«Mariano Navarro Rubio, el hombre y el político»: un gran personaje

La editorial Homo Legens, en colaboración con la Fundación Navarro Rubio, ha publicado la primera biografía de Mariano Navarro Rubio, hombre que ha pasado a la historia de España por formar parte de dos gobiernos de Francisco Franco como ministro de Hacienda de 1957 a 1965. Esta biografía explica quién fue Mariano Navarro Rubio, sus orígenes, su faceta como esposo y padre de once hijos, su vida pública, su posterior defenestración y qué fue de su vida tras el abandono forzado de la política.

La biografía está dividida en cuatro partes. La primera, abarca desde su nacimiento en Burbáguena (Teruel), en 1913, hasta el final de la Guerra Civil en 1939. Descendiente de una familia de clase media, fue el mayor de los cinco hijos del matrimonio formado por el médico Eusebio Navarro y Ramona Rubio. Realizó sus estudios primarios en Daroca, en el colegio de Religiosas de Santa Ana, y el bachillerato en el de Escolapios. Se licenció en Derecho en la Universidad de Zaragoza en 1931, cuando todavía no había cumplido los 18 años. Allí nacerían sus primeras inquietudes políticas, que le llevarían a ver con agrado la proclamación de la Segunda República. Poco después, sin embargo, gracias a la educación cristiana que había recibido y a una práctica religiosa que nunca había abandonado, se alejó de sus postulados republicanos y, dejando a un lado la política, se integró en Acción Católica y abrió un centro de la misma en Daroca, donde realizó un fecundo apostolado entre los jóvenes de los pueblos de la comarca. En esos años, como consecuencia del terror rojo, velaba por las noches delante de los Escolapios para impedir que las turbas revolucionarias asaltaran e incendiaran el colegio. Su testimonio le conduciría a estar en la lista de quienes deberían ser eliminados cuando, según los propósitos de la izquierda, en España triunfase la Revolución. Al producirse el alzamiento militar que daría comienzo a la Guerra Civil, no dudó en alistarse como voluntario en el Ejército nacional para salvaguardar la Religión y la Patria de la barbarie. Mariano Navarro Rubio fue herido de bala en tres ocasiones, demostrando una gran valentía personal, y terminó la contienda como capitán.

La segunda parte está dedicada a su vida personal: su matrimonio y su familia. Navarro Rubio barruntaba la vocación sacerdotal y se prestaba a ingresar en el seminario cuando, en el verano de 1940, gracias a su amigo y futuro compañero en el Consejo de Ministros Alberto Ullastres, conoció a un joven sacerdote, el P. Escrivá, que le hizo descubrir su vocación al matrimonio. Siguiendo su consejo, cogió al P. Llanos como director espiritual y, al poco de fijarse en una chica, inició un noviazgo que acabó en boda al año siguiente. Su esposa, María Dolores Serres, catalana y catedrática de Historia Natural, fue la persona con la que recorrió el resto de su vida esa vocación divina y camino de santidad que es el matrimonio. Lo suyo fue, como tantos matrimonios de antaño, una historia de un gran amor fundamentado en la confianza en Dios. Los hijos empezaron a llegar, hasta once, a pesar de que, en plena posguerra, los recursos eran escasos. Decidieron nada más casarse, por el bien de la educación de los hijos que vendrían, que María Dolores renunciaría a su carrera académica para entregarse plenamente al cuidado de los hijos y a la dirección del hogar. La defensa de la familia de la que hizo bandera Mariano Navarro Rubio cuando en España se introdujeron la ley del divorcio y otras leyes contrarias a la institución familiar, estuvo siempre avalada por el ejemplo. Mención aparte merece su condición de miembro del Opus Dei. En 1947, fue uno de los tres primeros supernumerarios de la institución fundada por su antiguo director espiritual, san Josemaría Escrivá, con quien mantendría a lo largo de su vida una estrecha amistad.

La tercera parte del libro está dedicada a su faceta de hombre de Estado (1941-1970). Acabada la guerra, se instaló en Madrid e ingresó en el cuerpo Jurídico Militar, en el que llegó a ostentar el grado de teniente coronel auditor, y donde procesaría como fiscal a cerca de trescientos encausados por asesinatos y otros crímenes acaecidos en la retaguardia del Frente Popular. Paralelamente, continuó su militancia en Acción Católica y, de la mano de Ángel Herrera, pasó a formar parte de la Junta Nacional de Acción Católica y de la Asociación Católica Nacional de Propagandistas (institución que abandonaría en 1957). En 1946, ganó una plaza en el cuerpo de Letrados del Consejo de Estado, donde realizó hasta su jubilación un intenso trabajo en la elaboración de dictámenes jurídicos, adquiriendo un notable prestigio. En 1948, su valedor político, el ministro de Agricultura Rafael Cavestany, le catapultó como procurador en Cortes por el tercio sindical, llamando la atención por sus intervenciones. Millán-Astray llegó a decirle que llegaría a ministro. Poco antes, había iniciado su andadura política de la mano de José Solís, al ingresar en la Organización Sindical. En ese puesto, fundó y fue el primer director de la Escuela Sindical.

