Las pruebas del pucherazo del 28-A

1.- Las encuestas del CIS venían pronosticando desde muchos meses antes de los comicios unos resultados que coinciden exactamente con los que se produjeron el 28-A, lo que permite sospechar que en realidad estaban anunciando lo que estaba prefabricado que saliera, con el fin de hacer creíbles los escandalosos resultados a favor de la izquierda y los separatistas.

2.- Mientras que la mayoría de las encuestas han fallado más de la cuenta últimamente ―pues en el 2016 fallaron estrepitosamente, y también fallaron las andaluzas―, en esta ocasión han clavado los resultados.

3.- No pasaba ni media hora del cierre de los colegios electorales, cuando la inmensa mayoría de las urnas no habían empezado el recuento de los votos, ya se sabían los resultados de las elecciones, que concordaban con los pronósticos del CIS. A lo largo de toda la noche, se mantuvieron en las mismas cifras, sin ninguna variación.

4.- Ningún medio de comunicación ―todos adictos al sistema― ha hecho mención de las grandes probabilidades de que España haya sido víctima de un fraude electoral

5.- Es altamente sospechoso el decreto «anti-hackeo» que promulgó el Gobierno unos días antes de los comicios, con el fin aparente de proteger los resultados electorales de posibles ataques cibernéticos. El Comité encargado de este protocolo envió las actas por vía electrónica a un servidor secreto con una IP indetectable, donde los resultados de las actas pudieran ser «analizados», es decir, manipulados, antes de remitirlas al Centro de Datos encargado del recuento. El mecanismo adulterador más sofisticado es el programa conocido como «Reconocimiento inteligente de datos», que consiste en que, al escanear un acta para introducirla en el programa informático de recuento, sus datos son cambiados, de modo que la imagen electrónica del acta no se corresponde con la imagen física, al tener resultados distintos.

6.- Durante la jornada electoral se produjeron graves irregularidades en muchos colegios electorales, que siempre tenían como víctimas a los partidos de centro-derecha, especialmente a VOX: desde los apoderados que fueron obligados a abandonar el recuento por un presidente de mesa, hasta las papeletas de la derecha tiradas por el suelo; desde un presidente de mesa que abría los sobres con un lápiz para que su huella invalidara la papeleta, hasta el asombro de los apoderados que entregaban actas a las tantas de la noche, cuando a la media hora del cierre de los colegios ya se daban los resultados…

7.- Las cifras del censo fueron manipuladas, produciéndose numerosas denuncias de personas que no aparecían registradas en él, a pesar de haber votado con normalidad en anteriores elecciones, sin que nadie les diera una explicación del error.

8.- De acuerdo a las cifras dadas por el Ministerio del Interior y el INE, el 7 de marzo de 2019 el censo total era de 36.893.976 votantes, pero el 28-A los votantes totales fueron 26.361.051 ―incluyendo votos en blanco y votos nulos―, y si a esta cifra le sumamos una abstención de 8.437.153, el resultado final nos da 34.798.204, con lo cual se demuestra que han sido purgados del censo 2.095.772 votantes. Según cálculos aproximativos, esa cantidad de votos desaparecidos son suficientes para amañar sustancialmente unas elecciones, pudiendo restar incluso 50 diputados al conjunto de partidos a los que se quiere perjudicar, que fueron el PP y VOX.

9.- Hay fundadas sospechas que esta purga del censo tuvo como víctimas  votantes de la derecha, ya que, merced a la «Ley Orgánica de Protección de Datos Personales», promulgada el 21 de noviembre de 2018, se proporcionan a los poderes públicos los mecanismos para la creación de forma oficial de una base de datos con la ideología de todos los españoles, en base a sus manifestaciones en internet.

10.- En estas elecciones ha habido aproximadamente 2.200.000 votos más que en las de 2016, con la pasmosa particularidad de que, de esa cantidad, ¡solamente fueron a parar a los partidos de centro-derecha poco más de 42.000!, como se puede demostrar comparando el total de votos que obtuvieron en 2016 y 2019. Por el contrario, el PSOE se llevó casi un millón más de esos votos, y los partidos regionalistas y separatistas se adjudicaron una cifra parecida.

11.- Junto a la desaparición de esos dos millones de personas, otro hecho alarmante es la exagerada cantidad de votos nulos, unos 260.000 ―40.000 en Valencia y casi 50.000 en Canarias―, nulidad que ha afectado ―como no podía ser menos, a VOX―, y el hecho de que, con 580.000 votos más, la derecha ha tenido 18 escaños menos.

12.- Muchas sospechas del pucherazo recaen sobre el voto por correo, el más manipulable. En efecto, comparando los parámetros de las elecciones de 2016 y 2019, se puede apreciar con toda claridad que la suma de votos que perdió el PP se corresponde casi exactamente con los votos que ganaron Cs y VOX. En cuanto a la izquierda, los votos que perdió Podemos se pueden transferir al PSOE, pero con la salvedad de que, aun así, los socialistas tienen todavía un extra de 741.000 votos que no se sabe de dónde han salido.

Las sospechas apuntan al voto por correo, estipulado en 1.200.000 votos en los comicios del 28-A, de los cuales 741.000 fueron al PSOE. Impresionante, ya que, si su porcentaje final fue poco más del 28 por ciento de los votos, ése es el porcentaje más creíble que podían haber obtenido del voto por correo, en vez del apabullante 65% que consiguieron.

13.- El procedimiento tecnológico para falsear lo resultados fue la introducción en el código fuente del programa informático encargado del recuento de votos y adjudicación de los escaños de un algoritmo que alteró flagrantemente los resultados finales, el cual estableció una secuencia de instrucciones para que el resultado final se ajustase a lo establecido de antemano por los manipuladores.

La prueba matemática de ese algoritmo se demuestra por la existencia de un conjunto de «casualidades» cuya existencia es imposible que se deba al azar: la suma de los dígitos de los escaños de cada partido da siempre 6 (excepto Ciudadanos, pero: 57 = 5+7 = 12= 6+6); todos los dígitos son múltiplos de 3 (probabilidad del 0,137%); las sumas de los votos de algunos partidos dan como resultado la cifra de escaños de otro (PP + Ciudadanos = PSOE, Unidas Podemos + Vox = PP, Unidas Podemos + ERC = Ciudadanos). Estas coincidencias matemáticas son totalmente imposibles.

Del conjunto de todas estas evidencias se puede concluir que LAS ELECCIONES DEL 28-A HAN SIDO UN PUCHERAZO, QUE DENUNCIAMOS, A LA VEZ QUE EXIGIMOS LA REPETICIÓN DE LAS ELECCIONES MEDIANTE UNOS PROCEDIMIENTOS DONDE SE GARANTICE LA TRANSPARENCIA.

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One thought on “Las pruebas del pucherazo del 28-A”

  1. Hay que añadir la no realización de encuestas a pie de urna, por primera vez en la historia de la Timocracia del 78. Claro, para que no se dieran de bruces con los resultados cocinados con SmartMatic…

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