Los efectos desintegradores del traslado del Museo del Ejército de Madrid

Ofrecemos en primicia un importante trabajo muy bien documantado por ser su autor testigo directo de los hechos, sobre el penoso, patético e inconcebible despropósito que supuso en su día el traslado del Museo del Ejército de Madrid a Toledo, con el consiguinete expolio de su gran patrimonio histórico.

Este trabajo que ofrecemos fue elaborado por el Coronel de Artillería D. Alfredo García de Moya (q.e.p.d.), como parte de sus trabajos en calidad de abogado en ejercicio de la Asociación de Amigos del Museo del Ejército en Madrid, y miembro de la misma.

El mismo fue publicado por la citada Asociación (Editorial Gallandbooks, en 2016), como ampliación a libro “El Expolio del Museo del Ejército” (misma editorial, año anterior), tras su ampliación y maquetación por el también Coronel de Artillería José María Manrique García (querido y admirado colaborador de esta web).

Dicho traslado revistió todas las características de un crimen de lesa patria cuyos autores intelectuales fueron los políticos de todo nivel de entonces, y los ejecutores los militares del momento por confundir voluntaria e interesadamente obediencia con vil y cobarde sumisión, así como para medrar en sus carreras, lo que dice todo de ellos. Entre unos y otros, España y su Ejército perdieron algo tan esencial como es lo mejor de su historia militar que se conservaba en lugar bien merecido en la capital de la nación; como ocurre en cualquier país normal orgulloso de su historia y ejército. Un auténtico expolio llevado a cabo por quienes más tenían la obligación de velar por su conservación, así como por enaltecer dicho legado y darlo a conocer a los españoles de nuestra época para a su vez trasmitirmlo a los siguientes. Lo ocurrido con el Museo del Ejército figura pues ya en lo anales de la vergüenza, deshonor e indignidad de los que cometieron tamaño desafuero.

EFECTOS DESINTEGRADORES DEL TRASLADO DEL MUSEO DEL EJÉRCITO DE MADRID

INTRODUCCIÓN

Alfredo García de Moya
Armando Marchante

El fallecimiento de nuestro amigo Alfredo, además del dolor que nos produce su pérdida, añadida a la anterior del General Armando Marchante [1], nos mueve a testimoniarlo de una forma a la que él quería dedicar sus últimos esfuerzos: editar su trabajo sobre los pormenores que acompañaron el traslado del Museo del Ejército desde Madrid a Toledo. Es decir, sobre los “Efectos Desintegradores” del mismo, como personalmente tituló su artículo.

Esta obra es, pues, fruto de una obligación con la Historia Militar y Patria, por un lado, y recuerdo agradecido a nuestro camarada y amigo.

Creemos que este documento completa y enriquece el anterior libro “El Expolio del Museo del Ejército” editado por la Asociación, del cual es obligado complemento.

 

EXPOSICIÓN GENERAL

Llamamos aquí desintegración al fenómeno producido por el traslado del Museo del Ejército de Madrid al Alcázar de Toledo.

Alcanzan estos efectos, en primer lugar, a sus propias colecciones, no sólo por la dispersión material de su Exposición Permanente, reducida ahora a solo 4.600 fondos de los más de veintitrés mil (23.000) que la integraban entre la sede de Madrid y su Sección Delegada, precisamente en el Alcázar toledano, sino también por la pérdida gratuita de los componentes en los que se sustentaba su condición de museo romántico, como eran el tradicional modelo expositivo por Armas y Cuerpos, la profusión de gloriosas banderas que inundaban todas las estancias, la exaltación del valor, el heroísmo, el sacrificio, como hilo conductor y alma del Museo, cuyas salas más representativas eran las dedicadas al Dos de Mayo, a las Heroínas y a los Laureados, suprimidas todas en el nuevo Museo. Todo ello referido al orden interno.

Paradigma de la desintegración de la exposición permanente son la ocultación de las gloriosas banderas, que inundaban de espíritu todas las estancias del museo y que hoy yacen en planeros, sustraídas de su mejor destino, y la dispersión de la colección de Artillería que se exhibía “en masa” en una Sala que sobrecogía al visitante, ornadas sus paredes con los estandartes de los viejos regimientos artilleros, entre ellas la de Bombardas y Maquetas de Artillería de Costa. En la actual exposición permanente solamente se exhibe una parte del conjunto, el resto se halla encerrado en almacenes “susceptibles de ser visitados” previa solicitud y autorización [2].

Pero el traslado, además, ha tenido externamente un segundo efecto desintegrador, que afecta en primer lugar al llamado por Chueca Goitia “Barrio griego”, en la colina de los Jerónimos, en cuyo espacio recoleto se ofrece un extraordinario muestrario cultural, hoy mutilado por la desaparición del Museo del Ejército, que encarnaba allí la Milicia y buena parte de la Historia patria.

También resulta afectado el colosal acervo histórico cultural castrense, depositado en la capital de España. Este estaba constituido por los Museos militares, Naval y de Aeronáutica, la Real Armería, los Servicios Histórico y Geográfico, las Escuelas de Guerra, el Centro Superior de Estudios de la Defensa, los Cuarteles Generales de los Ejércitos, fundamentalmente. Esta unidad está ahora seriamente dañada al haberse arrancado uno de sus más firmes componentes, su museo Decano, primer y principal custodio de los más antiguos testimonios del devenir castrense de nuestra Historia.

