Mártir Emilio de Villa Inguanzo (171)

Emilio de Villa

Emilio de Villa Inguanzo (Santander 1892 – Mora de Toledo 1936). Hijo de Ramón de Villa Llaca y de Rita Inguanzo Parres. Estudió, junto con sus hermanos Ramón y Julio, en el internado de los Padres Jesuitas de Valladolid. Muy piadoso y activo desde muy joven, allí formó parte de la Junta Directiva de la Congregación Mariana del Colegio y fue designado cuestor de pobres encargado de ayudar a los marginados y distribuir los fondos que se asignaban a tal fin. Estudió en la Universidad Central de Madrid, donde se licenció en Derecho. Nombrado mediante oposición Notario de Leiro (La Coruña), fue destinado posteriormente, mediante concurso, a Cogolludo (Madrid) y, por último, en el año 1927, nombrado Notario de Mora de Toledo. Contrajo matrimonio en 1925 con María Luisa Elízaga Ojeda, del cual nacieron seis hijos, el mayor de ellos en 1927 y el último en 1934.

Muy amigo del ecónomo y cura párroco de Mora y del coadjutor de la parroquia. Iban a dar conferencias en los pueblos de la provincia sobre la Doctrina Social de la Iglesia. Preocupado por los problemas existentes entre jornaleros y terratenientes, luchó por conseguir la resolución de los mismos y para ello constituyó una especie de Comisión de arbitraje que, en los locales de la Iglesia, trataba de resolver dichas diferencias. Trabajó sin descanso con los jóvenes de Acción Católica y hasta creó un equipo de fútbol, del cual fue su entrenador.

Una tarde, en su despacho en la notaría, estuvieron reunidos el cura párroco y ocho de los amigos de Emilio de Villa. Tras confesarse todos, se fueron yendo, de dos en dos, a intentar impedir la quema de las iglesias del pueblo. Pero a Emilio de Villa le tocó ir solo a defender el Convento y Colegio de las Teresianas de Ossó porque uno de los ocho tuvo miedo y no quiso acompañarle. Estando en la calle, oyó unos pasos detrás y, al volverse, vio a Isabelo Villarrubia, botones de la notaría, un chaval de 15 años. Le mandó para su casa, pero el muchacho contestó: “Don Emilio, su cadáver ahí y el mío, aquí”.

A los pocos días de tal incidente, un numeroso grupo de militantes del ya Frente Popular cantando la Internacional iban detrás de un ataúd blanco y con una niña dentro, muerta, vestida de blanco y con el puño derecho levantado. Al pasar delante de la casa de Emilio de Villa colocaron el ataúd de forma que se viese la cara de la niña en gesto de reto y provocación. Era la hija del jefe del partido comunista de Mora. Emilio de Villa, sin inmutarse, cogió a sus hijos y les hizo allí mismo ponerse a rezar por la niña.

Conforme lo ocurrido en ambas ocasiones y otros incidentes arreciaban, su hermano Julio llamó a Emilio desde Madrid para urgirle a que cogiese a su familia y se fueran a Portugal, pero él dijo que no podía abandonar la notaría por la importancia de los documentos de los que era depositario, y se quedaron.

Recién iniciada la guerra, el 21 de Julio se levantó muy temprano y despertó a toda su familia, mandando llevar a los niños al lagar con la niñera y con la orden de no salir de allí. Su hijo mayor no hizo caso y, en cuanto pudo, se fue a escondidas a una galería acristalada que daba al jardín y allí, escondido detrás de un sillón, veía a su padre paseando, con la cara muy seria y rezando el Rosario. Su esposa estaba en el piso de arriba. Cuando terminó de rezar el Rosario, sacó del bolsillo el librito de oraciones dedicado a la Virgen y se puso a leerlo, caminando muy serio y despacio.

Estando en ello, sonaron unos fuertes golpes en la puerta de la casa que golpeaba una furibunda turba de frentepopulistas gritando y amenazando con derribarla. Emilio de Villa se persignó y abrió. Entraron en tropel apuntándole con sus armas. Entonces, con una serenidad increíble y gran autoridad, Emilio de Villa profirió un fortísimo grito: “¡Aquí no!”, imponiéndose a la turba que quedó en silencio. En ese instante, su esposa llegó allí. Emilipo de Villa le dio un beso y le dijo: “Tengo que ir al Ayuntamiento”.

Mientras parte del grupo se dedicó a vandalizar la casa, al tiempo que toda la familia era sacada de allí por el juez de Mora que había acudido al conocer lo que ocurría, trasladándolos a su domicilio, otros cogieron a Emilio de Villa y lo llevaron fueran profiriendo insultos y amenazas. Al poco, se oyeron varios tiros. Emilio de Villa tenía 44 años.

P.D.- Al cabo de unas horas, llamaron a la puerta de la casa del Juez preguntando por “María Luisa”. Era el sepulturero de Mora de Toledo. Al salir ella, le entregó una alianza y un escapulario diciendo, “Esto era de su marido”. María Luisa se desvaneció, cayendo al suelo.

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NOTA.- Esta serie está dedicada a los mártires de la persecución anticatólica entre 1936 y 1939 del Frente Popular, coalición marxista-leninista revolucionaria formada por el PSOE, UGT, PCE, CNT, PNV y ERC.


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