Los misterios de la Santa Misa Tradicional

Actualmente existe en la Iglesia un solo rito latino con dos formas: la Ordinaria o Novus Ordo y la Extraordinaria o Tridentina (Tradicional). Nos confesamos partidarios de la segunda, sin despreciar en absoluto la primera pues también en ella se consagra Nuestro Señor. Para los que no la conozcan, la segunda es la forma «tradicional» o «gregoriana» que estuvo vigente en la Iglesia desde San Pío V hasta el Concilio Vaticano II que no la derogó, pero que dio pie a la forma Ordinaria.

De la Extraordinaria, mucho más completa y espiritual, que aconsejamos conocer, además de su gran solemnidad, de que se oficia en latín –lo cual no es ni mucho menos un problema para aprenderla y seguirla– y de que el sacerdote lo hace de cara a Dios y de espaldas al pueblo, les ofrecemos la explicación de sus múltiples y variadas particularidades o «misterios». Que ustedes lo disfruten.

    El Celebrante, revestido con los ornamentos sagrados, representa a nuestro Señor Jesucristo en su dolorosa Pasión.

    La corona del Sacerdote signi­fica la dolorosa corona de espinas con que los verdugos martirizaron bárbaramente al Salvador del mundo, traspasando con ella su sagrada frente y, cabeza, con dolores indecibles.

    El Amito, el lienzo con que los sayones vendaron los ojos a Jesucristo, y dándole bofetadas le decían: Adivina, Cristo, quién es el que te ha herido.

    El Alba, la vestidura blanca que Herodes hizo poner a Jesucristo, como si estuviera loco.

    El Cirigulo, la soga con que ataron a nuestro divino Salvador cuando le prendieron en el   huerto de Getsemaní.

    El Manípulo, la cuerda con que le amarraron a la columna para azotarle.

    La Esfola, la soga que le echaron al cuello cuando fue con la Cruz a cuestas.

    La Casulla, la púrpura que por escarnio le pusieron des­pués de ser azotado y coronado de espinas.

    El Altar y el Ara, consagrada, el monte Calvario y la piedra en que se fijó la Cruz.

    Los Corporales y la Palia, el sudario y la sábana santa en que fue envuelto el cuerpo de nuestro Señor Jesucristo.

    El Cáliz, el sepulcro.

    La Patena, la losa con que cerraron el sepulcro.

    La Hostia y el Vino, que se han de convertir, por la consa­gración, en Cuerpo y Sangre de Cristo, significan que Jesús es alimento de nuestras almas.

    El Introito, los vivos deseos con que los Santos Padres suspiraban por la venida del Mesías, que había de enseñar a los hombres y abrir las puertas del cielo.

    Los Kyries, quieren decir: «Señor, tened misericordia de nosotros», y se rezan en alabanza a la Santísima Trinidad: tres en honor de cada persona.

    En el Gloria in excelsis meditemos la alegría de los ángeles y los pastores en el nacimiento de Jesucristo.

    Cuando se vuelve el Celebrante de cara a los fieles, diciendo: Dóminus vobiscum, acuérdate de la caridad inmensa con que acogía y perdonaba Jesús a los pecadores.

    Las Oraciones que dice el Celebrante, significan las muchas veces que Jesucristo oró por nosotros en el curso de su vida.

    La Epistola denota la predicación de los Profetas, especial­mente la de San Juan Bautista y la de los Apóstoles.

    En el Gradual considera la penitencia que hacían en el desierto quienes recibían el bautis­mo de manos de San Juan.

    El Evangelio significa la predicación de Jesucristo. Nos ponemos en pie para demostrar que estamos prontos a seguir Su enseñanza y dar la sangre y la vida en confirmación de su doctrina. Nos persignamos con el Celebrante en señal de que no sólo queremos creerla interiormente, sino también confesarla de palabra y practicarla con obras.

    El Credo, es un resumen de todo cuanto debe creer el cristiano. Se oye en pie para denotar que estamos dispuestos a de­fender la fe. Se arrodillan los fieles con el Celebrante al decir incarnatus est, adorando la encarnación del Hijo de Dios en las purísimas entrañas de María Santísima.

    Al Ofertorio, demos gracias al Verbo divino por la prontísima voluntad con que se ofreció a padecer y morir por nuestro amor.

    Las gotas de agua, que el Celebrante echa en el cáliz, significan el agua misteriosa que manó del costado de Jesucristo cuando, después de muerto, se lo abrió Longinos con una lanza.

    El Prefacio Sanctus, significan la entrada de Cristo en Jerusalén y la alegría con que el pueblo salió a recibirle con ra­mos de palma y de oliva.

    En el Memento, el Celebrante junta las manos, inclina la cabeza y ora por quienes ofrece la Misa: ruega tú por la Iglesia, por el Papa, por los Obispos, por los gobernantes, por tus padres, bienhechores, amigos, etc.

    En la Consagración de la Hos­tia, se convierte la sustancia del pan en el Cuerpo de nuestro Señor Jesucristo.

    En la Consagración del Cáliz, se convierte la sustancia del vino en la sacratísima Sangre de nuestro Señor Jesucristo.

    La Elevación de la Hostia y el Cáliz, consagrados, significan la acción de ser Jesucristo levantado en la Cruz.

    En el Memento de difuntos, ora el Celebrante por las almas que padecen en el Purgatorio: ruega tú también por las de tus deu­dos y por las de todos los que pasaron a otra vida.

    Al Pater noster, reza la oración del Padre nuestro cuyas siete pe­ticiones recuerdan las siete pa­labras que Jesucristo dijo en la Cruz.

    Al partir la Hostia, piensa có­mo el alma de Jesucristo, sepa­rada del cuerpo, bajó al seno de Abrahám para libertar a las al­mas de los Santos Padres.

    El Pax Dómini Agnus Dei, significan las apariciones de Jesucristo resucitado a sus discí­pulos, dándoles la paz.

    La Comunión, significa la con­sumación de nuestra redención.

    La Post Comunión, u oración que reza el Celebrante después de haber comulgado, significa el gozo que tuvieron los Apóstoles después de la resurrección del Señor.

    El pasarse el Sacerdote al lado derecho del altar, significa que los judíos se han de convertir a la verdadera ley de Jesucristo, Señor nuestro.

    El Ite Missa est, significa que concluyó la Misa y te puedes retirar en paz a tus ocupaciones.

    La Bendición, representa la venida del Espíritu Santo sobre los Apóstoles.

    El último evangelio, la predicación de los Apóstoles y la obligación que tienen sus sucesores, los Sacerdotes, de predicarlo hasta el fin del mundo.

    La terminación de la Misa, equivale al fin del mundo.


Una respuesta a «Los misterios de la Santa Misa Tradicional»

  1. Cuando yo era pequeño las misas eran en latín, en la puerta de la iglesia había un cartel que decía:
    «Su santidad el templo pide suma modestia, medias, mangas largas, escotes decentes» y las mujeres llevaban mantilla en la cabeza.
    Con los cambios modernos cada día va menos gente a misa.

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