Los filólogos alienígenas

ESCUCHAR NOTICIA: Cuando los extraterrestres invadieron nuestro mundo con sus artilugios láser y su avanzada tecnología de destrucción, y cuando de nuestra civilización humana solo había quedado un residuo insignificante sin interés mas que para un pequeño grupo de eruditos alienígenas, curiosos por la evolución de un mundo tan ridículo como absurdamente pretencioso que terminó en semejante colapso absoluto. A tales individuos, les llamó poderosamente la atención la existencia, en aquella época de pura barbarie neoliberal previa a la extinción definitiva que se produjo en una península al suroeste de Europa, de un fenómeno muy extraño. Allí, muchos de los hablantes de una lengua materna llamada español, que nunca fueron capaces de diferenciar correctamente unas palabras de otras y mucho menos de conocer una parte importante del vocabulario de su propio idioma, sin embargo, adoptaron con la fe del converso palabras que provenían de un idioma extraño, el inglés, como la verdad salvadora de la comunicación universal. Los expertos en lenguas muertas llegados del otro extremo de la galaxia, comprobaron mediante sus experimentos científicos, basados en tecnología cuántica de décima generación y sofisticados algoritmos de superinteligencia artificial, que el uso indiscriminado de anglicismos, (así se llamaba el uso de las palabras adoptadas estúpidamente del inglés), no era solamente una cuestión lingüística, sino el reflejo de una crisis cultural más profunda que había acabado con aquella sociedad. Para ellos, fue todo un descubrimiento comprobar como la incapacidad para dominar la propia lengua, mientras se adoptaban términos extranjeros sin reflexión ni sentido común, provocaba una desconexión con las raíces nacionales y un debilitamiento del pensamiento crítico de aquella sociedad peninsular al sur de los pirineos, donde al mismo tiempo proliferaban otras lenguas con un carácter muy local y con muy pocos hablantes, pero que eran reverenciadas como residuos de una artificial identidad. Lo cierto, es que los filólogos alienígenas sometieron a numerosos experimentos aquella rareza del pasado. Según su concepción científica de eruditos intergalácticos, las palabras reflejaban el desarrollo moral de una sociedad, y en aquel extraño caso de la lengua de la península ibérica, era lógico que, sin los conceptos correctos, aquel lenguaje no fuese capaz de establecer la verdad de las cosas, lo que explicaría el caos que finalmente llevó al colapso de tal civilización. Al mismo tiempo, descubrieron mediante un exhaustivo estudio de los restos salvados del apocalipsis nuclear provocado por las poderosas armas de los invasores de la galaxia, la existencia de una premonitoria tradición judeocristiana, contenida en un libro que aquella civilización veneraba, el Libro del Génesis, donde se narraba cómo el Dios en el que creían aquellos seres, destruyó la llamada Torre de Babel. Según esa historia, la humanidad, al creerse demasiado poderosa, fue confundida mediante un caos idiomático, lo que la llevó a abandonar la soberbia construcción de la torre y a la postre acabó produciendo su propia destrucción. Lo cual los dejó todavía más perplejos, porque aun sabiendo que, tanto en lejanas filosofías como en la tradición judeocristiana de la que bebían los hijos de la península ibérica, la corrupción del lenguaje siempre se había interpretado como un preludio del caos y de la decadencia ¿cómo era posible que pudieran permitir negligentemente la colonización lingüística y la subordinación cultural, que dio origen al desastre? Porque si las palabras moldeaban la realidad, la degradación del idioma era una señal inequívoca del colapso de una sociedad que, al perder su capacidad de expresarse con claridad, no podría comprenderse entre sí y por tanto  acabaría perdiendo definitivamente su rumbo. Los hechos, finalmente lo demostraron. El hallazgo casual de un manuscrito perdido en la letrina de un centro comercial en Algete, un lugar situado en el centro geográfico de la antiguamente llamada España, sepultada por toneladas de bolsas de plástico y carcasas de  teléfonos móviles, supuso la confirmación definitiva de la hipótesis de los investigadores llegados del lejano planeta. Una frase desorientó a sus sistemas de análisis interpretativo avanzado, provocando casi un cataclismo algorítmico: “Quizás tienes un flashback al escuchar el cover de una canción, checas tu mail en tu laptop, vas al gym en pants, o posteas una foto en Facebook y ya de paso tagueas a tus friends”. Aquella era la demostración definitiva de la imparable infección que como un virus letal había corroído el sistema de pensamiento de aquel desdichado país al sur de los Pirineos, llevándose por delante todo residuo de sensatez consciente. Una perdida de sensatez que impidió comprender  que las palabras que se utilizaban estaban relacionadas inevitablemente con un determinado modo de pensar, hablar y estar en el mundo.  