León XIV, conservar la doctrina mientras se transforma su aplicación

ESCUCHAR NOTICIA: El Boletín de la Santa Sede publicó el sábado 29 de agosto el nombramiento de monseñor Lizardo Estrada Herrera, O.S.A., hasta ahora obispo auxiliar de Cusco y secretario general del CELAM, como arzobispo coadjutor de esa arquidiócesis peruana. La noticia no tendría mayor relevancia si no fuera porque Mons. Estrada antes de su nuevo nombramiento, participó públicamente en un rito de ofrenda a la Pachamama. Pero este hecho, escandaloso para muchos católicos y absolutamente reprobable, no ha sido considerado de relevancia para Roma, de ahí el nombramiento de Mons. Estrada. Mons. Estrada Herrera Es evidente que para el papa León XIV tal acontecimiento no ha significado inhabilitación ni cuestionamiento público del protagonista. Esto es un serio problema. Los nombramientos episcopales tienen mucha influencia en los fieles. Cuando un sacerdote o un obispo, incurren en una conducta controvertida o en declaraciones escandalosas, y poco después reciben una promoción importante, los fieles asumen que tanto aquellos actos o aquellas declaraciones son asumibles por la Iglesia, y no conllevan ninguna sanción ni reprobación. Y, en resumidas cuentas, todo entra en lo aceptable por la Iglesia. Nos encontramos ante algo muy grave. La Iglesia no puede presentar como aceptable un acto de culto dirigido a la Pachamama, porque un acto religioso tributado a una divinidad distinta de Dios resulta incompatible con la fe católica y vulnera directamente el primer mandamiento de amar y adorar a Dios sobre todas las cosas. La inculturación cristiana no consiste en incorporar sin discernimiento cualquier rito tradicional, sino en purificarlo y ordenarlo a la verdad revelada en Jesucristo. Si bien León XIV no ha dicho que el rito de la Pachamama sea aceptable; el mismo hecho de este nombramiento episcopal, transmite el mensaje de que ese comportamiento no resulta incompatible ni con la fe católica ni con una alta responsabilidad episcopal. En el pontificado de León XIV empieza a percibirse una misma constante; se trata del hecho de que la doctrina tradicional no siempre es negada, pero la praxis de gobierno la deja con frecuencia en segundo plano. Lo decisivo ya no es sólo lo que Roma afirma en los documentos, sino aquello que calla, tolera, promueve, premia o deja sin corregir. Y cuando esa praxis se repite, termina enseñando, en la práctica, una doctrina que contradice el depósito de la fe. Con estas actitudes de León XIV -no sólo en este caso, sino también en otros nombramientos controvertidos, en sus silencios ante graves desviaciones morales, en ciertos gestos ecuménicos dudosos y en la importancia desmedida que da al cuidado de la creación, entre otros- se produce un problema muy grave, el que los fieles ya no sólo pueden llegar a cuestionar el dogma, sino que, peor aún, pueden dejar de entender qué les exige ese dogma en la vida práctica. Por tanto, si el dogma deja de ser una verdad que gobierna la existencia concreta de la Iglesia y queda reducido a una fórmula doctrinal sin consecuencias prácticas, se produce una ruptura entre lo que la Iglesia enseña en su Magisterio y lo que permite vivir.  Cuando esa ruptura de consolida, la fe católica queda vaciada desde dentro. Y, entonces, ¿qué creemos?   Pulse para escuchar el texto El Boletín de la Santa Sede publicó el sábado 29 de agosto el nombramiento de monseñor Lizardo Estrada Herrera, O.S.A., hasta ahora obispo auxiliar de Cusco y secretario general del CELAM, como arzobispo coadjutor de esa arquidiócesis peruana. La noticia no tendría mayor relevancia si no fuera porque Mons. Estrada antes de su nuevo nombramiento, participó públicamente en un rito de ofrenda a la Pachamama. Pero este hecho, escandaloso para muchos católicos y absolutamente reprobable, no ha sido considerado de relevancia para Roma, de ahí el nombramiento de Mons. Estrada. Mons. Estrada Herrera Es evidente que para el papa León XIV tal acontecimiento no ha significado inhabilitación ni cuestionamiento público del protagonista. Esto es un serio problema. Los nombramientos episcopales tienen mucha influencia en los fieles. Cuando un sacerdote o un obispo, incurren en una conducta controvertida o en declaraciones escandalosas, y poco después reciben una promoción importante, los fieles asumen que tanto aquellos actos o aquellas declaraciones son asumibles por la Iglesia, y no conllevan ninguna sanción ni reprobación. Y, en resumidas cuentas, todo entra en lo aceptable por la Iglesia. Nos encontramos ante algo muy grave. La Iglesia no puede presentar como aceptable un acto de culto dirigido a la Pachamama, porque un acto religioso tributado a una divinidad distinta de Dios resulta incompatible con la fe católica y vulnera directamente el primer mandamiento de amar y adorar a Dios sobre todas las cosas. La inculturación cristiana no consiste en incorporar sin discernimiento cualquier rito tradicional, sino en purificarlo y ordenarlo a la verdad revelada en Jesucristo. Si bien León XIV no ha dicho que el rito de la Pachamama sea aceptable; el mismo hecho de este nombramiento episcopal, transmite el mensaje de que ese comportamiento no resulta incompatible ni con la fe católica ni con una alta responsabilidad episcopal. En el pontificado de León XIV empieza a percibirse una misma constante; se trata del hecho de que la doctrina tradicional no siempre es negada, pero la praxis de gobierno la deja con frecuencia en segundo plano. Lo decisivo ya no es sólo lo que Roma afirma en los documentos, sino aquello que calla, tolera, promueve, premia o deja sin corregir. Y cuando esa praxis se repite, termina enseñando, en la práctica, una doctrina que contradice el depósito de la fe. Con estas actitudes de León XIV -no sólo en este caso, sino también en otros nombramientos controvertidos, en sus silencios ante graves desviaciones morales, en ciertos gestos ecuménicos dudosos y en la importancia desmedida que da al cuidado de la creación, entre otros- se produce un problema muy grave, el que los fieles ya no sólo pueden llegar a cuestionar el dogma, sino que, peor aún, pueden dejar de entender qué les exige ese dogma en la vida práctica. Por tanto, si el dogma deja de ser una verdad que gobierna la existencia concreta de la Iglesia y queda reducido a una fórmula doctrinal sin consecuencias prácticas, se produce una ruptura entre lo que la Iglesia enseña en su Magisterio y lo que permite vivir.  Cuando esa ruptura de consolida, la fe católica queda vaciada desde dentro. Y, entonces, ¿qué creemos?