Y el efecto más demoledor y pernicioso, al extremo del agravio, se produce al  arrancar de la capital de España, la auténtica perla de su corona, el Santuario vivo de su Historia, pues a tal condición trasciende en España y en todas las naciones del mundo, el mejor de sus museos militares, honrosos relicarios de las virtudes, incluso de los defectos de cada pueblo.

Estos efectos fueron el resultado exclusivo del traslado del Museo fuera de Madrid, por lo que eran predecibles e inevitables tan pronto se rompiese el vínculo, es decir, la raíz del Museo con esta capital. La finalidad pretendida a cambio era el desalojo por el desalojo, para dejar libre y expedito el edificio sede del Museo el Ejército, para su posterior ocupación por el Museo del Prado. Así se evidencia en la Proposición No de Ley (PNDL) [3] del Congreso de los Diputados, sobre Reordenación del Museo del Prado, por la que se insta al Gobierno a “incorporar al Prado la sede del Museo del Ejército para el cual deberá encontrarse un lugar acorde…”. Y lo corrobora el propio Ministerio de Defensa, a través de la OM 41/1995 de 17 de marzo, por la que se crea una Comisión de Estudio […] “por si el Museo del Prado, primera Pinacoteca Nacional necesitara para una posible ampliación contar con edificios como el del Museo del Ejército…[4].

Para constatación de que aquellos efectos se mantienen y el Museo instalado en el Alcázar, con sus propias virtudes, no ha podido corregirlos, nos remitimos a un testimonio excepcional, ofrecido por el General Ingeniero Politécnico D. Francisco M. Álvarez Carballa, no sólo por experto y conocedor del Alcázar en su aspecto arquitectónico, autor de varios proyectos relacionados con su reconstrucción tras la Guerra Civil, sino como cuna de la Infantería española, su Arma de procedencia, como cadete y Oficial en la moderna Academia toledana, y en el que concurre, además, el haber sido General Director del Museo del Ejército de Madrid, durante los años en los que, por orden superior, se iba desmantelando este Museo. Escribe el General Álvarez Carballa:

“Se trata de un Museo con una extraordinaria riqueza de fondos, que, especialmente en aspectos como Artillería antigua, armas blancas y de fuego, colecciones como la armería de Medinaceli, o piezas como la tizona del Cid o la espada jineta de Boabdil, y otras muchas, que harían interminable su relación, le hacen uno de los mejores del mundo. Por otra parte, escenarios como el famoso Salón de Reinos son, por sí mismos, piezas de museo, y el conjunto de continente y contenido, la presencia de gloriosas Banderas y de recuerdos entrañables de nuestra historia ha conmovido a generaciones de visitantes que han tenido ocasión de contemplarlos. Y, desde un punto de vista museológico, se trata de un museo de los llamados románticos” [5].

Transcurridos ocho años y una vez inaugurado el nuevo Museo en el Alcázar, la opinión, igualmente clara, del General es del siguiente tenor textual:

“Un museo militar tiene que ser capaz de crear un clima, un ambiente, una emoción, de forma que, sin faltar al rigor científico, o a la historia, el visitante salga poco menos que dando Vivas a España. Me parece que no se ha conseguido. Echo en falta lo que podemos llamar emoción y, en otro orden de cosas, destacar los valores propios del Alcázar” (MILITARES, nº 96, julio 2012, pág. 11).

La alusión final de “no haber destacado los valores propios del Alcázar”, se refiere a la ocultación a los visitantes —a causa de las obras de acomodación a su nuevo destino como Museo del Ejército— de algunos espacios que formaban parte del Museo del Asedio.

La Causa

Queda acreditado que el desalojo del Museo tiene su única y exclusiva causa “oficial” en la necesidad de obtener espacios para la ampliación del Prado. Y como el desalojo obliga a su traslado, éste obedece a la misma causa, pues de haber existido alguna otra se habría hecho constar y no se hizo. Insistir en esto no es baladí, pues se ha intentado difuminar tan desafortunada e inservible causa, sustituyéndola por otras fundadas en supuestos defectos o carencias, en todo caso solucionables sin necesidad de remover el museo.

Los culpables

ACTUACIÓN DE LAS INSTITUCIONES, ORGANISMOS Y PERSONALIDADES CIVILES DESDE LA PROPUESTA INICIAL

El Real Patronato del Museo del Prado

Los años 1993 y 1994 fueron difíciles en la vida del Museo del Prado. Al episodio de la aparición de inoportunas goteras (una de ellas a un metro escaso de Las Meninas) se siguió una cadena de destituciones, ceses y renuncias tanto en la Dirección del Museo como en la Presidencia del Real Patronato, que provocó en éste una reacción hacia una nueva política, en la que se incluía la ampliación de sus espacios al Claustro de los Jerónimos y al edificio sede del Museo del Ejército.

La noticia provocó fuerte oposición entre los expertos, personalidades de la cultura, académicos, catedráticos, etc., que estimaban suficiente el edificio Villanueva, sobre todo desde la adquisición del edificio ALDEASA, en la calle contigua Ruiz de Alarcón, al que se trasladaron todas las dependencias de la administración, incluida la Dirección del museo, que liberó la planta tercera para dedicarla a exposiciones.

COMENTARIO: El Presidente del Real Patronato del Prado, Sr. Fernández Ordoñez se felicitaba, junto a una mayoría de patronos, de la elección del edificio del Museo del Ejército, como “solución interesante por la cercanía y facilidad de comunicación…[6].

