara Occidental esta realidad sigue estando presente. Décadas después del conflicto, miles de minas y restos explosivos continúan dispersos por amplias zonas del territorio. No sólo representan una amenaza para la vida de las personas. También afectan a actividades cotidianas tan esenciales como desplazarse, cuidar el ganado, acceder a determinadas zonas de pastoreo o aprovechar recursos fundamentales para la vida de muchas familias. Por eso resulta tan importante el trabajo que realizan las organizaciones saharauis dedicadas a la acción contra las minas. Una de ellas es SMACO (Sahrawi Mine Action Coordination Office) (AQUI), el organismo encargado de coordinar la acción contra las minas en los territorios liberados del Sáhara Occidental. Su labor incluye la identificación de zonas peligrosas, la recopilación de información sobre accidentes, la educación sobre riesgos y la coordinación de las actividades de desminado. Junto a SMACO trabaja también ASAVIM, la Asociación Saharaui de Víctimas de Minas (AQUI), que acompaña a las personas supervivientes y a sus familias. Porque el impacto de una mina no termina cuando se produce una explosión. Muchas víctimas necesitan atención médica, rehabilitación, apoyo psicológico y acompañamiento durante años para reconstruir sus vidas. Y hay una tercera organización que merece una mención especial. Se trata de SMAWT (Sahrawi Mine Action Women’s Team) (AQUI), el Equipo Saharaui de Mujeres para la Acción contra las Minas. Su existencia nos recuerda algo importante: la acción contra las minas no consiste únicamente en localizar explosivos. También consiste en informar, prevenir y proteger. Las mujeres de SMAWT desarrollan campañas de sensibilización, trabajan directamente con las comunidades y ayudan a que la información sobre los riesgos llegue a quienes más la necesitan. Su labor es especialmente valiosa en una sociedad donde las mujeres desempeñan un papel central en la vida comunitaria y familiar. Cuando hablamos de desminado solemos pensar en detectores, vehículos especializados o equipos técnicos. Pero el desminado también tiene un rostro humano. El de quienes ayudan a una víctima a recuperar parte de su autonomía. El de quienes enseñan a un niño a reconocer una zona peligrosa. El de quienes recorren kilómetros para advertir a una comunidad de un riesgo que no se ve, pero que sigue estando ahí. Porque retirar una mina no significa únicamente eliminar un explosivo. Significa devolver seguridad. Devolver movilidad, oportunidades, derechos. Y quizás esa sea la reflexión más importante que nos deja el informe de Naciones Unidas: que la acción contra las minas no es sólo una cuestión técnica o de seguridad. Es también una cuestión de dignidad humana. Mientras existan minas enterradas, parte de esos derechos seguirá enterrada con ellas. Y mientras haya personas y organizaciones trabajando cada día para eliminarlas, también habrá motivos para la esperanza. Puedes leer AQUI el “Impacto de las minas antipersonal en los derechos humanos. Informe del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos”   Pulse para escuchar el texto Hace unas semanas, el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos publicó un informe sobre el impacto de las minas antipersona. Al leer el título, es fácil pensar que se trata de un documento sobre guerra, armamento o seguridad. Pero en realidad habla de algo mucho más amplio. Habla de derechos humanos. Porque las minas no sólo matan o hieren a quienes las pisan. También limitan derechos tan básicos como la educación, la salud, la alimentación, el trabajo o la libertad de movimiento. Una mina puede impedir que una familia llegue a un pozo de agua. Puede obligar a un pastor a abandonar rutas tradicionales de pastoreo. Puede dejar inutilizadas tierras durante décadas. Puede hacer que un niño tenga que recorrer caminos más largos para llegar a la escuela. Puede convertir una actividad cotidiana en un riesgo permanente. A veces pensamos en las minas como un problema que aparece en el instante de una explosión. Sin embargo, su impacto real suele ser mucho más silencioso y prolongado. Una mina enterrada puede seguir condicionando la vida de una comunidad durante generaciones. En el Sáhara Occidental esta realidad sigue estando presente. Décadas después del conflicto, miles de minas y restos explosivos continúan dispersos por amplias zonas del territorio. No sólo representan una amenaza para la vida de las personas. También afectan a actividades cotidianas tan esenciales como desplazarse, cuidar el ganado, acceder a determinadas zonas de pastoreo o aprovechar recursos fundamentales para la vida de muchas familias. Por eso resulta tan importante el trabajo que realizan las organizaciones saharauis dedicadas a la acción contra las minas. Una de ellas es SMACO (Sahrawi Mine Action Coordination Office) (AQUI), el organismo encargado de coordinar la acción contra las minas en los territorios liberados del Sáhara Occidental. Su labor incluye la identificación de zonas peligrosas, la recopilación de información sobre accidentes, la educación sobre riesgos y la coordinación de las actividades de desminado. Junto a SMACO trabaja también ASAVIM, la Asociación Saharaui de Víctimas de Minas (AQUI), que acompaña a las personas supervivientes y a sus familias. Porque el impacto de una mina no termina cuando se produce una explosión. Muchas víctimas necesitan atención médica, rehabilitación, apoyo psicológico y acompañamiento durante años para reconstruir sus vidas. Y hay una tercera organización que merece una mención especial. Se trata de SMAWT (Sahrawi Mine Action Women’s Team) (AQUI), el Equipo Saharaui de Mujeres para la Acción contra las Minas. Su existencia nos recuerda algo importante: la acción contra las minas no consiste únicamente en localizar explosivos. También consiste en informar, prevenir y proteger. Las mujeres de SMAWT desarrollan campañas de sensibilización, trabajan directamente con las comunidades y ayudan a que la información sobre los riesgos llegue a quienes más la necesitan. Su labor es especialmente valiosa en una sociedad donde las mujeres desempeñan un papel central en la vida comunitaria y familiar. Cuando hablamos de desminado solemos pensar en detectores, vehículos especializados o equipos técnicos. Pero el desminado también tiene un rostro humano. El de quienes ayudan a una víctima a recuperar parte de su autonomía. El de quienes enseñan a un niño a reconocer una zona peligrosa. El de quienes recorren kilómetros para advertir a una comunidad de un riesgo que no se ve, pero que sigue estando ahí. Porque retirar una mina no significa únicamente eliminar un explosivo. Significa devolver seguridad. Devolver movilidad, oportunidades, derechos. Y quizás esa sea la reflexión más importante que nos deja el informe de Naciones Unidas: que la acción contra las minas no es sólo una cuestión técnica o de seguridad. Es también una cuestión de dignidad humana. Mientras existan minas enterradas, parte de esos derechos seguirá enterrada con ellas. Y mientras haya personas y organizaciones trabajando cada día para eliminarlas, también habrá motivos para la esperanza. Puedes leer AQUI el “Impacto de las minas antipersonal en los derechos humanos. Informe del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos”