El Boletín de la Santa Sede publicó el sábado 29 de agosto el nombramiento de monseñor Lizardo Estrada Herrera, O.S.A., hasta ahora obispo auxiliar de Cusco y secretario general del CELAM, como arzobispo coadjutor de esa arquidiócesis peruana.

La noticia no tendría mayor relevancia si no fuera porque Mons. Estrada antes de su nuevo nombramiento, participó públicamente en un rito de ofrenda a la Pachamama. Pero este hecho, escandaloso para muchos católicos y absolutamente reprobable, no ha sido considerado de relevancia para Roma, de ahí el nombramiento de Mons. Estrada.

Mons. Estrada Herrera

Es evidente que para el papa León XIV tal acontecimiento no ha significado inhabilitación ni cuestionamiento público del protagonista. Esto es un serio problema.

Los nombramientos episcopales tienen mucha influencia en los fieles. Cuando un sacerdote o un obispo, incurren en una conducta controvertida o en declaraciones escandalosas, y poco después reciben una promoción importante, los fieles asumen que tanto aquellos actos o aquellas declaraciones son asumibles por la Iglesia, y no conllevan ninguna sanción ni reprobación. Y, en resumidas cuentas, todo entra en lo aceptable por la Iglesia.

Nos encontramos ante algo muy grave. La Iglesia no puede presentar como aceptable un acto de culto dirigido a la Pachamama, porque un acto religioso tributado a una divinidad distinta de Dios resulta incompatible con la fe católica y vulnera directamente el primer mandamiento de amar y adorar a Dios sobre todas las cosas. La inculturación cristiana no consiste en incorporar sin discernimiento cualquier rito tradicional, sino en purificarlo y ordenarlo a la verdad revelada en Jesucristo.

Si bien León XIV no ha dicho que el rito de la Pachamama sea aceptable; el mismo hecho de este nombramiento episcopal, transmite el mensaje de que ese comportamiento no resulta incompatible ni con la fe católica ni con una alta responsabilidad episcopal.

