Los cañones de desembarco en Santiago de Cuba (1898)

¿Quisimos ganar la guerra contra los EE.UU? Análisis de un indicio revelador del entreguismo del Gobierno español 

Lo que pasó, eso pasará; lo que sucedió, eso sucederá: nada hay nuevo bajo el Sol (Eclesiastés 1:9) 

Un extremo que ha sido pasado por alto, y que arroja luz sobre la Guerra Hispano-Norteamericana de 1898, es el relativo al no empleo de los cañones y ametralladoras que debían acompañar a los mil hombres de las columnas de desembarco de la Escuadra de Cervera. Una fuerza de esa entidad y medios pudo ser decisiva. Ese es uno de los Misterios del 98 que no pudimos desarrollar adecuadamente en nuestro libro y bien merece la pena hacerlo ahora.

La Voluntad de Vencer. Principio capital del Arte de la Guerra

Como en toda guerra, la primera víctima de aquella fue la verdad, empezando por el hundimiento del Maine. Además, fue la primera en que el periodismo «amarillo» de los magnates Hearst y Pulitzer tuvo gran trascendencia. De ahí las tergiversaciones de los ganadores, para hacer más creíble y meritoria su victoria, y de los perdedores, para encubrir conductas punibles.

Gral,s Blanco y González Parrado (2º Cabo Cuba), ambos masones

Entre los principios del arte de la guerra prevalece la voluntad de vencer. Sin ella difícilmente se puede conseguir la victoria, incluso contando con superioridad de medios. El Desastre del 98 es un claro ejemplo de lo anterior. Una hecatombe en la que influyeron múltiples factores de lado español: sublevaciones internas –auténticas guerras civiles–, mandos con escaso coraje e incluso traidores, escuadra norteamericana superior a la española, negociación secreta en Tampa y campaña masónica internacional. Individualmente ninguno explica el desastre, entre otras cosas porque ni nuestro Ejército ni nuestra Escuadra se emplearon completamente y a fondo.

Como no se explica es asumiendo que éramos tremendamente inferiores. La superposición de todos estos factores sí lo explica. Pero el factor determinante es que hubo una decisión entreguista por parte del Gobierno. La acción de las sociedades secretas unida al cúmulo de intereses partidistas y económicos anuló la voluntad de vencer española.

Columnas de desembarco en Santiago de Cuba. Organización y armamento de las Columnas de Desembarco

Si ignoras lo que pasó antes de que nacieras, siempre serás un niño (Marco Tulio Cicerón)

Maxim de 7 mm de un barco español

Se denomina «trozo» a un grupo de marineros y/o infantes de marina organizado y asignado a un cometido determinado, tal que abordaje o desembarco: «columna de desembarco» en los grandes buques y «secciones de desembarco» en los menores. Su entidad tenía límite no comprometer  gravemente la operatividad  marinera y militar del barco. Se dotaban con piezas de artillería y/o ametralladoras, bien de las que contaban con montajes de ruedas para ese propósito, bien de las que se desmontaran de los buques (cañones revolver de 37  y de tiro rápido de 42 y 57 mm) y se instalaran en los botes de desembarco o en montajes más o menos improvisados.

Modelos de cañones y ametralladoras de desembarco o adaptables a ellos.

En 1896 contábamos en Cuba con tres ametralladoras Gatling calibre 11 mm Remington. En Santiago estaban las Palmcrantz-Nordenfelt  (calibre 11’43 y/ó 25’40 mm) de los Reina Mercedes y clase Vizcaya; el Ejército en Cuba usaba Palmcrantz de 10 cañones desde la Guerra de los Cinco Años; ¿había alguna más del Ejército en Santiago?

Tras una primera Maxim de prueba, en 1896 se compraron 12 para Cuba y 14 más para los nuevos cañoneros destinados a  ella; el Colón contó seguramente con dos, no sabemos si de 8 mm.

