Las tres amenazas

Terminado el estado de alarma. No se sabe muy bien si ha sido porque ha finalizado la amenaza vírica o porque sus señorías tenían que irse de vacaciones. Los españoles nos enfrentamos a tres amenazas: la inmediata sigue siendo la sanitaria, la económica a corto plazo que se solapa con la anterior y cuyo fin parece más previsible y la de medio plazo que afecta a la seguridad nacional y por ello puede tener unos efectos más letales y de larga duración que las anteriores.

La confluencia y duración en el tiempo de las tres puede poner en grave riesgo a la nación española, si no se gestiona teniendo en cuenta la hipótesis más peligrosa que es la mencionada coincidencia de las tres. Analizando la gestión del gobierno durante la pandemia es difícil mostrarse optimista.  Hemos visto a un presidente adjudicándose el mando único, pero nunca se hizo responsable del mismo.

Sí montó un circo, con Illa y Simón, que ha sido una burla tanto de los payasos como de su jefe. Además de los clamorosos fracasos en el abastecimiento sanitario y del descuido sobre ancianos y los profesionales que estaban más expuestos, los amiguetes de estos irresponsables hacían negocio con el material defectuoso y el “mando único” impasible. Visto el éxito en sus cuentas corrientes, ayer trascendía que estos amiguetes se negaban a que se negociara una contratación única de material sanitario caso de producirse un rebrote.

Sánchez ha obviado la principal herramienta que tiene el Estado en el planeamiento para enfrentar situaciones de crisis, la ejecución de la decisión tomada y en el apoyo logístico pertinente. La institución a la que me estoy refiriendo son las Fuerzas Armadas. Ha optado por no emplearlas al límite de sus posibilidades. El número de fallecidos ha sido para él un tema secundario, lo interesante era no hacer demasiado visibles a los soldados de España.

Con referencia a la amenaza económica, no parece que las ideas gubernamentales coincidan con aquellas que publican economistas independientes, la UE o los gobiernos del norte de Europa. Subida de impuestos generalizada y recorte de pensiones, mientras se pretende subvencionar a emigrantes ilegales, parecen ser para este sospechoso “doctor” en economía la solución.

De recortar el gasto público, asesores y administraciones sobre dimensionadas, nada de nada. No emplear el efectivo disponible para relanzar a las pymes, que es en estos momentos el sector más sensible, es un dislate que ese escaso dinero vaya a unas clientelas no productivas en lugar de potenciar el trabajo. Sería lo idóneo que partidos y sindicatos se financiaran con las cuotas de sus militantes, no del presupuesto. Las soluciones están a la vista del que quiera ver, al presidente le interesa más asegurarse la clientela política.

La amenaza contra la seguridad nacional tiene en el vicepresidente a su estrella. Haber recibido dinero de potencias extranjeras le hacen el más vulnerable del Consejo de Ministros. Tampoco sabemos si sigue recibiendo, aunque sea en especie. Si resulta ser cierta su vinculación con el narco, extremo que seguro saben Sánchez y el PSOE, va siendo hora de terminar la coalición gubernamental. Si no es así, habrá que considerar a todo este partido vinculado al narco. El esperpento que ha montado con el teléfono de Dina Bousellham le hace, por otro lado, acreedor de ser investigado por el TS. Su izquierdismo de farsa debe tener a sus seguidores desorientados.

Para Fundación Emprendedores


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