Letizia, del Burgo y Peñafiel, vaya trío

Confieso que doña Leticia Ortiz –o Letizia, si ha hecho el cambio en el registro civil-, nunca me ha caído bien.

Pero voy a intentar ser objetivo e imparcial, como siempre.

Creo que los príncipes herederos solo deben casarse con princesas, pues aunque todos sabemos que la sangre azul no existe, hay que mantener el  mito de la monarquía, ¿pues qué son los reyes más que mitos…?

Casarse con una plebeya, con todo respeto hacia las plebeyas, es hacer mucho por la república, pues supone desmontar la imagen de la monarquía.

Y, al  igual que don Jaime Peñafiel, creo que las reinas no deben tener pasado, entre otras cosas, para evitar que nadie pueda decir “con esa me acosté yo”, o cosas por el estilo.

En las últimas semanas, los presuntos y supuestos devaneos amorosos de doña Letizia, están en boca de todos, y no es algo que favorezca a la monarquía, ni mucho menos.

¿Y cómo   queda don Felipe VI…?

Pues como  un cornudo, dicho sea con todo respeto.

Como un presunto y supuesto  cornudo, añado pues ya sabemos que las querellas y demandas las carga el Diablo.

Pero, en estos tiempos no se pueden poner puertas al  campo, y las noticias no corren, sino que vuelan, a través de internet, y son muchas las voces que se están levantando, dando información, y opinando, sobre el particular.

No tengo  por norma meterme en las historias de cama de nadie, pues creo pertenecer al sagrado ámbito de la privacidad, y el que esté libre de pecado, que tire la primera piedra…

Ahora bien, tenemos el hecho sucesorio, la existencia de una Princesa heredera y de una Infanta, aunque, al paso que vamos, no van a heredar nada.

El asunto de fondo son las previsiones constitucionales:

“Artículo 57.

  1. La Corona de España es hereditaria en los sucesores de S. M. Don Juan Carlos I de Borbón, legítimo heredero de la dinastía histórica. La sucesión en el trono seguirá el orden regular de primogenitura y representación…, etc.
  2. Extinguidas todas las líneas llamadas en Derecho, las Cortes Generales proveerán a la sucesión en la Corona de España, en la forma que más convenga a los intereses de España”.

La presunta y supuesta actuación de la reina consorte, arroja dudas razonables, a priori, sobre la sucesión en el Trono, que convendría despejar, con luz y taquígrafos, por el bien de la Institución.

Todos sabemos que las ciencias adelantan que es una barbaridad, y la sociedad actual dispone de los medios adecuados para despejar cualquier atisbo de duda.

Siento mucho decir todo esto, pero creo era preciso y necesario, pues solo de la verdad saldrá la luz.

https://www.ramirograumorancho.com


8 respuestas a «Letizia, del Burgo y Peñafiel, vaya trío»

  1. Don Ramiro, como usted sabrá bien, pues procede del mundo rural, la cabra siempre tira al monte…
    Saludos afectuosos.
    La verdad es la verdad, la diga Agamenón o su porquero.

  2. «Normal», y previsible.
    Siendo estudiante de bachillerato, ya se lió con un profesor, que le doblaba en edad, y con el que posteriormente se casó.
    (Fue su primer marido, ya que don Felipe ha sido el segundo).
    Según el libro de su primo, ha abortado dos veces, es atea y era o es republicana… (Solo hay que ver lo bien que se lleva con Pedro Sánchez y su banda).
    Creo que es ella la que manda en La Zarzuela, ante la falta de carácter del «todavia» Rey de España, y pronto de la ex España…
    ¡Barrunto que Leticia se divorciará de don Felipe cuando pierdan el Trono, es decir, pronto!

  3. Creo que don Jaime Peñafiel ha prestado un gran servicio a España, desvegando quien se esconde detrás de la «pantalla» de Leticia Ortiz Rocasolano.
    ¡Y solo ha contado una pequeña parte de lo que sabe!
    Los medios de comunicación…, subvencionada y pastelera, callan y ocultan, como ya hacían hace décadas con don Juan Carlos I, pero en estos tiempos que corren, es imposible ponerle puertas al campo…

  4. Dicen que don Juan Carlos I encargó un informe sobre Leticia, y una vez en su poder, lo puso a disposición del Príncipe Felipe, para que supiera a que atenerse…
    ¡Pero éste, en lugr de cumplir con su deber, prefirió dejarse llevar por su enamoramiento, que más que enamoramiento, parece encoñamiento!
    Ergo, sabía perfectamente lo que hacía.

  5. Es lo que pasa cuando se casa «por la cara», por el físico. Leticia, tiene pinta de que se la pusieron delante como cebo para su adiestramiento progre/masón; como forma de condicionar su conducta y la de sus hijos. Nunca dejarían eso al azar, ni a la elección del sujeto, siendo este factor importante en el devenir político. Antes bien, lo miraron con lupa; y de no ser ella, por elección de Felipe, sería otra semejante la que le pasaran «casualmente» por delante.

    1. Así es.
      Es como a ISABEL II, que la «educaron» para ser una puta libertina, como está excelentemente explicado por don Ricardo de la Cierva en su libro VIDA Y AMORES DE ISABEL II (EL TRIÁNGULO).

  6. Quizá tengamos que agradecer a «doña» Letizia que, a la postre, haya servido su matrimonio con don Felipe para quitarnos a los Borbón de encima. Aunque, bien mirado, este pueblo español continuará siendo igual de peligroso para sí mismo con o sin Borbones…

  7. Esta vez tengo que discrepara ligeramente de D. Ramiro.
    Sólo ligeramente y me explico. En la historia de las monarquías ha hecho más daño la consanguinidad que los enlaces morganáticos. Los segundos contravienen leyes humanas o sociales: Los primeros las leyes de la Naturaleza. Y es sabido el adagio: Dios perdona siempre, el hombre, a veces, la naturaleza nunca.
    Ahora bien, esa conveniente y necesaria renovación de sangre (todas las casas reales europeas, en mayor o menor grado tienen consanguinidad) no está reñida con con el hecho de que quien ha de ser la futura reina consorte, sea una mujer virtuosa.
    El problema surge cuando además de no serlo, el Rey es un «flojo». Y no digo la otra palabra, porque la esencia del problema no está en la sagrada intimidad de la pareja -en la que como bien dice D. Ramiro nadie tiene derecho a meterse por formar parte de sus libertades individuales- sino en que ese consentimiento o mansedumbre alcance a la esfera de la gobernabilidad.
    S.M. es muy libre, a título personal, de ser consentidor con la reina (en el caso de ser cierto y no una maledicencia) pero nunca debería dejarse faltar al respeto por el Presidente del Gobierno. Algo que en repetidas ocasiones ha sido público.
    Momentos en los que S.M. debió haber puesto sobre la mesa el cetro -atributo real- y los atributos viriles.

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