Hace unas semanas, el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos publicó un informe sobre el impacto de las minas antipersona.

Al leer el título, es fácil pensar que se trata de un documento sobre guerra, armamento o seguridad.

Pero en realidad habla de algo mucho más amplio. Habla de derechos humanos.

Porque las minas no sólo matan o hieren a quienes las pisan. También limitan derechos tan básicos como la educación, la salud, la alimentación, el trabajo o la libertad de movimiento.

Una mina puede impedir que una familia llegue a un pozo de agua.

Puede obligar a un pastor a abandonar rutas tradicionales de pastoreo.

Puede dejar inutilizadas tierras durante décadas.

Puede hacer que un niño tenga que recorrer caminos más largos para llegar a la escuela.

Puede convertir una actividad cotidiana en un riesgo permanente.

A veces pensamos en las minas como un problema que aparece en el instante de una explosión.

Sin embargo, su impacto real suele ser mucho más silencioso y prolongado.

Una mina enterrada puede seguir condicionando la vida de una comunidad durante generaciones.

En el Sáhara Occidental esta realidad sigue estando presente.

Décadas después del conflicto, miles de minas y restos explosivos continúan dispersos por amplias zonas del territorio. No sólo representan una amenaza para la vida de las personas. También afectan a actividades cotidianas tan esenciales como desplazarse, cuidar el ganado, acceder a determinadas zonas de pastoreo o aprovechar recursos fundamentales para la vida de muchas familias.

Por eso resulta tan importante el trabajo que realizan las organizaciones saharauis dedicadas a la acción contra las minas.

Una de ellas es SMACO (Sahrawi Mine Action Coordination Office) (AQUI), el organismo encargado de coordinar la acción contra las minas en los territorios liberados del Sáhara Occidental. Su labor incluye la identificación de zonas peligrosas, la recopilación de información sobre accidentes, la educación sobre riesgos y la coordinación de las actividades de desminado.

