Ley de memoria democrática. Un asalto a la verdad histórica

Cuando uno se percata de cómo se pretende escribir la historia, no tiene por menos que recordar aquella celebre frase de Jardiel Poncela cuando jocosamente aseguraba:  “La Historia es la mentira encuadernada.” Y es que existen dos clases de historiadores: los fedatarios de la verdad histórica y quienes la deforman y falsean a su antojo, al servicio de un interés pactado.

Con la aprobación de la LMD deja de existir la verdad histórica como categoría permanente de conocimiento, para convertirse en decisiones de voluntad que reescriben a su antojo el curso de la historia. La nueva Ley viene así a enmarcar, con letras teñidas en sangre, aquella celebre frase pronunciada por Cicerón:

Nada es más vergonzoso que aprobar la mentira y tomarla por verdad”.

La ley que se nos quiere imponer, más que salida de un Parlamento que se dice democrático, parece salida del despacho de un tirano liberticida, que amparándose en la democracia, tan sólo pretende la incautación de la libertad de opinión y pensamiento, secuestrando la Historia de España, con la arrogancia chulesca del sátrapa más hostil y depravado. Pretender escribir la historia al dictado de una emoción falsaria y aparente de la realidad, no puede ser el resultado decisorio de un interés mezquino y manipulador, que sólo obedece a los dictados de la venganza, el revanchismo y el odio. Es la lacra, que con honrosas excepciones, cubre la actual labor de los historiadores que han transformado su noble y necesaria labor investigadora en la actuación sicaria y esperpéntica de una progresía manipuladora y totalitaria.

Más que en la defensa de la democracia, nuestros gobernantes legislan al calor de la tiranía; esa misma tiranía, a la que se refería Montesquieu al decir:

no hay peor tiranía que la que se ejerce a la sombra de las leyes y bajo el calor de la justicia”.

Y es que ya desde su comienzo, la Ley resulta una flagrante burla y un absoluto desprecio no sólo a la Historia, sino a las verdaderas víctimas y a la moral; lo que no es nada extraño viniendo de quienes viven entregados a la amoralidad, la farsa y la impudicia: los herederos de un partido político que ya desde su nacimiento ha basado su lucha en el crimen y el saqueo.

Se declara el día 31 de octubre de cada año, como día de recuerdo y homenaje a todas las víctimas del golpe militar, la Guerra y la Dictadura.

Es notable que hayan de imponer por ley un día para su reconocimiento. Los mártires, los verdaderos mártires, esos que vieron truncadas sus vidas por la defensa de Dios o por mostrarse contrarios a los esquemas frentepopulistas, tienen su recuerdo y su reconocimiento durante todos los días del año, y no por la caprichosa imposición de un gobierno tirano y vengativo. Baste recordar aquí las palabras escritas en el memorial de santa Elena:

La dignidad en la desgracia, la sumisión a la necesidad, tienen también su gloria: es la de los grandes hombres a quienes el infortunio arrastra”.

Granja de Torrehermosa, asesinados por frentepopulistas

Durante la Guerra y la Dictadura, (enfatiza la Ley), “las mujeres sufrieron humillaciones, vejaciones, violaciones, persecución, violencia o castigos por su actividad pública o política, por el mero hecho de ser mujeres o por haber sido madres, compañeras o hijas de perseguidos, represaliados o asesinados”.

Sin duda la Ley se está olvidando, o acaso omite conscientemente, a esas mujeres víctimas de las milicias rojas que durante la guerra no sólo eran perseguídas, humilladas o violadas, sino que además les segaban la vida con la mayor impunidad, tras someterlas a cruel martirio. Incluso se alardeaba de ello. Basta echar un vistazo a los expedientes de la Causa General para darse cuenta de las atrocidades que se cometieron.

