Mártir Juan Moya Collado (95)

Juan Moya Collado

Juan Moya Collado (Almería 1918 – Turón 1938). Criado en una muy fervorosa familia, sus padres lo ingresaron desde pequeño en la Hermandad de la Soledad de la Parroquia de Santiago y en la Hermandad del Carmen de la Parroquia de San Sebastián ambas de Almería. Apasionado por servir de monaguillo tanto en Misa como en toda clase de procesiones. Persona muy dinámica y extrovertida, miembro entusiasta del movimiento escultista debido a su gran afición por el deporte y la naturaleza. Terciario franciscano y congregante de los Luises, dedicó cuanto tiempo libre tuvo al cuidado de enfermos, pasando multitud de sus ratos libres en el hospital acompañando y asistiendo a los más desfavorecidos, para lo cual, y a fin de ayudar más, aprendió a poner inyecciones y a practicar algunas curas.

Iniciada la contienda, y pues era muy conocido por todo lo dicho, los frentepopulistas intentaron detenerlo en una primera ocasión asaltando el domicilio familiar el 11 de Octubre de 1937. Al no encontrarlo en casa, detuvieron a su padre y a uno de sus hermanos. Conocido lo ocurrido por Juan Moya, acudió al Comité Popular logrando canjearse por ambos. Fue encarcelado primero en el Palacio Episcopal, luego en el edificio conocido como Ingenio y, por último, en Turón. Su calvario en prisión duro seis meses durante los cuales fue pieza fundamental de ánimo y ejemplo de caridad para con los otros presos, lo que le granjeó aún más odio de parte de sus carceleros.

El 22 de Mayo de 1938 le ordenaron ir a llenar un cántaro de agua. Cuando regresó, y siendo consciente de que iban a matarlo, preguntó a sus verdugos la razón de su muerte, recibiendo por única respuesta un cúmulo de blasfemias, insultos y golpes. A continuación, le ordenaron que entregara el cántaro y le pusieron delante de una tapia, tiempo que aprovechó Juan Moya para levantar los brazos y mirar al cielo gritando: “Perdónalos, Señor, que no saben lo que hacen”. Dichas palabras y su actitud serena e incluso alegre enfurecieron de tal forma a sus asesinos que les impulsó a ensañarse con él, disparándole en zonas del cuerpo no vitales dejándole destrozado pero aún vivo. Al comprobar que en su dolor y agonía se aferraba desesperadamente a una medalla de la Virgen que guardaba a escondidas, terminaron con él descerrajándole varios tiros en la cabeza. Como castigo y humillación postrera, sus verdugos decidieron no enterrar su cuerpo, sino que lo dejaron abandonado en el campo hasta ser devorado por los animales. Tenía 19 años.

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NOTA.- Esta serie está dedicada a los mártires de la persecución anticatólica entre 1936 y 1939 del Frente Popular, coalición marxista-leninista revolucionaria formada por el PSOE, PCE, CNT, PNV y ERC.


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