Las últimas palabras de un condenado injustamente

El jurado del tribunal popular entró en la sala y tomó asiento.

El juez pidió al acusado que se pusiera en pie, quien lo hizo lentamente debido a sus 89 años.

Su señoría preguntó al jurado si tenía un veredicto, contestando el portavoz que sí.

El juez preguntó que cuál era.

“Culpable, señoría”.

El acusado no se inmutó. Su abogado, en cambio, mostró su pesar y desacuerdo moviendo la cabeza de un lado a otro. El fiscal, en cambio, esbozó una amplia sonrisa un tanto chulesca.

El juez, impasible, dictó sentencia: “Al haber sido encontrado culpable de homicidio en segundo grado, conforme a lo solicitado por la fiscalía, se le impone una pena de seis años de cárcel y a pagar a la familia de la víctima 230.000 euros de indemnización”.

La última palabra fue casi interrumpida por la voz serena, firme, clara, del acusado:

“Señoría. ¿Puedo decir unas últimas palabras?”

El juez dudó unos segundos, un tanto sorprendido, pero con un leve movimiento afirmativo de su cabeza, asintió.

El ya condenado meditó un par de segundos y dijo sin interrumpirse, sin emoción, sin una mínima muestra de duda:

“A mis 89 años he sido condenado por haber matado a un hombre, cargado de antecedentes violentos y que inexplicablemente seguía en libertad, porque, estando yo solo en mi casa, con mis 89 años, había entrado en ella con la intención de robar, sin que pueda descartarse la de acabar con mi vida. Viéndome sorprendido en tal tesitura, en defensa de mi vida y de mi propiedad, en medio del caos de aquella terrible situación, enfrentándome a un malhechor que además esgrimía contra mí una motosierra, cogí mi escopeta y disparé contra él con el resultado de su muerte.

Nunca le he deseado ni le deseo mal a nadie, pero creo en conciencia que para bien de esta decadente sociedad, para ejemplo suyo y de las generaciones venideras y para que de una vez por todas reaccione, espero, digo, que a no tardar mucho entre en la casa de su señoría, en la de cada uno de los jurados de este tribunal popular, en la del fiscal, en la de los policías que me custodian y en la del personal de todo tipo de esta sala, un malhechor o varios que, uno por uno y reiteradamente, les dé a todos ustedes y a sus familares por el culo. Gracias. Nada más».


16 respuestas a «Las últimas palabras de un condenado injustamente»

  1. Según he leído, la magistrada que ha dictado la sentencia es una mujer…
    Respecto a la institución del Jurado, ¿a ustedes les gustaría que les operaran del corazón un comité de celadores del hospital…?
    Pues es lo mismo.
    impartir justicia es algo demasiado serio y profesional, PARA DEJARLO EN MANOS DE PERSONAS LEGAS, es decir, sin conocimientos jurídicos.

    1. Curioso, chocante. El jurado supongo que NUNCA juzgará casos de corrupción política o funcionarial, casos con abultados números y datos, asuntos aparatosos y complicados… Ya vimos el caso del asesinato del patriota con tirantes
      con la bandera española como sentenció el juzgado y como se obligó a repetir el juicio porque el resultado fue una astracanada. imagínense el caso de los ERE con jurado popular, o el de cualquier putero zampagambas cocainómano, o de miembros de consejos de administración de una gran empresa. Eso NUNCA pasará, el jurado está para «otras cosas». No creo en el jurado. Esto es demasiado serio para dejarlo en manos de unos posiblemente bienintencionados pero absolutamente ignorantes en esos temas. Es como si para diagnosticar una enfermedad se reuniera un comité de empleados del hspital: medicos, enfermeros, auxiliares, camilleros, aux administrativos, limpiadores… o como si los obreros de una empresa de construcción de obras públicas decidieran si el puente que construyen tiene que tener uno o dos arcos, tirantes, hormigón, acero… es el mundo al revés.

  2. El buen señor se equivocó, en el estado actual (ya desde hace bastantes décadas) en que nos encontramos, hay que tener un arma con silenciador, un potente ácido disolvente y al otro día seguir con más orgullo que nunca la vida de siempre.
    Hoy en día, el 90% de las carrocerías humanas no se merecen el oxígeno que respiran
    Las leyes están hechas para precisamente que no haya Justicia.

  3. La soledad de este hombre no depende de la presencia o ausencia de gente, por el contrario, detesta a los que le roban su soledad sin a cambio ofrecerle verdadera compañía. Tomar algo que no es tuyo y después hacer ver que te pertenece mientras te victimizas y los representantes del poder judicial le faltan al HONOR, están declarando la guerra civil a toda la ciudadanía y pueden responder de manera no agradable para los representantes del poder de la justicia. QUIEN AVISA NO ES TRAIDOR.

    Saludos cordiales

  4. El jurado popular es una institución heredera de los infaustos jurados populares de la República.
    Responsables de la sustitución de la justicia por la más abyecta arbitrariedad.
    Si no recuerdo mal, la institución del jurado fue debida al entonces Ministro de Justicia de Felipe González, Juan Alberto Belloch. Un ministro socialista de un gobierno socialista.
    No podía ser de otra manera.
    Con sólo leer el preámbulo de la Ley, queda claro cual es su objetivo.
    Por aquellas fecha leí una magnífica «carta al director» de no recuerdo que diario, escrita por una profesora en la que proponía que al llegar los exámenes finales las notas de los alumnos las pusiera un jurado popular. Aunque comprendía que no era tan excitante enviar a un alumno a septiembre como encerrarlo en la cárcel un montón de años.
    ¡¡¡Bien por el anciano!!!
    ¿Recapacitará en prisión que ha sido condenado por una ley socialista, aplicada durante un Gobierno Socialista?
    Tal vez se consuele pensando que por la aplicación injusta, de una ley injusta, «se le ha caído el pelo»
    Pero que en unos años le volverá a crecer. A diferencia del que entró de noche en su casa y pudo haber sido su asesino.
    La Constitución le garantiza la inviolabilidad de su domicilio. Y la Ley, en vez de garantizarle un derecho básico, lo castiga por haberse visto obligado a tener que hacerlo él.
    De igual forma que quien puede pagarlo se provee de seguridad privada, ya que las Fuerzas de Orden Público por las que paga impuestos no son capaces de garantizarle otro derecho «constitucional» como es el de la propiedad privada.
    El cáncer del 78.

  5. Estoy de acuerdo con las últimas frases (con otras palabras). Espero que tanto el juez como los implicados en esta sentencia a mi entender absurda (con los datos que tengo) que se encuentren ante un hombre con antecendentes violentos, con intención de robar y con blandiendo una motosierra en sus manos… a ver qué hacen. Mejor dicho, que se encuentren en las mismas circunstancias que el acusado y que luego tengan un juicio con la misma sentencia que ha tenido este señor de 89 años. No tenemos todos los datos, pero en principio no se comprende una sentencia así. Espero con todo mi corazón que pueda haber una nueva revisión en el supremo para que si no la ha habido, haya justicia total para este hombre de casi noventa años, que supongo que por otro lado no irá a la cárcel por su edad.

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