León XIV, confírmenos en la fe
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En agosto de 2026 hemos visto tres actuaciones episcopales difícilmente conciliables entre sí sobre una materia en la que la doctrina de la Iglesia no ofrece especial ambigüedad.
En Roma, el cardenal Baldassare Reina, vicario general del Papa para la diócesis, negó las exequias eclesiásticas al conocido masón Bruno Battisti D’Amario. En Ventimiglia-San Remo, Mons. Antonio Suetta hizo lo mismo con Mario Tarducci, antiguo venerable maestro de una logia. Apenas unos días después, el arzobispo de Dijon, Mons. Antoine Hérouard, presidió personalmente las exequias de François Patriat, antiguo ministro y senador francés cuya pertenencia a la masonería había sido públicamente conocida desde hacía años.
La Congregación para la Doctrina de la Fe declaró en 1983[1] que “permanece por tanto inmutable el juicio negativo de la Iglesia respecto de las asociaciones masónicas”.
Y añadió que sus principios son inconciliables con la doctrina de la Iglesia, que la afiliación permanece prohibida y que quienes pertenecen a ellas se encuentran en estado de pecado grave y no pueden recibir la Sagrada Comunión. Más todavía, el documento advierte expresamente que no corresponde a las autoridades eclesiásticas locales emitir juicios que impliquen una derogación de esta doctrina
No estamos ante una antigua disposición disciplinar cuya vigencia pueda discutirse. Los obispos no pueden “pronunciarse sobre la naturaleza de las asociaciones masónicas con un juicio que implique derogación de cuanto se ha establecido”. Pero hay obispos que sí se pronuncian de forma contraria a lo establecido por la Iglesia.
El 13 de noviembre de 2023, el Dicasterio de la Doctrina de la Fe confirmó la postura del Magisterio de la Iglesia respecto a la masonería en respuesta a la pregunta de un obispo filipino.
Por tanto, no existe confusión doctrinal que justifique una confusión pastoral. Estamos ante un verdadero problema de unidad del Magisterio y de la Iglesia, lo que nos sugiere la pregunta de si puede la Iglesia mantener durante mucho tiempo dos praxis públicamente contradictorias respecto de una realidad que su doctrina declara incompatible con la fe católica.
Cristo dijo a Pedro: “Yo he rogado por ti, para que tu fe no desfallezca; y tú, una vez convertido, confirma a tus hermanos” (Lc 22,32). Cuando los obispos ofrecen respuestas contradictorias sobre una cuestión doctrinal y disciplinar grave, alguien tiene que confirmar a los hermanos, y ese alguien es el Papa. Y los católicos esperamos que diga algo. Porque confirmar en la fe significa enseñar cuando existe confusión; corregir cuando la praxis amenaza con transmitir algo distinto de la doctrina; establecer criterios comunes cuando la contradicción entre diócesis provoca desconcierto entre los fieles.
Corremos el gran peligro de que tenga lugar lo ya conocido, y es que las doctrinas no se vacían solamente cuando son formalmente negadas; sino también pueden vaciarse cuando dejan de tener consecuencias.
El 13 de agosto León XIV nombró personalmente al profesor Umberto Longo miembro del Pontificio Comité de Ciencias Históricas. Entonces, ¿cómo deben interpretar los fieles que la Iglesia continúe declarando la masonería incompatible con la fe católica mientras una persona públicamente vinculada a ella puede ser incorporada a un organismo pontificio por el propio Papa?
Ahora ya no basta con pedir a León XIV que confirme la doctrina frente a actuaciones contradictorias de algunos obispos. Hay que pedirle que explique cómo se concilia su propio acto de gobierno con esa doctrina.
Nuestra pregunta
Santo Padre León XIV: sabemos lo que enseña la Iglesia sobre la masonería. Precisamente por eso necesitamos comprender lo que estamos viendo. Si los principios masónicos son irreconciliables con la doctrina católica, ¿cómo debemos interpretar que unos obispos nieguen las exequias a masones manifiestos mientras otro arzobispo las preside personalmente? ¿Cómo debemos interpretar, además, que una persona con una vinculación masónica ampliamente documentada sea nombrada por usted mismo para un organismo pontificio?
