Las pesadillas del Gral. Llago Navarro

Unos dicen que al Gral. Llago Navarro, jefe de la actual Legión, se le ve mohíno, cabizbajo y apesadumbrado; además de con grandes ojeras. Otros que no, que se le ve que… bueno, que intenta mantener el tipo, bien que la sonrisa no es más que una mueca. En lo que sí coinciden todos es en que el Gral. Llago tiene pesadillas. (Artículo anterior que debe leerse para comprender mejor éste: AQUÍ)

1ª pesadilla.-

Duerme el General a pierna suelta, todo es silencio y paz hasta que… ahí está de nuevo ese espectro bajito, regordete, con bigotito y vestido de General, ese que se parece a…

«Excelencia, mi General, a sus órdenes» –dice Llago cuadrándose tumbado en la cama.

«Mariquita, mariquita, Llaaaaago, legia de pacotillaaaaaaaa, mariquita, que de Capitán me alababas, me ponías como ejemplo y exaltabas, cabroncete, y de Generaaaal… de General caaaaallaaaaas y te escondeeeees… mariquiiiiiiiita, mariquiiiiiitaaaaaaa» –dice el espectro con voz atiplada.

«No, no, mi General, mi Generalísimo, no, no es verdad, yo siempre…» –responde Llago.

«Mariquita, mariquita, cabronceeeeteeeeeee, qué parte del Credo legionario no has entendido, cuál has olvidado, mariquiiiiitaaaaaa, que te has vendido desde Comandante por unos viles ascensos, mariquitaaaaa, cabroncete».

«Mi General, mi Caudillo, mi…».

Se despierta el Gral. Llago empapado en sudor, tembloroso, a él, tan legionario, le tiemblan las pantorrillas, mudo y avergonzado porque ese espectro no deja de fustigarle desde hace días con esa voz tan peculiar, con las mismas frases y reproches.

2ª pesadilla.-

De vuelta en la cama, tras un par de horas para lograr serenarse, el Gral. Llago vuelve a dormir a pierna suelta hasta que…

Ahí está, aquí llega, ya lo ve: ese otro espectro vestido de rojo, pequeño y feo, asqueroso, de cuya cara amargada cuelgan dos carrillos, buchetes o papos descomunales; qué horror. Tiembla el General al oír la voz imperativa y estridente del espectro.

«Generaalllll Llaaaaago. Con que franquista de Capitáááánnnn, eeeeh. ¡Fascista, más que fascista! Le hemos pillaaaaadooooo» –dice el espectro.

«No, no, excelentísima y maravillosa y guapísima señora ministra, no, jamás, yo constitucional, demócrata de toda la vida y… rojo, ministra, rojo hasta la médula, como su maravilloso vestido» –dice Llago.

«¡Mentira! –grita el espectro histérico– «Mentira cochina, lamecuuuuuulos, mentiroso, bisagreeeeeero, arrastrao, pelota, pelota y más que pelooooota. Lo hemos visto todooooos: eres un fascista y un franquista».

«¡No, no, no!» –grita fuera de sí el General.

«¡Sí, sí, sí! –lo hace el espectro– Y por eso vas a ascender a División cuando las ranas crien pelos o cuando el puñetero pequeño saltamontes logre salir del monasterio, o sea, nuncaaaaa, nuncaaaaaa, fachaaaaa, franquistaaaaa, fascistaaaaa».

Se despierta el Gral. Llago nadando en sudor frío, con el corazón desbocado, dando gritos de horrror y, aún medio dormido, corre por la casa golpeándose con las paredes diciendo: «¡¡No, eso no, tantas dobleces para llegar a Brigada, por favor, las que hagan falta para hacerlo a División!!».

La familia se despierta asustada. Llaman a la puerta y es la policía alertada por algún vecino. Al poco, el Gral. Llago sale en volandas entre dos celadores y en ambulancia sin dejar de balbucear: «Mañana mismo le escribo a la ministra sin falta, mañana mismo y le digo que siempre he sido constitucional, demócrata y rojo, más rojo que las amapolas».

Ustedes no se preocupen. No pasa nada. Lo relatado viene ocurriendo desde hace varios días. Mañana, tras unas pastillitas, un tate tí y un tate ta, el Gral. Llago, actual jefe de la actual Legión, volverá a ocupar su despacho tranquilo y reposado porque sabe que… hace días que escribió esa carta.

P.D.- Roma, no; pero la España de hoy sí paga traidores.

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