Pero para nuestros dirigentes frentepopulistas es un deber de ética y dignidad reparar y recordar la lucha por la democracia de quienes como Emilio Sánchez Bermejo, natural de Tarancón, fue autor material de más de setecientos asesinatos, entre los que se encontraban el del Obispo de Cuenca D. Cruz de la Plana y Laguna o el que junto a su cuadrilla cometieron en la persona de dos mujeres, (madre e hija), en el municipio conquense de Villamayor de Santiago con quienes después de violarlas repetidas veces y martirizarlas, llegaron incluso a practicar el canibalismo. Se lee en la causa general que a “la hija tras ser violada en presencia de su madre, llegaron a cortarle trozos de sus pechos con los que más tarde hicieron unas tapas, para comerlas en la taberna del pueblo, entre vaso y vaso de vino”.

¡Y hablan del deber de ética y reparación!

Como ocurriera en el pasado, hoy también, los dos focos a perseguir siguen siendo la Iglesia y Falange. La profanación de los restos de Franco y José Antonio tan sólo ha sido el primer eslabón para justificar sus verdaderas intenciones: hacer desaparecer la Cruz del Valle de los Caídos y con ella cuanto representa los valores emanados de la fe en Cristo que siempre formaron parte de la cultura y la idiosincrasia del pueblo español. Y es que en palabras de José Antonio, “La persecución es la réplica a la verdad irrefutable.

Fray Cantera

Pero lo más lamentable a día de hoy, es la connivencia y apoyo que encuentran en una Iglesia, incapaz de oponerse a la profanación que supone la exhumación de los restos de Francisco Franco y José Antonio Primo de Rivera del Valle de los Caídos, contraviniendo incluso los concordatos con la Santa Sede y plegándose cobardemente a los intereses del poder establecido, con la honrosa excepción de los PP. Benedictinos y en concreto su Prior, el P. Santiago Cantera quien públicamente ha marcado la pauta de lo que siempre debió ser el proceder de la Iglesia:

“Es preferible una Iglesia mártir, que una Iglesia connivente con el Mal por temor a perder un bienestar temporal. A medio y largo plazo la Iglesia que finalmente pervivirá será la primera”.

Mons. Tarrás y Bages

Y es que por mucho que cueste asumirlo, a día de hoy, la Conferencia Episcopal Española, más que connivente, se hace coparticipe con el Mal, desoyendo aquella Carta Colectiva del Episcopado español a los Obispos del mundo entero, de 1 de julio de 1937, donde se daba cuenta del martirio de miles de sacerdotes y religiosas, y hasta de la profanación de tumbas, llegando incluso a jugar al futbol con el cráneo del obispo Tarrás y Bages. Quiera Dios que ese bienestar temporal, del que ahora gozan, no se les pueda un día truncar, en una nueva persecución y martirio.

Pero el drama que se cierne sobre España no sólo es achacable al llamado progresismo de la izquierda. Lo más nauseabundo es que cuenta con la ayuda y el beneplácito de una derecha mediocre y pusilánime que si durante la II República aún conservaba alguna moralidad, aunque mantenía una actitud de vergonzosa cobardía, hoy se hace copartícipe responsable y connivente de la más asquerosa y putrefacta degradación política, moral y cultural. Ahora el PP de Feijóo, buscando un rédito electoral, anuncia la derogación de la LMD a su llegada al poder. Pero ya es demasiado tarde. Tuvieron tiempo y mayoría parlamentaria para acabar con la entonces denominada Ley de Memoria Histórica, antesala de la actual LMD y no lo hicieron. Es más, no olvidemos que ya en mayo de 2017 y siendo presidente del Gobierno Mariano Rajoy, el Partido Socialista presentaba una proposición no de ley al objeto de exhumar los restos de Francisco Franco del Valle de los Caídos; proposición que salió adelante con la abstención cobarde y colusora de una derecha vendida a los intereses socialistas.

Como acertadamente escribía entonces, el historiador y abogado José Piñeiro, “de aprobarse la Ley un sudario de silencio caería sobre la España que va desde 1939 a 1975, imposibilitando de facto el análisis histórico de dicho periodo, hasta el punto de que no podría comentarse ninguna referencia positiva de aquel régimen político fenecido, sin temor a sufrir denuncias o expedientes sancionadores”.

