Mártir Juan José Vivas–Pérez Bustos (100)

Juan José Vivas-Pérez

Juan José Vivas–Pérez Bustos (Almería, 1901 – 1936). Hijo del reconocido y afamado farmacéutico Juan José Vivas Pérez (1852 – 1924), miembro de la Real Academia de Farmacia, quien fuera fundador en Almería de una Escuela Reformatorio, dos escuelas del Ave María, así como el comedor de la Tienda Asilo y el diario católico La Independencia. De él recibió Juan José Vivas–Pérez una profunda formación católica que él a su vez cultivó intensamente.

Juan José Vivas–Pérez estudió con los jesuitas, cursando después la carrera de Farmacia en la Universidad de Granada. Su solidad piedad se acrecentaba con la comunión diaria, ya que disfrutaba en su hogar de un oratorio donde se celebraba la Santa Misa. Además de continuar las fundaciones de su padre, que sufragaba gracias a su negocio farmacéutico, abrió una nueva escuela en el Barrio Alto de Almería. Continuó siendo el dueño y director de La Independencia, diario que se destacaba por la defensa de la Fe.

Juan José Vivas–Pérez contrajo matrimonio con Rafaela Torres Benítez, unión de la que nacieron tres hijos, el último sólo tres meses antes del comienzo de la guerra.

Juan José Vivas Pérez

Nada más producirse el Alzamiento, el Frente Popular, que le odiaba especialmente por liderar el periodismo católico de su propiedad, le incautó la farmacia y hasta su propia casa, además de detenerlo y encerrarlo en el convento de las Adoratrices convertido en prisión. Cuando le detuvieron le quitaron el rosario que llevaba siempre, por lo que haciendo nudos en una pequeña cuerda se hizo otro en la prisión. Su preocupación por los demás llegó al punto de tramitar, desde la cárcel, el finiquito de sus empleados.

A principios de Agosto lo llevaron al barco Capitán Segarra, anclado en el puerto de Almería, donde además de obligarle a limpiar toda clase de inmundicias, recibió numerosas y crueles palizas. En la víspera de la Asunción fue llevado a la playa de la Garrofa, donde tras golpearle casi hasta la muerte, finalmente le descerrajaron varios tiros a quemarropa. En sus últimos momentos, y en medio de sus sufrimientos, aún tuvo ánimo para decir a sus asesinos: «He vivido como cristiano y por cristiano me matáis. Para Dios nací y para Dios muero. ¡Viva Cristo Rey!». Tenía 35 años.


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