Lo que las feministas no quieren ver

La quimérica igualdad de derechos entre hombres y mujeres, reclamada por los movimientos feministas, es contraria a los propios intereses de la mujer.

Reproduzco el siguiente tópico de una conversación habitual en nuestros días de una mujer:

  • Realmente la vida, como está organizada actualmente nos empuja a las mujeres hacia fuera (del hogar), para trabajar. Incluso porque hay casos en que los maridos están desempleados. Deberíamos tener acceso a los mismos trabajos que los hombres pues, ¿No somos todos iguales?” Rematando bruscamente la conversación, añade: “No tengo hijos porque no tengo tiempo para cuidarlos”.

Incongruencia de hecho, pues yo sabía que ella tenía mucho tiempo para dedicarse a sí misma, para viajes e incluso para cuidar y pasear a su perrito.

Por consiguiente concuerdo en género, número y grado en la apreciación que hace sobre su actitud. Pero no puedo aprobar su lamentable opinión que hace de ella misma, a la que podría preguntarla: “¿puede haber ocupación más noble y placentera para una madre que dedicarse a proteger y a educar a sus hijos, a preservar su inocencia y formarlos en la virtud? ¿Habrá tiempo mejor empleado?”

Por otro lado si la mujer debe ser igual al hombre, éste debe ser igual a la mujer. Y el hombre afeminado es fruto genuino de las mismas tendencias e ideas igualitarias, más o menos subconscientes, que dieron origen a la masculinización de la mujer.

Factores ambos e índices seguros de decadencia y corrupción de la familia, y por tanto de la Civilización de la mujer masculinizada y del hombre afeminado.

Desgraciadamente, la sociedad moderna no está organizada en función de los altos valores morales católicos, pero sí de conceptos hedonistas (concebir como finalidad de la vida la búsqueda del placer). Nace así la ambición desenfrenada de ganar dinero y, con ella, el deseo de “aprovechar” la vida. Para esto trabajar mucho. Así, los hijos son considerados un obstáculo que “roba” el tiempo dedicado a sí mismo, al gozo de la vida, etc.

Otro factor, originado principalmente en el siglo XXI, es la urbanización y la industrialización, que están produciendo profundas transformaciones en la institución familiar, forzando e incentivando la constitución de la llamada “familia nuclear” (compuesta sólo por los esposos, uno  hijo (¿?) y un perrito…). Un estilo de vida bien diferente del de la “familia patriarcal” (prole numerosa, con muchos parientes que conviven intensamente, con visitas recíprocas etc.). En esta última, la formación de los niños se daba en una atmósfera de mucha convivencia social. Desde los abuelos o incluso de los bisabuelos, hasta los primos de diversas edades. La mujer permanecía en casa, con la noble y elevada misión de madre de familia, velando por los niños, inculcándoles las primeras nociones de la fe católica, la admiración por los actos destacados de los antepasados, y cuidando de las tareas domésticas.

De paso, somos conscientes de que la vida como está organizada hoy -o desorganizada-, muchas veces, debido a exigencias económicas, obliga a la mujer a trabajar fuera del hogar. Frecuentemente ella es más una víctima que autora de una situación que a ella no le gusta. Pero en este caso el trabajo debería ser delicado, que condiga con la naturaleza femenina. La mujer no tiene vocación para hacer trabajos pesados como, por ejemplo, los de cargadora de fardos, descargadora, mecánica o camionera.

Es necesario añadir que debería ser una labor suave, que diese a la mujer las condiciones de ejercerla sin extenuarse; que le proporcionase tiempo también para cuidar del hogar y desvelarse por la prole; que no le exigiese ausentarse todo el día; que no la obligue a llegar a su casa agotada de tal modo que no pueda dar la debida atención a sus hijos.

Ya que tanto se habla de derechos de las mujeres, ¿por qué no emprender una acción que les facilitase el ejercicio de su elevada misión de madres de familia, incentivando trabajos, con horarios más flexibles y más apropiados a las de madres de familia? ¿Por qué no elaborar, por ejemplo, una política de gobierno que las auxilie a conciliar familia y trabajo, no creando dificultades a la permanencia de la madre con sus hijos, favoreciéndolas particularmente -lo que es indispensable- durante sus primeros años de vida?

No veo, sin embargo, movimientos feministas defendiendo esos auténticos derechos, que pide el orden natural de las cosas para que todos los valores particularmente ricos en gracia y delicadeza estén al servicio de la mujer, pues ellos constituyen lo propio de su fragilidad, el medio adecuado para que en alma femenina se expandan las más nobles cualidades de esposa, de madre y de hija, pero sí reivindicando la equiparación de la mujer al hombre, la liberación de la mujer y el derecho al trabajo, como si ella pudiese contribuir más a la sociedad como trabajadora que como madre. Tales reivindicaciones serían más apropiadas a un movimiento de masculinización de la mujer que a un movimiento feminista.

Esta “lucha” de las feministas por la igualdad entre hombres y mujeres, las perjudica gravemente.

En ese feminismo vemos incrustada, además de una reivindicación antinatural, una revolución igualitaria contra las desigualdades naturales y complementarias establecidas por Dios entre los sexos.


2 respuestas a «Lo que las feministas no quieren ver»

  1. Totalmente de acuerdo con usted.
    * La mujer se está MASCULINIZANDO y, por desgracia,
    * Una buena parte de los hombres se están FEMINIZANDO, homosexualismo, etc., al tiempo que las mujeres masculinizadas suelen ser MACHORRAS, LESBIANAS, BISEXUALES, ETC.
    * En resumen, nos estamos cargando -o, mejor dicho, se están cargando- A LA FAMILIA, QUE ES LA PRIMERA INSTITUCIÓN BÁSICA DE LA SOCIEDAD, DE FORMA QUE LAS PERSONAS VAMOS A TERMINAR INDEFENSAS, SIN NADIE QUE NOS APOYE EN SITUACIONES DE CRISIS…, salvo los gobiernos de turno.
    * Claro que a los gobiernos de turno, pocos les interesamos, y más si somos una carga, con lo cual ya están elaborando LA LEY DE EUTANASIA, para darnos el matarile cuando seamos pensionistas Y UNA CARGA PARA LA SOCIEDAD.

  2. EL MINISTERIO DE IGUAL ME DÁ TODO, DE IRENE MONTERO, para justificar su existencia, acaba de publicar una ecuesta por la que, según ellas, PRÁCTICAMNTE TODAS LAS MUJERES HAN SUFRIDO ABUSOS SEXUALES…
    E incluyen ente los abusos sexuales una simple mirada.
    Entonces, ¿por qué se maquillan y arreglan tanto, que muchas tardan horas en salir a la calle, si realmente no quieren atraer a los hombres, ser objeto de sus miradas y deseos, etc?
    Como decía Sor Juana Unés de la Cruz: «Hombres necios que acusáis a la mujer sin razón, sin ver que sois ocasión de lo mismo que culpais…», etc.
    * En definitiva, las mujeres son MUJERES, por mucho que algunas se empeñen en no serlo, y
    * Siempre VAN BUSCANDO LLAMAR LA ATENCIÓN DE LOS HOMBRES, ATRAERLES, ETC.
    ¡Esa es la vida natural, de siempre, y es absurdo pretender cambiar lo que está en la misma naturaleza de las cosas y de las personas, en el germen de la vida cristiana y humana!

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