Sobre esta elección puntualizamos:

  1. Diverso armamento a la entrada del antiguo Museo del Ejército

    a) El Museo del Ejército, trascendido, como ya se ha repetido, a Santuario vivo de nuestra Historia, no sólo no es de inferior condición que el Museo del Prado, sino al contrario, pertenece a un nivel superior de orden espiritual porque gran parte de los fondos que custodia están impregnados de los valores que conforman el alma de nuestro pueblo, lo que impide en este caso al Real Patronato siquiera sugerir y menos incluir su edificio en la lista de inmuebles como posibles tributarios del Museo del Prado.

  2. b) En el plano museístico, en el que el Prado es una de las tres mejores Pinacotecas del mundo, también nuestro Museo del Ejército, entre los de su género, venía ocupando el mismo puesto desde mediados del s. XIX, y, aún más, el primero de todos en cuanto a algunas colecciones ya mencionadas, por lo que los cambios y alteraciones en ambos museos nacionales en asuntos de gran trascendencia se elevan a la categoría de cuestión de Estado, que restringe la capacidad decisoria sobre este tipo de asuntos, de cualquier órgano aislado, en este caso del Prado.
  3. c) Aunque el valor de los museos es el de sus colecciones y no el de los inmuebles que las acogen, en el caso del Museo del Ejército ambas cosas están fundidas en una sola, pues al ocupar en 1814 las estancias vacías del Salón de Reinos [7], en el que se exaltaron en su día los hechos de Armas de los últimos Austrias (los cuadros de Batallas) y la circunstancia de que allí mismo, entre los cinco retratos ecuestres de Velázquez, luciesen los reyes Felipe III y Felipe IV el atuendo y atributos de Capitán General, los muros del Salón de Reinos recuperaron su primigenio destino de mantener en el ambiente la exaltación de lo castrense, por lo que, pasados casi dos siglos, con la impronta del movimiento romántico, se confundieron en una sola entidad, hasta el punto de que solamente de forma traumática pudiesen desgajarse uno de otro. Y así estaban bien las cosas.

La pretensión de los hispanistas John H. Elliot y Jonathan Brown, bajo capa de la recreación histórica de la pintura a costa de desalojar el Museo del Ejército, consistente en tornar a los palacios las pinturas que de estos pasaron a los museos, imposible de suyo porque los Velázquez son inseparables del Villanueva, constituye uno más de los despropósitos que venimos padeciendo en esta desafortunada peripecia.

La Comisión de Cultura del Congreso

La escalera principal (antiguo Museo del Ejército)

La pretensión del Patronato del Prado se tramitó como proposición no de ley (PNDL) por la Comisión de Cultura del Congreso, ante la que compareció en 1994 por dos veces Dª Carmen Alborch, a la sazón Ministra de Cultura, manifestando verbalmente, en la segunda de ellas, con referencia al Museo del Ejército, que entre las posibles soluciones estudiadas para la ampliación del Prado, se habían decidido por este edificio, añadiendo que su Departamento estaba realizando conversaciones con el Ministerio de Defensa, que “iban muy avanzadas y que podrían llegar a su culminación en breve plazo una vez que se hubiera diseñado un fórmula jurídica y alternativas satisfactorias para la reubicación del contenido actual del Museo del Ejército” [8].

Con esta vaga referencia, incluida la condición suspensiva final, la Comisión creyó entender que existía conformidad por parte del Ministerio de Defensa. En este mismo sentido lo entendió el Presidente del R. Patronato, Sr. Fernández Ordoñez, que en comparecencia ante el Congreso manifestó haber leído “que la Ministra ha dicho que ya estaba prácticamente resuelto el tema del Museo del Ejército” [9].

El objeto de esta Comisión era pronunciarse sobre la proposición de reordenación del Prado, incluido el desalojo del Museo del Ejército. Apoyaba esta propuesta, como hemos visto, la Ministra de Cultura en su última comparecencia, con aportación de diferentes informes, del Patronato, Dirección del Museo y de su Ministerio que contrastaba con la ausencia de otro tanto, en el sentido que procediese, por parte del Ministerio de Defensa, del que depende el Museo del Ejército, al que la Comisión no dio audiencia ni requirió de otro modo para conocer su postura y, sin más, dio por concluido su trabajo y el Congreso aprobó la ya citada PNDL.

El 2 de Mayo (antiguo Museo del Ejército)

Lo aprobado incluía “instar al Gobierno para que se incorpore al Museo del Prado el ala norte del Palacio del buen Retiro, sede del Museo del Ejército, para el que deberá encontrarse un lugar acorde con la importancia cultural y la significación histórica de sus colecciones” [10].

Comentario: De nuevo, tras la incomprensible propuesta del Patronato del Prado, nuestra perplejidad por la ligereza con que actuaron los miembros de esta Comisión, sin interesarse por conocer la opinión del Museo afectado.

El Gobierno

Según lo dicho, correspondía al Gobierno —instado por el Congreso— resolver sobre el desalojo del Salón de Reinos. El término “instar” equivale gramaticalmente a insistir, urgir, apremiar la ejecución de alguna cosa, pero dentro de la variada producción de las Cámaras legislativas, las PNDL son sencillamente eso, “proposiciones”; aunque promulgadas con cierta solemnidad, carecen de la fuerza de obligar, de modo que el órgano instado (en este caso el Gobierno) no queda vinculado y puede acoger o nó la propuesta del Congreso.

