Mártires Dolores Úrsula Caro Martín, Concepción Pérez Giral y Andrea Calle González

Monjas de la Congregación de las Hijas de la Caridad, Sor Dolores Úrsula Caro Martín (1893 – 1936), Sor Concepción Pérez Giral (1887 – 1936) y Sor Andrea Calle González (1904 – 1936), el fracaso del Alzamiento Nacional en Albacete las obligó a abandonar la Casa de la Misericordia donde cuidaban de los enfermos, debiendo vestirse de seglares y partir hacia Madrid. Bien que, aunque su nuevo aspecto las delataba no por ello se deshicieron de sus respectivos Rosarios.

Sor Dolores y Sor Concepción lo llevaban en la cintura, debajo del vestido de seglar y Sor Andrea, la más joven, puesto como collar. Por este detalle fueron reconocidas como “monjas” al bajarse del tranvía cuando llegaron al Vallecas con la intención de dejar a Sor Concepción en casa de un tío suyo que se negó a acogerlas por el peligro que suponía.

Detenidas por un grupo de frentepopulistas, sufrieron un apedreamiento en la propia calle en el momento de la detención. Conducidas a la checa instalada en el Ateneo Libertario del pueblo, fueron acosadas, insultadas y agredidas. Durante varias horas sufrieron provocaciones inmorales por parte de los miembros del «tribunal popular» integrado por cinco milicianos frentepopulistas. Separaron a las dos más jóvenes, Sor Dolores y Sor Andrea, de la mayor, Sor Mª Concepción, llevándolas a una celda de la checa ubicada en el Colegio de las Religiosas Terciarias de la Divina Pastora de Vallecas, donde fueron ambas reiteradamente violadas.

No contentos aún con lo hecho, ambas fueron trasladadas a Los Toriles, donde fueron sometidas a todo tipo de escarnios y vejaciones, incluso toreándolas, por un nutrido grupo de un grupo niños, jóvenes y milicianos frentepopulistas adultos.

Por último acabaron con sus vidas con un tiro que en la cabeza. A Sor Dolores en el parietal izquierdo y a Sor Andrea en el derecho. A Sor Mª Concepción sufrió, mientras tanto, todo tipo de provocaciones obscenas, siendo asesinad finalmente con un trio en la cabeza junto a la vía del tren en el cercano Pozo del Tío Raimundo, gritando in extremis: “Viva Cristo Rey”. Era el 3 de Septiembre de 1936. Sus cuerpos fueron enterrados en el cementerio de Vallecas, pudieron ser reconocidos y rescatados en 1941.


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