León XIV y la inmigración
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Durante su visita a España, León XIV se centró, sobre todo, en el tema de la inmigración, tanto con palabras especialmente en el Congreso, como con gestos de todos conocidos. A lo por él dicho, tenemos que hacer las siguientes objeciones:
A los países de origen les dijo: “que deben crear condiciones de paz, justicia y desarrollo”. Perfecto, pero no lo hacen en parte porque su historia es la que es y parece que va aseguir siendo así siempre y, en parte, porque los monopolios globalistas occidentales tampco les dejan porque les va buena parte de sus beneficios en ello. Por un lado por la inmensa la corrupción de sus «democracias» y por otro por la tremenda corrupción de las nuestras. Por un lado por su falta de conversión a la única y verdadera Fe que además tiene una doctrina social y moral divina que les sacaría de su pozo y por otro por la paganización nuestra, en gran medida porque andamos sin pastores desde hace décadas, lo que nos tiene en el fondo de ese mismo pozo. Esto es lo que quisiéramos haber oído de León XIV.
León XIV dijo a los países de tránsito que están «llamados a proteger a los vulnerables y no dejarlos en manos de redes criminales”. Pues más de los mismo, cuando sabemos que esos países, en nuestro caso sobre todo Marruecos, Mauritania y Argelia, son satrapías absolutistas o «democracias» todas ellas igual de corruptas que los países de origen, sometidos a los mismos monopolios globalistas occidentales que esos países. Esto es lo que quisiéramos haber oído de León XIV.
Se dirigió también a las “redes criminales” en términos muy duros: “mafias que trafican con vidas humanas (…) y se aprovechan de la desesperación” (…) “traficantes que esclavizan a mujeres y niños” (…) “monstruos” (…): “se aprovechan de la desesperación; a quienes organizan rutas de muerte, trafican con personas, retienen documentos, explotan a los trabajadores, amenazan a las mujeres, engañan a las familias y convierten el sufrimiento ajeno en un negocio». Todo muy bien, pero faltó ponerles nombre que, por ejemplo, son Mohamed VI, su gobierno, policía, etc., porque en Marruecos no se mueve nada sin que el sultán lo permita, autorice y se lleve su parte; y así en otros, sean países de origen o de tránsito, pero León XIV no los mentó. Esto es lo que quisiéramos haber oído de León XIV.
León XIV exhortó a los inmigrantes, que erróneamente calificó siempre de migrantes, a asumir su «dignidad, reconocida como un derecho, florece cuando se convierte en una responsabilidad» rogándoles que «No entreguen sus vidas a quienes trafican con ellas. No crean a quienes prometen paraísos fáciles (…); esas falsas promesas son «cantos de sirena», son industrias de muerte»., recordándoles que tienen derechos, pero también deberes «abriros con confianza a la comunidad que os acoge, aprender su idioma, respetar sus leyes, comprender sus costumbres, participar en la vida comunitaria y ofrecer vuestros dones con gratitud”. Pues ya, pero es ley de vida que a quien fácil se le pone y todo se le regala, poco lo agradece, máxime si se les utiliza como carne de voto o de presión interna, como hacen los partidos, en menoscabo de los ciudadanos autóctonos, por la corrupción propia a la que ya hemos aludido varias veces. Para ellos, lo nuestro es Jauja, porque se les regala y se les dice por los de aquí que tienen derecho y, claro, se lo toman en serio y van a por más, a imponerse, a quedarse con todo, amparados también, todo hay que decirlo, por nuestra decadencia, degradación y renuncia a defender lo nuestro, algo en lo que la Iglesia viene teniendo tambien mucha culpa por confundir ser buenos, como dice el Evangelio, con ser tontos. Esto es lo que quisiéramos haber oído de León XIV.