Sin regulación legal específica en materia de traslado de museos (sí la tiene en el caso de la creación de museos nacionales y el traslado temporal de sus fondos), el Gobierno se ve compelido a hacerlo en virtud de su poder discrecional, que no le exime de ajustarse al Ordenamiento Jurídico, en este caso a la Ley de Patrimonio Histórico Español que, entre otras cautelas proteccionistas, impone acudir a las Instituciones Consultivas del Estado y a los expertos en la materia. Igualmente le son aplicables todas las normas específicas sobre los museos nacionales.

Faura (izqu. de pie) y Peñaranda (sentado)

La larga duración del proceso (1994-2010) ocupa cuatro Legislaturas, durante las que se suceden varios Gobiernos del mismo o diferente signo político, téngase en cuenta, de los que analizaremos solamente aquellos aspectos de interés respecto del traslado.

El interés de aquel Gobierno por el Museo madrileño se muestra al incluirlo —en tanto Organismo Autónomo—, como beneficiario de los incentivos fiscales a la participación privada en actividades de interés general (RD 765/1995, de 5 de mayo, Adicional 1ª c). En relación con el traslado, contaba, según hemos visto, con el criterio favorable mantenido por el Ministerio de Cultura, y faltaba conocer el del Ministerio de Defensa.

EL MINISTERIO DE DEFENSA DE AQUEL PRIMER GOBIERNO

La postura del Ministro de Defensa, según una Nota Informativa interior de su Ministerio [11],  se describe así: “…ya en 1994, el Sr. García Vargas dejó clara la actitud positiva hacia los problemas del Prado, pero también puntualizó, entre otras cosas, que la mejora del Prado no podía significar un gravísimo perjuicio para el Museo del Ejército”. Coherente con esta postura, a los pocos días de aprobada la PNDL por el Congreso, el Ministerio de Defensa publicó la OM 41/1995 de 17 de marzo, “…por la que se crea una Comisión de Estudio y preparación de una posible nueva sede para el Museo del Ejército”, en la que se dice que:

El Salón de Reinos (antiguo Museo del Ejército)

“…si el Museo del Prado, primera Pinacoteca Nacional, necesitara para una posible ampliación contar con edificios como el del Museo del Ejército, éste nunca podría considerar tal opción sin una alterativa de disponibilidad de un inmueble y de los medios económicos necesarios para acometer su traslado y reinstalación con la dignidad requeridos”.

A tal efecto, durante el año 1994, y más intensamente en 1995, se recabaron informes de todo tipo para que la Comisión de Estudio, creada por la OM citada y compuesta por expertos en Historia y Museos, junto a Oficiales Generales relacionados entonces o con anterioridad con el Museo del Ejército, pudiese asesorar cumplidamente al Ministro y, por tanto al Gobierno. La Nota Informativa, fechada en Septiembre de 1995, da cuenta de que en ese momento, la Comisión aún no había podido iniciar su trabajo, en espera de los informes pertinentes.

En la misma Nota Informativa aparece por primera vez la propuesta (y su posible autoría), de trasladar el Museo fuera de Madrid, si bien con escasa posibilidad de éxito

“…(por) estar siempre vinculado a la capital de España, donde se encuentran el resto de los museos nacionales y esta primera consideración reduciría las posibilidades de elección y la acotaría, por ejemplo considerar Toledo o no. El Jefe del Estado Mayor del Ejército (JEME) [12] parece decantarse por el Alcázar, pero no se ha hecho un estudio general del inmueble y no se dispone de su totalidad por la ocupación de la segunda planta con dos alturas…”.

EL SEGUNDO Y TERCER GOBIERNO

(Años 1996 a 2004: VI Legislatura —1996/2000— y VII Legislatura —2000/2004—; ambas del PP)

Una de las disposiciones más llamativas de este nuevo Gobierno respecto del anterior fue la de suprimir la condición de Organismo Autónomo al Museo del Ejército (RD. 2613 de 20 de diciembre, con efecto de 1 de enero de 1997) y, por tanto los inherentes incentivos fiscales a las posibles iniciativas privadas en favor del Museo, obtenidos por el Gobierno precedente. También derogó la OM por la que se nombraba la ya mencionada Comisión de Estudio (O. 247/1997 de 28 de noviembre), ya suprimida de hecho, según se ha dicho más arriba.

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Constituido el nuevo Gobierno en mayo de 1996, y dentro de los dos primeros meses, el 24 julio su Presidente visitó el Museo del Ejército, acompañado de diferentes personalidades de la Comunidad y del Ayuntamiento, del mismo Jefe del Estado Mayor del Ejército (JEME) del anterior Gobierno, —que, reglamentariamente, continuaba en el cargo—, y otros Generales, así como del historiador John H. Elliott y, ante ellos, anunció verbalmente que “los fondos del Museo del Ejército se trasladarán al Alcázar de Toledo”, añadiendo que “las autoridades de Defensa están bastante de acuerdo conmigo” [13].

Ello implicaba:

a) respecto a los trabajos realizados y en trámite dejados por el Ministerio de Defensa anterior:

1) el cese inmediato de todos ellos y su archivo

2) la supresión automática, de hecho, de la OM y de la Comisión de Estudio, una vez vaciado su contenido tras la decisión presidencial

b) en cuanto a la respuesta a la petición del Congreso, —que ahora incumbía resolver al nuevo Gobierno—, la suplantación de éste por su propio Presidente, al decidir el traslado a título personal, ya que no existía una decisión colegiada sobre el asunto.