Abandonarlas significó abandonar ese mundo. El poder simbólico de la lengua española alcanzó su ocaso, como muchos años antes ya lo había alcanzado su cultura. Los estudios demostraron sin lugar a dudas, que la pedantería anglofila se extendió cada vez más rápido, como un reguero de pólvora, inflamando las viejas estructuras gramaticales y degradando sistemas expresivos ancestrales hasta convertirlos en un puro galimatías cada vez mas inexpresivo. Determinados sectores, como el bancario, el financiero, la moda, los deportes, la tecnología y sobre todo los medios de comunicación se sumergieron de lleno en el brebaje anglosajón, para revestirse con el ropaje de una jerigonza ridícula que creían distinguida y cosmopolita.  La riqueza de la lengua española, fue convertida en jerga juvenil y en pura afectación cursi anglofilica, y echada a perder por obra y gracia de la universalización de las redes sociales, y su entusiasta aceptación por un población tan globalizada como atrofiada en su sentido crítico. Pronto desapareció  el profesor, el instructor o el entrenador, y apareció el “coach”, y la gente comenzó a hacer “check-in” en vez de facturación en los aeropuertos y hoteles. Y por supuesto, ya nadie se sacaba de la boca después de ver una película, el término “flashback”, que significa exactamente lo mismo que analepsis. Casi al mismo tiempo, aparecieron los “newsletter” mientas los viejos boletines quedaban relegados al cuarto del olvido. De repente, se inició la descomposición desde estos primeros pasos corruptivos. Como una cascada imparable de aguas turbulentas, luego llegó el “crowdfunding”, y de inmediato la gente, las empresas, los proyectos, empezaron a utilizarlo para financiarse en vez de recurrir a la financiación colectiva o la simple colecta. Después. todo el mundo ya no pudo sacarse de la boca la palabra “Champions”, y aquello fue el acabose con el ser humano español tan ignorante como inconsciente del desastre. Los filólogos alienígenas estaban cada vez mas estupefactos a medida que avanzaban en sus investigaciones. Para ellos, era inexplicable como teniendo a su alcance una lengua superior, en cuanto a número y profundidad de palabras, como el español, la masa de hispanohablantes sumisa, dócil y subordinada a la anglosfera, continuaba por ese camino de autodestrucción definitiva, empobreciendo su lenguaje y deteriorando irreversiblemente su propio pensamiento.  Porque, lo cierto es que, no solamente los anglicismos aparecieron y se quedaron como una especie invasora, sino que progresivamente fueron mutando para provocar la confusión conceptual definitiva. Se trataba de los anglicismos agresivos que se filtraron por todas partes.  Todo se volvió “Eco-friendly”, las calles se llenaron de “runners”, los gimnasios de “fitness”, “body combats”, “body pump”, y una suma inimaginable de palabrejas anglosajonas incomprensibles para cualquier oyente medianamente escolarizado, los teléfonos móviles de “play lists” y los campos de golf de “girls” y “boys”, en vez de jugadores juveniles o cadetes. La estupidez se había consumado, el inglés había invadido la comunicación del mundo ensañándose especialmente en la tierra de Cervantes. Poco a poco, el uso de estas y muchas otras  palabras ajenas, fue definiendo una realidad desposeída de las connotaciones históricas, que sí tenían las viejas palabras en español  ancladas en la memoria compartida de sus hablantes. Los filólogos alienígenas pudieron constatar, que aunque el fenómeno de subordinación cultural tuvo carácter global, fue especialmente dañino con el idioma español. Los sabios llegados de otra galaxia, descubrieron que ya tiempo antes, en el universo idiomático ibérico, había tenido lugar la implantación abusiva del tuteo, que se había vuelto constante, grosero, indiscriminado. Todo el mundo tuteaba a todo el mundo, empezando por el individuo que supuestamente reinaba en el país. Un país convertido en un alarde de campechanía y vulgaridad apabullante, y donde el usted ya se había convertido en un residuo anacrónico y casi desconocido. Si a esto añadimos la aparición, santificada por el poder político, de un extraño artilugio semántico, casi una cagarruta conceptual, llamada lenguaje inclusivo. Algo que los artefactos de investigación filológica que manejaban los eruditos intergalacticos para sus investigaciones, fueron incapaces de concretar y explicar coherentemente, la tormenta perfecta era inevitable… como de hecho sucedió. El caos sobrevino, con justicia cósmica, se podría añadir. Solo lugares remotos y aislados como Japón, pudieron resistir orgullosamente conscientes de si mismos y de su cultura milenaria, la invasión del mundo anglosajón, despreciando altivamente el idioma inglés y rechazando lucidamente su conocimiento indiscriminado e innecesario. Al final, las palabras, desaparecieron y el mundo terminó. Solo quedaron las academias de ingles, los cursos “on-line” y los colegios bilingües, como residuo insignificante de la raza humana.   