Los ultranacionalistas ucranianos: la mano que mece la cuna de Zelenski

Uno de los factores más silenciados por Occidente (EEUU/OTAN/UE) de los muchos que silencia en relación con la guerra de Ucrania es la existencia e influencia determinante de los radicales ultranacionalistas ucranianos; esos a los que Putin se refirió cuando habló de que había que «desnazificar» Ucrania. Pues bien, a rellenar dicha laguna de silencio, en realidad otra forma más de las toneladas de censura que vierte Occidente sobre este conflicto, va dedicado este artículo.

Entre 2013 y 2014, el presidente electo democráticamente de Ucrania, Viktor Yanukovic, partidario de una entente cordiale con Rusia, su vecino tan poderoso, al que además le unía, como con Bielorrusia, fuertes lazos económicos, decidió mantenerse «neutral» y rechazó firmar con la Unión Europea un tratado, al tiempo que resistía las presiones que de todo tipo le llegaban de Occidente, sobre todo de los EEUU, para que rompiera su «tibieza» para con Rusia. La oposición de Yanukovic fue la espoleta que puso en marcha lo que terminó siendo un golpe de Estado (Euromaidan) auspiciado por Washington, al cual los lacayos europeos no supieron, ni quisieron, ni se atrevieron a oponerse; que dicho golpe adoptara una máscara de pretendida revolución popular y «de color», en nada contradice lo dicho, sino todo lo contrario. Y es que, aún con todo, fue imposible engañar a los iniciados que enseguida afirmaron lo que era una verdad incuestionable: «Las milicias derechistas son las facciones más fuertes que dirigen las protestas en Ucrania» (Cadena NBC), que gracias a aquellos días de extrema violencia adquirieron un especial protagonismo; entre muchos otros, Andriy Parubiy, líder y fundador del Partido Social Nacional; ¿o nacional-socialista?

Dos fuerzas ultranacionalistas se repartieron entonces el juego: el partido Svoboda la agitación política, el Sector Derecho la de la calle y, entrambos, el famoso Azov. El golpe acabó con Janukovic teniendo que exiliarse en Rusia para salvar la vida, y con la formación de un primer gobierno provisional del que la revista Foreign Policy dijo que poseía «la mayor representación de ultraderecha de todos los que había en Europa». No obstante los varios cambios de gobierno posteriores hasta la llegada de Zelenski en 2019, éste incluido, todos los ejecutivos ucranianos viene estando impregnados por los parámetros ultranacionalistas, siendo el principal el odio acérrimo a la minoría pro-rusa del Este ucraniano y contra la propia Rusia.

Vadym Troyan

La recompensa a su contribución al Euromaidan fue, además de la amnistía general, quedando impunes los desmanes cometidos entonces, como también han quedado los que desde ese instante cometieron durante una década, sobresaliendo la limpieza étnica que llevaron a cabo en el Dombas, fue también la paulatina incorporación de sus miembros a las fuerzas armadas y policiales ucranianas a las cuales han infectado también con su ultranacionalismo, así como con su rusofobia. Sería larga la lista de líderes de estos grupos ultranacionalistas –en realidad organizaciones paramilitares– que forman en el ejército y la policía ucranianas incluso a día de hoy. Como muestra sobresaliente citaremos a Vadym Troyan que ha llegado a ministro del Interior. En cuanto a la incorporación a las fuerzas armadas el que más alto llegó y más consiguió fue el Batallón Azov al que se convirtió en unidad militar de élite dotándolo incluso de armamento pesado, al tiempo que se le beneficiaba de las levas de nuevos reclutas.

Con ello, y con la debilidad de los sucesivos gobiernos ucranianos, los grupos ultranacionalistas prácticamente fueron haciéndose con cotas de poder impensables en unas elecciones, aprovechando su fuerza, su disposición a la violencia y la anarquía reinante, de forma que incluso acciones violentas, y transgresoras de la ley, llevadas a cabo por ellos contra la población pro-rusa, terminaron no sólo en la más absoluta impunidad, sino peor aún, porque sus objetivos exterminadores pasaron a ser legislados por los diversos gobiernos. Un botón de muestra: por presiones incluso violentas de Azov, el gobierno ucraniano terminó por aprobar un decreto por el cual se concede la nacionalidad ucraniana a todo extranjero (mercenario) que luche en sus fuerzas armadas o en las unidades de tales grupos ultranacionalistas. Aquí hay que recordar que la recluta de extranjeros por parte, por ejemplo, del Batallón Azov no es de ahora, o sea de cuando la guerra, sino que viene desde el 2015, habiendo sido colector desde entonces de voluntarios de varias nacionalidades tales como griegos, británicos, franceses, alemanes, escandinavos, algunos rusos y, cómo no, algún que otro español, y ello en directa vulneración de los Acuerdos de Minks por entonces en vigor que prohibían tal tipo de combatientes. Para darse cuenta del problema, nada mejor que algunos datos: para 2020 existían ya en Ucrania más extranjeros combatiendo en el Dombas, aún si la guerra declarada, que los que hubo en Afganistán durante toda la década de los 80; de 2017 a 2023 se han contabilizado en la guerra de Ucrania no menos de 17.000 combatientes extranjeros de 50 nacionalidades distintas.