No le pedimos una doctrina nueva, porque ya existe; ni le pedimos otra condena de la masonería, porque ya está condenada. Le pedimos coherencia entre doctrina y gobierno. Si la doctrina permanece intacta, díganos qué significa hoy en la práctica.
Papa León XIV, confírmenos en la fe no solamente mediante las palabras del Magisterio, sino también mediante la claridad de sus propias acciones. Porque si no es así, nos surge una pregunta más grave:
¿Qué hacemos cuando acudimos al Papa para que aclare una confusión y descubrimos que sus propios actos también forman parte de esa confusión?
Pero, no dejamos de acudir a Pedro. Precisamente porque somos católicos, seguimos acudiendo a él y pidiéndole aquello que Cristo le encomendó: que confirme a sus hermanos en la fe.
[1] DECLARACIÓN SOBRE LA MASONERÍA
Se ha presentado la pregunta de si ha cambiado el juicio de la Iglesia respecto de la masonería, ya que en el nuevo Código de Derecho Canónico no está mencionada expresamente como lo estaba en el Código anterior.
Esta Sagrada Congregación puede responder que dicha circunstancia es debida a un criterio de redacción, seguido también en el caso de otras asociaciones que tampoco han sido mencionadas por estar comprendidas en categorías más amplias.
Por tanto, no ha cambiado el juicio negativo de la Iglesia respecto de las asociaciones masónicas, porque sus principios siempre han sido considerados inconciliables con la doctrina de la Iglesia; en consecuencia, la afiliación a las mismas sigue prohibida por la Iglesia. Los fieles que pertenezcan a asociaciones masónicas se hallan en estado de pecado grave y no pueden acercarse a la santa comunión.
No entra en la competencia de las autoridades eclesiásticas locales pronunciarse sobre la naturaleza de las asociaciones masónicas con un juicio que implique derogación de cuanto se ha establecido más arriba, según el sentido de la Declaración de esta Sagrada Congregación del 17 de febrero de 1981.
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En agosto de 2026 hemos visto tres actuaciones episcopales difícilmente conciliables entre sí sobre una materia en la que la doctrina de la Iglesia no ofrece especial ambigüedad.
En Roma, el cardenal Baldassare Reina, vicario general del Papa para la diócesis, negó las exequias eclesiásticas al conocido masón Bruno Battisti D’Amario. En Ventimiglia-San Remo, Mons. Antonio Suetta hizo lo mismo con Mario Tarducci, antiguo venerable maestro de una logia. Apenas unos días después, el arzobispo de Dijon, Mons. Antoine Hérouard, presidió personalmente las exequias de François Patriat, antiguo ministro y senador francés cuya pertenencia a la masonería había sido públicamente conocida desde hacía años.
La Congregación para la Doctrina de la Fe declaró en 1983[1] que “permanece por tanto inmutable el juicio negativo de la Iglesia respecto de las asociaciones masónicas”.
Y añadió que sus principios son inconciliables con la doctrina de la Iglesia, que la afiliación permanece prohibida y que quienes pertenecen a ellas se encuentran en estado de pecado grave y no pueden recibir la Sagrada Comunión. Más todavía, el documento advierte expresamente que no corresponde a las autoridades eclesiásticas locales emitir juicios que impliquen una derogación de esta doctrina
No estamos ante una antigua disposición disciplinar cuya vigencia pueda discutirse. Los obispos no pueden “pronunciarse sobre la naturaleza de las asociaciones masónicas con un juicio que implique derogación de cuanto se ha establecido”. Pero hay obispos que sí se pronuncian de forma contraria a lo establecido por la Iglesia.
El 13 de noviembre de 2023, el Dicasterio de la Doctrina de la Fe confirmó la postura del Magisterio de la Iglesia respecto a la masonería en respuesta a la pregunta de un obispo filipino.
Por tanto, no existe confusión doctrinal que justifique una confusión pastoral. Estamos ante un verdadero problema de unidad del Magisterio y de la Iglesia, lo que nos sugiere la pregunta de si puede la Iglesia mantener durante mucho tiempo dos praxis públicamente contradictorias respecto de una realidad que su doctrina declara incompatible con la fe católica.
