Llegados aquí, sólo hay dos caminos: Carta Magna o desastre

La llegada al poder de los frentepopulistas no ha sido cosa del pueblo, que casi siempre suele estar pendiente de su estómago, sino de aquellas clases acomodadas -alta y media alta- que en su mayoría han condescendido con la coalición de los advenedizos. Y no puede existir ninguna duda de que esta situación no ha podido proceder más que de graves defectos de un sistema ineficaz y abominable, fruto de un contubernio de partidos y personajes motivados por sus apetitos, sus ambiciones, sus obsesiones destructoras y sus odios, cuya hoja de ruta se estableció hace décadas.

Y no sólo ha sido culpa de dichas clases burguesas -cuyas aspiraciones se resumen en un hedonismo vulgar y una vida social de tabloide rosa-, también de importantes empresarios que en connivencia con los incendiarios creen, con egoísmo imprudente, estar a salvo de sus fuegos. Y sobre todo por culpa de unos Jefes de Estado, el actual y su antecesor -cuyas figuras, por sus hechos los conoceréis, deben dejar de ser sacralizadas- que no han dudado en refrendar con sus firmas todas las abominaciones legislativas que la coalición de hispanófobos y liberticidas les han puesto sobre la mesa.

Unos Jefes de Estado, jefes así mismo de la Fuerzas Armadas, que además han consentido que el Ejército español sea hoy un ejército que cada día parece estar menos al servicio de España -hoy tan necesitada de él- y más al de sus enemigos, quienes lo manejan como un peón sumiso en destinos donde a los españoles nada se les ha perdido, al contrario que a aquellos que tienen colonizada una parte de nuestro territorio, y a sus aliados y protectores. Todos aquellos en definitiva que fingiendo ser nuestros amigos son por diversas causas los instigadores de nuestra perdición.

Con una supuesta derecha de escasas luces y huérfana de valores éticos y culturales, el entramado político progresista -y sus tentáculos internacionales, algunos de ellos ya absolutamente desenmascarados- ha visto el campo abierto de tal modo que durante las últimas generaciones todo han sido facilidades para ir cumpliendo la hoja de ruta determinada, incluso, en cierto momento, impulsada por el mayor atentado terrorista sufrido en nuestra patria -sospechosamente anónimo-, a partir del cual dicha hoja de ruta se precipitó.

¿Qué actitud caracteriza esta época nuestra, vulgar y adocenada en lo social, sórdida y disolvente en lo político, tan despectiva para unos símbolos y unos valores tradicionales que a pesar de la ignominia vertida sobre ellos, de la piqueta destructora con que tratan de desguazarlos, permanecen biológicamente sanos? ¿No es la malevolente actitud de unos revolucionarios de libreto que amparados en la codicia, el totalitarismo y el rencor pretenden instalar un renovado régimen criminal sustitutivo de aquél tan añorado de los primeros años treinta del pasado siglo?

Como ésto es así y hasta aquí hemos llegado, y nos espera la permanente intimidación de los matones, la expropiación de la propiedad privada, los incendios, las insidias, la subvención de los parásitos, los fraudes electorales y los crímenes, es necesario un nuevo proceso constituyente regenerativo para purgar abusos y defectos, que sólo puede venir de un grupo político restaurador sustentado por una amplia mayoría ciudadana y por aquellos a quienes la Carta Magna comisiona para garantizar nuestra soberanía e independencia, así como para defender nuestra integridad territorial y, hoy especialmente, el ordenamiento constitucional.

O eso, o el desastre.

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2 thoughts on “Llegados aquí, sólo hay dos caminos: Carta Magna o desastre”

  1. O eso, o el desastre.

    ¡El desastre, el desastre!

    Es igual, también somos el desastre.

    (Paráfrasis de la famosa viñeta del semanario satírico «Hermano Lobo», año 1975. Cualquiera podría pensar que todo sigue.. ¿igual?)

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