Mártir Francisco García León

Francisco García León el día de su primera Comunión con ocho años de edad

Francisco García León, había nacido en 1920 en Córdoba, siendo el mayor de los dos hijos del matrimonio formado por Ricardo García Roldán y Concepción León Cañas, personas de clase media-acomodada, dedicadas al campo, muy religiosas y de buenas costumbres afincados en la localidad cordobesa de Montoro. Su madre ayudaba en la sacristía de la Parroquia e iba a Misa a diario. Los domingos la familia iba junta. Francisco les acompañaba desde que tenía 6 años, habiendo tomado la costumbre de vestirse para tal ocasión con una sotana encarnada, roquete y esclavina de monaguillo.

Desde pequeño, pues, Francisco dio muestras de una vida de piedad especial. Asistía con frecuencia a Misa, comulgaba, y confesaba regularmente. Era muy caritativo con los ancianos y necesitados. Mantuvo estrechos contactos con la Orden Carmelitana, así como colaboraba en todo lo que podía con las Parroquias de San Bartolomé y de Ntra. Sra. del Carmen. Por su demostradas actitudes, y a pesar de su juventud, fue elegido en 1934 presidente de la Juventud Católica de Montoro, recién fundada.

El 19 de Julio de 1936 la Guardia Civil de Montoro, con algunos soldados y falangistas de Córdoba, se alzaron en armas y tomaron el control de Montoro. Pero ese mismo día, hacia las doce de la noche, un grupo de milicianos de Linares entraron el pueblo haciéndose dueños de él. Desde ese instante comenzaron las detenciones, llevando a los presos a la cárcel del cuartel de la Guardia Civil desalojado.

El día 20, un grupo de frentepopulistas se presentaron en la casa de Francisco llevándose detenido a su padre, y una hora más tarde volvieron para detener a su tío. Fue entonces cuando vieron que de uno de los bolsillos del pantalón de Francisco sobresalía un escapulario de la Virgen del Carmen. Increpado por uno de los frentepopulistas que le exigía que tirara «aquello”, el chaval se negó rotundamente. Amenazado por varios de que, de no hacerlo, le detendrían, Francisco contestó resueltamente que no le importa ir a la cárcel, pero que él no tiraba el escapulario. Detenido, fue conducido a la cárcel hacinado junto a varias decenas de personas; entre ellos, además de su padre y tío, cuatro carmelitas y un sacerdote.

El 22 de Julio, las tropas nacionales iniciaron un decidido ataque para recuperar Montoro. Ante la evidencia de que iban a lograrlo, un numeroso grupo de frentepopulistas del propio Montoro y de Adamuz asaltó la cárcel armados de pistolas, escopetas, cartuchos de dinamita, hachas, navajas y hoces. La escena es inenarrable y hoy en día muy difícil incluso de imaginar. Cual lobos entre corderos, fueron asesinando a todos los allí detenidos, cerca del centenar de personas. El griterío de los asesinos se mezcló con el de los asesinados, al tiempo que con el ruido de los disparos y algún cartucho de dinamita que tiraron contra los que se arrejuntaban para protegerse. La carnicería fue brutal. Entre los muertos estuvo Francisco con tan sólo quince años y siete meses de edad. Todos los cadáveres, algunos descuartizados, fueron depositados en una fosa común.


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