Cuando Zelenski se hizo con el poder en 2019, se encontró con una situación de fuerza consolidada de parte de estos grupos ultranacionalistas, de entre los que destacaba el Batallón Azov. Aquí el hecho se complica, porque si bien Zelenski no era ajeno a lo postulados ultranacionalistas, una vez en el poder se dio cuenta de que la fuerza alcanzada por ellos suponía al mismo tiempo una amenaza «Los partidos de extrema derecha tuvieron siempre resultados electorales bajos, (…) No son las perspectivas electorales de los extremistas lo que debería preocupar a los amigos de Ucrania, sino la incapacidad del Estado  –o su falta de voluntad– de enfrentarse a estos grupos violentos y terminar con su impunidad. Bien sea debido a un persistente sentimiento de estar en deuda con algunos de estos grupos por luchar contra los rusos, o bien porque temen que estos grupos se vuelvan contra el propio Estado» (Atlantic Council en 2019);«Zelenski es su rehén (de estos grupos ultranacionalistas). Estoy seguro que él odia a los nazis, pero les tiene miedo» (Sergei Markov, ex-asesor de Putin). La vulneración de los Acuerdos de Minsk, en concreto el alto el fuego en el Dombas, venía siendo habitual por parte de los ultranacionalistas, ante lo cual poco pudo hacer el Gobierno, sobre todo por temor a una posible revuelta en su contra. En el mismo año 2019, Zelenski, recién elegido, se desplazó a la zona para negociar con ellos su desarme y reintegración  a la vida civil, pero la cosa fue tan dura que por poco no salió de allí. El caso es que para ese momento no sólo eran los de Azov, sino que sus mandos y redes eran, realmente, quienes controlaban a las unidades militares sobre el terreno. Tal fue la cosa, se lo dejaron tan claro a Zelenski, que de vuelta en Kiev convertido en parte en su prisionero de facto, no dudó, para congraciarse con ellos, que incluso llegó a condecorar y distribuir prebendas y más autoridad entre sus jefes. Y no sólo eso, o mejor decir que debido a ello, dichos grupos, a partir de su participación en la guerra tras la invasión rusa, se han extendido, diversificado y ramificado casi cual hiedras, creando desde su matriz, el Batallón Azov, subunidades tanto en el ejército como entre las fuerzas policiales, y no sólo en las empeñadas en la guerra, sino también en la retaguardia, controlando buena parte incluso de la propia capital, Kiev, con todo lo que ello significa y conlleva, como pueden suponer; un ejemplo entre otros el la unidad Kraken, de inteligencia militar, en realidad una policía ideológica, secreta y, además, autónoma.

Así pues, y como vemos, el poder de los ultranacionalistas es más que importante, llegando a condicionar en mucho las acciones de Zelenski, como hemos dicho en parte rehén de ellos, de su fortaleza y temeroso de su fanatismo. Lo curioso, o mejor decir llamativo del caso, no sólo es la losa de silencio con la que tan importante asunto se viene sepultando por parte de Occidente, sino más aún de parte de los liberales, demócratas y luchadores por los derechos humanos estadounidenses que no han dudado, como tampoco los países europeos de la OTAN, no sólo en impedir cualquier maniobra para poner freno a tales grupos, sino que incluso no han tenido inconveniente en entrenarlos y dotarlos de armamento puntero. A las pocas voces que se han atrevido a denunciar lo que ocurre, tanto en EEUU como en Europa, se les ha tachado de inmediato de pro-rusos, con lo que ello significa hoy por hoy como todos sabemos. Por lo dicho, a la hora de hablar de posibles o necesarias negociaciones para poner fin al conflicto, uno de los factores que hay que tejer en cuenta, pero que se olvida sistemáticamente, es el de la existencia y poder coactivo de estos grupos ultranacionalistas.

¿Se pasó de la raya, está loco o se expresó mal Putin cuando habló de la necesidad de desnazificar Ucrania? Creemos que en absoluto, tan sólo, y aunque hay imágenes que valen por mil palabra, no estuvo acertado al hablar de desnazificación, pues mejor hubiera dicho des-ultranacionalización. Y es que es evidente no sólo la implicación de estos grupos ultranacionalistas en provocar la guerra, amparados por supuesto por Occidente que también la quería desde hace al menos una década, sino también su influencia en que continúe a pesar de la sangría humana y destrucción material que está suponiendo para Ucrania, pueblo por el que, por mucho que digan y alardeen los miembros de estos grupos, no tienen la menor consideración, entre otras cosas porque, como hemos visto, su poder dependió, primero, de las revueltas y sus violencias, y, después, o sea ahora, de la propia guerra y de su continuación, porque si fuera de las urnas ni por asomo.

