Mártir María Guadalupe Ricart Olmos

María Guadalupe el día de su profesión

María Guadalupe Ricart Olmos, nació en Albal (Valencia) en 1881, segunda de los cuatro hijos de dos modestos labradores de acendrada fe y piedad. Huérfana de padre a los cuatro años, hizo la Primera Comunión con diez e ingresó con 15 en el antiguo monasterio de Ntra. Sra. al Pie de la Cruz en Valencia de la segunda orden de los siervos de María, llevando a cabo su profesión solemne en 1897. Fue siempre de carácter firme, pero adornado con una dulzura que a todos admiraba. Monja muy piadosa, tenía especial devoción por la Pasión den Ntro. Señor y los Dolores de María.

El 20 de Julio de 1936, tras el Alzamiento, las monjas tuvieron que desalojar el monasterio, vistiéndose de seglares, refugiándose todas en la casa de un antiguo portero del mismo, Ricardo Brull, que las acogió y cuidó como un padre, hasta que las continuas y graves amenazas de los milicianos frentepopulistas del Valencia le obligaron pedirles que abandonaran la casa. María Guadalupe optó por marchar a su pueblo natal, Albal, donde se refugió en casa de su hermana Filomena, quien la trasladó a casa de una amiga, María Muñoz, al considerarla más discreta y poder pasar en ella desapercibida; bien que a los pocos días decidieron que regresara a casa de Filomena, donde María Guadalupe llevó una vida de recogimiento no saliendo a la calle, bien que la familia la visitaban, por lo que su estancia en la casa era conocida.

María Guadalupe de seglar cuando estaba refugiada en casa de su hermana, pocos días antes de su detención y martirio

El 2 de Octubre de 1936 , sobre las cuatro de la madrugada, se presentaron en la casa un nutrido grupo de milicianos frentepopulistas que, a pesar de que tanto Filomena como su marido intentaron impedirlo, se llevaron a María Guadalupe. El diálogo entre los asaltantes y la monja fue estremecedor.

-¿Quién es usted?

-La hermana y cuñada de los dueños.

-¿Está casada?

-Sí, con Dios.

-¿Es usted monja?

-Lo soy, y si mil veces naciera, mil veces volvería a serlo.

-Bien, entonces a usted buscamos solamente. ¡Véngase con nosotros!

Y María Guadalupe, volviéndose a su hermana y cuñado les dijo: «No lloréis por mí, pues me llevan a matarme y a dar la vida por Aquél que primero la dio por mí». Y mirando a los milicianos dijo: «¿Me queréis sacrificar porque soy monja? Pues sabed que me haréis un gran favor, vosotros ignoráis el bien que me hacéis, en un instante me abrís la puerta del Cielo. Siempre os lo agradeceré rezando por vosotros».

Conducida en una furgoneta al edificio donde funcionada el Comité Local frentepopulista, se encontró allí con otras tres monjas, Francisca Peneli y las hermanas Asencio Vila. Sometidas todas a una parodia de juicio por los miembros del Comité, fueron condenadas a muerte.

Trasladadas a un paraje apartado entre los términos de Silla y Picassent. Fueron las cuatro asesinadas.

Cadáver de María Guadalupe

Del asesinato de María Guadalupe permanece el testimonio de dos de sus principales asesinos, un matrimonio de milicianos frentepopulistas detenidos al finalizar la guerra.

María Guadalupe conservó en todo momento una entereza extraordinaria, dirigiendo la palabra con suma dulzura a sus asesinos, hasta el punto de que, al dudar los hombres en consumar su crimen, fue la miliciana la que tomó el protagonismo manifestando: «¡Cobardes! Yo misma la mataré».