El Ejército comprobó en Cuba que el cartucho de 7 mm no era el reglamentario Mauser, sino uno reforzado, lo que originó retrasos en su empleo; pero estuvieron allí con sus «cartuchos reforzados» y, quizá, alguna de las máquinas fue a Oriente, la zona más necesitada de ellas y la más propicia para comprobar su empleo en combate; ¿dónde estaban y por qué no se emplearon? Los retrasos guardan relación con el traficante de armas judío Basil Zaharoff (más tarde «Sir» y amante –luego marido– de una prima política de Alfonso XII), quien terminó siendo presidente de la Vickers-Armstrong, uno de los hombres más ricos del mundo. Éste viajó a España entre 1886 y 1890 para vender Maxim y comprar la Euskalduna (origen de la empresa Plasencia de las Armas Co. Ltd y la Constructora Naval), así como boicotear el submarino Peral. La fábrica solo arregló el problema de las ametralladoras una vez acabada la guerra.

Palmcratz de 11 mm. La de la izquierda es del Oquendo

El cañón de desembarco reglamentario era  el 70 mm  González Hontoria.  El Colón debió venir con el armamento original de la Regia Marina (productos ingleses ó adaptados): un cañón de calibre 76’2 mm (¿QF 12-pounder 8 cwt Maxim-Nordenfelt?) ó un 57 mm. En algún «crucero colonial» o buque menor se empleó el cañón de acero González-Hontoria de 9 cm (90/25) Modelo 1879 en «montaje de corredera», quizá incluso con afuste de ruedas adaptable en los transportes de los desembarcos.

Además de estos específicos, los botes de vapor solían llevar esos cañones con montaje de campaña u otros fácilmente adaptables, tales como el Hotchkiss revólver de 37 mm ó el cañón de tiro rápido Nordenfelt de 42 mm. También se pudieron emplear otros cañones de barcos menores sin utilidad ó de la propia escuadra de Cervera. En la Socapa Baja hubo instalados tres cañones revolver de 37 mm y otro de tiro rápido de 57 mm en montajes fijos del Mercedes, y en el Combate Naval de Cárdenas intervinieron al menos una pieza de 37 mm Maxim (Pom-Pom) y otra de 57 mm Nordenfelt, ambas de origen naval y montadas sobre sendas bateas de ferrocarril.

¿Tenían realmente los cruceros de Cervera cañones de desembarco?

Hay poca información sobre los cañones de desembarco de Cervera en Santiago. El contralmirante, inicialmente, quiso no solo desembarcar los cañones de campaña, sino los poderosos cañones navales de los buques, una forma de evitar el combate naval que creía perdido. Y, efectivamente, desembarcó parte de sus hombres. ¿Cuántos?

Un 37 mm del cañonero Sandoval  // Vagones de Combate de Cardenas, un 37mm Maxim al fondo y un 57 mm Nordenfelt // Un 57 mm del Teresa

El teniente de navío de 1ª Carlos González-Llanos y Alesson, tercer comandante del Colón en 1898, desembarcó el 22 de junio al mando de la 1ª columna de su buque y con ella cubrió las trincheras de la Loma del Inglés y la Chivera, al Este de la bocana de Santiago. En su diario escribió: «En esta disposición (Defensa de Santiago)  figuraban ocho compañías de desembarco de la Escuadra y otra del ´Reina Mercedes´, que componían en total algo superior a mil hombres. De ellas entraron en fuego las 2as compañías del ´Colón´, la de los destroyers (sic) y del ´Mercedes´. Tuvieron 40 bajas».

El segundo jefe de Linares, el general de división Toral, escribió en su  Informe Oficial del 1º de Agosto de 1898:  «…(que) para reforzar las trincheras de (La) Canosa, fue preciso hacerlo con una compañía del Batallón de ´Talavera´… , 150 marineros de los desembarcados de la Escuadra, situados en el extremo Oeste del recinto y 100 convalecientes del Hospital Militar». Es decir, Bustamante en su contraataque mandó poco más de una compañía.

