Mártir Adriana Morales Solís

Adriana Morales Solís

Adriana Morales Solís (1870-1936) nació en Puente Genil (Córdoba) en una familia de clase media, con algunas propiedades que les proporcionaban una vida acomodada para la época. Quedó huérfana a edad muy temprana, siendo criada y educada por su tía materna.

Profundamente religiosa, y sintiendo muy joven dicha vocación, ingresó en un convento. Pero no duró mucho en él, abandonándolo, no obstante lo cual y dada su gran vida de oración y piedad, se unión a la Orden Tercera Franciscana, institución a caballo entre el estamento religioso y civil, que permitía desarrollar trabajos con la orden sin necesidad de tomar el hábito.

Muy laboriosa, decidió emplear parte del patrimonio familiar en crear un pequeño negocio: una tienda de alimentación en la Calle Aguilar. Inteligente, muy trabajadora y buena emprendedora, no tardó en ampliar el negocio en sectores tan diversos como artículos de decoración, loza, cristal, calzado, textil, etc. Pronto consiguió gran éxito empresarial. Compró un local en la calle que hoy lleva su nombre y comenzó su andadura en la fabricación de dulce de membrillo, siendo pionera en tal materia, denominando a su producto «Nuestra Señora de las Mercedes», todo lo cual gestionaba personalmente con absoluta eficacia, contratando únicamente mujeres de la localidad y alrededores, lo que beneficiaba a sus familias al unir su jornal al de sus maridos; pagaba con exquisita puntualidad y siempre más de lo que por entonces se estipulaba.

Calle de Puente Genil en la que Adriana vivió y tuvo su próspero comercio y que hoy lleva su nombre

Viendo aumentar su patrimonio, no dudó en dedicar buena parte del mismo a obras de caridad con constantes donaciones al Hospital Municipal y al Asilo de Nuestra Señora de los Desamparados. Por ello, así como por su intensa vida espiritual, era muy conocida en el pueblo. Nunca se casó.

Precisamente por dicha religiosidad y las consecuentes obras de caridad, fue detenida el 24 de Julio de 1936, pocos días después de iniciada la guerra, por un grupo de frentepopulistas extremadamente violento.

Unos días después, la sacaron de su encierro, en el que había tenido que soportar constantes vejaciones, paseándola por las calles de la localidad expuesta al escarnio público. Durante dicho auténtico calvario, una vecina que la conocía rogó a su marido allí presente, persona que por su ideología y ascendiente era muy respetado por los líderes frentepopulistas, que intercediese por ella, a lo cual, cobardemente, replicó: “No se puede hacer nada más que oír, ver y callar”.

Llevada a la estación de ferrocarril del pueblo, fue encerrada en un vagón de tren allí estacionado junto a otros presos. Sacada unas horas después de él, Adriana fue llevada al paraje conocido como “Llano de la Paca” donde fue cruelmente torturada hasta incluso llegar a cortarle los pechos, tras de lo cual fue quemada y finalmente rematada de varios disparos, arrojando su cadáver incinerado a una fosa común junto con otros asesinados, entre ellos los sacerdotes de la localidad. Tenía 46 años.


4 respuestas a «Mártir Adriana Morales Solís»

  1. Como en tantos otros pueblos de Andalucía, Castilla la Nueva o Castilla-La Mancha, Extremadura, Aragón o Levante, la persecución religiosa en Puente Genil fue terrible, el caso de esta mujer fue tremendo, pero el del matrimonio formado por Dñª Antonia Vergara Melgar y D. Fco. de Paula Ortega Montilla que se publicó la semana pasada que después de maltratarlos les prendieron fuego vivos tras rociarles de gasolina sólo porque regentaban una librería donde vendían libros religiosos, es de lo casos más abyectos y cobardes como muy bien dice @Pancho Road.
    Con esta mujer fueron asesinados también los sacerdotes Juan Lucena Rivas, Ricardo Morales García, José Pineda Cejas y José Ruiz Montero, éste con apenas 22 años de edad. Le dispararon en los brazos para obligarle a decir “viva el comunismo”, a lo que se negó diciendo que sólo daría vivas a Dios y a la Virgen, y entonces lo maltrataron y lo acribillaron a balazos. Uno de los milicianos se sentó sobre su cadáver a fumarse un cigarro, mientras sus compañeros cortaban ramas de olivo para después pegarle fuego.
    Los seminaristas Antonio y Manuel Montilla Cañete fueron también asesinados, y el colaborador parroquial D. Lorenzo Pérez Porras.
    Al comandante de puesto de la Guardia Civil , Sr. Ocaña Aguirre, lo llevaron a empellones a la estación donde recibió toda clase de palos, hasta que lo mataron a hachazos y lo abrieron en canal. Al Guardia Manuel Martín López lo asesinaron a hachazos y lo degollaron en la calle Vera Cruz, paseando luego su cabeza en la punta de un sable. Al Guardia D. Rafael Arroyo Flores lo llevaron a la estación, debido al calor de julio pedía algo de beber y le obligaron a beber gasolina, para después asesinarlo a tiros.
    Cuando entraron las tropas nacionales en Puente Genil encontraron que los rojos antes de huir habían hecho una carnicería con la gente que todavía no habían matado y tenían retenida en la cárcel. El médico de Puente Genil D. Julio Aguilar Borrego y su hijo de 14 años fueron encontrados moribundos, sin que pudiera hacerse nada por sus vidas, falleciendo en el hospital el 12 y 18 de agosto, respectivamente.

    Los asesinaron entonces y están volviendo a asesinar de nuevo con las leyes de la falsificación histórica para que esto se tape para siempre y nunca más se sepa.

