Los crucificados de la guerra civil (1) Aproximación a una barbaridad encubierta

Las atrocidades del bando republicano resultan algo absolutamente injustificable e inentendible en las mentes de personas de bien; exceptuando en las de aquellos individuos previamente narcotizados por prédicas políticas al uso o por dinero público repartido torticeramente por los poderes actuantes. Y es que las enormidades permitidas contra la población civil en el bando frentepopulista, a partir de julio de 1936, no fueron la excepción, como debiera haber sido, sino lo corriente, lo habitual; en definitiva, la regla a seguir… Existen, pues, muchos responsables de aquella persecución terrible desatada contra personas y cosas, pero en la actualidad los poderes referidos pretenden que nos olvidemos por completo de lo que sufrieron estos auténticos mártires y que nos fijemos únicamente en la discutible dureza de las tropas legionarias en su progresión por el mediodía peninsular o en la actitud del general Queipo de Llano o en el caudillaje del general Franco… En fin, en cualquier cosa que nos distraiga políticamente y que nos aparte de conocer cómo se mató en el bando izquierdista de la guerra civil, cómo se martirizó, cómo fueron masacrados niños de corta edad, cómo murieron pasto de las llamas muchos prisioneros, en cómo les fueron amputados extremidades y órganos genitales… cómo fueron violadas jóvenes doncellas, cómo fueron decapitados varios detenidos o cómo devoradas sus carnes… Incluso cómo fueron arrojados vivos a simas profundas o a las aguas y hasta cómo fueron algunos crucificados.

Goya. Guerra de la independencia

Nos asiste para ello poderosísimas razones éticas y políticas. Las primeras, porque entendemos que el hombre está compuesto de un cuerpo y un alma, cuya existencia le otorga per se unos derechos naturales desde el nacimiento y desde el instante de la concepción, entre los que destacan la libertad, la verdad, la paz, la sabiduría, pero siempre entendidas desde la ética y los criterios morales. Y en lo que concierne a las segundas de las razones apuntadas, porque la palabra democracia no puede servir de coartada para camuflar mercancía política de contrabando; es decir, en disfrazar satrapías ni sultanatos modernos. En absoluto.

Pues bien, es hora de referirnos a una de las mayores crueldades de la última guerra civil; mejor dicho, a la barbaridad más criminal observada en las últimas guerras entre hermanos habidas en la vieja España. De hecho, si atendemos a las crueldades de la guerra de la Independencia o las de las guerras carlistas no hallamos tal grado de horror y maldad. Ni los desastres de la guerra contra el francés produjeron cuadros tan horribles, como bien puede comprobarse contemplando el conjunto de dibujos del inmortal Goya; ni siquiera las disposiciones del general Cabrera en la primera guerra carlista llegaron a tanto, cuando este autorizó que sus tropas pudieran alancear a los prisioneros, rematándolos a bayonetazos[1]. Y es que nunca se había observado en la España moderna la crucifixión como forma de castigar al adversario y al disidente. Pero, cuando un ministro de la Gobernación, como el general Pozas, pisoteó los códigos de honor de la camaradería militar, entregando a sus compañeros de grado al martirio público; cuando fueron ministros de Justicia de aquel gobierno revolucionario un antiguo pistolero o un atracador de bancos, casos del anarquista García Oliver o del socialista González Peña, todo sería posible.

Como es conocido, la crucifixión es una forma de ejecución terrible, por prolongarse el suplicio del reo durante horas o días; y morir así el pobre desdichado, generalmente por asfixia, padeciendo al mismo tiempo grandes dolores. Los crucificados también podían morir por mor de hemorragias, por choque neurogénico por dolor o a causa de contusiones cardíacas, como nos recuerda los especialistas de enfermería[2]. Incluso los reos podían sucumbir de frío o atacados por animales silvestres[3].