Cristo dijo a Pedro: “Yo he rogado por ti, para que tu fe no desfallezca; y tú, una vez convertido, confirma a tus hermanos” (Lc 22,32). Cuando los obispos ofrecen respuestas contradictorias sobre una cuestión doctrinal y disciplinar grave, alguien tiene que confirmar a los hermanos, y ese alguien es el Papa. Y los católicos esperamos que diga algo. Porque confirmar en la fe significa enseñar cuando existe confusión; corregir cuando la praxis amenaza con transmitir algo distinto de la doctrina; establecer criterios comunes cuando la contradicción entre diócesis provoca desconcierto entre los fieles.
Corremos el gran peligro de que tenga lugar lo ya conocido, y es que las doctrinas no se vacían solamente cuando son formalmente negadas; sino también pueden vaciarse cuando dejan de tener consecuencias.
El 13 de agosto León XIV nombró personalmente al profesor Umberto Longo miembro del Pontificio Comité de Ciencias Históricas. Entonces, ¿cómo deben interpretar los fieles que la Iglesia continúe declarando la masonería incompatible con la fe católica mientras una persona públicamente vinculada a ella puede ser incorporada a un organismo pontificio por el propio Papa?
Ahora ya no basta con pedir a León XIV que confirme la doctrina frente a actuaciones contradictorias de algunos obispos. Hay que pedirle que explique cómo se concilia su propio acto de gobierno con esa doctrina.
Nuestra pregunta
Santo Padre León XIV: sabemos lo que enseña la Iglesia sobre la masonería. Precisamente por eso necesitamos comprender lo que estamos viendo. Si los principios masónicos son irreconciliables con la doctrina católica, ¿cómo debemos interpretar que unos obispos nieguen las exequias a masones manifiestos mientras otro arzobispo las preside personalmente? ¿Cómo debemos interpretar, además, que una persona con una vinculación masónica ampliamente documentada sea nombrada por usted mismo para un organismo pontificio?
No le pedimos una doctrina nueva, porque ya existe; ni le pedimos otra condena de la masonería, porque ya está condenada. Le pedimos coherencia entre doctrina y gobierno. Si la doctrina permanece intacta, díganos qué significa hoy en la práctica.
Papa León XIV, confírmenos en la fe no solamente mediante las palabras del Magisterio, sino también mediante la claridad de sus propias acciones. Porque si no es así, nos surge una pregunta más grave:
¿Qué hacemos cuando acudimos al Papa para que aclare una confusión y descubrimos que sus propios actos también forman parte de esa confusión?
Pero, no dejamos de acudir a Pedro. Precisamente porque somos católicos, seguimos acudiendo a él y pidiéndole aquello que Cristo le encomendó: que confirme a sus hermanos en la fe.
[1] DECLARACIÓN SOBRE LA MASONERÍA
Se ha presentado la pregunta de si ha cambiado el juicio de la Iglesia respecto de la masonería, ya que en el nuevo Código de Derecho Canónico no está mencionada expresamente como lo estaba en el Código anterior.
Esta Sagrada Congregación puede responder que dicha circunstancia es debida a un criterio de redacción, seguido también en el caso de otras asociaciones que tampoco han sido mencionadas por estar comprendidas en categorías más amplias.
Por tanto, no ha cambiado el juicio negativo de la Iglesia respecto de las asociaciones masónicas, porque sus principios siempre han sido considerados inconciliables con la doctrina de la Iglesia; en consecuencia, la afiliación a las mismas sigue prohibida por la Iglesia. Los fieles que pertenezcan a asociaciones masónicas se hallan en estado de pecado grave y no pueden acercarse a la santa comunión.
No entra en la competencia de las autoridades eclesiásticas locales pronunciarse sobre la naturaleza de las asociaciones masónicas con un juicio que implique derogación de cuanto se ha establecido más arriba, según el sentido de la Declaración de esta Sagrada Congregación del 17 de febrero de 1981.
En agosto de 2026 hemos visto tres actuaciones episcopales difícilmente conciliables entre sí sobre una materia en la que la doctrina de la Iglesia no ofrece especial ambigüedad.