El vicealmirante, cuando éste se puso a las órdenes del general Blanco el 25 de junio, le comunicó las carencias y estado de su escuadra, advirtiendo que: «…el Teresa no tiene cañones de desembarco y los del Oquendo y Vizcaya están inútiles…» (de su libro Colección de documentos…, Pág . 141). Lo anterior denota desidia, pues al ser de diseño y producción nacional estaban muy difundidos y en Cádiz pudo embarcar otros en mejor estado. Que los del Colón estaban en perfecto estado, lo confirma Francisco Arderius, alférez de navío del Plutón:  «Las fuerzas de marinería que fueron desembarcadas en la noche del 22 de junio se componían de un total de mil hombres con la artillería de desembarco del ´Colón´, única de la que podía disponerse…» (La Escuadra Española en Santiago de Cuba).

Las Lomas de San Juan y los cañones de desembarco

Cañón revolver Maxim de 37 mm, en montaje de campaña (izqu.) y de pedestal (embarcado) (dch.). El de campaña era español y fue capturado en Cuba. Se expone en EEUU

El mundo está gobernado por personajes muy diferentes de lo que se creen aquellos que no están detrás de los bastidores (Benjamín-Israel Disraeli, Primer Ministro inglés, en su novela Coningsby, de 1844)

Gatling ligera españolas del antiguo Museo del Ejército

Después de habérsele dejado desembarcar y progresar por el interior sin apenas resistencia, el 1 de julio el Cuerpo Expedicionario norteamericano, compuesto por 18.000 yanquis y más de 2.000 mambises, alcanzó las proximidades de Las Lomas de San Juan, a seis kilómetros de Santiago, y un poblado algo más alejado llamado El Caney.

El general Linares  dispuso para la defensa de Santiago 3.400 hombres al Oeste, contra los mambises, y solo 2.600 al Este, en tres líneas, contra los norteamericanos: 350 hombres en Las Lomas (paso obligado), 550 en El Caney –al NE–, y 400 en la orilla del Río Aguadores –al Sur– (en el previsible esfuerzo principal americano, las Lomas, es donde dispuso menos fuerzas). A 800 metros a retaguardia de las Lomas de San Juan organizó una débil posición (un batallón, incluidas todas las reservas, con dos escuadrones de caballería algo retrasados), con vértice en el Fuerte Canosa, donde Linares estableció su puesto de mando. Una defensa estática  sin verdaderas reservas e ignorando el principio de concentración de esfuerzos (hombres y medios) en el esfuerzo principal.

En el combate de las Lomas, el más trascendente, y en el de El Caney, intervinieron dos piezas de artillería por parte española en cada posición, y  sendas baterías ligeras de campaña de cuatro cañones de 81 mm por parte norteamericana, respectivamente reforzadas por sendas `baterías´ de tres y cuatro ametralladoras Gatling. Al final del combate en las Lomas los yanquis emplearon otras dos baterías de cañones de igual calibre, superioridad de fuegos que les dio definitivamente la victoria. Nuestros enemigos no tenían disponibles en ese momento más que esas baterías (16 cañones y 7/8 ametralladoras).

