Mártir Tomás Capdevila Miquel

Tomás Capdevila

Tomás Capdevila Miquel nació el 22 de Enero de 1903 en Forés (Tarragona); bautizado el 25 del mismo mes. Alos siete años ya dirigía el rezo del Santo Rosario en la iglesia parroquial. Fue ordenado sacerdote el 22 de Septiembre de 1928. Ejerció su ministerio sacerdotal en varias parroquias de la provincia., siempre con gran seriedad y dedicación. En la de Sarral no permitió que tocaran las campanas el Viernes Santo de 1934. En Conesa manifestó un gran celo en la enseñanza del catecismo a los niños; introdujo la comunión semanal y restauró las estatuas de la fachada de la iglesia, pues era gran aficionado a la arqueología.

Celebró la última misa el 21 de Julio de 1936. Alrededor de las 22:00 horas de tal día abandonó la parroquia que regentaba para ponerse a salvo. Se trasladó a pie a su pueblo natal, Forés, acompañado de sus padres. Permaneció pocos días en la casa, refugiándose junto a su padre en un bosque situado al norte del pueblo, permaneciendo allí hasta el 5 de Septiembre, día en que regresó a la casa paterna, forzado por estar enfermo con fiebre muy alta.

A las cinco de la tarde del día siguiente, 6 de Septiembre de 1936, un grupo armado del comité revolucionario frentepopulista local se presentó en la casa. El sacerdote huyó por una puerta trasera y se internó entre los matorrales de un bosque contiguo. Un grupo de milicianos que vigilaba los alrededores, compuesto por más de treinta hombres, todos hijos del pueblo, se lanzaron a su caza y captura. Tomás Capdevila, viéndose preso, se sentó encima de una piedra esperando a sus verdugos que lo detuvieron.

Sarral

Obligado a caminar con las manos levantadas, pidió en un momento poder descansar; se lo permitieron, pero con las manos en alto. Y les dijo: “Levantádmelas, que no puedo”. Entonces le obligaron a proseguir y empezaron a pegarle, a escupirle y a mofarse de él. Llegados al centro del pueblo, se congregó allí la mayoría de sus habitantes, que no movieron un dedo por defenderlo a pesar de conocerle desde niño.

Lo condujeron al Ayuntamiento, a cuya entrada le esperaba su madre protagonizando ambos una escena inenarrable rodeados por la multitud vociferante. Se abrazaron. Tomás le dijo: “No llore mi muerte; no se vengue ni haga atentado alguno”. Luego, abrazando a su sobrino, le dijo: “Adiós; sé muy bueno”. La escena arrancó lágrimas en muchos de los presentes. Bruscamente, y con palabras soeces, fue arrancado de los brazos de su madre. A empujones fue conducido a presencia del Comité frentepopulista. Le preguntaron si quería beber vino; contestó que no, y le replicaron “¡Bien lo bebías en Misa!”, y le tiraron el vino a la cara.

El Comité de Forés llamó a los de Conesa y Sarral, ambos cercanos. Entre todos ellos constituyeron un «tribunal» que acusó a Tomás, entre otras cosas, de no dejar tocar las campanas de la iglesia parroquial de Sarral el Viernes Santo de 1934, y de escribir en diarios católicos. El sacerdote, contestó: “Primero hemos de obedecer las leyes de la Iglesia”. A continuación le abofetearon y le escupieron. El Comité de Forés, definitivamente, lo entregó a los de Sarral y Conesa, diciendo: “Haced de él lo que queráis”. Entonces lo introdujeron en un coche y se dirigieron hacia Solivella.

Durante el trayecto, por espacio de hora y media, empezó el cruento martirio del sacerdote. Le amputaron la lengua y los genitales, le sacaron los ojos y le fracturaron la clavícula izquierda. La víctima iba desangrándose poco a poco.

Plaza del Ayuntamient de Solivella

Llegó a Solivella tan exhausto que permaneció desmayado y sin conocimiento en la plaza mayor, durante media hora. La macabra comitiva se puso de nuevo en marcha y se dirigió al cementerio de la localidad. Como el camino era de herradura, lo bajaron del coche y lo arrastraron hasta el cementerio precipitándole por un terraplén. Eran las once de la noche del día 6 de Septiembre de 1936Los milicianos frentepopulistas, siguiendo el pausado compás de las campanas de la iglesia, que señalaban la hora, le descerrajaron once tiros a boca de jarro al compás de las campanadasAllí permaneció el cadáver hasta el día siguiente en que se le dio sepultura.

El dueño del coche, requisado por los milicianos para trasladar a la víctima de Forés a Solivella, declaró que antes de ser puesto nuevamente en circulación, hubo necesidad de lavarlo intensamente y cambiar algunos forros de la parte trasera, puesto que las intensas manchas de sangre habían empapado la lona y eran difíciles de borrar.

Sus restos, exhumados del cementerio de Solivella el día 2 de Septiembre de 1939, fueron trasladados a Conesa, recibiendo cristiana sepultura al día siguiente.


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