Algunas de las personalidades civiles presentes comentaron después su perplejidad ante la postura del JEME de acoger como una orden lo dicho por el Presidente y asegurarle que el Ejército la cumpliría disciplinadamente. Esta misma actitud de acatamiento, se repetiría por los Oficiales Generales subordinados jerárquicamente, en particular los sucesivos Directores del Instituto de Historia y Cultura Militar (IHCM) y Directores del Museo del Ejército, e incluso trascendió fuera del ámbito castrense, al punto de que el nuevo Ministro, Sr. Serra Resach, al ser preguntado, pasado el tiempo, por las razones del traslado del Museo, se limitó a decir que “fue una orden que recibí en Defensa” [14].

Aquella manifestación del Presidente, un simple comentario, recogido en una solitaria reseña periodística, ha sido el primer y único “documento” en el que, de hecho, —sólo de hecho— se dispone el traslado del museo, quién lo dispone y porqué lo dispone. La naturaleza del asunto requería una disposición legal con rango de Real Decreto.

Colección de armas antiguas (antiguo Museo del Ejército)

Este vacío legal permaneció los catorce años que duró el proceso desintegrador, durante los cuales se firmaron Acuerdos interministeriales, se aprobaron muchos e importantes gastos para las numerosas y complejas operaciones propias del caso, sin que nadie advirtiese la ausencia de una disposición básica en la que hallaran justificación los referidos actos. Todo ello fue posible, de una parte, por la fuerte personalidad del Presidente, que le impedía conocer su arbitrariedad y corregirla, y, de otra, la actitud de ciertas personas dentro de las Administraciones, en este caso civiles y militares, que en cada momento encontraban la fórmula para salvar la arbitraria situación.

Sobre el carácter personal de la decisión del Presidente y su firmeza en mantenerla, existen abundantes pruebas: El General Director del IHCM manifestó: “Tras el cambio de Gobierno, el entonces Presidente J.Mª. Aznar decide el traslado del Museo[15] y a su vez, un nuevo Director del Museo del Ejército dijo: “en 1996, el propio Presidente del Gobierno, José María Aznar, adopta la decisión de trasladarlo al Alcázar de Toledo” [16]. Y, por ser igualmente público y notorio, destacamos de entre otras manifestaciones, la primera y la última que conocemos: la primera por la manera de pronunciarse al anunciar el traslado cuando dice que “las autoridades están bastante de acuerdo conmigo” (El País del 25-VII-1996, ya citado) y la última, y de manera indubitada, en el libro del que es autor el citado presidente, transcurridos más de diez años y ya fuera del Gobierno:

Yo quería recuperar para el Prado el Salón de Reinos. Aparecieron muchas resistencias, pero no di opción. Si no se hace así, si no se transmite el mensaje de que no hay marcha atrás, no hay forma de sacarlo adelante de ninguna manera. Con el Prado yo llevo empujando desde 1996” [17].

En cuanto a los instrumentos legales para ejecución del traslado, —viciados por no citar la disposición básica—, hemos de manifestar que esta cita era totalmente imposible, dado que no había existido ningún acuerdo del Gobierno sobre el traslado del Museo. Así consta en oficio de fecha 22 de septiembre de 2009 del Sr. Subdirector General del Subsecretariado del Gobierno:

No existe ningún acuerdo del Consejo de Ministros relativo al desalojo y posterior traslado del Museo del Ejército al Alcázar de Toledo [18].

Sala de Artillería (antiguo Museo del Ejército)

No obstante, en el Acuerdo entre los Ministerios de Defensa (MINISDEF) y Educación y Cultura (MEDC) de 24 de julio de 1997, en el Expositivo Tercero se dice que “el Gobierno ha manifestado su voluntad de que el Museo del Ejército se instale en el Alcázar de Toledo”, sin citar cuándo, dónde y cómo manifestó esa voluntad…

En sede parlamentaria, el Sr. Mardones, diputado de Coalición Canaria, preguntó “qué autoridad del Ministerio de Defensa ha ordenado el cierre definitivo del Museo del Ejército y su traslado a Toledo” [19]. La respuesta fue del siguiente tenor: “El 24 de julio de 1997, el Gobierno decidió trasladar el Museo del Ejército al Alcázar de Toledo” [20], con flagrante falta a la verdad porque esa fecha, como acabamos de ver, es la misma del Acuerdo Defensa-Cultura en la que se dice que el Gobierno manifestó lo que no manifestó

A punto de inaugurarse el nuevo Museo en Toledo [21], casi tres lustros después, no había salido ninguna disposición ordenando el desalojo y traslado, pero, no obstante, la Presidencia del Gobierno publicó el Real Decreto 636/2010, de 14 de mayo, “por el que se regula el funcionamiento y se establece la estructura orgánica básica del Museo del Ejército”, en cuyo Expositivo Cuarto, se dice textualmente:

Finalmente, por acuerdo del Consejo de Ministros en su reunión del 25 de julio de 1996 se dispuso que el Palacio del Buen Retiro y su Salón de Reinos se destinasen a la ampliación del Museo del Prado, y que el Museo del Ejército se trasladase al Alcázar de Toledo[22].