En el pontificado de León XIV empieza a percibirse una misma constante; se trata del hecho de que la doctrina tradicional no siempre es negada, pero la praxis de gobierno la deja con frecuencia en segundo plano. Lo decisivo ya no es sólo lo que Roma afirma en los documentos, sino aquello que calla, tolera, promueve, premia o deja sin corregir. Y cuando esa praxis se repite, termina enseñando, en la práctica, una doctrina que contradice el depósito de la fe.

Con estas actitudes de León XIV -no sólo en este caso, sino también en otros nombramientos controvertidos, en sus silencios ante graves desviaciones morales, en ciertos gestos ecuménicos dudosos y en la importancia desmedida que da al cuidado de la creación, entre otros- se produce un problema muy grave, el que los fieles ya no sólo pueden llegar a cuestionar el dogma, sino que, peor aún, pueden dejar de entender qué les exige ese dogma en la vida práctica.

Por tanto, si el dogma deja de ser una verdad que gobierna la existencia concreta de la Iglesia y queda reducido a una fórmula doctrinal sin consecuencias prácticas, se produce una ruptura entre lo que la Iglesia enseña en su Magisterio y lo que permite vivir.  Cuando esa ruptura de consolida, la fe católica queda vaciada desde dentro. Y, entonces, ¿qué creemos?


3 respuestas a «León XIV, conservar la doctrina mientras se transforma su aplicación»

  1. Transcribo de EL DEBATE supuesto diario catolico, propiedad de la ACdP y con varios comentarios de este servidor, Censurados.
    El texto va en el mismo sentido de lo escrito por D. Carlos J.:

    La esperpéntica «oración» en una catedral alemana: Bufandas al aire, cánticos y el himno del FC Köln al órgano
    Cientos de aficionados convirtieron temporalmente el templo catedralicio de Colonia en un «estadio de fútbol» durante un «servicio ecuménico»
    Álex Navajas
    04 sep. 2026

    Los hinchas del FC Köln convirtieron el pasado sábado la magnífica catedral de Colonia (Alemania) en una extensión del graderío de su estadio de fútbol. Ataviados con banderas y bufandas con los colores de su equipo –rojo y blanco–, cientos de aficionados participaron en la «oración ecuménica» que consistió, básicamente, en agitar sus bufandas al aire, corear cánticos, lanzar gritos y lemas y expresar su camaradería confiando en la buena temporada del equipo.
    Todo ello se hizo con el visto bueno –y la entusiasta participación– de monseñor Robert Kleine, deán de la catedral, y Bernhard Seiger, de la Iglesia Evangélica. Porque el acto, además de para foguear a los aficionados, sirvió como «servicio ecuménico». Lo que la fe separa, que el deporte rey lo una.
    Según ha explicado el propio deán, se trata de una «tradición» –que, realmente, se remonta a 2014– que pone de manifiesto la fuerte unión entre el club deportivo de la ciudad y su magnífica catedral gótica. De hecho, en su escudo luce las emblemáticas agujas gemelas de sus torres. Se suele celebrar unas horas antes del primer partido que el FC Köln vaya a disputar en la Bundesliga. En esta ocasión, le enfrentó al Hoffenheim, al que derrotó por 3-2.
    Gritos y aplausos
    El momento culminante de la «oración ecuménica» se dio cuando el imponente órgano catedralicio emitió las primeras notas del himno del equipo, Estamos contigo, FC Colonia, lo que desató el griterío y los aplausos en el interior del templo. «Uno de los himnos más bonitos del fútbol. Incluso siendo hincha del Schalke se me pone la piel de gallina», confiesa un comentarista en las redes sociales.
    Cientos de aficionados del FC Colonia, con sus directivos a la cabeza, convirtieron la catedral de la ciudad en un graderío
    Cientos de aficionados del FC Köln–incluido el deán y el pastor– convirtieron la catedral de la ciudad en un graderío
    En España existe la tradición de que los equipos de fútbol, cuando conquistan algún título, visitan a la patrona de su ciudad para presentar el trofeo. Todo se hace de un modo comedido, guardando un silencio y la compostura dentro de la iglesia. No cabe duda de que la Iglesia, en Alemania, es diferente.

