Mártir Rafael Alonso Gutiérrez

Rafael Alonso Gutiérrez

Rafael Alonso Gutiérrez (1890 – 1936) nació en Onteniente (Valencia). Administrador de Correos de Albaida y posteriormente de Onteniente. Con veinticuatro años contrajo matrimonio con Adelaida Ruiz Cañada, teniendo seis hijos de los cuales dos murieron pequeños, quedando cuatro hijas de nombres Isabel, Adelaida, Dolores y Elena.

Persona profundamente católica dedicó su vida a una intensísima labor de apostolado como miembro de varias asociaciones católicas como la Adoración Nocturna, Asociación del Sagrado Corazón de Jesús, Terciario Franciscano, Escuela de Cristo y Asesor de los Jóvenes de Acción Católica, secretario de la Legión Católica y presidente de los Hombres de Acción Católica y de la Junta parroquial de Onteniente, por todo lo cual era muy conocido en el pueblo. colaborador asiduo en una revista llamada Paz Cristiana. Era de temperamento serio, fuerte, vivo, de carácter bondadoso mostraba siempre una gran alegría y entereza. «Su estado de ánimo en los días previos a la Revolución fue de un luchador entusiasta en disposición para afrontar el martirio, lo que presentía desde el primer momento, como repetidamente se lo oí de sus propios labios» (Su esposa). «Mi marido junto con Carlos Díaz y alguno más, ofrecieron en la Vigilia de la Adoración Nocturna del 24 de Julio, su vida por la salvación de España» (Su esposa). «Nunca asintió a nuestras insistencias a que se ocultara, diciendo que sucedería lo que Dios quisiera, continuando su vida normal hasta el último momento» (Su esposa).

El 4 de Agosto de 1936 «…hacia las 11 de la noche y estando oyendo por la radio cómo comentaban sarcásticamente el incendio y saqueo de la parroquia de los Santos Juanes de Valencia, llamaron a la puerta y mi marido dijo: «Ya vienen por mí». Salí a abrir la puerta y los milicianos dijeron que venían por el «beato» para que hiciera unas declaraciones, y él, sin ninguna protesta, marchóse, y yo desde el balcón le vi alejarse siendo conducido a la profanada iglesia de San Francisco» (Su esposa). «Se despidió de nosotros, diciendo a mi madre que probablemente él no volvería, que nos educara en el temor de Dios y el amor a la Patria y que no confiara en nadie más que en Dios y en sus fuerzas, que por mucho que le insistieran, que no nos llevara al Colegio de Huérfanas, porque estaba regido por masones» (Adelaida, una de sus hijas).

Convento franciscano de Onteniente convertido en cárcel por los frentepopulistas

La vida en prisión estuvo caracterizada por malos tratados y vejaciones morales:

«En la cárcel nos obligaban a la limpieza de las letrinas, suelos e incluso a subir a los hornacinas de los retablos vacíos para que hiciésemos de imágenes de santos y después al bajar o mientras estábamos en el altar en posturas incómodas non golpeaban con cables de acero (…) Sobre las 7 de la tarde del 6 de Agosto de 1936 el Comité de Salud Pública determinó, nos sacaron: al Beato, a Carlos Díaz y a mí y nos condujeron en un autobús de línea de la Concepción a Ayelo de Malferit, custodiados y vigilados por milicianos y nos bajaron a la puerta del palacio de los Marqueses de Malferit donde estaba todo el pueblo congregado. El pueblo nos recibió en medio de escarnios e insultos. Después de un breve intercambio entre los milicianos nos condujeron a la prisión municipal (…) sacaron en aquel momento al Beato Rafael Alonso que abatido, brazos en alto, fue conducido del mismo modo que los anteriores y que regresó al cabo de mucho tiempo, totalmente abatido, gimiendo de dolor por las heridas recibidas, dejándole encerrado en la casa de un cura ocupada por los rojos (…) le quitaron la chaqueta, se puso las manos en la cabeza y allí perdió el sentido a fuerza de golpes y efectivamente durante el regreso no se pudo poner la chaqueta. (…) El Beato [Rafael Alonso] no pudo cargar con su equipaje que tenía, debido al estado lastimoso en que se encontraba. El Beato, tendido de bruces sobre una colchoneta no quiso que nadie le viese la espalda hasta que llegó el médico D. Rafael Rovira, ya fallecido, quien le descubrió las espaldas y pude ver que estaba desollado desde los hombros hasta las nalgas, con heridas de puntapiés en las piernas. El médico le curó las heridas. Hasta que le sacaron para matarle no pudo dormir, rezando continuamente, comía muy poco lo que le llevaba su familia (…) El mismo nos contó que le hicieron simulacros de asesinato enterrándole vivo dejándole solo la cabeza fuera e intimándole a que renegara de su fe» (Un compañero de prisión).

Paraje de Ayelo de Malferit  donde fue torturado Rafael Alonso Gutiérrez

«Fue llevado por la carretera Albaida hasta el término de Agullent juntamente con Carlos Díaz y José García Marcos. Los tres murieron perdonando a los enemigos y dando vivas a Cristo Rey. Los compañeros murieron en el acto y mi padre quedó agonizante» (Adelaida, una de sus hijas). «El comentario de los rojos fue que el Beato había muerto diciendo: ¡Viva Cristo Rey!» (Un compañero de prisión).

Pero en realidad Rafael Alonso no murió en el acto, sino que quedó malherido en el vientre. A las pocas horas recobró el conocimiento y pidió socorro por señas a alguien que pasó por allí. La persona que vio las señas del herido acudió presurosa a dar cuenta de ello al Comité frentepopulista de Onteniente, y de allí salió una comisión con intención de acabar con él. Pero entretanto llegaron gentes de Agullent, que recogieron al herido y lo trasladaron al convento de las Religiosas Capuchinas, donde le prodigaron algunos auxilios. Poco pudo hablar por el estado tan grave en que se encontraba, muriendo alrededor de las tres de la tarde, perdonando a los que le habían herido y negándose a delatar quiénes habían sido. Tenía 46 años.


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