En Roma, el cardenal Baldassare Reina, vicario general del Papa para la diócesis, negó las exequias eclesiásticas al conocido masón Bruno Battisti D’Amario. En Ventimiglia-San Remo, Mons. Antonio Suetta hizo lo mismo con Mario Tarducci, antiguo venerable maestro de una logia. Apenas unos días después, el arzobispo de Dijon, Mons. Antoine Hérouard, presidió personalmente las exequias de François Patriat, antiguo ministro y senador francés cuya pertenencia a la masonería había sido públicamente conocida desde hacía años.
La Congregación para la Doctrina de la Fe declaró en 1983[1] que “permanece por tanto inmutable el juicio negativo de la Iglesia respecto de las asociaciones masónicas”.

Y añadió que sus principios son inconciliables con la doctrina de la Iglesia, que la afiliación permanece prohibida y que quienes pertenecen a ellas se encuentran en estado de pecado grave y no pueden recibir la Sagrada Comunión. Más todavía, el documento advierte expresamente que no corresponde a las autoridades eclesiásticas locales emitir juicios que impliquen una derogación de esta doctrina
No estamos ante una antigua disposición disciplinar cuya vigencia pueda discutirse. Los obispos no pueden “pronunciarse sobre la naturaleza de las asociaciones masónicas con un juicio que implique derogación de cuanto se ha establecido”. Pero hay obispos que sí se pronuncian de forma contraria a lo establecido por la Iglesia.
El 13 de noviembre de 2023, el Dicasterio de la Doctrina de la Fe confirmó la postura del Magisterio de la Iglesia respecto a la masonería en respuesta a la pregunta de un obispo filipino.
Por tanto, no existe confusión doctrinal que justifique una confusión pastoral. Estamos ante un verdadero problema de unidad del Magisterio y de la Iglesia, lo que nos sugiere la pregunta de si puede la Iglesia mantener durante mucho tiempo dos praxis públicamente contradictorias respecto de una realidad que su doctrina declara incompatible con la fe católica.
Cristo dijo a Pedro: “Yo he rogado por ti, para que tu fe no desfallezca; y tú, una vez convertido, confirma a tus hermanos” (Lc 22,32). Cuando los obispos ofrecen respuestas contradictorias sobre una cuestión doctrinal y disciplinar grave, alguien tiene que confirmar a los hermanos, y ese alguien es el Papa. Y los católicos esperamos que diga algo. Porque confirmar en la fe significa enseñar cuando existe confusión; corregir cuando la praxis amenaza con transmitir algo distinto de la doctrina; establecer criterios comunes cuando la contradicción entre diócesis provoca desconcierto entre los fieles.
Corremos el gran peligro de que tenga lugar lo ya conocido, y es que las doctrinas no se vacían solamente cuando son formalmente negadas; sino también pueden vaciarse cuando dejan de tener consecuencias.
El 13 de agosto León XIV nombró personalmente al profesor Umberto Longo miembro del Pontificio Comité de Ciencias Históricas. Entonces, ¿cómo deben interpretar los fieles que la Iglesia continúe declarando la masonería incompatible con la fe católica mientras una persona públicamente vinculada a ella puede ser incorporada a un organismo pontificio por el propio Papa?
Ahora ya no basta con pedir a León XIV que confirme la doctrina frente a actuaciones contradictorias de algunos obispos. Hay que pedirle que explique cómo se concilia su propio acto de gobierno con esa doctrina.
Nuestra pregunta
Santo Padre León XIV: sabemos lo que enseña la Iglesia sobre la masonería. Precisamente por eso necesitamos comprender lo que estamos viendo. Si los principios masónicos son irreconciliables con la doctrina católica, ¿cómo debemos interpretar que unos obispos nieguen las exequias a masones manifiestos mientras otro arzobispo las preside personalmente? ¿Cómo debemos interpretar, además, que una persona con una vinculación masónica ampliamente documentada sea nombrada por usted mismo para un organismo pontificio?
No le pedimos una doctrina nueva, porque ya existe; ni le pedimos otra condena de la masonería, porque ya está condenada. Le pedimos coherencia entre doctrina y gobierno. Si la doctrina permanece intacta, díganos qué significa hoy en la práctica.
Papa León XIV, confírmenos en la fe no solamente mediante las palabras del Magisterio, sino también mediante la claridad de sus propias acciones. Porque si no es así, nos surge una pregunta más grave:
¿Qué hacemos cuando acudimos al Papa para que aclare una confusión y descubrimos que sus propios actos también forman parte de esa confusión?
