Marruecos se alimenta de la traición española y europea

Se ha descubierto lo que era un secreto a voces. Marruecos es la mano que mece la cuna en Europa; y más aún todavía en España. La corrupción, que lo es sin duda, en el Parlamento Europeo ahora recién destapada, no es sólo eso, que ya es decir, sino la prueba de que el espionaje, o sea, el servicio de inteligencia marroquí ha logrado penetrar hasta el tuétano y contar con una red de colaboradores al más alto nivel en Europa –y más aún todavía en España–, inmejorable, envidia de cualquier país que se precie.

Marruecos es, desde su independencia, una monarquía absolutista, pseudoteocrática y de características feudales, tiránica, cuyo sultán, cualquiera de los tres habidos hasta el momento, además de poseer oficialmente el seis por ciento del PIB en su cuenta particular -extraoficialmente posee el 90 por ciento, o sea, que todo el país es su finca particular–, sostiene una bien urdida y ejecutada política de expansión agresiva en pos de ese Gran Marruecos que según Rabat está formado por Marruecos, el Sahara, parte de Mauritania y de Argelia, Ceuta, Melilla y las Canarias. Para ello nunca ha parado en prendas ni ha dudado a la hora de utilizar cuantas herramienta están a su alcance: diplomáticas, económicas, financieras, sociales, de inteligencia (la DGED, su servicio de inteligencia exterior, tiene un presupuesto oficial de 900 millones de euros, tres veces más que el oficial del CNI) e incluso militares (su rearme en medios humanos y materiales, de éstos no pocos de última generación, es impresionante). Y lo peor, aún con todo lo dicho, que ya es decir, es que prácticamente es siempre España quien paga el pato, su punching ball preferido y casi único; descontando al Frente Polisario. Que los marroquíes vivan en la miseria, sojuzgados y bajo el signo del terror da igual, pues no es casualidad que el tema de los derechos humanos sea para Rabat asunto inexistente; además los largarlos al extranjero es parte del plan.

Para beneficiarse e impulsar esa expansión, Marruecos viene trazando una red internacional de amigos-aliados de primera categoría en la cual están los EEUU –en realidad Marruecos es su aliado más sólido y fiable desde hace décadas– y ahora el torticero e insidioso Israel, estando también en nómina, claro, su aliado de siempre, Francia. Y también España, porque parece que eso de además de cornudos, apaleados, nos «mola». Y es que desde el emérito, incluido, hasta una buena pandilla de altos y ex-altos cargos españoles (presidentes de Gobierno como Rodríguez Zapatero y Pedro Sánchez, ministros como Moratinos, Trujillo, López Aguilar, etc.), hasta empresarios, periodistas y otros especímenes de los que no hay que descartar militares y policías, no hay sector español en el que Marruecos no tenga sus colaboradores activos y eficaces; y ahora como vemos también en Europa, porque parece que la pandemia de la traición (lo de lobbies es un eufemismo) no es exclusiva nuestra.

Y decimos traición porque no son lobbies, vocablo light con el que se lava la cara a todos los que desde hace décadas vienen facilitando a Marruecos éxitos que no sólo le favorecen a él, sino que lo hacen a costa de nosotros, sobre todo de España; y además, como en lo que se ha descubierto en el Parlamento Europeo, debe serlo a cambio del vil metal; cómo no. Ahora nos explicamos la cantidad de goles que nos han metido en temas como la pesca, los cítricos, la inmigración y muchos otros más. Y es que no podía ser de otra manera, pues desde hace décadas se vota en Europa en contra de nuestros intereses y a favor de los marroquíes gracias al éxito de los servicios de inteligencia marroquís.