Hoy los historiadores se ven sometidos a las caprichosas decisiones de Félix Bolaños García (el nuevo Torquemada español). Quizás ha llegado ese momento en que, perseguidos por la inquisición socialista, los historiadores que quieran profundizar en el estudio de aquella etapa histórica comprendida entre el 18 de julio de 1936 y el 20 de noviembre de 1975, sean obligados a renegar de la verdad histórica y negar el genocidio rojo antes, durante y después de la Guerra Civil, aunque siempre les quedará la posibilidad de balbucir, como Galileo ante el Tribunal de la Inquisición: “eppur si è verificato” (y sin embargo ocurrió).

Largo Caballero

Es tal la obscenidad de historiadores y politólogos serviles al dictado socialista, que quien pretende describir las escenas vividas durante la contienda e incluso antes y después de ella, es injuriado, perseguido, calumniado y acallado por contario a los valores democráticos. No es nuestro caso; por muchas leyes represoras que se nos quieran imponer, jamás podrán acallar nuestra voz, para denunciar la realidad del magnicidio cometido por un socialismo criminal que segó la vida de tantos españoles, y que hoy quiere redimirse disfrazando su cainismo criminal con una pretendida defensa de la democracia. Esa misma democracia que tan abnegadamente defendía Largo Caballero cuando arengaba a las masas diciendo:

La clase obrera debe adueñarse del poder político, convencida de que la democracia es incompatible con el socialismo, y como el que tiene el poder no ha de entregarlo voluntariamente, por eso hay que ir a la revolución”.

Sin embargo el presidente del gobierno, Pedro Sánchez, ensalza públicamente la figura de Largo Caballero, elevándolo a los altares del socialismo, como gran defensor de los valores democráticos ¿Sarcasmo o vileza? Bien merece recordar aquí a Cicerón en sus catilinarias y afirmar con él:

¿Quousque tandem abutere Sánchez, patientia nostra? ¿Quam diu etiam furor iste tuus nos eludet?

En definitiva, con esta ley que se nos impone, lo que se pretende no es otra cosa que cambiar el pasado, para dirigir y dominar el futuro. Y es que en palabras de Calderón de la Barca, “donde hay poca justicia es un peligro tener razón”.

¿Qué sentido tiene si no el artículo 44 de la LMD que establece medidas en materia educativa incluyendo entre sus fines “el conocimiento de la historia y de la memoria democrática española, y la lucha por los valores y libertades democráticas, asegurándose las medidas necesarias para que en los planes de formación inicial y permanente del profesorado se incluyan formaciones en relación con el tratamiento escolar de la memoria democrática.” En otras palabras, se secuestra el conocimiento que de la Historia de España tienen los profesionales docentes, obligándoles a impartir una formación tutelada y dirigida por mentes enfermizas que babean su odio, y quieren escribir su propia historia, no la verdadera Historia de España.

Por cierto, un consejo para los nuevos educadores de esta ley. Cada vez que entréis en las aulas y os pongáis ante la mirada expectante de un alumnado deseoso de conocer nuestra historia, recordar las palabras de Ortega y Gasset:

Siempre que enseñes, enseña a la vez, a dudar de lo que enseñas”.

No basta con la amenaza de una Ley tiránica para silenciar la historia. Seremos perseguidos e ilegalizados. Seremos sancionados, motivo de escarnio y posiblemente encarcelados en base a una Ley tiránica, labrada en el odio y el rencor a España y a su tradición católica; pero jamás podrán acallar en nosotros, la admiración y defensa por el martirio, el ejemplo y la suprema libertad de perfección de quienes supieron regar con su sangre, el heroísmo de dar “la existencia por la esencia”.