Este sistema de morir fue muy utilizado en la Antigüedad, pero sería prohibido en el imperio romano por el emperador Constantino, merced a un edicto del siglo IV[4]. En nuestro país y en la Edad Media, solo consta el uso de este tipo de ejecución en el año 1066, pero en la Andalucía musulmana. En la Europa cristiana, obviamente, esta durísima forma de castigo no pudo prosperar, optándose por la decapitación o el empalamiento. De hecho, Francisco de Goya, en sus famosos dibujos sobre la guerra de la Independencia, nos muestra un empalamiento de un infeliz, que aparece con el cuerpo desnudo e insertado en un árbol de tamaño pequeño…[5]

En consecuencia, la única razón para haberse adoptado este espantoso castigo contra los disidentes en la retaguardia izquierdista solamente puede tener una razón política o, mejor dicho, un motivo de odio contra la religión católica, al constituir la Cruz el signo del cristianismo. No solo odiaban la obra de Jesucristo, sino que determinados fanáticos de la izquierda querían que los católicos sufrieran tanto como Él…

Curiosamente, la primera referencia nacional de crucifixión contemporánea procede de Asturias, con ocasión de la pequeña guerra civil que desencadenó el socialismo en octubre de 1934; si bien, tales noticias de la localidad de Ujo[6], confusas e imprecisas, no recibieron confirmación posterior tras promulgarse el informe oficial de principios de 1935.

No obstante, en la guerra civil de 1936, sí existen referencias oficiales, periodísticas y hasta militares sobre la consumación de tan horribles tormentos. Pues bien, hemos recopilado hasta una docena larga de posibles crucifixiones durante la pasada guerra civil, las cuales podemos catalogar como sucesos indubitados, como hechos creíbles e incluso como probables, pues en algunos casos carecemos de elementos probatorios suficientes. En cualquier caso, hemos de indicar que los acontecimientos que vamos a analizar casuísticamente ocurrieron desde el instante de la ruptura de las hostilidades hasta más allá del año 1937, comprendiendo, al menos, ocho regiones naturales de nuestro país: Asturias, Vascongadas, Cataluña, Baleares, Castilla, La Mancha, Levante, Extremadura y Andalucía, donde se hablan hasta cuatro lenguas regionales diferentes. Precisamente, territorios donde el odio político fue más intenso en los años treinta, ya fuera contra la religión, ya contra las rivalidades ideológicas, ya contra el concepto tradicional de España…

Vallejo Nájera

No obstante, para entender por qué acciones tan abominables, propias de otras épocas históricas, fueron cometidas por hombres del moderno siglo XX, no solo hemos de relacionarlo con el odio, como factor desencadenante de este fenómeno criminal, sino también que hemos de fijarnos en los condicionantes psíquicos y sociales del sujeto en cuestión. Ante todo, hemos de tener presente que el llamado criminoide político ha tenido especial interés psicopatológico para la ciencia. No en vano, el psiquiatra Vallejo Nájera estudió el comportamiento de varios izquierdistas acusados por los tribunales militares de haber cometido crímenes y delitos en la retaguardia republicana, cuando este doctor militar fue uno de los jefes de la Sanidad del Ejército franquista, llegando a la siguiente conclusión: Todos los criminoides marxistas pertenecen a las personalidades que la Psicopatología denomina fanáticos degenerados, paranoides exaltados por fantásticos ideales…[7]

Emilio Mira

Mientras tanto, su homónimo en el campo enemigo, Emilio Mira, se dedicaba a experimentar con los detenidos derechistas con problemas psiquiátricos, suministrándoles medicinas que, en algún caso, originaron esterilidad[8].

Nada nuevo, pues el análisis desde una perspectiva criminológica le correspondió a un antiguo político republicano, conocedor, como licenciado en Derecho, de las obras científicas de Ferri y Lombroso; siquiera conociera mejor la sociedad española de entonces. Me refiero, precisamente, a Alejandro Lerroux, antiguo Presidente del Consejo de ministros de la II República, quien a principios de 1937 emitiría un diagnóstico sobre la criminalidad roja muy difícil de dirigir por los hagiógrafos del Frente Popular:

No recargo el cuadro de sombras inspirado por el rencor. No. La miserable bestia subhumana no merece mi rencor. Me explico su inhumanidad ocasional de ahora como un ataque de locura colectiva. Pero su salvaje inhumanidad individual me la explico como me explico la coz del asno, la cornada del buey o la mordedura de la serpiente. Ni la religión ni la civilización han logrado todavía secar la bestia humana del alma de esa inferior categoría social.