María Guadalupe fue sometida por la miliciana a todo  tipo de vejaciones, desgarrándole las ropas de cintura para abajo. Le abrió la vagina con un cuchillo, introduciéndole su crucifijo por ella; le asestó otras puñaladas y varios tiros en partes del cuerpo no letales, hasta que por fin le dio el tiro de gracia en la sien. Todo ello se sabe fehacientemente por el testimonio de la propia miliciana, así como por el del sobrino de María Guadalupe, que fue quien al día siguiente, 3 de Octubre, tras conseguir un salvoconducto y saber dónde estaba el cuerpo fue al lugar, vio lo que hemos descrito y quedó horrorizado. Además, todo fue confirmado por el forense que examinó el cadáver y que previo al levantamiento del mismo tomó las fotografías que acompañan este artículo, bien que después de cubrir en lo posible la desnudez de cintura para abajo de él.


2 respuestas a «Mártir María Guadalupe Ricart Olmos»

  1. A esta monja mártir, -y como a ella a todos los demás que murieron por dar testimonio de Cristo-, no sólo la mataron ese día, sino que el artículo publicado en esta página el pasado 17 de abril 2021 titulado «La Traición de la Iglesia a Franco y el Mazazo Carrero» nos recuerda cómo en septiembre de 1971 se celebró, en el seno de la Iglesia Española, una Asamblea conjunta de Obispos y de sacerdotes, que puso de manifiesto hasta qué punto la Iglesia estaba ya, a esas alturas, infiltrada por el humo de Satanás (yo diría por mucho más que el «humo», por la metástasis de la satanización y la degradación) y que:
    «Punto determinante de la Asamblea fue la aceptación de votar una propuesta que rezaba así: «Reconocemos humildemente y pedimos perdón porque no siempre supimos ser ministros de reconciliación en el pueblo dividido por una guerra entre hermano», en clara aunque sibilina referencia a la contienda 1936-39″, la propuesta obtuvo 123 votos frente a los 113 que se opusieron. Esa mayoría de 123 votos que por ignorancia o por mala fe mancillaba la memoria de los mártires al ocultar y manchar esta memoria con la petición de perdón hipócrita, como si las víctimas tuvieran que pedir perdón encima a sus verdugos, tiene muchas lecturas, una de ellas es que a esta monja (y como a ella, al resto de víctimas de la persecución religiosa en España) volvió a ser asesinada en esa votación, pero esta vez no por los milicianos de taberna ignorantes, embrutecidos e intoxicados por las mentiras del discurso stalinista, sino por los propios curas que bien por estupidez (si obraron por desconocimiento, recordemos que las puertas del Infierno están empedradas de buenas intenciones) o bien por maldad (si lo hicieron con toda la mala intención) con esa votación revalidaron y actualizaron los crímenes, y todavía les pareció poco el martirologio y la crueldad como para exigir encima que las v´ctimas debían pedir perdón a los asesinos. A este nivel de locura colectiva se llegó en el seno de la Iglesia como preludio de su apostasía actual. Cada vez que la izquierda en su maldad y en su perversión, acusa de crímenes a los demás, cada vez que en Senado se conmemoran unas fechas no por ellas mismas sino como acto de propaganda para asegurar el tremendo genocidio cometido sobre la Religión y sobre la Patria por los que en el Senado están y representan, se revalida el tremendo holocausto de la persecución religiosa y su satanismo. Cada vez que los medios de comunicación blanquean a la izquierda ocurre EXACTAMENTE lo mismo, cada vez que la Conferencia Episcopal guarda silencio cobarde, traidor o cómplice según sea el caso , sobre los grandes males de la sociedad degenerada del Estado Degenerado actual, que pretenden revestir, como un disfraz, de democracia, (cuando la verdadera democracia nada tiene que ver con el Estado Degenerado, que no está al servicio del Pueblo sino al servicio de los imperantes y su séquito ), y de falsa libertad lo que no es más que depravación, degeneración y escarnio de los valores cristianos y del Derecho Natural, esos mismos obispos revalidan los crímenes como el de esta pobre monja, que ya no es por el dolor y el horror físico de agredirla sexualmente y destriparle la vagina, es por el dolor y el horror moral que para estas personas, con sus almas blanquísimas, estos actos de crueldad, degradación humana y depravación que no cabían en sus mentes, pudieran significar y provocar tal dolor de corazón.