El JEME Fulgencio Coll y el Gral. Director del Instituto de Historia y Cultura Militar, Gral. Sánchez Noaelles, en el acto de la inauguración de la nueva sede

Nótese que esa fecha es el Día de Santiago, Patrón de España, aunque no fuera festivo.

Es claro que la fecha citada corresponde a la reseña periodística en la que se recogía la decisión del Presidente ocurrida el día anterior, sin que en ninguno de ambos días se celebrase Consejo de Ministros.

Presentada por nuestra Asociación la correspondiente protesta ante la Presidencia del Gobierno (querella criminal contra María Teresa Fernández de la Vega, Ministra de la Presidencia hasta octubre de 2010), haciendo constar la discordancia entre lo publicado por el Boletín Oficial y la manifestación de la propia Presidencia en el sentido de que no existió acuerdo alguno en Consejo de Ministros, el propio Ministerio de la Presidencia produjo la corrección de errores siguiente [23]: «Advertido error en el RD 636/2010 […] se procede a efectuar la siguiente rectificación: En la página 42700, en el párrafo cuarto, donde dice “Finalmente, por acuerdo del Consejo de Ministros, en su reunión de 25 de julio de 1996, se dispuso […]”, debe decir: “Finalmente, se dispuso…”», variante escueta, pero suficientemente expresiva, de la total inexistencia de acuerdo alguno del Gobierno en el asunto que nos ocupa.

EL MINISTERIO DE DEFENSA DE ESTOS DOS GOBIERNOS

En el orden lógico de las cosas este Ministerio debería haber asumido los trabajos del anterior hasta concluirlos. Pero el giro dado por el nuevo Presidente, suprimiéndolos de hecho todos, impedía a su Ministro continuar en aquella línea, sobre todo tras aceptar como una orden la decisión presidencial desprovista del refrendo legal.

La que fue enfermería del Alcázar es hoy la sala de banderas del nuevo museo

Comentario.

Tras las actuaciones del Patronato del Prado y de la Comisión de Cultura del Congreso, la postura del primer Gobierno (propenso a la reflexión y al análisis, creando al efecto la Comisión de expertos y conocedores del Museo), abría las puertas a la esperanza. Pero estas se cerraron violentamente con la irrupción del nuevo Presidente, cuando dispuso personalmente el traslado del Museo.

ALGUNOS ASPECTOS DEL ACUERDO DEL 24-VII-1997 ENTRE LOS MINISTERIOS DE DEFENSA Y EDUCACIÓN Y CULTURA

Sobre aportación del MEDC, en cuanto al gasto, el acuerdo séptimo estableció que  “Cultura abonará con cargo a sus presupuestos todos los gastos derivados de las operaciones técnicas y materiales, tanto previas al traslado como el traslado mismo y posterior reubicación”. Pero, cuatro años más tarde,  el Director del IHCM denuncia que Cultura no puede comenzar a financiar las obras del nuevo museo, por lo que el Ministerio de Defensa decidió dotar mayoritariamente el proyecto […] aportando el 65%. En un estado de gastos, publicado por el Comisionado de Defensa [24], a punto de concluir la instalación en Toledo, Defensa llevaba aportado algo más del 25% del total, contra lo acordado.

Vista antigua del palacio del antiguo Museo del Ejército

LA ELECCIÓN DEL ALCÁZAR [25]

La que fuera sede del Museo del Ejércio sigue vacía (Mayo 2024)

Esta elección se hizo a la ligera, desconociendo totalmente las posibilidades de alojamiento del Alcázar. Según la Nota Informativa citada, no solamente existía una reducción de espacio disponible por la ocupación de la segunda planta, si no, además, y esto es lo más importante, “no se ha hecho un estudio general del inmueble, que equivale a decir que no se conoce la superficie aprovechable del Alcázar. Y como este era el estado y situación del Alcázar a 12 de septiembre de 1995, (fecha de la Nota Informativa) y la decisión del Presidente ocurrió el 24 de julio siguiente, sin tiempo para hacer aquel trabajo, se desprende que tal situación subsistía en aquel momento, por lo que la elección se hizo gratuitamente y sin fundamento. Ello debería haber provocado la suspensión inmediata de todos los trabajos de desmontaje, empaquetamiento, etc., no ocurrió así y los trabajos continuaron.

La que fuera sede del Museo del Ejércio sigue vacía (Mayo 2024)

A punto de cerrar al público el Museo para rematar los preparativos del traslado (año 2005), aun no se había hecho prospección alguna pero el Instituto de Historia y Cultura Militar (IHCM), calculaba que “el Museo del Ejército necesita imperiosamente una superficie mayor que la actualmente disponible, y la que resulta de lo proyectado en Toledo es cuatro veces superior a aquella[26]), arriesgando que, si al hacer el estudio, resultase una superficie inferior, el proyecto sería irrealizable. Este estudio se inició al año siguiente. Corrió a cargo de un Coronel Ingeniero Politécnico, con el resultado que se transcribe a continuación: “Se había elegido el Alcázar a la vista del volumen aparente. El Patio de Armas resta superficie. La segunda planta está cedida. El sótano y semisótano tienen accesibilidad problemática. El espacio se encuentra muy compartido, y la gran altura de techos, enormes escaleras y zaguanes, disminuyen aún más la superficie disponible, el grupo de trabajo llegó a la conclusión de que el edificio histórico era insuficiente”.

