Libertad y batalla cultural

Algunos habrán leído un libro, publicado en los años cuarenta, que tuvo una importante repercusión. Me refiero al ‘Miedo a la libertad’ de Erich Fromm. ¿Todavía podemos aprender algo? Creo que sí y, además, relacionado con las pasadas elecciones generales del 23 de Julio.

¿De qué se trata? Una de las ideas de Fromm es que el hombre actual busca maneras de evadir la libertad. Todas equivocadas, por supuesto. ¿Por qué todas equivocadas? Porque evadir la libertad es anularse a uno mismo como ser humano. Es convertirse en ‘siervo’ voluntario de alguien, o de algo.

Una de las terribles consecuencias de evadir la libertad es la incapacidad de sacrificarse en favor de cosas exteriores a uno mismo. Yo, y nada más que yo. Por ejemplo, sacrificarse por la libertad. Parecía que la superación de la sociedad tradicional conducía a la liberación del hombre. Pero no necesariamente es así. Sigue habiendo mucho ‘siervo’ voluntario. O sea, masas manipulables que adoran el ‘pan y circo’ puesto al día. Es decir, subvención, paguita, okupación y botellón.

Y de ahí extraigo algunas consecuencias. Una de ellas es el sometimiento voluntario a ‘Papá Estado’ por parte de muchos compatriotas.  Me cuesta llamarles compatriotas. ¿Cómo es posible? Muchos pasan del cálido regazo de ‘Mamá me mima’ al sometimiento voluntario al Estado: para estas personas, lo mejor es que el Estado sea lo más grande y más fuerte posible.

O sea, tengo miedo a la libertad y ‘Papá Estado’ me protegerá de la cuna a la tumba. Dejo aparte que la ‘protección estatal’ es dudosa y caprichosa. Depende de cómo te comportes.

Resulta que hay gente- demasiada- que no ve peligro en el aumento desorbitado del aparato estatal. ¿Por qué? Como dice Erich Fromm: ‘No puedes ser libre hasta que te deshagas de tu miedo. El miedo a la libertad’.

O sea, un ciudadano que no es perezoso ni cobarde, no suele tener miedo. No necesita que ‘Papa Estado’ esté cuidándolo continuamente. Al contrario, quiere ser el dueño de su destino. Quiere trabajar, esforzarse para conseguir los objetivos que se ha marcado en la vida. Y si cae, se levanta. En cambio, el perezoso y el cobardón prefiere la sopa boba. Cuando esto sucede, ya está en las garras de ‘Papá Estado’. Ya es un ‘siervo’ aunque no lo sepa. Cree que es ‘progresista’.  

Y con este prolegómeno entro en las pasadas elecciones del 23-J y alguna reflexión sobre las mismas.

Si la lucha política- en estas elecciones- se hubiera presentado entre un socialdemócrata y un liberal, o un conservador, no habría tenido ninguna preocupación. Y no la habría tenido porque, fuese cual fuese el resultado de las elecciones, tendría el justificado convencimiento de que el ganador- fuese el que fuese- respetaría la Constitución y las reglas democráticas establecidas.

Pero no era el caso. Salvo la gente abducida (incluyo fanáticos, progres, gilipollas, exquisitos, subvencionados y similares), el resto sabía que Pedro Sánchez gobernaba con enemigos declarados de España y de la Constitución. O sea, que una repetición gubernamental supondría más desmembramiento de España, más desigualdad entre los españoles, más debilitamiento, interior y exterior. Y no crean que este proceso de desmembramiento de España y del Estado de Derecho, saldría gratis.

Incluso un divorcio entre dos personas puede convertirse en un infierno. Resulta que España es mucho más que eso. Son siglos de historia en común entre millones de personas. Además, hay gente dispuesta a defender España, su democracia y su Constitución. Respaldados por la propia Constitución, en su artículo 8: ‘las Fuerzas Armadas tienen la misión de defender la Constitución y la unidad de España’.

Estoy preocupado. ¿Por qué? Porque sin una ‘batalla cultural’ en serio, siempre estaremos al borde del abismo. ¿En qué sentido? Pues que ir cuesta abajo es más fácil y agradable, aunque a la larga sea negativo. Pongo un ejemplo, para terminar.

El impresentable progresista, exministro de Universidades Castells, decía que ‘Suspender es humillar al estudiante’. Esta peligrosa idiotez gusta a un sector de la población. Al sector perezoso y cobarde, amante de ‘Papá Estado’. A muchos no les gusta que el sistema educativo sea riguroso y exigente, a pesar de que esto es bueno para los propios estudiantes y para la sociedad.

Pues bien, la izquierda ofrece gozar. Son dos días, tío. Pasar curso son suspensos, cambiar de sexo al gusto, follaje desde la tierna infancia, okupación, pinganillo y botellón. ‘Somos la izquierda’ que se arrodilla ante los enemigos de España, colaborando en su demolición y amnistiando a los golpistas. Firmado, Pedro el mentiroso y traidor, votado por la plebe de izquierdas.

Una derecha democrática, Alberto, debe fomentar el respeto, el esfuerzo, el mérito y el sentido de la responsabilidad. O sea, una sociedad decente y eficiente. Y batalla cultural- sin los típicos complejos peperos- para terminar con la hegemonía de esta izquierda mezquina, que nos conduce a una confederación de repúblicas bananeras, previa destrucción del Estado de Derecho.

PD.  ‘Junts presiona a Sánchez y cifra en 450.000 millones la deuda del Estado (o sea, nosotros) con Cataluña… Y amnistiar el fraude de la familia Pujol’.

No tengo palabras para manifestar mi desprecio a esta chusma socialista, comunista, golpista y filo terrorista. Votantes y equidistantes incluidos.


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