Los imponentes obuses Mata de 15 cm de Punta Gorda, donde eran innecesarios

Una batalla planteada por el binomio Blanco-Linares y Cervera  solo para «dejar a salvo el honor del Ejército Español», estuvo a punto de ganarse por la acción de dos pequeños cañones Krupp de 75mm, comandados por el coronel Ordóñez y el capitán De Antonio. ¿Qué hubiera sucedido si, como aconsejaba el arte de la guerra, se hubieran desplegado en la zona de las Lomas los dos obuses Mata de 15 cm y en la del Caney los dos cañones Krupp de 90 mm innecesariamente `olvidados´ en Punta Gorda y totalmente desprovistos de cometido allí una vez que la Armada artilló la zona (interior de la bahía de Santiago) con modernos cañones González-Hontoria de 160 mm? ¿Cuál hubiera sido el resultado si se hubieran llevado a las Lomas la ametralladora y los dos cañones del crucero de dotación colonial Reina Mercedes, los del Colón, los semiautomáticos de 75 mm del destructor Terror, y los dos Hontoria de 90 mm, del trasatlántico Méjico Y no dudamos que nuestros muy aguerridos antepasados conocieran el principio táctico de que la artillería nunca está en reserva. También los cañones-ametralladores Hotchkiss de 37 mm y las ametralladoras Palmcrantz de 11 mm pudieron llegar a las Lomas descompuestos en cargas y a lomos o en carretas. ¿Cuál hubiera sido el efecto de los fuegos y contraataques de la marinería de Bustamante empleados de forma conjunta y oportuna? Recordemos que los marinos de las columnas de desembarco fuero repartidos por casi todo el perímetro defensivo de Santiago, y los pocos que quedaron a las órdenes directas de Bustamante no recibieron autorización para salir del mismo, por lo que éste tuvo que aprovechar que Linares había caído herido, sospechosamente,  para intentar recuperar las Lomas de San Juan en un ataque imposible, en el que el heroico marino encontró la muerte.

Cañón de 57 mm del Reina Mercedes en la batería de la Socapa Baja

Así era el cañón Hontoria de 90/25 Mod. 1879 del trasatlántico Méjico

La mera combinación de aquellas armas con las trincheras carlistas, las alambradas y el valor y pericia de los soldados españoles habría quebrantado el ataque y obligado al general Shafter a retirarse, como pensó hacer y solo le frenó su Presidente.

Para rematar la jugada, Cervera, quien anunciaba a los cuatro vientos que iba al desastre en el combate naval, embarcó los cañones de su Escuadra e inutilizó los que no pudo llevarse. Toral escribió en su antedicho informe: «No pudieron utilizarse 2 Máxin (sic) de 7’5 cm por haberse llevado la escuadra los aparatos de cierre ni 2 de 9 cm Hontoria por la dificultad de montarlos y disponer además de muy corto número de disparos».

Conclusión

Los cañones de desembarco escenifican perfectamente que no hubo voluntad de vencer por parte del mando español en Cuba, ya fueran los generales Blanco y Linares, ya el contralmirante Cervera. Santiago de Cuba, combate naval incluido, y no solo Manila, fue una Pre-Arranged Battle ó mock-battle, como la denominan gráfica y acertadamente los norteamericanos. Una batalla arreglada de antemano.

El conde Don Julián y Vellido Dolfos habían vuelto a hacer de las suyas. No interesó investigar que en las Lomas de San Juan se podía haber ganado y la Escuadra, salvado. Linares, como general en jefe fue un desastre, y su herida,  oportuna  y ligerísima. Enseguida estuvo en su casa, convaleciente, entrevistándose con Cervera y haciendo manifiestos derrotistas. El «pastelón» de la rendición correspondió a Toral, quien acabaría arrestado y loco; ni siquiera se premió al defensor de las Lomas de San Juan: el coronel Baquero no consiguió de los suyos más que una fosa común.

A MODO DE EPÍLOGO

Los errores de aquellas campañas

Los mandos españoles, altamente experimentados en muchas guerras, actuaron inexplicablemente:

  • Cervera no fue a Puerto Rico, como disponían los planes de guerra y se le ordenó formalmente, ni a La Habana, y se dejó bloquear en el puerto casi sin recursos de la provincia en la que la insurrección era mayor. No es ilógico pensar que llevara instrucciones secretas para ello.
  • Almirante Pascual Cervera y Topete