El antiguo Museo del Ejército hacia 1870

Comentario

La gran diferencia de espacios entre los dos edificios (cuatro veces superior el del Alcázar, según el IHCM, antes de acometer las calas para el estudio…), junto al mayor número de visitantes que recibía la Sección Delegada del Museo en el Alcázar respecto del de Madrid, constituyeron el argumento príncipe con el que se intentó justificar el traslado, cuando ninguno de ambos fue factor de la decisión en la que solamente hubo uno: el de ganar espacios para el Prado. El testimonio del equipo técnico que acabamos de ofrecer y la reducción tan desorbitada del número final de fondos de la exposición permanente (4.600, frente a los 23.00 anteriores), dejan al descubierto la ligereza e irresponsabilidad de quien, desoyendo aquellas razones, mantuvo decisión tan grave.

 

[1] Recordemos su artículo: El Desguace del Museo del Ejército; https://amigosmuseoejercitomadrid.com/2010/06/21/el-desguace-del-museo-del-ejercito/.
[2] Las banderas primeras fueron bien restauradas, luego no tanto y, además, guardadas en planeros metálicos (armarios inicialmente diseñados para guardar planos topográficos) y sótanos húmedos. Los “almacenes visitables” están situados en los sótanos del Alcázar, donde, dadas sus condiciones de humedad, tienen que estar sometidos a complejos sistemas de aclimatación, los cuales, por su coste, en muchas ocasiones están apagados.
[3] PNDL 161/000416, BC de 10 de marzo de 1995, Serie D, nº 201, acuerdo 2º, Pags. 10 y 11.
[4] El edificio fue transferido por el Ministerio de Hacienda al de Cultura el 22-X-2015 (http://www.mecd.gob.es/prensa-mecd/en/actualidad/2015/10/20151022-salon.html). El diario ABC del 1 de marzo de 2016 anunció la puesta en marcha, por el Museo del Prado, de un concurso internacional para la rehabilitación arquitectónica y adecuación museística del Salón de Reinos, de modo que ofrezca al Prado un espacio alternativo de exposición para la presentación de aspectos destacados de sus fondos, y el desarrollo de muestras sobre temas de Historia y del patrimonio histórico español. Durante años la urgencia del desalojo, para su ocupación por la pinacoteca, quedó demostrada que era una excusa, estando el Salón de Reinos durante lustros sujeto al abandono, el deterioro, las pérdidas e incluso los robos.
[5] Militaria, Revista de Cultura militar, nº 18, año 2004, Pag. 89; file:///G:/++carp.Inicial_19-III-201+++/++%20Padre/Artillería/Museos%20militares/Asociación%20Museo%20ET/Trabajo%20Museo%20ET/Trabajo%20Marchante_y_++/07-12Entrevista%20con%20Gral%20Alv%20Carballa.pdf.
[6] Diario de Sesiones (Congreso Diputados). Comisiones, nº 300, 05/101994
[7] Puede decirse que el Museo tenía sus orígenes en el arsenal de Madrid, uno de los cuatro que Fernando VI creó en 1754. El mismo dio lugar al Real Museo creado por Carlos III en 1803.
[8] Diario de sesiones del Congreso, Expediente 213/000323, Comisiones, nº 244 de 21.06.94, Pag.244.
[9] Congreso de los diputados. Comisiones, nº 300 de 05/101994, Pag. 8861.
[10] PNDL 1161/000416, BC de 10 de marzo 1995, Serie D, nº 201, Pags 10 y 11.
[11] Archivo de la Audiencia Nacional (AN), Secc. 5ª, Recurso C-A 0000278/2010, folios 156 a 158. Nuestra Asociación dispone de fotocopias a disposición de quien la solicite.
[12] El Ministro Julián García Vargas, socialista, se ganó buena fama. El General José Faura Martín fue JEME con el PSOE y el PP, de 1994 a 1998.
[13] El País, jueves 25 de julio de 1996, Cultura, pág. 26; http://elpais.com/diario/1996/07/25/cultura/838245602_850215.html.
[14] Diario La Razón, 23 de julio de 2000.
[15] Revista Militares, nº 72, julio 2005, Pag. 33.
[16] Revista Ejército, nº 794, DOCUMENTO, mayo 2007, Pag. 35; http://publicaciones.defensa.gob.es/inicio/revistas/numeros-por-revista?R=5393896b-fb63-65ab-9bdd-ff0000451707. El General Luis Fernando Núñez Martínez también dice: “El proyecto de traslado comienza a esbozarse a partir del convenio suscrito entre los Ministerios de Defensa y de Cultura, firmado por los ministros señores Serra y Rajoy, respectivamente, cerca de nueve meses más tarde”.
[17] José María Aznar: Aznar – Ocho Años de Gobierno. Editorial Planeta, 2004, 2ª Ed., Pags. 173 y 174.
[18] Archivo de la Audiencia Nacional, AN Secc. 5ª, Recurso C-A 0000278/2010, folio 144. Nuestra Asociación dispone de la fotocopia correspondiente a disposición de quien la solicite.
[19] Boletín del Congreso de los Diputados del 21 de diciembre de 2005, Serie D. nº 309, Pag,s. 111 184/053145.
[20] Boletín del Congreso de los Diputados del 28 de marzo de 2006, Serie D. nº 359, Pag,s. 648 184/053145.
[21] Mientras, el 2 de febrero de 1999, se produjo en Toledo la presentación de lo que iba a ser el nuevo Museo del Ejército, que iba a radicar en el Alcázar de aquella ciudad. Abrió el acto quien era Director del Instituto de Historia y Cultura militar (sucesor del Servicio Histórico Militar y que fue creado por Orden Ministerial 220/1997 de noviembre, BOE nº, General Juan María Peñaranda y Algar; entre1997-2003), que iba a ser el promotor y ejecutor de lo que se proyectaba; cerraron el acto el Sr. Rajoy, a la sazón Ministro de Educación y Cultura, y el Sr. Eduardo Serra, entonces Ministro de Defensa. Los sucesores del General Peñaranda fueron
[22] Boletín Oficial de Defensa (BOD) nº 96 del 19 de mayo de 2010, Pag. 5.523.
[23] Corrección 16135 del RD 636/2010 de 14 de mayo, publicado en el BOE 257/2010 de 23 de octubre, Pag. 89.525.
[24] La figura del Comisionado para el Programa del Nuevo Museo del Ejército ha sido desempeñada por el General de Ejército José Faura Martín, y los Generales de División Francisco Javier Zorzo Ferrer y Luis Javier Sánchez Noailles.
[25] El traslado a Toledo tuvo dos precedentes, ambos desechados por los inconvenientes del Alcázar: el de Primo de Rivera (se llegaron a trasladar algunos fondos, con las consecuentes pérdidas y deterioros) y el del Generalísimo Franco. Además, la capacidad del Alcázar se había visto sensiblemente reducida por la ocupación del piso superior por la Biblioteca de Castilla La Mancha.
[26] General Francisco Javier Zorzo Ferrer (Director del IHCM entre  2003 y IX-2010; le sucedió el General Noailles): Documento sobre el Instituto de Historia y Cultura Militar en la revista Ejército nº 766, Enero-Febrero 2005, pág. 55; http://publicaciones.defensa.gob.es/inicio/revistas/numero/5ejercito-ra-espa%C3%B1ol/139766?rev=f093896b-fb63-65ab-9bdd-ff0000451707&R=5393896b-fb63-65ab-9bdd-ff0000451707.