Junto a SMACO trabaja también ASAVIM, la Asociación Saharaui de Víctimas de Minas (AQUI), que acompaña a las personas supervivientes y a sus familias. Porque el impacto de una mina no termina cuando se produce una explosión. Muchas víctimas necesitan atención médica, rehabilitación, apoyo psicológico y acompañamiento durante años para reconstruir sus vidas.

Y hay una tercera organización que merece una mención especial.

Se trata de SMAWT (Sahrawi Mine Action Women’s Team) (AQUI), el Equipo Saharaui de Mujeres para la Acción contra las Minas.

Su existencia nos recuerda algo importante: la acción contra las minas no consiste únicamente en localizar explosivos.

También consiste en informar, prevenir y proteger.

Las mujeres de SMAWT desarrollan campañas de sensibilización, trabajan directamente con las comunidades y ayudan a que la información sobre los riesgos llegue a quienes más la necesitan. Su labor es especialmente valiosa en una sociedad donde las mujeres desempeñan un papel central en la vida comunitaria y familiar.

Cuando hablamos de desminado solemos pensar en detectores, vehículos especializados o equipos técnicos.

Pero el desminado también tiene un rostro humano.

El de quienes ayudan a una víctima a recuperar parte de su autonomía. El de quienes enseñan a un niño a reconocer una zona peligrosa.

El de quienes recorren kilómetros para advertir a una comunidad de un riesgo que no se ve, pero que sigue estando ahí.

Porque retirar una mina no significa únicamente eliminar un explosivo.

Significa devolver seguridad. Devolver movilidad, oportunidades, derechos.

Y quizás esa sea la reflexión más importante que nos deja el informe de Naciones Unidas: que la acción contra las minas no es sólo una cuestión técnica o de seguridad. Es también una cuestión de dignidad humana.

Mientras existan minas enterradas, parte de esos derechos seguirá enterrada con ellas.

Y mientras haya personas y organizaciones trabajando cada día para eliminarlas, también habrá motivos para la esperanza.

Puedes leer AQUI el “Impacto de las minas antipersonal en los derechos humanos. Informe del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos”


3 respuestas a «Las minas no sólo matan»

  1. A España no le interesa inmiscuirse en el litigio entre los saharauis y los marroquíes…allá ellos.
    Lo que sí debe interesar, y preocupar, a las fuerzas armadas españolas es cómo piensan hacer frente a las amenazas que se ciernen sobre Ceuta, Melilla y las Islas Canarias, y que antes o después se convertirán en un enfrentamiento armado entre España y Marruecos.
    Muchos españoles no son conscientes del peligro que representan los 3 millones de musulmanes, la mayoría de ellos marroquíes, que ya están dentro del territorio español cuando hay un país musulmán, enemigo de España, al otro lado del Estrecho de Gibraltar.

    1. Completamente de acuerdo con el comentario…. excepto con el principio.
      Pues el apoyo incondicional de España a la causa saharahui, es una forma muy eficaz de mantener a raya a Marruecos.
      “Los enemigos de mis enemigos deben ser mis amigos”
      Aunque la verdad de este aserto, debe hacernos obviar -que no olvidar- el hecho de que el Frente Polisario se ganó su desgracia, contribuyendo a nuestro vergonzoso abandono del Sahara.
      En realidad Marruecos “manipuló” tanto a España como al pueblo Saharahui, poniéndolo contra nosotros.
      Si España le hubiera declarado la guerra a Marruecos, cuando era débil, no estaríamos ahora en la peligrosa situación que tan acertadamente se expone en el artículo.
      Es más, si España no se hubiera “arrugado” ante la bravata del sátrapa Mohamed, no hubiera habido guerra.
      O lo que es igual y lo mismo: si la enfermedad terminal de Franco no hubiera convertido a Juan Carlos en Jefe del Estado en funciones -pero con las atribuciones para declarar la guerra a Marruecos si se hubiera atrevido a cruzar la frontera del Sahara- en vez de darnos la orden de abandonar el Territorio, la historia hubiera sido muy distinta.
      Sin abandono del Sahara… y sin el posterior perjurio.
      Yo era teniente de la Agrupación de Tropas Nómadas del Sahara y “lo viví”
      No me lo han contado.

  2. LOS SOCIALISTOS, grandes defensores de la causa saharahui cuando están en la oposición, cuando llegal al poder, pasan de ellos como de la m…
    EL RÉGIMEN SANCHISTA ESTÁ VENDIDO A MARRUECOS, ellos sabrán porqué.

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