Veinte siglos de cristianismo, cuarenta de progresiva civilización no consiguieron aún elevar su condición moral ni mejorar la intelectual. Le ha envenenado en los tiempos modernos una indigestión de doctrinas incomprensibles para su inteligencia primitiva y sin cultivo, embrutecida, además, por el egoísmo de las clases privilegiadas y por el abandono de la sociedad; doctrinas pregonadas por analfabetos presuntuosos que saben leer y escribir, pero no comprender ni interpretar, y cuya estulticia y pedantería pregonan como evangelios de redención sus tesis absurdas. Esa pobre bestia humana, dejada de la mano de Dios y de la de los hombres, en cuanto se la suelta, muerde y envenena como la víbora. Creyéndose socialistas, comunistas, anarquistas, etcétera, han procedido con el fanatismo cruel de esta raza meridional, apasionada y fanática. Al cabo estaban en su papel, como la víbora. Rencor implacable y duradero, no. Justicia, autoridad, disciplina, subordinación, trabajo, educación, enseñanza y, a su tiempo, tras de la cura y la convalecencia, caridad.

Tras lo expuesto, pasemos a describir casuísticamente las crucifixiones y la atmósfera político-social en que acaecieron, clasificando tales horribles sucesos por orden de importancia y cronología.

Almendralejo, agosto de 1936

Los hechos espantosos que ocurrieron en la prisión de la localidad pacense de Almendralejo, instantes antes de ser conquistada la población por las tropas nacionales, pueden resumirse en los siguientes datos incuestionables: murieron calcinados 25 presos derechistas, tras haber rociado de gasolina los recintos carcelarios y haberles prendido fuego seguidamente, empleándose también bombas incendiarias. Esto es lo que asegura el segundo avance del Informe Oficial, impreso en el otoño de 1936:

El día 7, a las once de la mañana, acércose a Almendralejo el Ejército salvador. Entonces los rojos reunieron a los presos de la cárcel en el patio de la misma, cerrando todas las puertas que daban a dicha dependencia. Los detenidos en el Convento fueron agrupados en la Iglesia, y al oírse los primeros disparos de muestras tropas, los marxistas comenzaron a arrojarles bombas y botellas de líquidos inflamables. Estos horrores duraron hasta las cinco de la tarde, hora en que los que quedaron vivos fueron puestos en libertad por los Regulares[9].

En total, incluyendo la cárcel y el convento que servía de prisión eventual, murieron 28 personas de orden, resultando heridas otras once más, algunas muy graves, con quemaduras por todo el cuerpo, mutilación general y hasta pérdidas de visión. Pocos años más tarde, en el otoño de 1940, las autoridades municipales encargadas de cumplimentar los cuestionarios de la Causa General, únicamente añadirían, a mayores, la ideología de las victimas quemadas, en su mayoría militantes del partido de Gil Robles y de la Falange[10], no siendo extraño los braceros, los albañiles y los labradores entre los mártires; es decir, eran fuerzas políticas tan populares como las de sus adversarios. Por tanto, los rojos mataron por odio político, no por diferencias sociales, al menos en esta localidad extremeña[11].

Lo primero que hemos de resaltar es que esta atrocidad infringía, absolutamente, todas las leyes y costumbres de la guerra de la época. Y no era una extralimitación fruto de la impericia de unos mandos ni de la tensión del momento. Por el contrario, fue una operación perfectamente programada, como bien lo demuestran las conductas de estas tropas irregulares del Frente Popular, antes y después de estos hechos[12]. Así, en la misma Sevilla, los rojos habían quemado vivo un joven falangista tras declararse el Estado de Guerra; el 22 de julio, los rojos de la localidad sevillana de Arahal, vertieron gasolina por las ventanas de la cárcel, perdiéndole fuego, quemando vivas a 23 personas, cuando las tropas del Ejército acababan de entrar en la localidad[13]; en la misma provincia, pero en el pueblo de La Campana, los rojos realizarían la misma salvajada de quemar a los detenidos el dos de agosto, ante la proximidad de las tropas de Queipo de Llano: Los detenidos (…) fueron tiroteados sin piedad y cuando todos habían caído heridos o muertos, fueron rociados de gasolina, y quemados, algunos antes de expirar[14], pereciendo catorce personas adultas, así como algunos niños, enfermos y ancianos, obligados a acompañar a las tropas rojas en su retirada, en calidad de rehenes, muriendo de extenuación[15]. En Palma del Condado, tenían preparados 200 litros de gasolina para incendiar la cárcel, pretendiendo quemar vivos a los allí detenidos, pero únicamente pudieron asesinar a dieciocho presos, mediante armas de fuego y bombas de mano[16]; y, en Baena, apenas se usó el fuego para masacrar al casi centenar de detenidos, incluyendo mujeres, ancianos y niños, pero sí el hacha…[17]