    Borrado
    El Debate Censura mi “Declaración de fe católica”
    Que CRISTO nos proteja
    VIVA CRISTO REY

    Borrado
    Declaración de fe católica
    En el nombre de Nuestro Señor Jesucristo, Sabiduría Divina, Verbo Encarnado, que quiso una sola religión, que hizo que el Antiguo Pacto quedara definitivamente obsoleto, que fundó una sola Iglesia, que triunfó sobre Satanás, que conquistó el mundo, que permanece con nosotros hasta el fin de los tiempos y que volverá para juzgar a los vivos y a los muertos.
    Él, la imagen perfecta del Padre, el Hijo de Dios hecho hombre, fue constituido el único Redentor y Salvador del mundo mediante la Encarnación y el sacrificio voluntario de la Cruz. Nuestro Señor satisfizo la justicia divina derramando su preciosísima Sangre, y en ella estableció la Nueva y Eterna Alianza, aboliendo la Antigua. Por lo tanto, es el único Mediador entre Dios y la humanidad y el único camino para llegar al Padre. Solo quien lo conoce a Él conoce al Padre.
    Por decreto divino, la Santísima Virgen María estuvo directa e íntimamente asociada con toda la obra de la Redención; por lo tanto, negar esta asociación —en los términos recibidos de la Tradición— equivale a alterar la noción misma de Redención tal como la divina Providencia la concibió.
    Solo hay una fe y una Iglesia a través de las cuales podemos ser salvos. Fuera de la Iglesia Católica Romana, y sin la profesión de fe que siempre ha enseñado, no hay ni salvación ni remisión de los pecados.
    Por lo tanto, toda persona debe ser miembro de la Iglesia Católica para salvar su alma, y solo existe un bautismo como medio para unirse a ella. Esta necesidad se aplica a toda la humanidad sin excepción e incluye a cristianos, judíos, musulmanes, paganos y ateos por igual.
    El mandato recibido por los Apóstoles, de predicar el Evangelio a toda la humanidad y convertirla a la fe católica, permanece vigente hasta el fin de los tiempos y responde a la necesidad más absoluta e imperiosa del mundo. «Quien crea y sea bautizado se salvará; quien no crea será condenado ». [3] Por lo tanto, renunciar al cumplimiento de este mandato constituye el más grave de los crímenes contra la humanidad.
    La Iglesia Católica Romana es la única que posee simultáneamente las cuatro características de la Iglesia fundada por Jesucristo: Unidad, Santidad, Catolicidad y Apostolicidad.
    Su unidad radica esencialmente en la adhesión de todos sus miembros a la única fe verdadera, fielmente preservada, enseñada y transmitida por la jerarquía católica a lo largo de los siglos.
    La negación de incluso una sola verdad de fe destruye la fe misma y hace radicalmente imposible cualquier comunión con la Iglesia Católica.
    La única manera posible de restablecer la unidad entre los cristianos de diferentes denominaciones es mediante un llamamiento urgente y caritativo a los no católicos para que profesen la única fe verdadera dentro de la única Iglesia verdadera.
    De ninguna manera se puede considerar a la Iglesia Católica ni tratarla en igualdad de condiciones con una secta falsa o una iglesia falsa.
    El Romano Pontífice, Vicario de Cristo, es la única autoridad suprema sobre toda la Iglesia. Solo él confiere directamente jurisdicción sobre las almas a los demás miembros de la jerarquía católica.
    “El Espíritu Santo no fue prometido a los sucesores de Pedro para que dieran a conocer, bajo su revelación, una nueva doctrina, sino para que, con su ayuda, conservaran santamente y expusieran fielmente la revelación transmitida por los Apóstoles, es decir, el depósito de la fe [4] ”.
    Una sola fe corresponde a una sola forma de culto, la expresión suprema, auténtica y perfecta de esa misma fe.
    La Santa Misa es la perpetuación en el tiempo del sacrificio de la Cruz, ofrecido por muchos y renovado en el altar. Aunque se ofrece incruento, el Santo Sacrificio de la Misa es esencialmente expiatorio y propiciatorio. Ninguna otra forma de culto proporciona una adoración perfecta. Ninguna otra forma de culto que no esté relacionada con ella agrada a Dios. Ningún otro medio es suficiente para la santificación de las almas.