Pulse para escuchar el texto Cuando los extraterrestres invadieron nuestro mundo con sus artilugios láser y su avanzada tecnología de destrucción, y cuando de nuestra civilización humana solo había quedado un residuo insignificante sin interés mas que para un pequeño grupo de eruditos alienígenas, curiosos por la evolución de un mundo tan ridículo como absurdamente pretencioso que terminó en semejante colapso absoluto. A tales individuos, les llamó poderosamente la atención la existencia, en aquella época de pura barbarie neoliberal previa a la extinción definitiva que se produjo en una península al suroeste de Europa, de un fenómeno muy extraño. Allí, muchos de los hablantes de una lengua materna llamada español, que nunca fueron capaces de diferenciar correctamente unas palabras de otras y mucho menos de conocer una parte importante del vocabulario de su propio idioma, sin embargo, adoptaron con la fe del converso palabras que provenían de un idioma extraño, el inglés, como la verdad salvadora de la comunicación universal. Los expertos en lenguas muertas llegados del otro extremo de la galaxia, comprobaron mediante sus experimentos científicos, basados en tecnología cuántica de décima generación y sofisticados algoritmos de superinteligencia artificial, que el uso indiscriminado de anglicismos, (así se llamaba el uso de las palabras adoptadas estúpidamente del inglés), no era solamente una cuestión lingüística, sino el reflejo de una crisis cultural más profunda que había acabado con aquella sociedad. Para ellos, fue todo un descubrimiento comprobar como la incapacidad para dominar la propia lengua, mientras se adoptaban términos extranjeros sin reflexión ni sentido común, provocaba una desconexión con las raíces nacionales y un debilitamiento del pensamiento crítico de aquella sociedad peninsular al sur de los pirineos, donde al mismo tiempo proliferaban otras lenguas con un carácter muy local y con muy pocos hablantes, pero que eran reverenciadas como residuos de una artificial identidad. Lo cierto, es que los filólogos alienígenas sometieron a numerosos experimentos aquella rareza del pasado. Según su concepción científica de eruditos intergalácticos, las palabras reflejaban el desarrollo moral de una sociedad, y en aquel extraño caso de la lengua de la península ibérica, era lógico que, sin los conceptos correctos, aquel lenguaje no fuese capaz de establecer la verdad de las cosas, lo que explicaría el caos que finalmente llevó al colapso de tal civilización. Al mismo tiempo, descubrieron mediante un exhaustivo estudio de los restos salvados del apocalipsis nuclear provocado por las poderosas armas de los invasores de la galaxia, la existencia de una premonitoria tradición judeocristiana, contenida en un libro que aquella civilización veneraba, el Libro del Génesis, donde se narraba cómo el Dios en el que creían aquellos seres, destruyó la llamada Torre de Babel. Según esa historia, la humanidad, al creerse demasiado poderosa, fue confundida mediante un caos idiomático, lo que la llevó a abandonar la soberbia construcción de la torre y a la postre acabó produciendo su propia destrucción. Lo cual los dejó todavía más perplejos, porque aun sabiendo que, tanto en lejanas filosofías como en la tradición judeocristiana de la que bebían los hijos de la península ibérica, la corrupción del lenguaje siempre se había interpretado como un preludio del caos y de la decadencia ¿cómo era posible que pudieran permitir negligentemente la colonización lingüística y la subordinación cultural, que dio origen al desastre? Porque si las palabras moldeaban la realidad, la degradación del idioma era una señal inequívoca del colapso de una sociedad que, al perder su capacidad de expresarse con claridad, no podría comprenderse entre sí y por tanto  acabaría perdiendo definitivamente su rumbo. Los hechos, finalmente lo demostraron. El hallazgo casual de un manuscrito perdido en la letrina de un centro comercial en Algete, un lugar situado en el centro geográfico de la antiguamente llamada España, sepultada por toneladas de bolsas de plástico y carcasas de  teléfonos móviles, supuso la confirmación definitiva de la hipótesis de los investigadores llegados del lejano planeta. Una frase desorientó a sus sistemas de análisis interpretativo avanzado, provocando casi un cataclismo algorítmico: “Quizás tienes un flashback al escuchar el cover de una canción, checas tu mail en tu laptop, vas al gym en pants, o posteas una foto en Facebook y ya de paso tagueas a tus friends”. Aquella era la demostración definitiva de la imparable infección que como un virus letal había corroído el sistema de pensamiento de aquel desdichado país al sur de los Pirineos, llevándose por delante todo residuo de sensatez consciente. Una perdida de sensatez que impidió comprender  que las palabras que se utilizaban estaban relacionadas inevitablemente con un determinado modo de pensar, hablar y estar en el mundo.  