En la crisis de Gobierno de 1951, tres ministros (Arias Salgado, Ruiz-Giménez y Cavestany) le propusieron ser su subsecretario. No aceptar ninguna de las tres subsecretarías no pasó inadvertido al jefe del Estado, que quiso conocerle. En 1954 fue nombrado consejero-delegado del Banco Popular y, por incompatibilidad, tuvo que dejar todos sus cargos públicos. Desde su nueva posición, impulsó una reestructuración del banco que pasó por nombrar presidente a Fernando Camacho (antiguo subsecretario de Hacienda) y vicepresidente ejecutivo a Luis Valls Taberner, por quien apostó a pesar de sus escasos 31 años. La sorpresa se produjo un año después, en 1955, cuando Francisco Franco pidió a Fernando Vallellano, a la sazón ministro de Obras Públicas, que designase a Navarro Rubio como su nuevo subsecretario. Franco demostraba tener una gran consideración por Navarro Rubio y no quería perderle para altos puestos de responsabilidad en la Administración del Estado. Su labor se centró en acotar la excesiva burocracia que retrasaba la ejecución de proyectos y contó con la colaboración del ministerio de Industria y de José Luis Arrese, ministro secretario general del Movimiento, a pesar de las discrepancias de Navarro Rubio con la Falange.

El gran salto en la carrera política de Navarro Rubio tuvo lugar con la crisis de Gobierno de 1956. La economía estaba gravemente dañada por el bloqueo comercial extranjero. El régimen había tenido que adoptar una política autárquica que había dado abundantes frutos (aumento de la esperanza de vida de quince años, reducción en un 41% de la tasa de mortalidad infantil, desaparición del racionamiento en 1953, etc.). La política social falangista había logrado medidas como el seguro familiar y de vejez, las vacaciones pagadas, la enseñanza primaria obligatoria y gratuita, y una extensa promoción de vivienda pública dada en propiedad. El problema radicaba en que ese modelo suponía un coste para el Estado que lo estaba llevando a la quiebra.

Josemaría Escrivá con Mariano Navarro Rubio y su mujer, María Dolores Serrés,
con ocasión de un viaje a Roma, en 1958

El 25 de febrero de 1957, fecha clave que daría inicio a la era del desarrollo y al mayor periodo de crecimiento económico de la historia de España, Franco nombró a su octavo gobierno. En él, entró Mariano Navarro Rubio como ministro de Hacienda. Impulsó el famoso Plan de Estabilización que, entre otras medidas, incluía una profunda renovación de la Administración para limitar el gasto público, una reforma del sistema tributario, la reorganización del mercado de crédito con un ambicioso programa de inversiones, el fomento de la inversión extranjera y medidas para contener la inflación y estabilizar la peseta. Los resultados fueron realmente excepcionales: la renta per cápita pasó de 8.000 pesetas en 1951, a 42.000 en 1965 y el PIB creció por encima del 7% anual hasta 1973. Navarro Rubio fue un acérrimo partidario de la entrada de España, en 1958, en el Fondo Monetario Internacional y en la Organización Europea para la Cooperación Económica (actualmente OCDE). A pesar del gesto de incredulidad que pueda suscitar, los desencuentros por el proyecto del Plan de Estabilización entre Ullastres (ministro de Comercio) y López Rodó (secretario general técnico de la Presidencia del Gobierno) con Navarro Rubio fueron profundos, llegando a presentar éste último su dimisión y teniendo que arbitrar Franco en diversas ocasiones. Los tres políticos pertenecían al Opus Dei. Es falsa, pues, la tan cacareada anuencia entre los miembros de esta institución. Años después, por poner otro ejemplo, un miembro del Opus Dei, Fernando Herrero Tejedor, pediría, en calidad de fiscal del Tribunal Supremo, el procesamiento de Navarro Rubio. También impulsó la Ley de Fondos Sociales, que abordaba iniciativas sociales de gran calado: la asistencia al anciano desvalido, la protección al trabajo con motivo del paro tecnológico y la creación del Patronato de Igualdad de Oportunidades para facilitar el acceso a la universidad de miles de estudiantes.

