Las monjas que visitaban a Franco

José María Sánchez de Toca

La historia de las “visitas” de Ramona y Madre Esperanza, y de otras monjas que visitaban al Caudillo ha sido uno de los mejores secretos guardados de la vida del Generalísimo. A raíz de la lectura de un interesantísimo libro titulado “Los profetas de la piel de toro”[1], del recientemente fallecido José María Sánchez de Toca, general, historiador y escritor, he tenido la fortuna de encontrar en un mismo texto la información de las  religiosas que durante gran parte de la vida de Franco le “visitaron”. Se ha escrito sobre ello, pero es la primera vez que este aspecto tan particular en insólito de la vida del Caudillo está recogido en conjunto. Lo verdaderamente singular y extraordinario es que tales “visitas” eran por bilocación. Haré referencia a dos de estas religiosas, posiblemente las más significativas: Ramona “la Catalana” y Madre Esperanza, hoy beata.

María de los Remedios Llimargas Solé

Ramona María de los Remedios Llimargas Solé (1892-1940), era natural de Vic, hija única. Sus padres eran demandaderos de un convento, es decir, encargados de todas las necesidades externas de las monjas. Su niñez se desarrolló con muchas necesidades económicas, además de tener que soportar el duro trato de parte de la madre, que la menospreciaba. Superó la poliomielitis y la dislexia. Su ferviente fe fue un grandísimo consuelo para  Ramona. Los frailes franciscanos de Vic la ayudaron dándole encargos como recadera de la comunidad. Uno de los franciscanos, fray Francisco Sedó, fue su primer director espiritual.

Su madre murió en 1924, Ramona estuvo muy preocupada por su alma; fue en 1940 cuando supo que su madre se había salvado. Ramona tenía contacto asiduo con la Animas del Purgatorio.  Además de cuidar de su padre, Ramona se dedicó a las obras de misericordia con unas amigas afines a sus inquietudes espirituales. Las manifestaciones extraordinarias se daban con frecuencia y era casi imposible ocultarlas. Durante la guerra se libró de forma extraordinaria de la muerte, y a su finalización, fundó, en Barcelona, con sus compañeras, la “Obra de Jesús Paciente”, dedicada a adorar a Dios y atender a los enfermos más pobres y necesitados.

En 1940 contrajo su última enfermedad al pedir al Señor que pasara a ella el cáncer  de una enferma que estaba cuidando. Ramona falleció el de octubre de 1940, a los 48 años de edad.

Es un hecho histórico conocido el tema de la “mano de santa Teresa”, que fue inseparable de Franco, pero poco se ha divulgado el tema de las bilocaciones  de Ramona; primero, por la vida escondida de la religiosa catalana, y, en segundo lugar, el que el propio Caudillo hablara de ello hubiera sido inoportuno e improcedente.

Ramona anunció la guerra civil con años de anticipación, y esta profecía fue como el preludio de su misión de “ángel tutelar” en las trincheras y hospitales de los dos bandos, a donde Ramona fue en bilocación.

Ramona cuidaba en bilocación a los heridos y moribundos que habían quedado abandonados en el espacio llamado tierra de nadie entre las trincheras de ambos bandos. En este estado de bilocación también visitaba hospitales o se encontraba con Franco y con altos mandos republicanos.

Continuemos con estos párrafos del libro: Al comienzo de la guerra civil, Ramona sabía que era mensajera de Dios ante Franco y no lo negaba a quienes estaban a su lado durante sus bilocaciones. Sus visitas podrían explicar algunas predicciones de Franco tan exactas como aquella confidencia al general Ungría en abril de 1937 de que la guerra durará todavía dos años, como puntualmente ocurrió. No consta cuando fue la primera bilocación, pero tal vez fuera anterior al paso del Ejército de África por el Estrecho de Gibraltar sin que Franco, que lo observaba desde el Monte Hacho, en la orilla ceutí del Estrecho, mostrara la menor inquietud.

Fue Franco quien le dio a Ramona el apodo de “la Catalana”.  En su primera entrevista, Franco se santiguó y, seguramente para salir de dudas ante algo que evidentemente era sobrenatural, dijo a Ramona:

  • ¿Podría rezar usted conmigo una avemaría?
  • No una sino tres, había sido la respuesta de ella.