También, León XIV exhortó a los países de destino —y a Europa en particular— a no acostumbrarse a que el Mediterráneo y el Atlántico se conviertan en cementerios, es decir, que para él, casi, casi, la culpa de todo la tenemos nosotros. Pues bien, en eso sí tiene razón, pero no en el sentido que lo enfocó, sino en el de que si no se alimentara desde nuestra parte la llamada, ni los países de origen, ni los de tránsito, ni las mafias, ni los inmigrantes, existirían, ni los mares serían cementerios. Aquí está el quid de la cuestión, en que nosotros somos, en realidad, los culpables, pero porque no ayudamos a los países de origen a salir de su pozo, sino todo lo contrario; porque a los de tránsito no les ponemos los puntos sobre las íes; porque las mafias las componen nuestras ONG que viven de ello; porque tampoco cogemos a los países de salida y les ajustamos las cuentas incluso por la fuerza; porque no decimos bien claro –y lo hacemos– a los inmigrantes que no vamos a recoger a ni uno más y que los que están ilegalmente los vamos a devolver y no a «regularizarlos» cada cinco años, por cierto con el irresponsable respaldo de la Iglesia, en nuestro caso de la Conferencia Episcopal vendida a los políticos sean unos u otros. Esto es lo que quisiéramos haber oído de León XIV.
El drama de la inmigración masiva, tanto para los inmigrantes como para nosotros, radica sólo y exclusivamente en la inexistencia de políticas de inmigración como deberían ser y en la decadencia propia que no debería existir, lo demás, León XIV, son brindis al Sol que, eso sí, cosechan aplausos de siete minutos en el Congreso, pero que no sirven para nada o… sí, para empeorar las cosas porque no decir la verdad y con toda claridad aumenta la confusión de la ciudadanía y permite a los dirigentes seguir haciendo de las suyas.
PD.- León XIV recordó también a la Iglesia, menos mal, que su labor con los inmigrantes sebe ser evangelizarlos, claro, porque lo de darles de comer, beber y vestirles esta bien, pero la Iglesia debe hacer sobre todo otra cosa, esa de evangelizarles, lo que no hace y así tampoco nada cambiará, sino que irá a peor, y ahí está la historia para demostrarlo.
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Durante su visita a España, León XIV se centró, sobre todo, en el tema de la inmigración, tanto con palabras especialmente en el Congreso, como con gestos de todos conocidos. A lo por él dicho, tenemos que hacer las siguientes objeciones:
A los países de origen les dijo: “que deben crear condiciones de paz, justicia y desarrollo”. Perfecto, pero no lo hacen en parte porque su historia es la que es y parece que va aseguir siendo así siempre y, en parte, porque los monopolios globalistas occidentales tampco les dejan porque les va buena parte de sus beneficios en ello. Por un lado por la inmensa la corrupción de sus «democracias» y por otro por la tremenda corrupción de las nuestras. Por un lado por su falta de conversión a la única y verdadera Fe que además tiene una doctrina social y moral divina que les sacaría de su pozo y por otro por la paganización nuestra, en gran medida porque andamos sin pastores desde hace décadas, lo que nos tiene en el fondo de ese mismo pozo. Esto es lo que quisiéramos haber oído de León XIV.
León XIV dijo a los países de tránsito que están «llamados a proteger a los vulnerables y no dejarlos en manos de redes criminales”. Pues más de los mismo, cuando sabemos que esos países, en nuestro caso sobre todo Marruecos, Mauritania y Argelia, son satrapías absolutistas o «democracias» todas ellas igual de corruptas que los países de origen, sometidos a los mismos monopolios globalistas occidentales que esos países. Esto es lo que quisiéramos haber oído de León XIV.
Se dirigió también a las “redes criminales” en términos muy duros: “mafias que trafican con vidas humanas (…) y se aprovechan de la desesperación” (…) “traficantes que esclavizan a mujeres y niños” (…) “monstruos” (…): “se aprovechan de la desesperación; a quienes organizan rutas de muerte, trafican con personas, retienen documentos, explotan a los trabajadores, amenazan a las mujeres, engañan a las familias y convierten el sufrimiento ajeno en un negocio». Todo muy bien, pero faltó ponerles nombre que, por ejemplo, son Mohamed VI, su gobierno, policía, etc., porque en Marruecos no se mueve nada sin que el sultán lo permita, autorice y se lleve su parte; y así en otros, sean países de origen o de tránsito, pero León XIV no los mentó. Esto es lo que quisiéramos haber oído de León XIV.