La iglesia de Almendralejo incendiada

En lo que respecta a la región de Extremadura, los partidarios del Frente Popular, mayoritariamente de ideología socialista, cometieron las mismas atrocidades o parecidas. Así, en Fuente de Cantos, el día 19 de julio de 1936, cincuenta y cuatro detenidos fueron tiroteados mientras se hallaban encerrados en la iglesia, siendo seguidamente rociada con gasolina[18], resultando quemados una docena de los presos, muriendo abrasados ocho infelices, entre ellos el jefe local de Falange, un labrador de 25 años de edad[19]. El mismo día que quemaron a los detenidos en Almendralejo, en la ciudad próxima de Villafranca de los Barros, los izquierdistas rociaron con gasolina la iglesia donde tenían encerrados más de cincuenta adversarios políticos, efectuando disparos contra los aterrados presos por espacio de tres horas, según informe de la Alcaldía en 1941[20]. Milagrosamente, la llegada de las tropas de Sevilla impidió que se hubiera consumado una atrocidad enorme, apagando los soldados el fuego y saliendo ilesos los detenidos, entre ellos el padre del famoso historiador Espinosa.

Con todo, lo más reseñable de la atrocidad de Almendralejo fueron las fotografías que  realizaron varios periodistas de nacionalidad extranjera, al visitar la prisión, poco después de la conquista de la localidad[21]. Estas instantáneas muestran a simple vista unas manchas de quemaduras a una altura superior a los dos metros del suelo, en una de las paredes del patio de la cárcel, identificables con cinco posibles crucifixiones, merced a las indicaciones de un falangista que aparece en la fotografía. Para los periodistas citados, lo que vieron entonces en la cárcel de Almendralejo, representaba inequívocamente el rastro de cinco crucificados, que incluso fueron quemados momentos antes de ser liberada la ciudad; y así lo refirieron en sus crónicas.

Rolando de Tella

Curiosamente, hoy día se discute que sean crucifixiones, inclinándose por interpretar las fotografías como el rastro de unas bombas incendiarias, tipo coctel molotov, que, hipotéticamente, los milicianos habrían estrellado contra la pared, en su intento de asesinar a los presos de la prisión, ante la rabia e impotencia que les produjo la llegada inminente de las fuerzas de Sevilla. Quizás. Mas quien, primeramente, observó tales señales, dictaminando que las marcas representaban el rastro de cinco crucifixiones, fue uno de los miliares más prestigiosos del Ejército, quien había entrado con sus tropas en la ciudad. Me refiero, ni más ni menos, al entonces teniente coronel Heliodoro Rolando de Tella y Cantos, un héroe de la guerra de Marruecos. Y digo que su opinión profesional, que fue comunicada a la prensa extranjera, era más que suficiente para considerar definitivamente que aquello eran crucifixiones, con quemaduras incluidas; y no otras cosas, pues se trataba de un militar muy habituado al combate y al fuego enemigo, no en vano poseía ya una Medalla al Mérito Militar (1923) y una Cruz Laureada de San Fernando (1925).

Es posible que los neófitos de la Milicia no hayan reparado en dicha circunstancia, por lo demás, sobradamente, significativa y elocuente. No obstante, para esclarecer definitivamente esta polémica, he solicitado auxilio a militares de alta graduación. Pues bien, para que no haya malentendidos al respecto, adjunto un informe técnico (AQUÍ) redactado por dos jefes militares, sobre tal circunstancia polémica, que estimo que resuelve de una vez por todas la cuestión planteada.

Las pruebas de Almendralejo

Cinco manchas de unas quemaduras en la pared[22], a la misma altura y a una elevación superior a dos metros del suelo, con clavos en sus bordes superiores, implica que hubo una programación previa en tales suplicios, pues de lo contrario las quemaduras estarían esparcidas de modo anárquico sobre la pared. Se infiere también de las fotografías que una de las víctimas fue colgada con las extremidades abiertas, mientras otros, no, habida cuenta que las crucifixiones también pueden técnicamente ser así, de forma unilateral.