Ramona hablaba en catalán y daba a Franco el “vos” tradicional, segunda persona del plural equivalente a usted, pero cuando hablaba en nombre de Dios le tuteaba. Desde el primer día los mensajes empezaban con las palabras: “¡Francisco, Francisco!”, seguidas de la orden o el consejo en pocas y breves frases:

-Hábleme, por favor en castellano -rogaba Franco.

No’l se parlar… [No lo sé hablar] y seguía hablando su catalán nativo, aunque se hacía entender […]

-¿Quién ha dejado entrar esta mujer? -inquirió [Franco] para más cerciorarse de lo sobrenatural del asunto -saliendo él  un poco para explorar a quien vigilaba en la antesala.

.¿Qué mujer? -le contestaron. Al regresar al despacho, ya no encontró a Ramona.”

Los mensajes de Ramona eran muy breves. Fue ella quien advirtió a Caudillo del banquete preparado en Zaragoza para envenenarle:

-¡Francisco, Francisco!, reza siempre el rosario. El Rosario de María te librará de todo peligro, de todo accidente y de todo contratiempo… La Virgen  velará por ti siempre, y en los días más difíciles.

-¡Francisco, Francisco!, ya ves que se te prepara un banquete en Zaragoza. ¡No vayas, no vayas! Y si vas ¡no comas el primer plato, que le han puesto veneno! Y se descubrió el veneno preparado.

-¡Francisco, Francisco!, ya han llegado y están seguros los dos barcos [con trigo argentino].

Los testigos de tales “visitas” eran muchos, ayudantes, escoltas, centinelas, oficiales de guardia…, pero por prudencia se le daba a la “visita” un carácter de normalidad. Cuando se le preguntaba al Caudillo sobre quién era, contestaba con toda normalidad: Ramona la Catalana, sin dar explicaciones.

Algunos de los generales de Franco sabían de estas “visitas”; el testimonio que aporta le libro lo corrobora:

Apenas acabada la campaña militar, en la primavera de 1939, vino el general Petrirena a Barcelona para visitar a una hija suya religiosa del colegio situado en el barrio de san Gervasio. El capellán del colegio era un famoso sacerdote-periodista, mosén Pedro Lisbona. Aquel ilustre visitante encendió su curiosidad de periodista y eclesiástico y se las arregló para que aceptase ir a comer a su casa en la calle Santaló 60, y con su hermano don José Lisbona. La conversación no tardó, lógicamente, en centrarse sobre Franco. Y se comentaba la descarada protección del cielo y sus ayudas increíbles para poder ganar al fin una guerra que tenían perdida desde el principio. Porque el bando republicano aliado de anarquistas y de marxistas y comunistas del mundo entero llevaba las de triunfar en toda la línea y rápidamente.

-Fue la protección de Santa Teresa -se decía en la mesa- la santa que se le mostraba y le favorecía con sus mensajes […] Eso ha sonado -repetía- hasta en nosotros, los que estábamos en la zona roja.

El general oía sonriente, y al fin les dijo:

-No sería Santa Teresa cuando hablaba en catalán.

María Josefa Alhama Varela

Pasemos, ahora, a hablar de Madre Esperanza[2]. María Josefa Alhama Varela había nacido el 30 de septiembre de 1983 en Santomera, Murcia. Era la mayor de nueve hermanos, de familia muy pobre.

En 1915 profesó de religiosa con el nombre de Esperanza. Sus fenómenos místicos eran más que evidentes, entre estos, la bilocación. Consta que un obispo de Colombia informó que una monja española se le presentaba para darle consejos.

En 1930 fundó la Congregación de las Esclavas del Amor Misericordioso, pero Roma no la quiso aprobar, registrándola como una asociación de derecho civil. Encontró una gran oposición en el obispo de Madrid, Eijo y Garay. En 1936 fue a Roma, fundó un colegio y se entrevistó con Pío XI, regresando a España para velar por sus fundaciones, que estaban todas en la zona roja.

El obispo de Madrid consiguió apartarla de su congregación y el 3 de junio de 1940 la mandó a Roma a que la investigaran. Después de dos años de investigación y vigilancia, el Santo Oficio aprobó la congregación que años atrás no había querido aprobar.