León XIV exhortó a los inmigrantes, que erróneamente calificó siempre de migrantes, a asumir su «dignidad, reconocida como un derecho, florece cuando se convierte en una responsabilidad» rogándoles que «No entreguen sus vidas a quienes trafican con ellas. No crean a quienes prometen paraísos fáciles (…); esas falsas promesas son «cantos de sirena», son industrias de muerte»., recordándoles que tienen derechos, pero también deberes «abriros con confianza a la comunidad que os acoge, aprender su idioma, respetar sus leyes, comprender sus costumbres, participar en la vida comunitaria y ofrecer vuestros dones con gratitud”. Pues ya, pero es ley de vida que a quien fácil se le pone y todo se le regala, poco lo agradece, máxime si se les utiliza como carne de voto o de presión interna, como hacen los partidos, en menoscabo de los ciudadanos autóctonos, por la corrupción propia a la que ya hemos aludido varias veces. Para ellos, lo nuestro es Jauja, porque se les regala y se les dice por los de aquí que tienen derecho y, claro, se lo toman en serio y van a por más, a imponerse, a quedarse con todo, amparados también, todo hay que decirlo, por nuestra decadencia, degradación y renuncia a defender lo nuestro, algo en lo que la Iglesia viene teniendo tambien mucha culpa por confundir ser buenos, como dice el Evangelio, con ser tontos. Esto es lo que quisiéramos haber oído de León XIV.
También, León XIV exhortó a los países de destino —y a Europa en particular— a no acostumbrarse a que el Mediterráneo y el Atlántico se conviertan en cementerios, es decir, que para él, casi, casi, la culpa de todo la tenemos nosotros. Pues bien, en eso sí tiene razón, pero no en el sentido que lo enfocó, sino en el de que si no se alimentara desde nuestra parte la llamada, ni los países de origen, ni los de tránsito, ni las mafias, ni los inmigrantes, existirían, ni los mares serían cementerios. Aquí está el quid de la cuestión, en que nosotros somos, en realidad, los culpables, pero porque no ayudamos a los países de origen a salir de su pozo, sino todo lo contrario; porque a los de tránsito no les ponemos los puntos sobre las íes; porque las mafias las componen nuestras ONG que viven de ello; porque tampoco cogemos a los países de salida y les ajustamos las cuentas incluso por la fuerza; porque no decimos bien claro –y lo hacemos– a los inmigrantes que no vamos a recoger a ni uno más y que los que están ilegalmente los vamos a devolver y no a «regularizarlos» cada cinco años, por cierto con el irresponsable respaldo de la Iglesia, en nuestro caso de la Conferencia Episcopal vendida a los políticos sean unos u otros. Esto es lo que quisiéramos haber oído de León XIV.
El drama de la inmigración masiva, tanto para los inmigrantes como para nosotros, radica sólo y exclusivamente en la inexistencia de políticas de inmigración como deberían ser y en la decadencia propia que no debería existir, lo demás, León XIV, son brindis al Sol que, eso sí, cosechan aplausos de siete minutos en el Congreso, pero que no sirven para nada o… sí, para empeorar las cosas porque no decir la verdad y con toda claridad aumenta la confusión de la ciudadanía y permite a los dirigentes seguir haciendo de las suyas.
PD.- León XIV recordó también a la Iglesia, menos mal, que su labor con los inmigrantes sebe ser evangelizarlos, claro, porque lo de darles de comer, beber y vestirles esta bien, pero la Iglesia debe hacer sobre todo otra cosa, esa de evangelizarles, lo que no hace y así tampoco nada cambiará, sino que irá a peor, y ahí está la historia para demostrarlo.
