Lo posible y lo imposible

Lo posible es humano. Lo imposible divino.

Nosotros, los hombres, podemos y debemos hacer lo posible. Que Dios hará lo imposible.

Ante las tentaciones tenemos que hacer lo posible por no caer en ellas, por escapar de ellas, por no favorecerlas. Y en nuestras manos hay mucho posible que podemos hacer. Mucho.

Pero claro, no sólo lo posible vale y es que «Sin Mi, nada podéis». Por eso es necesario lo imposible, la concurrencia de Dios con Su omnipotencia, con Su poder de hacer lo imposible. De esa forma, con lo posible y lo imposible, la victoria está asegurada.

Eso sí, nosotros debemos poner, primero, lo posible, demostrando así nuestra voluntad de no caer. Luego, tras comprobar eso, Dios, sin duda alguna, acudirá en nuestra ayuda con lo imposible.

Pero si Él ve que nosotros no ponemos lo posible, ahí andará que Él, decepcionado, no ponga lo imposible y, entonces, estaremos perdidos.

En las tentaciones y también en todo. En nuestras obligaciones y trabajos, quehaceres cotidianos, a la hora de ayudar a otros, y también en las diversiones y descansos. Pongamos en todo, en cada segundo de nuestras vidas, lo posible, para que Él ponga también en cada uno de esos mismos segundos, lo imposible, porque si Él nada, nada, podemos.

Y también en el sufirmiento, en la enfermedad, en la adversidad y los contratiempos pequeños o grandes, pomgamos también lo posible para enfrentarnos a ellos, superarlos o sobrellevarlos y aceptarlos, y confiemos plenamente en que Dios nos ayudará con lo imposible.

Y, finalmente, ante la muerte que se ve, que llega, que es inapelable o la de aquellos a los que les sorprende bruscamente, pongamos lo posible de nuestra parte y dejemos que Dios ponga lo imposible para bien morir o el de aquellos a los que sorprendió porque esa fue, también, Su voluntad.


Una respuesta a «Lo posible y lo imposible»

  1. Su voluntad nos llegó escrita; de todo lo demás, se ocupa EL( si cumplimos ); cosa que también nos dejó dicha. Y…, que se ocupe, no quiere decir que será lo que andamos buscando, sino de lo mejor para nosotros; pues sabe mejor que nosotros lo que nos conviene, antes que cualquier materialismo.

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