    En la práctica, las escuadras de Montojo y Cervera se auto-hundieron, trasmitiendo la impresión de seguir un esquema predeterminado conducente a simular una rápida derrota. La de Montojo tras encontrar Subic sin artillería, –él creía que estaba defendida–, prácticamente no hacer fuego la artillería de las islas del Fraile y Caballo de la estrecha boca de la Bahía de Manila contra los americanos, y no poder acogerse a la protección del malecón y la artillería de Manila. Tras la primera fase del combate, mandó retirarse los barcos a Bacor con la orden de irse a pique si volvían a ser atacados, lo cual hicieron. Los de Cervera apenas si hicieron más que buscar varar en la costa, «para salvar las vidas de los marineros», y el Colón claramente «abrió grifos» después de rendirse al enemigo del cual se estaba zafando. La escuadra del Almirante Cámara, un acorazado y un crucero, apenas si hizo un tardío amago, regresando apenas cruzado Suez, y los previstos ataques al tráfico marítimo norteamericano ni siquiera se intentaron.

  • Se cedió prácticamente sin combate ni destrucciones tanto el Arsenal de Cavite como los puertos de Daiquiri y Siboney. También se dejó progresar a los norteamericanos en Santiago por la ruta en la que fracasó Vernon en 1741 tras su derrota en Cartagena de Indias. En Puerto Rico los barcos españoles se embotellaron ellos solos en San Juan, permitiendo los desembarcos sin oposición.
  • Respecto a combates navales entre fuerzas desiguales, la historia está plagada de los que ganaron las numéricamente inferiores, o vendieron cara su derrota. Recordemos el combate del Cabo Machichaco en 1937 entre el crucero Canarias (8 cañones de 203 mm) y el bacaladero armado Nabarra (2×101 mm), principalmente y que acabó hundido; duró hora y media, el crucero encajó siete impactos y el convoy republicano se salvó en parte.
  • Almirante Patricio Montojo y Pasaron

    Cervera salió de día, alertados los yanquis por el encendido de las calderas, con toda una luminosa jornada por delante para que le persiguieran, parsimoniosamente (mucho margen entre barcos y parando para desembarcar a los prácticos), todos en la misma dirección y con los eficaces destructores los últimos, haciendo un simulacro de combate (el Brooklyn recibió hasta impactos de ametralladora del Teresa, lo que demuestra la proximidad entre ambos barcos, y aun así el crucero de Concas-Cervera no consiguió con su artillería principal), y sin siquiera dejar en apoyo de los sitiados sus cañones y ametralladoras de desembarco y algún cañón más de pequeño calibre. Y esto se hizo en contra de la opinión de su jefe de estado mayor, Capitán de Navío Bustamante.

  • En Las Lomas de San Juan, esfuerzo principal norteamericano en Santiago, precisamente en el camino más fácil y corto desde Siboney, se desplegó una guarnición no cohesionada e inferior en número a la de Caney, y mandada, sin que se sepa por qué, por el coronel José Baquero, cuyo Regimiento Simancas estaba en Guantánamo.
  • No se constituyó en Santiago una reserva adecuada y, consecuentemente, no hubo contraataques previstos, y tampoco se reclamaron, al menos eficazmente, las guarniciones de Guantánamo y Holguín.
  • En Puerto Rico, además de desarmar a las importantes y aguerridas milicias locales, destruyendo luego el armamento, se hizo la innombrable canallada de retirar el Batallón Patria de Yauco a Arecibo, llevando al suicidio al teniente coronel Puig y dejando un «boquete» que permitió dividir la isla en dos con gran facilidad.

Armamento de los cruceros españoles: cañones y ametralladoras de desembarco

Clase Vizcaya (Vizcaya, Oquendo, Infanta Teresa). Botados en 1890 y 1891

  • Dos cañones de 280 cm Mod. 1883 y 10 cañones T.r. de 14 cm, ambos sistema González Hontoria. Torpedos.
  • Ocho cañones T.r. Nordenfelt de 57 mm y ocho cañones revolver Hotchkiss de 37 mm
  • Dos (o más) ametralladoras, Nordenfelt de 11 mm; en las cofas ó en los botes de vapor (a voluntad).
  • Dos cañones de 7 centímetros, González Hontoria, de carga simultánea, para armamento del primer y segundo bote y desembarcos, colocados de ordinario en las aletas del buque.