Durante su visita a España, León XIV se centró, sobre todo, en el tema de la inmigración, tanto con palabras especialmente en el Congreso, como con gestos de todos conocidos. A lo por él dicho, tenemos que hacer las siguientes objeciones:
- A los países de origen les dijo: “que deben crear condiciones de paz, justicia y desarrollo”. Perfecto, pero no lo hacen en parte porque su historia es la que es y parece que va aseguir siendo así siempre y, en parte, porque los monopolios globalistas occidentales tampco les dejan porque les va buena parte de sus beneficios en ello. Por un lado por la inmensa la corrupción de sus «democracias» y por otro por la tremenda corrupción de las nuestras. Por un lado por su falta de conversión a la única y verdadera Fe que además tiene una doctrina social y moral divina que les sacaría de su pozo y por otro por la paganización nuestra, en gran medida porque andamos sin pastores desde hace décadas, lo que nos tiene en el fondo de ese mismo pozo. Esto es lo que quisiéramos haber oído de León XIV.
- León XIV dijo a los países de tránsito que están «llamados a proteger a los vulnerables y no dejarlos en manos de redes criminales”. Pues más de los mismo, cuando sabemos que esos países, en nuestro caso sobre todo Marruecos, Mauritania y Argelia, son satrapías absolutistas o «democracias» todas ellas igual de corruptas que los países de origen, sometidos a los mismos monopolios globalistas occidentales que esos países. Esto es lo que quisiéramos haber oído de León XIV.
Se dirigió también a las “redes criminales” en términos muy duros: “mafias que trafican con vidas humanas (…) y se aprovechan de la desesperación” (…) “traficantes que esclavizan a mujeres y niños” (…) “monstruos” (…): “se aprovechan de la desesperación; a quienes organizan rutas de muerte, trafican con personas, retienen documentos, explotan a los trabajadores, amenazan a las mujeres, engañan a las familias y convierten el sufrimiento ajeno en un negocio». Todo muy bien, pero faltó ponerles nombre que, por ejemplo, son Mohamed VI, su gobierno, policía, etc., porque en Marruecos no se mueve nada sin que el sultán lo permita, autorice y se lleve su parte; y así en otros, sean países de origen o de tránsito, pero León XIV no los mentó. Esto es lo que quisiéramos haber oído de León XIV.
- León XIV exhortó a los inmigrantes, que erróneamente calificó siempre de migrantes, a asumir su «dignidad, reconocida como un derecho, florece cuando se convierte en una responsabilidad» rogándoles que «No entreguen sus vidas a quienes trafican con ellas. No crean a quienes prometen paraísos fáciles (…); esas falsas promesas son «cantos de sirena», son industrias de muerte»., recordándoles que tienen derechos, pero también deberes «abriros con confianza a la comunidad que os acoge, aprender su idioma, respetar sus leyes, comprender sus costumbres, participar en la vida comunitaria y ofrecer vuestros dones con gratitud”. Pues ya, pero es ley de vida que a quien fácil se le pone y todo se le regala, poco lo agradece, máxime si se les utiliza como carne de voto o de presión interna, como hacen los partidos, en menoscabo de los ciudadanos autóctonos, por la corrupción propia a la que ya hemos aludido varias veces. Para ellos, lo nuestro es Jauja, porque se les regala y se les dice por los de aquí que tienen derecho y, claro, se lo toman en serio y van a por más, a imponerse, a quedarse con todo, amparados también, todo hay que decirlo, por nuestra decadencia, degradación y renuncia a defender lo nuestro, algo en lo que la Iglesia viene teniendo tambien mucha culpa por confundir ser buenos, como dice el Evangelio, con ser tontos. Esto es lo que quisiéramos haber oído de León XIV.
