María, Madre de Dios

Texto de San Cirilo de Alejandría, el gran Doctor de la Encarnación del Hijo de Dios, leído por él en el Concilio de Éfeso en 431. Concilio en el que se definió dogmáticamente la maternidad divina de la Santísima Virgen.

¡Salve, oh María, Madre de Dios, Virgen y Madre, lucero y vaso de elección! ¡Salve, Virgen María, Madre y sierva: Virgen en verdad por Aquel que nació de ti, Virgen, Madre por virtud de Aquel que llevaste en pañales y nutriste con tus pechos; sierva, por Aquel que tomó de siervo la forma! Quiso entrar como Rey en tu ciudad, en tu seno, y salió cuando le plugo, cerrando por siempre su puerta, porque concebiste sin obra de varón y fue divino tu alumbramiento.

¡Salve, María, templo donde mora Dios, templo santo, como le llama el profeta David! ¡Salve, María, criatura la más preciosa; salve, María, antorcha inextinguible; salve porque de ti nació el Sol de Justicia! ¡Salve, María, morada de la inmensidad, que encerraste en tu seno al Dios inmenso, al Verbo unigénito, produciendo sin arado y sin semilla la espiga inmarcesible!

¡Salve, María, Madre de Dios, aclamada por los Profetas, bendecida por los pastores, cuando con los Ángeles cantaron el sublime himno de Belén: “Gloria a Dios en las alturas y paz en la tierra al os hombres de buena voluntad”!

¡Salve, María, Madre de Dios: por ti adoraron a Cristo los Magos, guiados por la estrella de Oriente! ¡Salve, María, Madre de Dios, honor de los Apóstoles!

¡Salve, María, Madre de Dios, por quien Juan, el Bautista, saltó de gozo desde el seno de su madre!

¡Salve, María, Madre de Dios, que trajiste al mundo la gracia inefable de la que dice san Pablo: “ha aparecido la gracia de Dios, Salvador de todos los hombres!

¡Salve, María, Madre de Dios, que hiciste brillar en el mundo al que es Luz verdadera, a Nuestro Señor Jesucristo, al que dice en su Evangelio: “Yo soy la Luz del mundo”!

¡Salve, María, Madre del que los Evangelios aclaman bendito. “Bendito el que viene en nombre del Señor”! ¡Salve, María, por quien se poblaron de iglesias nuestras ciudades ortodoxas! ¡Salve, María, por quien vino al  mundo el vencedor de la muerte y el destructor del infierno! ¡Salve, María, por quien vino al mundo el autor de la Creación, restaurador de las criaturas y Rey de los cielos!

¡Salve, María, Madre de Dios, por quien resplandeció la gloria de la resurrección!

¡Salve, María, Madre de Dios, por quien lució el sublime bautismo de santidad!

¡Salve, María, Madre de Dios, por quien el Bautista y el Jordán fueron santificados y destronado el demonio!

¡Salve, María, Madre de Dios, por quien todo espíritu fiel alcanza la salvación eterna!

Ave María Purísima


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