El documento fotográfico constituye, pues, una prueba evidente de que nos hallamos ante unas crucifixiones o colgaduras de internos de la prisión -a modo de crucificados antiguos-, a quienes inmediatamente se les prendió fuego con un líquido inflamable. Algo terrorífico para quienes sufrieron tal tormento, lo que propició que algunos de los supervivientes vivieran aterrado el resto de sus días[23]. En Fuente de Cantos, por ejemplo, uno de los falangistas que iba a ser seguramente quemado, logró huir, suicidándose en un pozo, ante de ser apresado por sus perseguidores …. Esta era la atmósfera revolucionaria que, fatalmente, estaban respirando las personas de orden en esta zona de la provincia de Badajoz, lindando con la de Sevilla. Únicamente, terror y angustia, así como un temor inmenso a sufrir la barbarie de los contrarios. 

Oviedo, octubre de 1936

Ha sido la provincia de Asturias la más castigada del norte de España por el terror socialista de la pasada guerra civil. Más de cinco mil víctimas mortales tiene el marxismo en su haber sangriento por tierras del Principado. De hecho, todos los horrores que los rojos cometieron en las tierras del mediodía peninsular se repitieron en territorio astur, con igual o desigual medida, mostrando algún miliciano una ferocidad que, por su faz sanguinaria, tal vez debiera medirse con la exhibida por las fieras salvajes que aún habitan en sus feraces montañas. No obstante, hay dos brutalidades que, por su excesiva sevicia, sobresalen sobre las demás: el pozo minero de Pinar de Lada, en el concejo de Langreo, donde fueron arrojadas hasta personas vivas, habiendo rescatado la Cruz Roja en la primavera de 1938 hasta 101 cadáveres del fondo de las chimeneas de ventilación de esta antigua explotación[24].

La segunda de las salvajadas fue el tremendo martirio padecido por uno de los defensores de la ciudad de Oviedo en el otoño de 1936. El desafortunado se llamaba Manuel Rey Cueto, tenía 29 años de edad y se había alistado voluntario para defender la capital, sirviendo como sargento en el regimiento de Infantería nº 32 de Oviedo; además era militante de Falange Española, como leemos en la Causa General[25]. Este joven residía en la capital ovetense y se dedicaba al comercio antes de estallar el Movimiento. Por desgracia, fue hecho prisionero por las tropas enemigas el catorce de octubre de 1936, cuando estaba a punto de romperse el cerco de Oviedo. Pues bien, al mencionado lo hallarían crucificado las legendarias columnas gallegas que liberaron la capital astur días más tarde… clavado de pies y manos en la puerta de una habitación[26]…  Pero no terminó aquí el particular Gólgota de este soldado: en realidad, la víctima había ido a visitar a su madre que vivía en un barrio del alfoz ovetense aún medio controlado por las fuerzas enemigas[27], y como dichas casas seguían aún en poder de los republicanos se obligó a su santa madre a contemplar la terrorífica ejecución…[28]

Málaga, 1937

Los vejámenes tremendos que sufrieron las personas de orden en esta provincia andaluza son bastante conocidos. No en vano, en la capital, funcionaba un comité de salud pública, compuesto por anarquistas, socialistas y comunistas, presidido por el sindicalista Francisco Millán, quien reconocería por escrito ante el tribunal militar que le juzgaría una vez liberada la ciudad, que, por dicha comisión represiva, pasaron hasta septiembre de 1936 unas cinco mil personas… aparte de la actividad que desarrollaban diariamente las patrullas móviles de milicianos, las cuales estaban autorizadas para fusilar en plena calle[29]. Quizás lo que no se conozca tanto sea el alcance de dicha persecución en los pueblos de la provincia, donde ocurrieron atrocidades espeluznantes, como en Álora[30]o en Tolox, a cuyo párroco, por ejemplo, le cortaron el pene y los testículos, tal como refieren las anotaciones de la Causa General[31]. Pues bien, ya hace bastantes años fui informado por un ex combatiente que había participado en la liberación de Málaga en 1937, como en las carreteras que partían de la capital malagueña los legionarios encontraron varios crucificados[32]… No he podido averiguar la identidad de estos mártires, pudiendo ser quizás personal religioso, habida cuenta una referencia hallada en la prensa de la época[33] y teniendo en cuenta el tremendo odio que destilaron las patrullas malagueñas del Frente Popular contra todo lo que significase Religión, pues mataron 187 eclesiásticos y destruyeron un valiosísimo patrimonio histórico–artístico.