Abandonarlas significó abandonar ese mundo. El poder simbólico de la lengua española alcanzó su ocaso, como muchos años antes ya lo había alcanzado su cultura. Los estudios demostraron sin lugar a dudas, que la pedantería anglofila se extendió cada vez más rápido, como un reguero de pólvora, inflamando las viejas estructuras gramaticales y degradando sistemas expresivos ancestrales hasta convertirlos en un puro galimatías cada vez mas inexpresivo. Determinados sectores, como el bancario, el financiero, la moda, los deportes, la tecnología y sobre todo los medios de comunicación se sumergieron de lleno en el brebaje anglosajón, para revestirse con el ropaje de una jerigonza ridícula que creían distinguida y cosmopolita.  La riqueza de la lengua española, fue convertida en jerga juvenil y en pura afectación cursi anglofilica, y echada a perder por obra y gracia de la universalización de las redes sociales, y su entusiasta aceptación por un población tan globalizada como atrofiada en su sentido crítico. Pronto desapareció  el profesor, el instructor o el entrenador, y apareció el “coach”, y la gente comenzó a hacer “check-in” en vez de facturación en los aeropuertos y hoteles. Y por supuesto, ya nadie se sacaba de la boca después de ver una película, el término “flashback”, que significa exactamente lo mismo que analepsis. Casi al mismo tiempo, aparecieron los “newsletter” mientas los viejos boletines quedaban relegados al cuarto del olvido. De repente, se inició la descomposición desde estos primeros pasos corruptivos. Como una cascada imparable de aguas turbulentas, luego llegó el “crowdfunding”, y de inmediato la gente, las empresas, los proyectos, empezaron a utilizarlo para financiarse en vez de recurrir a la financiación colectiva o la simple colecta. Después. todo el mundo ya no pudo sacarse de la boca la palabra “Champions”, y aquello fue el acabose con el ser humano español tan ignorante como inconsciente del desastre. Los filólogos alienígenas estaban cada vez mas estupefactos a medida que avanzaban en sus investigaciones. Para ellos, era inexplicable como teniendo a su alcance una lengua superior, en cuanto a número y profundidad de palabras, como el español, la masa de hispanohablantes sumisa, dócil y subordinada a la anglosfera, continuaba por ese camino de autodestrucción definitiva, empobreciendo su lenguaje y deteriorando irreversiblemente su propio pensamiento.  Porque, lo cierto es que, no solamente los anglicismos aparecieron y se quedaron como una especie invasora, sino que progresivamente fueron mutando para provocar la confusión conceptual definitiva. Se trataba de los anglicismos agresivos que se filtraron por todas partes.  Todo se volvió “Eco-friendly”, las calles se llenaron de “runners”, los gimnasios de “fitness”, “body combats”, “body pump”, y una suma inimaginable de palabrejas anglosajonas incomprensibles para cualquier oyente medianamente escolarizado, los teléfonos móviles de “play lists” y los campos de golf de “girls” y “boys”, en vez de jugadores juveniles o cadetes. La estupidez se había consumado, el inglés había invadido la comunicación del mundo ensañándose especialmente en la tierra de Cervantes. Poco a poco, el uso de estas y muchas otras  palabras ajenas, fue definiendo una realidad desposeída de las connotaciones históricas, que sí tenían las viejas palabras en español  ancladas en la memoria compartida de sus hablantes. Los filólogos alienígenas pudieron constatar, que aunque el fenómeno de subordinación cultural tuvo carácter global, fue especialmente dañino con el idioma español. Los sabios llegados de otra galaxia, descubrieron que ya tiempo antes, en el universo idiomático ibérico, había tenido lugar la implantación abusiva del tuteo, que se había vuelto constante, grosero, indiscriminado. Todo el mundo tuteaba a todo el mundo, empezando por el individuo que supuestamente reinaba en el país. Un país convertido en un alarde de campechanía y vulgaridad apabullante, y donde el usted ya se había convertido en un residuo anacrónico y casi desconocido. Si a esto añadimos la aparición, santificada por el poder político, de un extraño artilugio semántico, casi una cagarruta conceptual, llamada lenguaje inclusivo. Algo que los artefactos de investigación filológica que manejaban los eruditos intergalacticos para sus investigaciones, fueron incapaces de concretar y explicar coherentemente, la tormenta perfecta era inevitable… como de hecho sucedió. El caos sobrevino, con justicia cósmica, se podría añadir. Solo lugares remotos y aislados como Japón, pudieron resistir orgullosamente conscientes de si mismos y de su cultura milenaria, la invasión del mundo anglosajón, despreciando altivamente el idioma inglés y rechazando lucidamente su conocimiento indiscriminado e innecesario. Al final, las palabras, desaparecieron y el mundo terminó. Solo quedaron las academias de ingles, los cursos “on-line” y los colegios bilingües, como residuo insignificante de la raza humana.