En 1951  fundó la congregación de sacerdotes. En 1954 fundó el Santuario del Amor Misericordioso, en Collevalenza. Murió en el Santuario el 8 de febrero de 1983 y fue beatificada el 24 de abril de 2002.

Pasemos a la interesantísima información siguiente,  vayamos al libro:

De acuerdo con el testimonio de quien la trató personalmente, la Madre Esperanza se entrevistó frecuentemente con Franco, no sólo en el Pardo, sino también en África y Oviedo. Unas mojas de Oviedo contaban que, de improviso, subía y Franco acudía a hablar con ella. Según este mismo testimonio, años o meses antes de estallar la guerra civil, la Madre Esperanza estuvo en bilocación en África para buscar a un tal general Franco.  En aquella época, Franco era hombre moderadamente conocido en algunos círculos, pero era casi totalmente desconocido del gran público, que en cambio adoraba a su hermano Ramón por la proeza aeronáutica del  “Plus Ultra”. Madre Esperanza lo localizó por fin, se le presentó y le dijo:

Usted tiene que comenzar un movimiento para salvar a España.

¿Por qué yo? -preguntó Franco.

Porque Jesús me ha dicho que tiene que ser usted.

Franco, que estuvo en África casi toda su carrera hasta su ascenso a general, no volvió allí hasta julio de 1936. La visita de la Madre Esperanza sólo pudo ocurrir, o bien en la década d ellos veinte a un Franco treintañero que aún no era general sino un jefe muy distinguido, o bien en Tetuán o Ceuta en el verano de 1936, antes del paso del Estrecho.

El pronunciamiento inicial fracasó y degeneró en guerra civil. Los sublevados, que no había previsto esta contingencia, buscaron ayuda en Italia y Alemania, cuyos gobiernos suponían mejor predisposición hacia la causa. La Madre Esperanza se presentó en bilocación a Mussolini, para decirle:

-Tenga la seguridad que España pagará.

Según un testimonio de una pintora española que fue a Collevalenza a tomar apuntes para un retrato de la Madre Esperanza, cuando el entonces Príncipe de España asumió la Jefatura del Estado en funciones durante la penúltima enfermedad de Franco, éste consideró la posibilidad de entregarle el poder definitivamente, pero la Madre Esperanza se le presentó en bilocación para decirle de parte de Dios que debía permanecer en su cargo hasta morir. Cuando Franco murió, la Madre Esperanza estaba triste:

-Pero Madre, no se preocupe, está el Príncipe.

La Madre Esperanza puso una cara muy seria; no me gusta el Príncipe.

Francisco Franco, Caudillo de España, nunca estuvo solo. El Cielo lo protegió.

[1] Del libro, a pesar de estar editado en 2009, no puede encontrarse ningún ejemplar, ni siquiera de segunda mano. Algo verdaderamente extraño; como si alguna “mano” los hubiera hecho desaparecer del mercado.
[2] Al consultar la página oficial de la Congregación fundada por la Madre Esperanza, no hay ni el más mínimo rastro de esta parte de su vida relacionada con el Caudillo.

3 respuestas a «Las monjas que visitaban a Franco»

  1. ¡Para que luego digan que no hay censura!
    Los moros ya decían que Franco tenía baraka, o algo así, es decir, buena suerte.
    Y así fue.
    Alguna de sus heridas en Marruecos eran mortales de necesidad, y por alguna razón, logró sobrevivir a ellas.
    Que era una persona predestinada, protegida por Dios.

  2. Sir Samuel Hoare, embajador del Reino Unido en España (1940~1944) y un auténtico peso pesado de la política en su país, dejó escrito de Francisco Franco que llegó a pensar sobre su posible inspiración por la Providencia, porque NUNCA SE EQUIVOCABA EN SUS DECISIONES más importantes. Y siempre así, mientras duró la dramática y procelosa travesía de aquel tristísimo período de la historia europea y mundial.

  3. Voy a terminar por enfadarme con el editor, porque no soy capaz de seguir el ritmo de sus publicaciones.
    (¡Claro, tendría antes que hacerlo conmigo mismo por incapaz!)
    En resumen, que felicito a esta magnífica página, aun a riesgo de tener que dedicar muchísimo tiempo (incluso a toro pasado) en leerla, rumiarla y archivarla

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