Vizcaya, primavera de 1937

La ofensiva de las tropas de Franco en abril de 1937 rompió definitivamente el frente Norte. Cae la localidad de Ochandiano a principios de abril y la ría de Guernica hasta Bermeo, el primero de mayo, para concluir con la toma de la villa de Bilbao. Pero este avance triunfal de las tropas nacionales no puede impedir que las unidades derrotadas y las milicias, cegadas por el odio, cometieran barbaridades contra la población civil y los prisioneros, como venganza instintiva, al verse derrotados y perdidos por el desastre. En tal coyuntura, el combatiente puede convertirse en fiera heridas, si los jefes militares no logran mantener una rígida disciplina y la tropa está huérfana de principios morales. Pues bien, la prensa de Salamanca, donde se hallaban las oficinas del Gobierno franquista, refiere una salvajada sufrida por un requeté y seminarista asesinado en el frente vascongado; he aquí la noticia[34]:

Ved a ese pobre requeté y a la vez seminarista de Ochandiano. Hay que mirarlo muy de cerca para contar bien sus heridas y los destrozos hechos en su cuerpo. Su lengua está arrancada de cuajo; sus piernas cortadas, su pecho y su vientre asaetados por las bayonetas. Como no hay Cruz, ni clavos, ni tiempo para fabricarlo, pues ya coronan los montes cercanos las victoriosas boinas rojas, lo crucifican sobre el suelo… Cosiéndole a él con cuatro estacas… Así está su mutilado y destrozado cuerpo, rodeado de imágenes mutiladas y entre los jirones de los ornamentos sacerdotales y la inmundicia (…)

Días más tarde, en las inmediaciones de Bermeo, la brigada hispano-italiana de las Flechas Negras hallaría otro crucificado. Así es como lo narra un militar de esta unidad a monseñor Franceschi[35]:

En nuestro último avance vimos un joven que se hallaba crucificado en unos maderos. Logramos identificar a la víctima. Era un seminarista que, escondido para huir de las manos insaciables de los criminales del separatismo, se le hizo prisionero poco antes de la liberación de Bermeo, dándole una muerte horrenda…

Este infeliz fue azotado bárbaramente antes de ser crucificado[36]. En cualquier caso, estas atrocidades vienen a demostrar que en el País Vasco también fueron perseguidas las ideas religiosas hasta el punto de crucificarse a dos humildes seminaristas, cuya identificación resulta en priori tarea dificultosa, habida cuenta que la Diócesis de Vitoria anotaría dieciséis seminaristas muertos, entre las bajas de la guerra[37]. Pero persecución existió, de hecho, en la provincia de Vizcaya, frente las presunciones políticas del lehendakari Aguirre, fueron asesinados 32 sacerdotes, un carmelita descalzo, dos dominicos, dos marianistas, un franciscano, un camilo y dos frailes más… Ninguno de ellos parecía un elemento peligroso ni relevante para el llamado Gobierno de Euzkadi durante la pasada contienda, salvo que hubiera anidado el odio en las fuerzas políticas que lo secundaban. Odio que se tradujo también en el incendio y destrucción a propósito de numerosos templos, conventos, escuelas, imágenes, altares, etc., generando unas pérdidas superiores a los tres millones y medio de pesetas, de las de entonces[38].

Conclusión provisional

Los casos antes expuestos son a juicio de quien esto suscribe los más creíbles y seguros sobre los crucificados habidos en la pasada guerra civil. Y la circunstancia de que solo uno de ellos -el de Asturias- sea reflejado en la Causa General no les resta objetividad ni empequeñece su veracidad, habida cuenta que tales sucesos acaecieron en zonas de combates encarnizados, adonde los informantes posteriores de la Causa General no llegaron. Como es conocido, estos preguntaban a los poderes locales y provinciales, pero apenas lo hacían con los jefes militares de las columnas operativas, quienes habrían podido atestiguar sobre las atrocidades cometidas por miembros del Ejército enemigo en la línea de fuego y proximidades; y que no fueron pocas.