Pero, no dejamos de acudir a Pedro. Precisamente porque somos católicos, seguimos acudiendo a él y pidiéndole aquello que Cristo le encomendó: que confirme a sus hermanos en la fe.
[1] DECLARACIÓN SOBRE LA MASONERÍA
Se ha presentado la pregunta de si ha cambiado el juicio de la Iglesia respecto de la masonería, ya que en el nuevo Código de Derecho Canónico no está mencionada expresamente como lo estaba en el Código anterior.
Esta Sagrada Congregación puede responder que dicha circunstancia es debida a un criterio de redacción, seguido también en el caso de otras asociaciones que tampoco han sido mencionadas por estar comprendidas en categorías más amplias.
Por tanto, no ha cambiado el juicio negativo de la Iglesia respecto de las asociaciones masónicas, porque sus principios siempre han sido considerados inconciliables con la doctrina de la Iglesia; en consecuencia, la afiliación a las mismas sigue prohibida por la Iglesia. Los fieles que pertenezcan a asociaciones masónicas se hallan en estado de pecado grave y no pueden acercarse a la santa comunión.
No entra en la competencia de las autoridades eclesiásticas locales pronunciarse sobre la naturaleza de las asociaciones masónicas con un juicio que implique derogación de cuanto se ha establecido más arriba, según el sentido de la Declaración de esta Sagrada Congregación del 17 de febrero de 1981.
A estas cansinas alturas de la peliculilla, no es viable seguir llamando «Papa» al impostor del Prevoste. Como en el dibujo de Magritte, «Esto no es una Pipa», cabe decir lo mismo, pero sin colorear: «Esto no es una Papa». ¿Qué coño es entonces? Pues un Pepe, o una Pupa, o un Pipi, o un Popo… pero no un Papa.
Para que nos confirme en la fe, haría falta que LEÓN XXIV tuviera fe…, y no lo tengo nada claro.
AL FIN Y AL CABO, ES UN HOMBRE DEL ANTIPAPA FRANCISCO…
Señor Jauregui, ¿Usted desea que un siervo del demonio, usurpador de la sede de San Pedro, nos confirme en su fe masónica? Espabile señor, que admitir la legitimidad de estos perros infernales ya no es candidez.
Prevost es un hombre de FE diabólica; anda al doble juego, al engaño, a la manipulación de palabras y personas. Solo tiene máxima rigurosidad con la normativa Novus Ordo cuando atañe a los que pretenden seguir la Tradición y tiene la máxima permisibilidad (ya sin límites morales) a los que quieren destruir la Tradición. Es un miserable que sigue a Satanás.
Es que lo dijo el Maestro/ el Padre creador:
«Y ésta es la condenación: que la luz vino al mundo y los hombres amaron más las tinieblas que la luz, porque sus obras eran malas. Todo el que hace el mal, odia la luz y no viene a la luz para que no sean criticadas sus obras. Pero el que obra el bien viene a la luz para que se vea ( para que TODOS vean: profanos y masones… ¡atención al secreto y obediencia, masones que os decís cristianos! ) que sus obras están hechas conforme a Dios.»
Pero es más, considerarte elegido, superior, distinto al prójimo( con razón o sin ella; es radicalmente contrario a la Palabra. Aunque lo dijo respecto a los rabies, es totalmente aplicable a aquellos que van de superiores, mandando pero no haciendo:
«Haced, pues, y observad todo lo que os digan, pero no obréis como ellos, porque ellos hablan y no hacen. Atan cargas pesadas e insoportables y las echan sobre las espaldas de la gente, pero ellos no quieren moverlas( Abalos, Sánchez, Montoro ) ni con su dedo. Hacen todas sus obras para ser vistos de los hombres( … ) Ambicionan el primer puesto en los banquetes y los asientos preferentes…, y los saludos en las plazas… Vosotros no os( creáis maestros ), porque uno solo es vuestro Maestro y todos vosotros sois hermanos.»
Es que es de chiste lo de la lechuza y las tinieblas de los gnósticos. El único sustento es la cábala satánica; la mentira total.