- También, León XIV exhortó a los países de destino —y a Europa en particular— a no acostumbrarse a que el Mediterráneo y el Atlántico se conviertan en cementerios, es decir, que para él, casi, casi, la culpa de todo la tenemos nosotros. Pues bien, en eso sí tiene razón, pero no en el sentido que lo enfocó, sino en el de que si no se alimentara desde nuestra parte la llamada, ni los países de origen, ni los de tránsito, ni las mafias, ni los inmigrantes, existirían, ni los mares serían cementerios. Aquí está el quid de la cuestión, en que nosotros somos, en realidad, los culpables, pero porque no ayudamos a los países de origen a salir de su pozo, sino todo lo contrario; porque a los de tránsito no les ponemos los puntos sobre las íes; porque las mafias las componen nuestras ONG que viven de ello; porque tampoco cogemos a los países de salida y les ajustamos las cuentas incluso por la fuerza; porque no decimos bien claro –y lo hacemos– a los inmigrantes que no vamos a recoger a ni
uno más y que los que están ilegalmente los vamos a devolver y no a «regularizarlos» cada cinco años, por cierto con el irresponsable respaldo de la Iglesia, en nuestro caso de la Conferencia Episcopal vendida a los políticos sean unos u otros. Esto es lo que quisiéramos haber oído de León XIV.
El drama de la inmigración masiva, tanto para los inmigrantes como para nosotros, radica sólo y exclusivamente en la inexistencia de políticas de inmigración como deberían ser y en la decadencia propia que no debería existir, lo demás, León XIV, son brindis al Sol que, eso sí, cosechan aplausos de siete minutos en el Congreso, pero que no sirven para nada o… sí, para empeorar las cosas porque no decir la verdad y con toda claridad aumenta la confusión de la ciudadanía y permite a los dirigentes seguir haciendo de las suyas.
PD.- León XIV recordó también a la Iglesia, menos mal, que su labor con los inmigrantes sebe ser evangelizarlos, claro, porque lo de darles de comer, beber y vestirles esta bien, pero la Iglesia debe hacer sobre todo otra cosa, esa de evangelizarles, lo que no hace y así tampoco nada cambiará, sino que irá a peor, y ahí está la historia para demostrarlo.
LEÓN XIV predica a las naciones lo que Él no hace en la suya.
¿Cuántos cientos, o miles, de inmigrantes legales, ilegales, menas, etcc., ha acogido en EL ESTADO VATICANO…?
Yo se lo diré: NI UNO SOLO.
Una cosa es predicar, y otra dar trigo.
Efectivamente lo que tenía que haber predicado Leon XIV es la evangelización en las misiones que la Iglesia que él representa tiene la obligación de llevar a esos países para que puedan cambiar las cosas y puedan construir sus vidas en los territorios donde han nacido.
Leon XIv vino a dar un discurso confuso y no bien intencionado. Por qué lo hizo?
Yo creo que está al servicio del NOM, no de la Iglesia que fundo Jesús.
Es un esbirro más.
Se trata de destruir la Fe en Jesucristo Nuestro Señor a toda velocidad y desde dentro del Vaticano saben que es más fácil.
Los demonios que estas ideologías del NOM encarnan están dispuestos a todo y “trabajan” en ello para conseguirlo. La humanidad ha perdido el norte y son muy pocos los que están dispuestos a combatir contra el mal.
La FSSPX es la señal que nos envía Dios para que no abandonemos la salvación del alma de la mano de la Virgen María Madre de Dios y Madre nuestra.
Todas las instituciones (ya sean laicas o religiosas), todas las organizaciones civiles (como las ONG), y todas las personas físicas que apoyen la entrada ilimitada de inmigrantes en España o en el continente europeo las considero como enemigos personales.
La imagen de unos guardias civiles esperando, con los brazos cruzados, que tocara tierra la barcaza en la que llegaban decenas de inmigrantes a las Islas Baleares refleja con exactitud la indolencia de los Gobiernos españoles (tanto da que sean del PP como del PSOE) para poner freno a la inmigración ilegal.
¿A ningún alto cargo de los cuerpos policiales o de las fuerzas armadas españolas se le ha ocurrido pensar que en una de esas barcazas podrían llegar un par de docenas de terroristas yihadistas, armados con fusiles ametralladores, dispuestos a provocar una carnicería entre los «infieles» españoles?. Luego vendrán los llantos y los lamentos, como siempre.