Parte 1

[1] Aguado Bleye, P. y Alcázar Molina, C. (1974): Manual de Historia de España, tomo III, Espasa-Calpe, S.A., Madrid, p. 653
[2] Rovira Gil, E. (2021): “Muerte por crucifixión, dolor extremo”, Diario Sanitario, (01.04.2021), Albacete; https://diariosanitario.com>
[3] Hernández Velasco, I. (2023): “Crucifixión, el suplicio que idearon los persas hace 2.400 años (y que se sigue usando hoy)”, El Confidencial, (05.04.2023);
[4] Consúltese: Antequera, L. (2023), Crucifixión; orígenes e historia del suplicio, Almuzara, Córdoba, 192 páginas.
[5] “Esto es peor”, Desastres de la Guerra, Real Academia de Bellas Artes de San Fernando; https://wwwrealacademiabellasartessanfernando.com >
[6] También cerca de Ujo habían visto un hermano de la Doctrina Cristiana crucificado (cf. “Después del fracasado movimiento revolucionario”, La Rioja, [16.10.1934], Logroño, p. 4). En relación con otro lugar asturiano, puede leerse otra noticia: Un convento volado, con dinamita, dentro del cual murieron todos los religiosos, siendo crucificado el superior de los mismos (cf. “Los horrores de la revolución en Asturias”, El Adelantado, [17.10.1934], Segovia, p. 1).
[7] La locura y la guerra, Librería Santarén, Valladolid, p. 217.
[8] Archivo Histórico Nacional, FC-CAUSA_GENERAL,1634, Exp.5; Archivo Histórico Nacional, FC-CAUSA_GENERAL,1634, Exp.5.
[9] Segundo avance del informe oficial sobre los asesinatos, violaciones, incendios y demás depredaciones y violencias cometidos en algunos pueblos del mediodía de España por las hordas marxistas al servicio del llamado Gobierno de Madrid, julio y agosto MCMXXXVI, Estado Español, Imprenta de la Gavidia, Sevilla, p. 9.
[10] 11 hombres de Acción Popular, siete falangistas, cuatro del partido radical. Los demás asesinados eran personas más bien apolíticas, sin militancia activa.
[11] Archivo Histórico Nacional, FC-CAUSA_GENERAL,1052, Exp.13.
[12] Después del siete de agosto de 1936, encontramos la misma estrategia sanguinaria de asesinar a los presos de orden en algunas localidades: Aznalcóllar, Campillo…
[13] Avance del informe oficial sobre los asesinatos, violaciones, incendios y demás depredaciones y violencias cometidos en algunos pueblos del mediodía de España por las hordas marxistas al servicio del llamado Gobierno de Madrid, julio y agosto MCMXXXVI, Junta de Defensa Nacional de Burgos, Imprenta de la Gavidia, Sevilla, pp. 7 y 8.
[14] Ibidem, pp. 14 y 15.
[15] Ibidem.
[16] Ibidem, pp. 24 y 25.
[17] Ibidem, pp. 10-13; “Sevicia extrema de la izquierda en Andalucía: el horror de Baena (1936)”, (28.11.2022); https://ntvespana.com>
[18] Segundo avance del informe oficial sobre los asesinatos, violaciones, incendios y demás depredaciones y violencias …, pp. 22 y 23.
[19] Archivo Histórico Nacional, FC-CAUSA_GENERAL,1053, Exp.21.
[20] Archivo Histórico Nacional, FC-CAUSA_GENERAL,1055, Exp.23.
[21] Consúltese Barragán-Lancharro, J. M. y Domínguez Núñez, M. (2011): “Imágenes de la Guerra Civil en Extremadura; los fotogramas de la película rodada por René Brut en Almendralejo en agosto de 1936, Actas de las II Jornadas de Almendralejo y Tierra de Barros, Asociación Histórica de Almendralejo, pp. 189-212.
[22] Consúltese: “Almendralejo tiene el aspecto de una ciudad devastada por la guerra; treinta y ocho prisioneros crucificados y quemados vivos”, Extremadura, Cáceres, (25.08.1936), p. 2.
[23] Uno de los detenidos en la cárcel de Almendralejo, hizo a la Providencia una promesa, si salía vivo de aquel infierno: la de mantenerse casto. Y así mantuvo dicho juramento. Información facilitada por una funcionaria destinada en dicha ciudad extremeña en la segunda mitad del siglo pasado. Archivo particular del autor.
[24] Archivo particular del autor.
[25] Archivo Histórico Nacional, FC-CAUSA_GENERAL,1038, Exp.2.
[26] Cf. “Sada”, El Ideal Gallego, (11.12.1936), La Coruña, p. 4.