A su salida de Hacienda en 1965, fue designado Gobernador del Banco de España, hasta que cinco años después de ser elegido, se vio salpicado por el caso Matesa, que provocó su renuncia y su retirada de la vida pública. Con este caso de corrupción, empieza la cuarta y última parte del libro. Viejas rencillas personales y ambiciones de poder, hicieron que se orquestara una persecución contra el responsable del milagro español. Fue procesado sin pruebas e indultado por Franco sin haber sido condenado y sin haber pedido el indulto. Su postura, en perfecta consonancia con su fe, fue siempre la de perdonar.

En la nueva etapa política iniciada con la muerte de Franco, Navarro Rubio cayó en el olvido. Durante los últimos años de su vida profesional fue director del Fondo para la Investigación Económica y Social y miembro de la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas. Con Navarro Rubio falleció un hombre de fe con un afán por el servicio público movido siempre por un incansable espíritu de sacrificio. Es difícil comprender esa entrega si no se conoce su faceta espiritual, impregnada de amor a los Sacramentos y una intensa vida de oración. Tal vez el único reparo a esta biografía sea el carácter, a nuestro modo de ver, excesivamente hagiográfico. Lamentamos que la parte dedicada a su vida pública sólo ocupe una quinta parte del libro, porque creemos que su labor como ministro merecía mayor extensión. Sin embargo, el énfasis en la faceta más personal de Navarro Rubio, hace que la lectura de este libro ayude a conocer y a comprender las claves de la honestidad y el buen hacer de quienes dirigieron los destinos de España durante cuarenta años. Este libro se suma al escasísimo elenco de rigurosas biografías sobre ministros de Franco como la de Laureano López Rodó, de Antonio Cañellas, o la de Gonzalo Fernández de la Mora, de Pedro Carlos González Cuevas. Deseamos y esperamos que esta lista aumente para mayor conocimiento de nuestra historia. Alumbrar la figura de hombres que, con su trabajo y capitaneados por el Generalísimo Franco, levantaron y engrandecieron España, es cuestión de justicia y gratitud.

Fundación Navarro Rubio: Mariano Navarro Rubio, el hombre y el político, Homo Legens, 2021, 519 páginas.

Para Razón Española nº 230 Marzo/Abril 2022 (fundacionbalmes@yahoo.es)


2 respuestas a ««Mariano Navarro Rubio, el hombre y el político»: un gran personaje»

  1. Un libro que trata a un personaje desde su propia fundación no puede ser fiable, de hecho lo seguro es que sea un panegírico. Puede ser cierto que sea un gran personaje, pero el origen de la opinión es sospechosa de base.
    Argumentar que fue artífice del “milagro español” es para reírse por no llorar; ya el mismo artículo señala realizaciones anteriores del Régimen, y hay muchas más, que dejan muy cortas a las realizadas por Rubio.
    ¿Qué hubiese hecho si en vez de 1957, con todo el trabajo duro hecho, hubiese sido ministro en 1939? ¿Alguien cree que hubiese podido hacer más de lo que se hizo? Ese sería su tope pero sinceramente creo que ni de lejos hubiese llegado.
    El dato de la renta per cápita es la bomba, compara 1951 con 1965 ¿no debería ser 1957? Rubio llegó en el mejor momento del desarrollo no solo español, sino europeo, con ya la mayoría de las puertas abiertas; solo el flujo de nuestra emigración y los fondos revertidos y el desarrollo del turismo, destino de toda Europa, aportaron las suficientes divisas y circunstancias para ese desarrollismo y más.
    Cualquiera que lo vea en la distancia se pensaría que este hombre lo había hecho todo, según sus allegados, pero creo que el desarrollo industrial, con el INI, ni el desarrollo agrícola y de colonización, con el INC, ni la planificación hidráulica, ni la seguridad social, ni el bienestar obrero, con sus vacaciones, pagas extras, seguridad en el trabajo, etc. ni la estructura jurídica del país, ni la vivienda accesible y casi gratuita, la enseñanza y las universidades laborales, etc. y así hasta el infinito, nada debe a Rubio ni a ninguno de los tecnócratas. ¡pero si hasta el CSIC se creó en 1939 sin esperar a ningún “inteligente” que viniese a iluminarnos!
    Todos estos tecnócratas llegaron en el momento preciso y recogieron las nueces del árbol que otros habían plantado, cuidado e incluso movido para ellos. Esto no quiere decir que fuesen inútiles o poco válidos, solo que no es verdad que fuesen artífices de nada principal y que llegaron en el momento adecuado. Así de simple.
    El por qué ellos estuvieron allí y no otros es cuestión diferente. Como siempre el tema da para más, pero creo que las consideraciones anteriores son suficientes para situar a cada uno algo, un poco más, en el lugar que debe estar.

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