Por último, conviene llamar la atención a la existencia de dos visiones que se contraponen directamente y que complica aún más el problema: Occidente (EEUU/OTAN/UE) cree que el ultranacionalismo ucraniano («nazismo» si se quiere), al que alimenta porque le sirve, no entraña riesgo alguno porque de consolidarse o expandirse -se han detectado contagios con particularidades propias en algunos de los países de la OTAN/UE–, sería rápidamente neutralizado como ya lo fue una vez el alemán (aunque se olvida la cantidad de veces que los norteamericanos alimentaron otros radicalismo, por ejemplo yihadistas, y luego se les desmadraron); pero Putin ve a dicho ultranacionalismo (de nuevo «nazismo» según Putin, si se quiere) como una amenaza real que cree heredera en formas y fondo del alemán que invadió la URSS, así como émulo de aquellos también ultranacionalismos que provocaron las invasiones napoleónica, polaco/lituana y sueca de Rusia, es decir, de ese ultranacionalismo occidental que de tiempo en tiempo agrede a Rusia, ese mismo que hoy utiliza a Ucrania como último eslabón de la cadena con que quiere ahogarla.


3 respuestas a «Los ultranacionalistas ucranianos: la mano que mece la cuna de Zelenski»

  1. No importa… los «demócratas» no dudarán en asesinarles masivamente sin ningún tipo de juicio (y sin que las víctimas colaterales les preocupen demasiado) cuando los neonazis ultra-nacionalistas hayan hecho el suficiente daño a Putin y a la Rusia no globalista ni atomizada y ya no les necesiten… será fácil, ó eso creen ellos. Ya bombardearon y asesinaron «democráticamente» a millones de civiles en el pasado sin que les temblara la mano (y eso que eran los «buenos», ¡cómo serían los malos!).

    No olvidemos las «técnicas» de bombardeo masivo usadas en Corea (algunos generales querían usar bombas atómicas para acabar rápido la guerra), ó en Vietnam (bombardeo masivo de ciudades, agente naranja, etc), las dos guerras de Irak (la carretera de la muerte, bombardeos de infraestructuras civiles,), la guerra de Kosovo contra Serbia (bombardeando belgrado y sus servicios básicos, y siempre los líderes enemigos son muy malos y ellos son John Wayne, recordemos la muerte de Milosevic), Afganistán, Libia (hoy estado fallido en descomposición), el ISIS y el apoyo recibido por manos negras muy sospechosas, aparte de ser una consecuencia de la invasión de Iraq, etc.

    Primero bombardeos de alfombra y lluvia de fuego aniquilador (para no arriesgar las vidas de sus hombres) y luego ocupar la tierra quemada… Se dirá que así es la guerra, pero comparémoslo con la actitud del ejército ruso y de Putin con Ucrania y con los ucranianos civiles. Tampoco son santos ni monjitas de la Caridad (yo no soy pro-ruso, sino pro-español), pero si Putin hubiera utilizado las técnicas de tierra quemada de sus detractores y enemigos, hoy la guerra estaría totalmente terminada y Rusia dominaría la totalidad de Ucrania.

    No tengo nada en contra de Estados Unidos, de su pueblo ó de su ejército, mi máximo respeto para todos, pero sus políticos han demostrado muy poca preocupación por las víctimas civiles de sus guerras, con una dureza y frialdad inexplicable… y también hay que decir con una propaganda efectivísima, digna de las películas de Hollywood

  2. Es que para los dirigentes visibles y también los que están en las sombras, los intereses de Estados Unidos priman sobre cualquier otra consideración, sea la que sea. Todo son SUS intereses nacionales, y el resto de las naciones NO TIENEN INTERESES PROPIOS QUE VIGILAR.

    El problema empezó cuando al finalizar la IIGM los americanos en lugar de volverse a su casa a ocuparse de sus asuntos, decidió colgarse la estrella de sheriff mundial y el resto lo aceptó.

    Para nosotros, que no aprendemos la letra ni con sangre, el problema empezó con Cuba y Filipinas, y entonces a partir de ahí nos hicimos amiguetes de los americanos. En eso los británicos nos han ganado por la mano, tienen su Commonwealth que les da un peso que realmente no tienen. A nosotros nos faltó saber crear la Hispanidad y eso que teníamos todo para haberla hecho.

  3. Parafraseando un famoso dicho atribuido a Lenin, tengo la sospecha o la intuición (más allá de los hechos en sí conocidos), de que: LOS OCCIDENTALES ESTÁN «VENDIENDO» A RUSIA -CON ESTE CONFLICTO- LA SOGA CON LA QUE LES AHORCARÁ FINALMENTE.

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