Cristóbal Colón (botado en 1896): Dos cañones Armstrog de 254 mm (nunca llegó a montarlos por `oportunos´ defectos de fabricación); 10 cañones Armstrong de 152 mm y tiro rápido; seis de 120 mm; 10 Nordenfelt de 57 mm. 10 Hotchkiss revolver de 37 mm; 2 ó 4 ametralladoras Maxim de 8 mm (seguramente, como su «gemelo» argentino el Garibaldi).

Nota: el Plutón y el Furor contaban con ametralladoras Maxim de 7 mm.

Efectivos de los Ejércitos de Tierra y su despliegue 

  • En 1898 el Ejército Español en Cuba estaba compuesto por 185.000 hombres y 82.000 Voluntarios, todos ellos fogueados y aclimatados. Antes de la movilización el Army contaba con unos 28.000 soldados, algunos fogueados en las «guerras de indias». En número, preparación, aclimatación y moral de combate les superábamos ampliamente; también nuestro equipo y armamento era superior en líneas generales, salvo en ametralladoras.
  • El 22 de mayo de 1898, avanzada la guerra, el Capitán General Blanco mermó las fuerzas de Santiago de Cuba, dividiendo el Cuerpo de Ejército Oriente-Puerto Príncipe en el nº 3, formado por las Divisiones de Holguín y Puerto Príncipe, y el nº 4º integrado por las Divisiones de Cuba y Manzanillo. Al teniente general Arsenio Linares Pombo `solo´ le quedaron estas dos últimas divisiones; unos 40.000 hombres en total, de los que 10.000 estaban en la zona de Santiago de Cuba.
  • Linares no concentró los medios de su Cuerpo de Ejército, empleando prácticamente solo los de la brigada de Santiago, salvo el refuerzo del general Vara del Rey desde San Luis (con un batallón de su brigada y dos piezas de 75/11 Krupp) y, tras el desastre de la flota, el coronel Escario (3.700 hombres de la 6ª División –Manzanillo–, a 200 km, atravesando combatiendo la Sierra Maestra). Ni las guarniciones de Holguín –7ª División– (a 170 km) ni la de Guantánamo (a unos 100 km) fueron eficazmente reclamadas. Precisamente el general Calixto García concentró en apoyo a los gringos la mayoría de las tropas que acosaban ambas poblaciones, abandonando prácticamente su cerco.
Víctor Concas y Palau, comandante del María Teresa
Gral. LInares

El teniente general Arsenio Linares no hizo uso de estos medios y al avance del adversario sólo opuso menos de 1.000 hombres, en las Lomas de San Juan y El Caney. El contingente español aguantó durante 12 horas el ataque de un grupo de tropas norteamericanas casi 20 veces superior y padeció una proporción de muertos del 50%. El Army no llegó a quebrar totalmente la línea de defensa española. Al día siguiente Cervera recibió la orden terminante del Capitán General Blanco de salir con su escuadra.

Víctor Concas y Palau, Comandante del «Infanta María Teresa»

Perteneció muchos años a la Comisión de Marina destacada en Londres y era amigo personal de Cánovas; fue nombrado por el ministro Beránger instructor del expediente contra el submarino Peral, tergiversando las pruebas de mar del submarino y acusando a Peral de poner en riesgo a sus tripulantes. Colaboró traidoramente con el traficante Zaharoff. Su barco, oficial y descuidadamente, no tenía cañones de desembarco a pesar de partir de Cádiz. En el combate naval de Santiago, donde también fue jefe de E.M., recibió una contusión por cascote de metralla, que muchos transformaron en dos heridas graves, por lo que se internó en la enfermería. Los norteamericanos dejaron alguna constancia de motines y muertos en su barco y en el Colón. Prisionero en el hospital de Norfolk, no debieron ser tan graves sus heridas, pues, curado de ellas y puesto en libertad, emprendió por su cuenta, igual que Díaz-Moreu (firmó no volver a hacer armas contra EE.UU.), el viaje a España, con escala en Gibraltar. Defendió a Cervera y Montojo en sus consejos de guerra. Concas, con muchos indicios y acusaciones de ser masón, fue senador vitalicio y Ministro de Marina dos veces con Moret, el urdidor del Desastre junto con Sagasta, ambos masones.