Cuando los extraterrestres invadieron nuestro mundo con sus artilugios láser y su avanzada tecnología de destrucción, y cuando de nuestra civilización humana solo había quedado un residuo insignificante sin interés mas que para un pequeño grupo de eruditos alienígenas, curiosos por la evolución de un mundo tan ridículo como absurdamente pretencioso que terminó en semejante colapso absoluto. A tales individuos, les llamó poderosamente la atención la existencia, en aquella época de pura barbarie neoliberal previa a la extinción definitiva que se produjo en una península al suroeste de Europa, de un fenómeno muy extraño. Allí, muchos de los hablantes de una lengua materna llamada español, que nunca fueron capaces de diferenciar correctamente unas palabras de otras y mucho menos de conocer una parte importante del vocabulario de su propio idioma, sin embargo, adoptaron con la fe del converso palabras que provenían de un idioma extraño, el inglés, como la verdad salvadora de la comunicación universal.

Los expertos en lenguas muertas llegados del otro extremo de la galaxia, comprobaron mediante sus experimentos científicos, basados en tecnología cuántica de décima generación y sofisticados algoritmos de superinteligencia artificial, que el uso indiscriminado de anglicismos, (así se llamaba el uso de las palabras adoptadas estúpidamente del inglés), no era solamente una cuestión lingüística, sino el reflejo de una crisis cultural más profunda que había acabado con aquella sociedad. Para ellos, fue todo un descubrimiento comprobar como la incapacidad para dominar la propia lengua, mientras se adoptaban términos extranjeros sin reflexión ni sentido común, provocaba una desconexión con las raíces nacionales y un debilitamiento del pensamiento crítico de aquella sociedad peninsular al sur de los pirineos, donde al mismo tiempo proliferaban otras lenguas con un carácter muy local y con muy pocos hablantes, pero que eran reverenciadas como residuos de una artificial identidad.

