Mártir Vicente Vilar David

Nacido en Junio de 1889 en Manises (Valencia), Vicente Vilar David era el último de ocho hermanos. Estudió ingeniería industrial en Barcelona. Profundamente católico y practicante, era asiduo a la Adoración  Nocturna, así como a la colaboración con otras organizaciones sociales y caritativas de la Iglesia. A la muerte de su padre se hizo cargo de la dirección de la empresa familiar «Hijos de Justo Vilar» de fabricación de cerámica.

Se casó en 1922 con Isabel Rodes Reig, y al año siguiente, coincidiendo con el golpe de Estado del Gral. Primo de Rivera, y al abolirse los partidos políticos, se hizo cargo de la vicepresidencia de la Corporación Municipal de Manises, o sea, del Ayuntamiento, por petición expresa de las nuevas autoridades –algo que ocurrió en toda España, eligiéndose normalmente para ello a personas consideradas de orden, con formación y de demostrada seriedad y eficacia en el ejercicio de sus profesiones–, ocupando dicho cargo hasta la caída de aquél en 1930; entre otras actividades dio extraordinario impulsó a la Escuela Práctica de Cerámica fundada en 1917, fecha en la que se inició la construcción de su sede, pero que en 1922 languidecía penosamente.

Siempre destacó en toda sus actividades por su especial profesionalidad y deseo por satisfacer en lo posible las necesidades materiales y espirituales de sus obreros y demás subordinados, a los cuales incluso visitaba cuando estaban enfermos, ayudaba económicamente y procuraba, siempre que veía ocasión, de instruirles para que llevaran una vida espiritual digna. Dedicó también muchas horas de trabajo a colaborar con su parroquia y al Patronato de Acción Social de Manises, a cuya fundación contribuyó económicamente también, cuyo objetivo era velar por ofrecer a los jóvenes una buena educación religiosa que contrarrestara en lo posible la marea anticatólica instaurada con la llegada en 1931 de la II República.

Durante la vigencia de dicho régimen, y debido a las actividades que hemos citado, tuvo que enfrentarse a numerosos problemas propiciados tanto por las autoridades como por los dirigentes y militantes de los partidos políticos revolucionarios, principalmente el PSOE, y su sindicato la UGT, y el PCE.

Producido el Alzamiento en Julio de 1936, no dudó en salvar a los sacerdotes del pueblo, acogiéndolos en su casa, así como en procurar poner a buen recaudo los objetos de culto para evitar que fueran profanados y destruidos; de no haberlo hecho así todos ellos hubieran sucumbido cuando el 28 de Julio de 1937 la única iglesia que existía en el pueblo, dedicada a San Juan Bautista, fue asaltada e incendiada por las turbas. En Agosto fue destituido de sus  cargos de secretario y profesor de la escuela de cerámica a la que tanto había contribuido sólo por su condición de católico practicante, sobrevidiendo los meses siguientes soportando un clima realmente asfixiante, a pesar de lo cual mantuvo siempre sus actividades, sin esconderse ni ocultar sus convicciones.

Detenido el 14 de Febrero de 1937, por la noche de ese mismo día Vicente Vilar fue sometido a una vergonzosa parodia de «juicio» por parte de los miembros del Comité Revolucionario del pueblo. Algunos obreros presentes intentaron interceder por él poniendo de relieve su apoliticismo, su bondad y su dedicación hacia los más desvalidos. A ellos, Vicente Vilar les decía «Agradezco lo que estáis haciendo. Pero si Dios quiere que sea mi último momento, yo lo acepto». A  su esposa, que estaba presente, le decía «Ten ánimo. Piensa en lo que hicieron con Nuestro Señor».

Medalla conmemorativa de la declaración de Vicente Vilar como beato en 1995

Rápidamente se vio claro que lo que pretendía el Comité era que renegara de su fe, pues por otro lado nada podían recriminarle; no en balde había pasado ya un año desde que estallara el Alzamiento, por lo que si hubieran tenido alguna agarradera de índole político sin duda que hubieran acabado con él mucho antes.

Pero no lo consiguieron, porque Vicente Vilar se mantuvo en todo instante firme en sus convicciones llegando a declarar «Mi mayor timbre de gloria es ser lo que soy, y haber procedido como lo he hecho. Yo no reniego de la Verdad».

Tras estas palabras, fue sacado de la sala por tres milicianos y conducido hacia su casa, cercana a la cual se despidió de su esposa, a la que los milicianos aconsejaron no seguirles. En tal momento, cuando ella le dijo «Hasta mañana», él le contestó «Hasta mañana o hasta el cielo». Tan sólo unos breves momentos después, en la quietud de la noche, se oían varios disparos y Vicente Vilar caía mal herido en plena calle. Algunas personas se asomaron a las ventanas y pudieron oír «¡A la cabeza! ¡A la cabeza!». Los nuevos disparos fueron para rematarle. Tenía 47 años.

Terminada la contienda los tres asesinos, todos ellos militantes del PCE, fueron detenidos, dando fe de todos los detalles aquí relatados. Tras ser juzgados fueron sentenciados a muerte y ejecutados, dándose la paradoja de que antes de morir todos confesaron y comulgaron. Alguno de ellos llegó a manifestar su convencimiento de que habían matado a un «buen hombre».

Su esposa murió en 1993.


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