[27] Cf. “La tragedia de Oviedo, dos veces mártir”, Diario de Burgos, (03.11.1936), p. 4.
[28] Información facilitada por el periodista Eduardo García Serrano. Espacio Ardemans, Madrid, abril 2023.
[29] Registro personal del autor.
[30] Transcribo la información que gentilmente me ha sido trasladada por J.J.G., un conocido del teniente coronel Bendala, la cual, por su relevancia, juzgo conveniente el publicarla:
El caso del joven sacerdote de 24 años Juan Duarte Martín, que sacaron de casa de sus padres en la Yunquera (Málaga) y asesinado en Álora (Málaga) quemado vivo. Le llevaron unas muchachas para obligarle a apostatar y acostarse con ellas, como se negó le cortaron los testículos a lo vivo, se lo llevaron medio muerto a un descampado llamado Arroyo Bujía, donde lo abrieron en canal desde la barriga al cuello, le llenaron el canal de gasolina y le pegaron fuego. Este caso tiene la particularidad que un sobrino nieto de este joven sacerdote, en 2017 era el Diputado del PSOE por Málaga José Andrés Torres Mora que fue el ponente en el Congreso de los Diputados de la Ley de Memoria Histórica, una ley que tapa el crimen que sufrió un miembro bueno de su familia, y sitúa a los sádicos asesinos como los buenos de la Historia. Hasta ese nivel llega el lavado de cerebro. No me extrañaría que la elección del ponente lo acordara la masonería como escarnio añadido a aquellos mártires asesinados. Unos días antes habían sido asesinados los seminaristas compañeros de cautiverio con él, José Merino y Miguel Díaz. Casos de curas quemados vivos hay algunos más.
[31] Archivo Histórico Nacional, FC-CAUSA_GENERAL,1059, Exp.6.
[32] Testimonio personal de un antiguo legionario con residencia en Astorga, año 1979. Archivo personal del autor. Los crucificados fueron vistos por este informante.
[33] Y lo de Madrid, con ser horrible, con pasar los fusilamientos registrados en la Dirección de Seguridad hasta el 22 de septiembre de 54.000* –según oí yo mismo a quien por su cargo estaba bien enterado- fue sombra en comparación de algunos pueblos de Badajoz, Toledo, Málaga, etc.: sacerdotes crucificados, obispos villanamente escarnecidos entre rameras, personas católicas quemadas vivas con dinamita o gasolina; mujeres violadas antes de asesinarlas, mutilaciones vergonzosas, tormentos refinados para arrancar un viva al comunismo o una blasfemia (…). Cf. “¡Hay que llevar la luz al extranjero!”, Diario de Burgos, (07.07.1937), p. 1.
* Por la fuente que cita el periodista, tal vez deba ser un error tipográfico, confundiendo el mes de setiembre de 1936 con el de diciembre (nota del autor).
[34] “Dios-Patria-Rey”, El Adelanto, (18.04.1937), Salamanca, p. 4.
[35] La Rioja, (12.05.1937), Logroño, p. 1.
[36] “Seminarista crucificado”, Correo de Mallorca, (14.05.1938), p. 4.
[37] Guía de la Iglesia en España, Oficina General de Información y Estadística de la Iglesia en España, 1954, pp. 251 y 252.
[38] Archivo personal del autor.
NOTA. – El autor es historiador, con título universitario de posgrado (Máster), politólogo, con Máster de posgrado, licenciado en Derecho por la Universidad Complutense de Madrid y abogado colegiado con más de 20 años de ejercicio profesional. El presente artículo lo ha confeccionado con pleno respeto por la normativa en vigor y con una finalidad exclusivamente divulgativa e histórica; pero reservándose, frente a denuncias desaprensivas, todo tipo de acciones legales en defensa de sus derechos. Todo ello en consonancia con el texto de la Constitución española, la cual, proclama la libertad de expresión, la libertad ideológica, el derecho de investigación y el derecho al honor.  El autor es investigador autónomo, actuando en consonancia con su criterio libre e independiente, sin someterse a colectivo político y sindical alguno.

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