10 respuestas a «Los efectos desintegradores del traslado del Museo del Ejército de Madrid»

  1. Marco Antonio, si tiene nombre que han conseguido un pueblo aborregado y el 85% ignorante de su propia historia de España y del Continente exterior, fútbol y TV programas basura pan y circo.

  2. Han pasado casi 20 años y el Salón de Reinos, el Palacio entero, está en obras.
    La urgencia de espacio del Prado apenas era una excusa para niños atrasados.
    No se ha hecho nada en él salvo dejar que se deteriore, se robe y se destruya.
    Y prácticamente lo mismo cabe decir de las colecciones: se trocearon, se dispersaron, se perdieron piezas o, simplemente, se robaron. El resto, mayoritariamente, se escondió en los sótanos, donde, por real o supuesta de fondos para mantener los sistemas de acondicionamiento, permanecen permanentemente ocultas al tráfico.
    Y esto se lo debemos al PP, como la supresión de la Mili, los pactos del Majestic, la supresión/venta de la industria militar y el atlantismo suicida.
    Esto fue responsabilidad en primera persona de «Ansar», el mismo que aparece junto con su yerno (judio sefarmarroquí) en las listas de los aviones que viajaban a la «Isla de las Lolitas» de Epstein (confirmado por alguna de ellas lo de la presencia de un presidente español en «el local»)
    Comenten, comenten.
    Pero, no nos engañemos, los autores por omisión y complicidad, fueron muchos militares (sic)

  3. Kevlar Steiner.
    Creo que no lo vere por mi edad y Ud si es mas joven tampoco, la dignidad el honor la verguenza eso ya se perdio y ni se conoce ,ni empezando por el primero si me entiende.

  4. Los museos debería ser motivo de visita obligada de todo estudiante, con inclusión en el programa de estudios y temario de acuerdo al grado( excepto los museos progres de adoctrinamiento NOS/M ). Son la riqueza cultural y patriótico-social de la nación. Por supuesto, de nada bueno serviría la visita si el educador correspondiente es un progre-masón.
    De entre los museos, el del Ejército, y más en el caso de España; debería ser de los más importantes, por la historia que le respalda( para bien y para mal… pues entre sus filas están los peores masones traidores al servicio del enemigo ).

    Daría, no para un parque temático sino para varios, la epopeya que trasciende a nuestras armas, en defensa, más o menos acertada, de la verdad frente a la mentira oficial marrana.

  5. Yo tengo 58 y creo q, tampoco lo veré. Estoy convencido q mucho material del Museo del Ejército y también del antiguo Museo Militar de Montjuïc en Barcelona estan en manos de coleccionistas. No olvidemos que están en venta banderines y guiones de compañía y batallón en tiendas de cokeccionismo. Busquen y vean. Siempre hay algún «coleccionista de chapas y faja» que hará negocio…

    1. Teníamos un museo lleno de material posiblemte mal estructurado… Ahora tenemos uno en el q para mostrar una alavarda necesita tres metros cuadrados!!!???!!!???

  6. Lo que no he leído en la crónica de este lamentable atentado contra el patrimonio histórico español es ninguna alusión a la sustracción, sustitución por réplicas y desaparición de muchas piezas que al parecer se produjo durante el traslado, según información procedente de quien sabe de ello. No es tampoco cuestión menor a tener en cuenta en el cuadro de las responsabilidades.

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