  2. Otro comentarista, en una nota de recuerdo similar a esta de los mártires de la Cruzada, decía que esas mismas alimañas capaces que fueron de aquellas salvajadas están ahí, vivas, olisqueando la sangre y esperando la ocasión de saciar de nuevo sus instintos asesinos.
    Este fin de semana, cuatro o cinco puercas degeneradas de las que nos gastamos: la bollera llorona de Barcelona; la marrana valenciana que ampara al ex-marido abusador de una menor indefensa y teóricamente «tutelada» por una institución bajo control de la su entonces gocha; la vice-cursi sobre analfabeta que apenas balbucea las sandeces que suelta y paseante con tacón de aguja por el empedrado de unas calles trujillanas «vaciadas», estas sí vaciadas, por la guardia civil para que la zorra paseara el modelito sin que ningún vecino la insultara; la «Me-Ma» esa faltona habladora del «foro» que precisa bozal porque muerde; la otra serpiente moruna del trapo en la cabeza, entre otras «joyas», se reunieron en un teatro de Valencia para otra de sus patochadas y para hacer alarde ricamente enjaezadas, a costa de Juan Pandero naturalmente, de lo que son, de marranas, y mira tú por cuanto coincidieron en su triunfal llegada al local cuando una manifestación de camioneros pasaba por la calle protestando contra la política del gobierno. Se dieron cuenta de la comitiva de guarras y allá que fueron los manifestantes a decirles lo mucho que las quieren. La cámara, hay varias grabaciones, de la secuencia que yo vi se entretuvo en fijar detenidamente los rostros de los fans y protectores, o sea, macarras o planchabragas, que de las dos variedades había, partidarios de las tiorras que a la puerta del teatro pastaban. ¡Qué miradas! ¡qué insultos a los manifestantes! las socias igualmente simpatizantes amenazando a los camioneros porque «no hay derecho», el maromo levantando el puño y llamándolos «facistas» que sois unos «facistas», aparte de otras lindezas que hay que ver con que furia el «amo» sociata de la calle espetaba a los manifestantes, hasta un policía se tuvo que encarar con él para decirle: «deje de provocar, si quiere pegarse con ellos quede en otra parte pero no aquí», literal. La cámara recorre la acera de los fans roji-gorrinos y ver esas caras es todo un espectáculo pero de espanto, los hay como agazapados y quietos, sin duda para que la mala baba que chorrean no les provoque un resbalón, pero como dispuestos a morder, a otros que parecen esperar la ocasión de saltar sobre los que sostienen una pancarta, no sé si con armas que oculten entre la ropa que alguno parece llevar, sólo les falta el cuchillo entre los dientes, otros de entre ellos no tienen ojos tienen veneno en su lugar y destila brillante como pus negra de sus cavidades oculares. ¡Qué espectáculo y qué «ganao» y todos de cuarenta para arriba! o sea, de los que ya no hacen la mili, de esos que si se logra lo que sus gerifaltes buscan descuida que no irán al frente a dar la cara, ¡quiá!, esos no.
    Tuve la misma sensación y así lo comentamos otro amigo labrador y yo el día que pasó ante las imágenes de lo ocurrido. Fue con ocasión de una visita que hicieron, me da igual quienes fueran eran españoles y punto a un pueblucho del País Asco, a recordar a otros españoles inocentes que allí miserablemente fueron asesinados y en muchos casos, en medio de todo el pueblo, quedaron tirados en el suelo durante horas sin que nadie se acercara siquiera a ver si estaban vivos y agonizaban, dejando que murieran entre la indiferencia de aquella gentuza que hozaba ayer, y se revuelca hoy, en ese muladar moral que son esas provincias españolas. Entre los que salieron en esa ocasión a insultar a los que llegaban, a apedrearlos, a acosarlos, eran mayoría los de colmillo retorcido y bien pasados los cuarenta, pero ¡qué rostros! ¡qué deseos traslúcidos de matar! ¡qué ansias de sangre! ¡pero si se apreciaba hasta su placer sólo por la perspectiva de llegar a tener entre sus garras a las que veían entre cantazos e insultos como sus víctimas! El amigo labrador, al que en esa ocasión le enseñé las imágenes cuando vino a tomar un vino por la noche, lo dijo sin dudar: «no, a esos con palabras es bobada, a esos…» e hizo el gesto que con el índice se hace tras el guardamonte.
    Aquellas alimañas de antaño que causaron el dolor gratuito y morboso que tantos mártires españoles padecieron y sufrieron por eso, por ser españoles honrados, siguen ahí fuera, son los «cafres nacidos entre nosotros» de los que hablaba Manuel Goded que los padeció en su «Un «faccioso» cien por cien», son los mismos que cuando los trasladaban a Porlier, en capilla para las tapias de la carretera de Vicálvaro o para el garrote que había allí instalado, pataleaban y lloriqueaban quejándose de que ellos no habían hecho nada, «solo guardias en la Modelo» y se les olvidaba de lo mucho que habían presumido en los burdeles de sus «hazañas» en Torrejón o en Paracuellos o en Fomento. Están ahí, de momento, venteando la sangre como las hienas y envolviéndose en trapos rojos para hacerles los coros a sus marranas y a sus zorras degeneradas, pero esperando la ocasión propicia para hozar en la roja sangre de sus víctimas. Si alguien lo duda que les mire a los ojos y se convencerá.

  3. La crueldad la falta de humanidad y piedad y la criminalidad de los «demócratas rojos » fue una constante ,no solo en España sino en todos los países del mundo donde se desataron. Hay millones de ejemplos y a pesar de ello ,se sienten ello ,como los buenos.

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