Los jueves

Nada como llegar al límite de uno mismo para reconocer cómo se es en realidad. Así en la vida personal como en política, la cercanía a la muerte pone en evidencia la verdadera esencia de las cosas, una realidad muy humana que vive lo que queda de Podemos y su líder Pablo Iglesias, quien, tras su salida del gobierno, ha reconocido tácitamente que las elecciones del 4 de Mayo en Madrid son la última baza con la que cuenta para revivir a la fuerza política que mejor sabe manejar el victimismo y el buenismo de lo que muchos intelectuales, antiguos y nuevos, han tenido a bien llamar las masas cretinizadas, esas que hicieron ganar a Podemos casi cinco millones de votos y que ahora ven cómo el auto-encumbrado líder de los desvalidos de la tierra les ha traicionado e intenta recuperar la calle a toda costa.

Las algaradas violentas y la apuesta por la tensión en las calles que ahora emplea Podemos son su última opción para sobrevivir, aunque no son un fenómeno exclusivo de nuestro tiempo. La situación que vivimos es la repetición de algo que ya sucedió durante la transición española. Aún en la actualidad, se sigue ocultando que quienes teledirigieron la transición, desde dentro y desde fuera de España, avivaron el enfrentamiento violento entre comunistas y la ultraderecha, para así presentarlos como opciones radicales a las que condenar al ostracismo. El enfrentamiento fue utilizado por un bipartidismo naciente, representado por el PSOE, que capitalizó el voto de izquierda y por UCD, que se hizo con el voto de los antiguos franquistas.

Desaparecidos los posibles enemigos del bipartidismo, se logró que una pléyade infinita de almas cándidas cogiera la senda de UCD/PSOE y PSOE/PP, para no soltarla. Así fue como el bipartidismo se consolidó y cómo ha sobrevivido hasta convertirse en un eslogan más que en un sistema político. El bipartidismo de la transición ha devenido en el “centro”, un término intencionadamente indeterminado al que todos recurren sin saber a qué se atienen, el eslogan que hace entrar en éxtasis a todo fiel devoto de la oficialidad, que no alcanza a reconocer que el centro no existe, que la pertenencia o no al centro es una cuestión subjetiva que se presta a la interpretación de quien define qué es el centro y quién lo representa.

Solo la propaganda y el gregarismo humano podían lograr que la idea de que el centro existe se extendiese. Una vez se ha reconocido su existencia, resulta imprescindible que todo hijo de vecino reconozca el centro como lo positivo. Ser de centro es la entrada al paraíso de lo políticamente correcto y la aceptación de lo que hay en realidad detrás del centro, es decir, el bipartidismo y sus partidos afines, aquellos que son o sirven al establishment. El centro es el Bien Absoluto aristotélico, la felicidad suprema. Quien no acepte esa verdad universal, ya saben, es un radical anti-sistema, un exaltado que se atreve a denunciar la corporatocracia, el capitalismo de amiguetes, la deuda pública del 120% del PIB, la desindustrialización de España, la dependencia del turismo, la inmigración ilegal, la deslealtad consentida de las autonomías y el constante expolio al que el ciudadano es sometido.

Todas estas lindezas logradas por el centro son toleradas. Da igual que sean indefectiblemente perjudiciales para la generalidad. Pueden ser perjudiciales al máximo, pero deben ser permitidas. Tienen que serlo porque las ha logrado el centro y el centro goza de la virtud máxima de ser el símbolo de la estabilidad, el único capaz de otorgar bienestar a toda la sociedad. Y es así como se suceden los años y como se entiende que nadie sepa que el centro, esto es, el bipartidismo, fue quien avivó el enfrentamiento de las opciones que no le interesaban en la transición y cómo ahora VOX es quien se encuentra en el punto de mira del centro.

Ya irán viendo, queridos lectores, cómo el centro moverá el árbol del enfrentamiento violento para recoger sus frutos y seguir mandando, como sucediese en la transición. Las diferencias entre el PP y el PSOE se seguirán viendo reducidas cuando tengan que tapar mutuamente sus vergüenzas. No se dejen engañar por las alianzas coyunturales de la “derecha”, porque el enfrentamiento que Podemos está provocando y que VOX quiere evitar va a ser utilizado políticamente, otra vez, por el auto-denominado centro. Ya verán cómo se retrata a VOX como una opción violenta para equipararlo a Podemos y así, lograr que Podemos o sus sucesores, muera matando también a VOX, esto es, a la única opción política democrática capaz de presentar una alternativa real al centro, al bipartidismo, o sea, al establishment.


3 respuestas a «Los jueves»

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