Collar eléctrico de tortura utilizado en una de las checas de Barcelona

Cuando machaconamente se nos habla de la represión de la dictadura, y de las torturas y vejaciones de los campos de concentración, yo desde aquí les invito a que den una visión real de las checas frentepopulistas, verdaderos tanatorios de muertos vivientes, de torturados y mutilados que aguardaban ese momento final, que al fin les liberara de su constante sufrimiento y martirio. Recordáis el submarino seco, la Banderilla o el Badajo. Y por qué no hablar del Empetao, la ratonera, el collar eléctrico o la ducha fría, sin pasar por alto la argolla, el gancho, el Tizón y el pozo. Torturas eran el gomazo, la bañera o el quebrantahuesos. Y qué decir de aquellos patios de algunas checas, como la de San Elías, auténticos criaderos de cerdos, donde a las víctimas, tras hacerles varios cortes profundos en las piernas, eran lanzados al centro de la piara donde los cerdos, al percibir el olor de la sangre, los mordían hasta comérselos vivos. O esa habitación denominada carnicería, como en la checa de Ciudad Real, donde al interrogado se le amputaban en vivo brazos y piernas para obtener confesiones o renegar de sus convicciones. En estas checas murieron más de diez mil personas.

Ellos no merecen ser recordados. Sólo sus verdugos son dignos de ser reconocidos por su defensa de la democracia. Burda satrapía de una dictaduría criminal que sólo aspira a ver cumplida su deleznable miseria moral.

Ante esta visión neroniana de nuestra historia, uno cierra los ojos e imagina cómo fueron los momentos finales de aquellas personas que por pensar de otra manera o por defender su fe en Dios, eran brutalmente torturados por la satisfacción vengativa de verlos sufrir. ¿Qué valores dignos de ser reconocidos defendían quienes ciegos por el rencor y el odio, violaban, apaleaban, mutilaban y mataban, convirtiendo en una orgía de placer su insaciable sed de sangre? ¿Qué debieron sentir aquellos inocentes que tras ser bárbaramente martirizados y hasta en algunos casos mutilados, eran arrojados aún con vida al fondo de una mina donde caían agonizantes sobre los restos putrefactos de aquellos que les habían precedido en el martirio?

En ningún caso quiera verse en este comentario, la pretensión de reabrir heridas pasadas, sino dar a conocer lo que realmente supuso la Segunda República y que hoy políticos e historiadores pretenden hacer olvidar e incluso criminalizar, al amparo de esa damnatio memoriae llamada por la progresía Ley de Memoria Democrática.

Silla eléctrica y celda de castigo de una checa

Pretender comparar las ejecuciones sumarias habidas tras finalizar la contienda civil, con los crímenes genocidas del frentepopulismo antes y durante la guerra, es el resultado de un análisis parcial, torticero y maniqueo de la historia. El frentepopulismo persiguió, martirizó y asesinó a cuantos no comulgaban con sus ideas y no precisamente por la defensa de unos pretendidos valores democráticos que tan sólo anidaban en las mentes de algunos -muy pocos- republicanos de pensamiento y obra. En cambio las ejecuciones sumarias de los tribunales militares al finalizar la contienda, e incluso antes de acabar, no eran sentencias arbitrarias, sino que tras demostrarse fehacientemente los delitos cometidos, los condenados eran sentenciados en base a la normativa penal reinante en el momento: el Código de Justicia Militar, la Ley de Orden Público de 1933 y el Reglamento de Servicio de Campaña de 1882. Normativa con la que podrá o no estarse de acuerdo, en base a las penas aplicadas; pero lo cierto es que era la normativa vigente en ese momento. Los encausados no eran condenados por sus ideas, sino por sus actos.

Me gustaría terminar, con unas palabras que más que un lamento, encierran un llamamiento al decoro, al honor y a la honradez de cuantos defienden la Verdadera Memoria de España. A esta lamentable situación nos han conducido los políticos de una y otra bancada. Y aunque España está ya prácticamente perdida, siempre encontrará, al menos en nosotros, aquel Velarde que el 2 de mayo de 1808 aseguraba: “España está perdida, pero tú y yo vamos a morir por ella”.

Qui autem abscondit veritatem, peribit in iniquitate propria sua.