Lo cierto, es que los filólogos alienígenas sometieron a numerosos experimentos aquella rareza del pasado. Según su concepción científica de eruditos intergalácticos, las palabras reflejaban el desarrollo moral de una sociedad, y en aquel extraño caso de la lengua de la península ibérica, era lógico que, sin los conceptos correctos, aquel lenguaje no fuese capaz de establecer la verdad de las cosas, lo que explicaría el caos que finalmente llevó al colapso de tal civilización.

Al mismo tiempo, descubrieron mediante un exhaustivo estudio de los restos salvados del apocalipsis nuclear provocado por las poderosas armas de los invasores de la galaxia, la existencia de una premonitoria tradición judeocristiana, contenida en un libro que aquella civilización veneraba, el Libro del Génesis, donde se narraba cómo el Dios en el que creían aquellos seres, destruyó la llamada Torre de Babel. Según esa historia, la humanidad, al creerse demasiado poderosa, fue confundida mediante un caos idiomático, lo que la llevó a abandonar la soberbia construcción de la torre y a la postre acabó produciendo su propia destrucción.

Lo cual los dejó todavía más perplejos, porque aun sabiendo que, tanto en lejanas filosofías como en la tradición judeocristiana de la que bebían los hijos de la península ibérica, la corrupción del lenguaje siempre se había interpretado como un preludio del caos y de la decadencia ¿cómo era posible que pudieran permitir negligentemente la colonización lingüística y la subordinación cultural, que dio origen al desastre? Porque si las palabras moldeaban la realidad, la degradación del idioma era una señal inequívoca del colapso de una sociedad que, al perder su capacidad de expresarse con claridad, no podría comprenderse entre sí y por tanto  acabaría perdiendo definitivamente su rumbo. Los hechos, finalmente lo demostraron.

El hallazgo casual de un manuscrito perdido en la letrina de un centro comercial en Algete, un lugar situado en el centro geográfico de la antiguamente llamada España, sepultada por toneladas de bolsas de plástico y carcasas de  teléfonos móviles, supuso la confirmación definitiva de la hipótesis de los investigadores llegados del lejano planeta. Una frase desorientó a sus sistemas de análisis interpretativo avanzado, provocando casi un cataclismo algorítmico: “Quizás tienes un flashback al escuchar el cover de una canción, checas tu mail en tu laptop, vas al gym en pants, o posteas una foto en Facebook y ya de paso tagueas a tus friends”.

Aquella era la demostración definitiva de la imparable infección que como un virus letal había corroído el sistema de pensamiento de aquel desdichado país al sur de los Pirineos, llevándose por delante todo residuo de sensatez consciente. Una perdida de sensatez que impidió comprender  que las palabras que se utilizaban estaban relacionadas inevitablemente con un determinado modo de pensar, hablar y estar en el mundo.  Abandonarlas significó abandonar ese mundo. El poder simbólico de la lengua española alcanzó su ocaso, como muchos años antes ya lo había alcanzado su cultura.

Los estudios demostraron sin lugar a dudas, que la pedantería anglofila se extendió cada vez más rápido, como un reguero de pólvora, inflamando las viejas estructuras gramaticales y degradando sistemas expresivos ancestrales hasta convertirlos en un puro galimatías cada vez mas inexpresivo. Determinados sectores, como el bancario, el financiero, la moda, los deportes, la tecnología y sobre todo los medios de comunicación se sumergieron de lleno en el brebaje anglosajón, para revestirse con el ropaje de una jerigonza ridícula que creían distinguida y cosmopolita.  La riqueza de la lengua española, fue convertida en jerga juvenil y en pura afectación cursi anglofilica, y echada a perder por obra y gracia de la universalización de las redes sociales, y su entusiasta aceptación por un población tan globalizada como atrofiada en su sentido crítico.

