Los recortes de Margarita «mofletes»

Margarita «mofletes» campa a sus anchas por el Ministerio de Defensa haciendo estragos; no sabe hacer otra cosa. Es como elefante en cacharrería, como pulpo en garaje, como mono con caja de bombas en las manos. Ahora recorta todo lo que puede no sólo el presupuesto para instrucción, ejercicios, maniobras, etcétera –ya sabemos que el avión de Pedro I «el profanador» y «el okupa» gasta mucho ahora–, sino también en la estatura de nuestros futuros soldados, que van a terminar pareciendo pigmeos.

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Llegó al ministerio de Defensa de rondón. Su toma de posesión, con esa facha –¡uy, perdón, que es roja!–, con que ya lo dijo todo, nada bueno presagiaba. Entró en su despacho como elefante en cacharrería. Eso sí, escoltada por un comisario político de los de aquellos del Frente Popular, las checas y el «paseo», por si acaso. ¿De quién tratamos? Lo han adivinado, de Margarita «mofletes», cuya trayectoria, siempre de rondón, es bien conocida.

Se inauguró arreando estopa, fuera de sí, porque la pobre es bastante histérica y cuando se coge un rebote, que suele ser lo normal, se le nota, le ocurre lo mismo que le pasaba a Paul Naschy cuando se transformaba en el hombre lobo, pero en mujer, claro, que a la vista está que fémina es; fémina, eh, porque femenina ni queriendo. Margarita «mofletes» comienza por enrojecer, los carrillos, los mofletes, comienzan a temblar, siguen temblando, se aceleran, aumentan las revoluciones, alcanzan el punto de no retorno y… entonces viene el grito y… todo lo demás.

Lo primero, lo de las bombas de aviación, donde entró en pérdida porque no tenía ni idea, ni qué eran, ni para qué servían; eso sí, alguien debió decirle que eran «inteligentes» y ella pensó que los artefactos pensaban por sí mismos. Toda una cantada de la que salió mal.

Lo segundo, su inquina contra un marino que lo único que pretendió fue cumplir con su deber. Con él, por aquello de tratarse de un ser humano, fue peor que con las bombitas… inmisericorde y totalitaria, y le dio la patada en el trasero. Mal, muy mal.

Lo tercero, buscar hacer la foto con las cabezas en la mano de algunos reservistas que se han atrevido a firmar un papel en favor de una figura histórica… ¡ah, ojo, de Franco! Y es que hasta ahí podía llegar la tolerancia, el talante, las convicciones democráticas, el diálogo y esas… demagogias tan del estilo de las margaritas y de las mofletes. Rematadamente mal.

Lo cuarto, chorreó a todos los españoles que tuvieron la osadía de expresar su opinión libre y sinceramente en el desfile militar del 12 de Octubre diciéndole a Pedro I «el profanador» y «el okupa» lo que es verdad. Fatal, fatal, fatal.

Pero no contenta con semejantes barbaridades, muestra de su ineptitud –que sepamos por ahora no se le ha descubierto nada «corrupto», pero tal y como van los demás colegas quién sabe–, ha vuelto por sus fueros y quiere rematar la faena:

* Ha decidido reducir a 1,55mt la altura de ingreso de las mujeres en las FAS, quedando la de los hombres en 1,60mt; desde luego el enemigo va a tener serios problemas para detectar la presencia de nuestras tropas. Según intenta explicar la «mofletes», se debe al cumplimiento de una sentencia europea que consideró desigual que hombres y mujeres fueran iguales… en altura y para estas lides, y porque hombres y mujeres, al parecer, no tienen el mismo igualitario desarrollo y no alcanzan la igualdad de altura física ¿y la intelectual? ¿dónde queda entonces lo de la igualdad? ¿no éramos iguales? ¿es que ahora somos desiguales? ¿para qué cosas sí y para qué no? o será… para facilitar la entrada en las FAS de más sudamericanos, dado el déficit de españoles que quieren ser soldados. Precisamente cuando los españoles, en los últimos setenta años –sí, comenzando por los de gobierno del Caudillo– hemos aumentado nuestro desarrollo físico y altura, viene esta pobre mujer y nos quiere hacer creer lo contrario.

* Ha recortado a destajo el presupuesto para maniobras, para ejercicios prácticos, para que nuestras FAS se instruyan, de forma que para los próximos seis meses no hay prácticamente ni un «pavo»; por ello, se están dando órdenes de hacer instrucción con escobas, simular los disparos diciendo «pum, pum» –más o menos fuerte según el arma y el calibre que se imite–, volar en los pulpos y norias de los parques de atracciones y navegar en el estanque del Retiro madrileño.

Margarita «mofletes» corre por los pasillos del ministerio y grita en los despacho cual loca saltando charcos. Tiene perdido el rumbo, si es que alguna vez lo tuvo trazado. El ministerio que encabeza no sólo le viene grande –cualquier otro también–, sino que además lo está poniendo patas para arriba, porque no sabe, no entiende, no comprende, ni quiere, ni ganas tiene. Margarita «mofletes» es de esas que demuestran capacidad para aprenderse los temarios de memoria, sacar dieces y brillar en las oposiciones –puro ejercicio de memoria–, pero luego no son capaces de digerir, se atragantan, les dan nauseas y, como vomitar queda muy mal, andan regurgitando toda su vida.

La corrupción ha sido hasta ahora la causa de expulsión de varios ministros, de los que deberían haberlo sido ya y de los que lo van a ser, pero como nada hacen, tampoco nada malo han hecho. Margarita «mofletes» en cambio sí hace, pero todo mal, porque es una inepta; lo de la corrupción por ahora no… por ahora.

Continuará… no les quepa la menor duda.

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