El servicio de inteligencia marroquí (DGED) no sólo tiene una extensa red de agentes «oficiales» o más o menos conocidos en España (unos 30 entre la embajada y los consulados) y en Europa igual, sino que son muchos más los desconocidos, los que bajo múltiples coberturas actúan en beneficio del sultán; el sultán es Marruecos, porque Marruecos es el sultán. Hay que tener en cuenta que para ello disponen de herramientas tan importantes como ingentes cantidades de dinero para los no marroquíes –el sultán siempre se ha distinguido por pagar muy, pero que muy bien, a los traidores–, sino también otras para los propios, es decir, para la que es la mayor de todas las colonias de extranjeros en nuestro territorio, los marroquíes, a los que por las buenas –con prebendas– o por las malas –coacciones directas o a través de sus familiares en Marruecos (un marroquí, aunque adquiera otra nacionalidad sigue siempre vinculado por obediencia al sultán según su Constitución)– que controla con mano de hierro Al Mansouri, actual director de la DGED; por cierto amigo íntimo de Mohamed VI de quien fue incluso compañero de pupitre de niños.

Pero por si fuera poco lo dicho, aquí viene lo mejor: el sultán en persona y la DGED como herramienta, cuentan para su éxito con la ínfima calidad de los españoles que se venden, su nulo patriotismo, su egoísmo, codicia y otra «virtudes» que les hacen presa fácil de un monarca y de sus secuaces que tienen las ideas muy claras de qué es lo que quieren, así como la voluntad de lograrlo como sea, y que nos conocen como si nos hubieran parido –tanto al PSOE como al PP, que quede bien claro porque en este asunto son, también, como en todos, idénticos– y se aprovechan de ello, claro.

Rabat sí paga, y muy bien, a los traidores (que no lobbies), sean españoles o de cualesquier otro país europeo o del mundo. Esa es su ventaja. Nuestra desventaja es la disposición a vendernos. Así, se juntan el hambre marroquí con las ganas de comer de no pocos traidores españoles y europeos.


7 respuestas a «Marruecos se alimenta de la traición española y europea»

  1. Muy bien y muy claro.
    Empezando por que es Marruecos el que lleva años untando a los próceres y subpróceres europeos; sobre esa alfombra Qatar ha regado petrodólares muy, muy tarde y muy poco (de momento). Por mucho que los media carguen la mano en esa nación para ocultar la otra. Y constaten que los socialistas españoles han votado en el Parlamento Europeo en contra de investigar los derechos humanos en Marruecos … y los peperos españoles se han permitido no asistir a la votación.
    Pero disiento un tanto de que Marruecos haga bien las cosas, al menos que las haga por voluntad propia. Marruecos, como muchos países árabes, son una de las herramientas centenarias para la destrucción de la Cristiandad, desde la invasión del Imperio Romano de Oriente y la Península Hispánica. Por cierto, que ambas cosas con un componente sionista descarado, tanto en la traición en Bizancio como en la de Ceuta (D. Julián), Granada y demás plazas hispánicas.
    Deberíamos asumir que es Israel (y el NOM que lo creó y lo maneja) quien impone su voluntad en Inglaterra, Usa y Marruecos desde hace muchos cientos de años. Que lo de hoy no es cosa nueva bajo el Sol
    Y también que esas naciones citadas, y otras europeas, no necesitan que Marruecos o Qatar las unte, pues lo harían y lo han hecho gratis desde hace siglos.
    Sin esa percepción de la realidad creo que nos quedaremos muy en la superficie del problema.
    Un problema que, como ahora vemos “maravillados” en Ucrania, es de Usa+Albión contra toda Europa (antes cristiana) y en alianza con los musulmanes mas extremistas.

  2. Este incidente del Parlamento Europeo si algo demuestra es que el enemigo está dentro, y cuando queramos reaccionar ya será tarde.
    Los trenes del 11M se destruyeron a la mayor velocidad para que no se pudiera averiguar lo sucedido. Apareció otro tren por ahí en un almacén con el que nadie contaba y se destruyó también. Cuánta gente no estará comprada en España. Malo es que estén comprados altos cargos civiles, pero que en el cotarro estén también metidos los de uniforme es una verguenza.
    Si todo esto se averiguara y hubiera un macro proceso, ni los de la mafia en Italia sería tan grande, de la cantidad de gente que tiene que estar trabajando para el enemigo. En España no solo no hay Justicia sino que por no haber no hay ni ansías de que la haya. Parece no importar a nadie. Qué huérfana está España, de madre y de padre, qué huérfana.

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