Pronto desapareció  el profesor, el instructor o el entrenador, y apareció el “coach”, y la gente comenzó a hacer “check-in” en vez de facturación en los aeropuertos y hoteles. Y por supuesto, ya nadie se sacaba de la boca después de ver una película, el término “flashback”, que significa exactamente lo mismo que analepsis. Casi al mismo tiempo, aparecieron los “newsletter” mientas los viejos boletines quedaban relegados al cuarto del olvido. De repente, se inició la descomposición desde estos primeros pasos corruptivos. Como una cascada imparable de aguas turbulentas, luego llegó el “crowdfunding”, y de inmediato la gente, las empresas, los proyectos, empezaron a utilizarlo para financiarse en vez de recurrir a la financiación colectiva o la simple colecta. Después. todo el mundo ya no pudo sacarse de la boca la palabra “Champions”, y aquello fue el acabose con el ser humano español tan ignorante como inconsciente del desastre.

Los filólogos alienígenas estaban cada vez mas estupefactos a medida que avanzaban en sus investigaciones. Para ellos, era inexplicable como teniendo a su alcance una lengua superior, en cuanto a número y profundidad de palabras, como el español, la masa de hispanohablantes sumisa, dócil y subordinada a la anglosfera, continuaba por ese camino de autodestrucción definitiva, empobreciendo su lenguaje y deteriorando irreversiblemente su propio pensamiento.  Porque, lo cierto es que, no solamente los anglicismos aparecieron y se quedaron como una especie invasora, sino que progresivamente fueron mutando para provocar la confusión conceptual definitiva. Se trataba de los anglicismos agresivos que se filtraron por todas partes.  Todo se volvió “Eco-friendly”, las calles se llenaron de “runners”, los gimnasios de “fitness”, “body combats”, “body pump”, y una suma inimaginable de palabrejas anglosajonas incomprensibles para cualquier oyente medianamente escolarizado, los teléfonos móviles de “play lists” y los campos de golf de “girls” y “boys”, en vez de jugadores juveniles o cadetes. La estupidez se había consumado, el inglés había invadido la comunicación del mundo ensañándose especialmente en la tierra de Cervantes. Poco a poco, el uso de estas y muchas otras  palabras ajenas, fue definiendo una realidad desposeída de las connotaciones históricas, que sí tenían las viejas palabras en español  ancladas en la memoria compartida de sus hablantes.

Los filólogos alienígenas pudieron constatar, que aunque el fenómeno de subordinación cultural tuvo carácter global, fue especialmente dañino con el idioma español. Los sabios llegados de otra galaxia, descubrieron que ya tiempo antes, en el universo idiomático ibérico, había tenido lugar la implantación abusiva del tuteo, que se había vuelto constante, grosero, indiscriminado. Todo el mundo tuteaba a todo el mundo, empezando por el individuo que supuestamente reinaba en el país. Un país convertido en un alarde de campechanía y vulgaridad apabullante, y donde el usted ya se había convertido en un residuo anacrónico y casi desconocido.

Si a esto añadimos la aparición, santificada por el poder político, de un extraño artilugio semántico, casi una cagarruta conceptual, llamada lenguaje inclusivo. Algo que los artefactos de investigación filológica que manejaban los eruditos intergalacticos para sus investigaciones, fueron incapaces de concretar y explicar coherentemente, la tormenta perfecta era inevitable… como de hecho sucedió. El caos sobrevino, con justicia cósmica, se podría añadir.

Solo lugares remotos y aislados como Japón, pudieron resistir orgullosamente conscientes de si mismos y de su cultura milenaria, la invasión del mundo anglosajón, despreciando altivamente el idioma inglés y rechazando lucidamente su conocimiento indiscriminado e innecesario.

Al final, las palabras, desaparecieron y el mundo terminó. Solo quedaron las academias de ingles, los cursos “on-line” y los colegios bilingües, como residuo insignificante de la raza humana.


2 respuestas a «Los filólogos alienígenas»

  1. Estoy harto de la gente que me cita en el hall, o como se diga en inglés, en lugar de en el vestibulo…
    Y así hasta el infinito.
    Vengo de comprar de un supermercado pr´`oximo a mi casa, y me he fijado en el cliente anterior a mi, en la caja: todo comida basura… ¡Claro que tenía aspecto de indio, y, posiblemente, es lo que estará acostumbrado a comer en su país de origen!
    Y, por supuesto, ni buenos días, ni gracias, ni nada de nada.
    La mayoría de los ESPAÑOLOS (es decir, los de fuera), desconocen esas palabras…

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