    No fue el caso de esta monja, pero me lo ha recordado la foto-retrato que se reproduce en este artículo, vestida de seglar, con el pelo corto. Con mucha frecuencia las monjas vestidas de paisano cuando viajaban hasta sus ciudades de procedencia a buscar refugio en casa de sus padres o hermanos, o cuando salían a la calle en las ciudades, eran detectadas y detenidas porque su modestia las delataba aunque no llevaran el hábito. La manera dulce y humilde de andar, de mirar, su recato en el vestir, su urbanidad, y su pelo corto, las delataba.
    Cuántas monjas, huyendo de sus conventos cuando las superioras ordenaron que se dispersaran a sus lugares de procedencia para evitar el ser asesinadas a mansalva en el propio convento (como también fue el destino de no pocas), al llegar a la Estación de Atocha de Madrid, tomada por los milicianos/milicianas (que en crueldad eran peores que los masculinos) y por los confidentes, eran detenidas nada más bajar del tren, porque aunque no llevaran el hábito, llevaban «puesto» todo lo demás, y ese «todo lo demás» contrastaba tanto ante tanta degradación y miseria moral, que llamaba la atención enormemente. Este fue el destino de muchas.
    Otras lograron llegar a la casa que los acogía, pero si era en los pueblos, en los pueblos no hay secretos, el Comité Local rojo, integrado sin excepción por lo peor de cada localidad (con frecuencia catequistas que desde antes de la guerra venían ayudaban económicamente y con alimentos a mujeres que su marido o no trabajaba porque eran alérgicos el esfuerzo o se gastaba el jornal jugando a las cartas en la taberna de la CNT o de la Casa del Pueblo, y cuando llegaban a su casa les daban a sus mujeres unas palizas tremendas para desahogar en ellas la frustración de haber perdido el dinero al juego, estas catequistas que tanto habían hecho por estas familias , precisamente eran asesinadas a manos de estos hombres que les debían el que su mujer y sus hijos, -y ellos mismos-, hubieran tenido para comer mientras él, por su mala cabeza, derrochaba el dinero jugándoselo a las cartas en la taberna). Esto en los pueblo, porque en las ciudades todavía quedaba un filtro más, que era el de las porteras, la mayoría comunistas, que actuaban como confidentes de las chekas y avisaban si en algún piso llegaba alguien nuevo. Cuántas y cuántas no fueron asesinadas de esta forma, cuando ya se creían a salvo. Y luego estaban las que por necesidad o por alguna imprudencia salían a la calle a alguna gestión, como es el caso de las tres mártires carmelitas de Guadalajara (en esta página el artículo de Toribio publicado el 20 de agosto 2020), que las reconocieron por su aspecto unas milicianas y las asesinaron en plena calle.

    En esta zona de Picasent (Valencia) se cometieron una cantidad espeluznante de crímenes, tantos fueron los crímenes y de tanta crueldad, especialmente con las mujeres con las que se enseñaron a unos niveles que resulta incomprensible tanta maldad, que llama la atención la caridad y la templanza luego cuando estas localidades fueron liberadas por el Ejército Nacional, porque no habiendo en ellas más que canallas, por haber sido exterminadas todas las personas de bien en estos pueblos, lo que quedaba o eran rojos o eran gente miserable que no había movido un dedo por evitar estos crímenes. Un ejército liberador menos magnánimo que el Ejército Nacional, muy posiblemente habría pasado a cuchillo casa por casa y sin excepciones, a alguna de estas localidades que habían hecho gala durante la guerra de tales niveles de barbarie, crueldad y ensañamientos con sus víctimas. De poco le ha servido a ese Ejército liberador la caridad cristiana mal entendida, porque al final los tachan de asesinos igualmente por la propaganda roja que hace de la mentira y de la manipulación su seña de identidad.

  2. La persecución y el martirio , es lo natural, ver los profetas , nuestro Señor Jesucristo, los apóstoles , etc etc etc
    Pero realmente, se ha ocultado , , sino , nunca se hubiera admitido, el engaño del estado de partidos, actual, Un abrazo.

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