    Por lo tanto, el santo sacrificio de la Misa no puede reducirse de ninguna manera a una mera conmemoración, una comida espiritual, una asamblea sagrada celebrada por el pueblo, la celebración del Misterio Pascual sin sacrificio, sin satisfacción de la justicia divina, sin expiación de los pecados, sin propiciación y sin la Cruz.
    La ayuda que los sacramentos de la Iglesia Católica brindan a las almas es suficiente en todas las circunstancias y en todo momento para que los fieles puedan vivir en estado de gracia.
    La ley moral contenida en el Decálogo y perfeccionada en el Sermón de la Montaña es la única practicable para alcanzar la salvación de las almas. Cualquier otro código moral —por ejemplo, uno basado en el respeto a la creación o en los derechos humanos— es totalmente insuficiente para santificar y salvar un alma. De ninguna manera puede reemplazar la única ley moral verdadera.
    Siguiendo el ejemplo de San Juan Bautista, la verdadera caridad nos obliga a advertir a los pecadores y a no cejar nunca en nuestros esfuerzos por salvar sus almas.
    Quien come el Cuerpo de Nuestro Señor y bebe su Sangre en estado de pecado, come y bebe su propia condenación, y ninguna autoridad puede cambiar esta ley contenida en la enseñanza de San Pablo y en la Tradición.
    El pecado impuro y antinatural es tan grave que clama a Dios en toda circunstancia por venganza, y es fundamentalmente incompatible con cualquier forma de amor cristiano genuino. Por lo tanto, tal «estilo de vida» no puede considerarse en modo alguno un don de Dios. Una pareja que practica este vicio debe ser ayudada a liberarse de él y no puede recibir ninguna bendición —ni formal ni informal— por parte de los ministros de la Iglesia.
    La sumisión de las instituciones y las naciones a la autoridad de Nuestro Señor Jesucristo emana directamente de la Encarnación y la Redención. Por lo tanto, el carácter secular de las instituciones y las naciones constituye una negación implícita de la divinidad y la soberanía universal de Nuestro Señor.
    El cristianismo no es un mero fenómeno histórico, sino el único orden querido por Dios entre los hombres.
    No le corresponde a la Iglesia adaptarse al mundo, sino que la Iglesia debe transformar el mundo.
    En esta fe y en estos principios pedimos ser instruidos y confirmados por Aquel que ha recibido el carisma para ello. Con la ayuda de Nuestro Señor, preferimos la muerte a renunciar a ella. En esta fe inmutable deseamos vivir y morir, esperando su transformación en la visión directa de la Verdad eterna e inmutable.
    VIVA CRISTO REY
    Borrado
    Recomiendo al Censor que se lea “La Porte Latine”, órgano oficial francés de la FSSPX para que se inspire en la FE Verdadera en vez de publicar “historias de falsas iglesias alemanas”
    VIVA CRISTO REY
    Borrado
    Un pajarito romano me sopla que León XIV los va excomulgar como a los Obispos de la Fraternidad de Ecône
    VIVA CRISTO REY
    Borrado
    Hay que ver si León XIV los aplaude o los excomulga
    VIVA CRISTO REY
    La libertad de expresión …. dónde se encuentra …. por los suelos ….
    VIVA CRISTO REY

    MUCHO HABLAR DE LOS ‘‘VALORES’’EUROPEOS…PERO ESO NO LO HACEN LOS ‘‘BÁRBAROS’’ MUSULMANES EN SUS MEZQUITAS🤔🤔🤔

  2. Es lo mismo que se ha venido haciendo en España con la (ya de por sí muy deficiente) Constitución de 1978. Reformarla hasta el pésimo grado, progresiva e ilegalmente, por la vía de los hechos consumados. Así, cuando llegue el momento de adaptarla oficialmente a la «realidad» nacional, nadie notará la diferencia ni percibirá cambios en sus vidas.

  3. Se hace harto necesaria una recopilación, en orden cronológico y con detalle suficiente, de todos esos «otros nombramientos controvertidos, silencios ante graves desviaciones morales, gestos ecuménicos dudosos y la importancia desmedida que da al cuidado de la creación» que muy bien cita el autor del texto, pues para el creyente medio de parroquia y la mayoría de los sacerdotes, NADA DE ESO EXISTE.

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