(quien esconde la verdad, perecerá en su propia iniquidad).


5 respuestas a «Ley de memoria democrática. Un asalto a la verdad histórica»

  1. Como afirma el autor – enhorabuena y muchas gracias por su tarea en revelar la auténtica Memoria- …»en mayo de 2017 y siendo presidente del Gobierno Rajoy, el Partido Socialista presentaba una proposición no de ley al objeto de exhumar los restos de Franco del Valle de los Caídos; proposición que salió adelante con la abstención cobarde y colusora de una derecha vendida a los intereses socialistas.»
    Marianito como buen masón, pertenece SOLO a tres logias (Parsifal, Walhalla y PanEUropa), además del Opus Dei – Opus luciferinus (que me corrijan y demuestren que NO lo son) – NO podía corregir al PSOE.
    El Opus luciferinus en su momento tuvo que sacar alguna nota recordando al sedicente y falso católico, Marianin, que la profanación de tumbas es un pecado gravísimo y susceptible de excomunión.
    Parece que el Opus luciferinus acepta sin rechistar las actuaciones contrarias a la FE de sus miembros destacados… nada menos que un presidente de Gobierno…
    Gracias al autor por su trabajo, de nuevo
    DIOS, PATRIA y REY LEGITIMO

    Pido mil disculpas por traer al EED esta noticia que ninguno de los «grandes Mierda» de comunicación han publicado sobre la terrible epidemia del Síndrome/enfermedad de Guillain-Barré – o mal de las vacas locas – que se ha declarado en PERU con 146.000 casos (que es una cifra enorme).
    https://www.infobae.com/peru/2023/07/08/sindrome-de-guillain-barre-gobierno-declara-emergencia-sanitaria-en-peru-debido-a-la-preocupante-propagacion-de-la-enfermedad/
    El gobierno peruano achaca el «mal de las vacas locas»… a picaduras de mosquitos.
    O bien son las vacunas de ARN-Covid o son, en efecto, esos mosquitos que mi «amigo» Billy Gates anuncio que soltaría para despoblar la humanidad… Valiente canalla.

  2. “En 1936, en un sarcófago de bronce de la Catedral de Vich reposaban los restos del obispo Torras y Bages (…)
    Torras y Bages siempre se había declarado profundamente antimasón y eso nunca se lo había perdonado la masonería.
    El 3 de agosto llego a Vich una patrulla anarquista de faístas con una orden explícita de las logias: hacer desaparecer el cuerpo del Dr. Torras y Bages. El cadáver ya había sido profanado unos días antes cuando un anarquista rompió el cristal que recubría su ataúd y le robó el anillo episcopal. Los anarquistas recién llegados sacaron su ataúd del sepulcro y lo llevaron al entonces coro del centro de la Catedral que había sido calcinado. Los anarquistas ya habían incendiado la Catedral y con ella sus magníficas pinturas murales de Sert.
    Los anarquistas, sin ningún rubor, se pusieron a jugar al futbol con el cráneo de Torras y Bages en la plaza mayor de Vich. Otros rociaron con gasolina sus restos y les prendieron fuego.
    (…)”

    (Extracto de un artículo publicado en Somatemps, 16 marzo 2021)

  3. Hace falta Monjes Soldados que organicen la Guerra Santa con la Cobertura Papal de la Excomunión.
    El Tiempo del Perdón Democrático se acaba.
    Empieza el Tiempo de la Siega de los Descarriados.
    Y la Democracia no entiende ni sabe como curar a los Descarriados. Amén

  4. España está perdida, a todas luces, y tan solo un acto de misericordia de la Providencia (que no se merece) podría salvarla. Quien piense que todavía se puede hacer algo para evitar o minorar un previsible triste final, que trabaje en ello sin dudarlo. Tal vez unos pocos españoles justos (Génesis, 18 : 24~32) muevan al Cielo…

    También todo lo que entendemos por Occidente, camina por el mismo sendero que lleva a la perdición. Ergo, no estaríamos solos en la desgracia. ¡Menudo consuelo!

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