Bibliografía y Documentación:
– Arderius, Francisco, Alférez de Navío, La Escuadra Española en Santiago de Cuba, Barcelona, Editorial Maucci, 1903.
– Bacardí y Moreau, Emilio. Crónicas de Santiago de Cuba. Tomos IX y X. Santiago de Cuba. Reeditadas por Amalia Bacardí Cape. 1900
– Cervera Pery, José, El almirante Cervera, un marino ante la historia, Editorial San Martín, 1998.
– Cervera Topete, Pascual, Contralmirante, Colección de Documentos Referentes a la Escuadra de Operaciones de Las Antillas. El Ferrol, El Correo Gallego, 1899.
– Diario manuscrito de Carlos González-Llanos y Alesson, Tercer Comandante del Colón en 1898, margen de la página 41; el C.N. Hermenegildo Franco Castañón, sobrino nieto del oficial del Colón, fue quien nos facilitó copia.
– Dictamen del fiscal militar de la causa instruida contra el contralmirante Don Pascual Cervera y Topete y jefes y oficiales de su escuadra por la pérdida de la misma en el combate naval de Santiago de Cuba el 3 de julio de 1898. Revista de Historia Naval, Nº 63 (año XVI), páginas 93-120, Instituto de Historia y Cultura Naval, Armada Española. Madrid, 1998.
– Informe Oficial del General Toral. División de Cuba. 1º de Agosto de 1898. Instituto de Historia y Cultura Militar (IHCM), Fondo Cuba, Signatura 5793.3. Madrid.
– Kondratenko, R, Spanish-American War, St. Petersburgo, 2000.
– Manrique García, José María, y Rovira Murillo, Enrique, Los Misterios del 98, el inexplicado fin del Imperio Español, Galland Books, Valladolid, 2017.
– Muller y Tejeiro, José. Combates y capitulación de Santiago de Cuba. Imprenta Felipe Marqués, Madrid (1898).
– Rovira Murillo, J. Enrique, 1898, La invasión de Puerto Rico, Canchales, Cáceres 2012.
– Rovira Murillo, J. Enrique, 1898, La perdida de las Filipinas, Áltera, Madrid, 2016.

Publicado en la Revista ARES nº 61


3 respuestas a «Los cañones de desembarco en Santiago de Cuba (1898)»

  1. En mi opinión fue un simulacro de guerra para blanquear la entrega de Cuba y Filipinas a USA, obedeciendo dictámenes de la masonería anglo-española ante la opinión pública española. Si de verdad nuestro ejército se hubiera empleado a fondo, todavía tendríamos esas provincias.

  2. Totalmente de acuerdo.
    O serían una unidad en la «Corona» (preferiblemente una no borbónica). Lo que eran: Las Españas de ambos hemisferios.
    Y «Yanquilandia» habría tenido que hundir muchos «Maines» más, junto con «Lusitanias» y Pearl Harbour diversos hasta hacerse con la supremacía mundial tras probar en carne las bombas atómicas propias y alemanas.

    Pero, la Inqusición, la contrasubversión, debería haberse empleado a fondo, puesto que nuestro principal enemigo está dentro: en nuestros traidores y los que no quieren ver y les dejan hacer.

Deja una respuesta

Su dirección de correo nunca será publicada. Si la indica, podremos contestarle en privado en caso de considerarlo oportuno.*

Esta web utiliza cookies propias para su correcto funcionamiento. Contiene enlaces a sitios web de terceros con políticas de privacidad ajenas que podrás aceptar o no cuando accedas a ellos. Al hacer clic en el botón Aceptar, acepta el uso de estas tecnologías y el procesamiento de tus datos para estos propósitos. Más información
Privacidad