Mártires Dolores y Consuelo Aguiar-Mella Díaz

Dolores
Consuelo

Dolores (1896-1936) y Consuelo (1897-1936) Aguiar-Mella Díaz eran hijas de Santiago Aguiar-Mella, español, y Consolación Díaz, uruguaya, los cuales contrajeron matrimonio en Montevideo en 1892. Las familias de ambos eran muy católicas y pertenecientes a la alta sociedad española y uruguaya respectivamente.

Siendo las dos hermanas muy pequeñas la familia, compuesta por entonces de los padres y siete hijos, se trasladó a España. La madre murió de tuberculosis en 1907; para evitar el contagio, las dos hermanas fueron internadas en el colegio de las madres escolapias de Carabanchel. Consuelo destacó siempre por su gran sentido del deber y de la responsabilidad. Muy inteligente y aplicada. Estudió con resultados excelentes Magisterio Superior. A diferencia de su hermana Dolores, nunca pensó en la vida religiosa.

A los dieciocho años Consuelo salió del colegio y llevó una vida cristiana ordinaria, pero observando siempre muy puntualmente todos los preceptos cristianos. Poco antes de morir su padre, en 1929, se colocó en las oficinas del Catastro de Toledo trasladando su residencia a esa ciudad, aunque iba con mucha frecuencia a Madrid para visitar a sus hermanos: Teófilo, Trinidad y Dolores, los dos primeros casados.

Cuando comenzó la guerra, Consuelo se trasladó a vivir a Madrid, junto a sus hermanos. Salía muy poco de casa. Iba siempre con el brazalete de uruguaya y su documentación diplomática en regla pues uno de sus hermanos ejercía de vicecónsul de dicho país en España. Siempre se mostró valiente y decidida ante el peligro que acechaba aquellos días en cada esquina.

Dolores (izqu.) y Consuelo (dch.)

El 29 de Julio fue asaltado el colegio escolapio de Carabanchel, siendo detenidas las mojas, quedando las novicias libres pero en situación muy precaria, ante lo cual las dos hermanas procedieron, amparadas por su estatus diplomático, a colocarlas en casas de huéspedes de confianza. Al mismo tiempo, Dolores y Consuelo gestionaron cuanto pudieron por liberar a algunas de las escolapias consiguiéndolo con tres.

Dichas gestiones, que en muchos casos tuvieron que hacerlas en las checas y prisiones, alertaron a los milicianos frentepopulistas, al tiempo que incitaron su odio contra las dos hermanas tanto por su pública piedad religiosa que nunca escondían, como por el hecho de que al amparo de su estatus y contactos lograran que se les escaparan de las manos algunas de las detenidas, lo que llevó a un grupo de frentepopulistas a idear un plan contra ellas.

Dolores residía en un piso de la calle Evaristo San Miguel de la capital, vivienda que fue asaltada a las ocho de la mañana el 19 de Septiembre por un numeroso grupo de frentepopulistas, llevándosela detenida junto con otras personas allí refugiadas. Enterada Consuelo del hecho, se presentó en el piso conociendo a su vez que los captores requerían su presencia y la de la madre escolapia María de la Yglesia, que se encontraba en otro piso, en la checa de San Miguel según dijeron para tratar de la liberación de Dolores y las demás personas.

Dolores (izqu.) y Consuelo (dch.)

Presentadas enseguida Consuelo y la madre María en la checa, fueron de inmediato detenidas y, junto con Dolores y otras mujeres allí presas, violadas repetidas veces y golpeadas hasta la extenuación no consiguiendo sus carceleros que renegaran de la Fe y blasfemarán a pesar de sus terribles sufrimientos. Hacia el final del día las llevaron a la pradera de San Isidro en la que cerca del cementerio allí ubicado fueron acribilladas a tiros. Dolores tenía 40 años y Consuelo 39.

El hecho fue ampliamente recogido por la prensa, causando la inmediata ruptura de relaciones diplomáticas por parte de Uruguay, así como la permanente hostilidad contra el Frente Popular de otras naciones hispanoamericanas.


Una respuesta a «Mártires Dolores y Consuelo Aguiar-Mella Díaz»

  1. Con esto pasa como con todo prácticamente de lo que estamos viviendo ahora mismo los epañoles, que si permitimos se asesine otra vez en su recuerdo a estas pobres víctimas inocentes, violadas de nuevo y vejadas gratuitamente hasta morir como lo fueron entonces, a manos de ese montón de mierda que se ha encaramado al poder en España, -que tienen a gala para más inri ser los sucesores de aquellos asesinos, a los que encima glorifican sin que nadie se lo reproche-, presididos por ese sanchez-sarnoso perro psicópata estafador y su consejero aúlico ese miserable alfeñique bolaños-buñuelo de pus leguleyo cabrón hijo de la puta viuda, que urdió y presidió el ritual satánico que fue la profanación de la sepultura del Generalísimo; si eso ocurre, como está ocurriendo sin respuesta ninguna, lo único que estaremos demostrando es que los españoles, así en conjunto, no somos más que una piara de cerdos que no valen ni la panija que comen como tales y que nos merecemos todas y cada una de las burlas y carcajadas que, los mismos que no nos han tenido nunca más que envidia y temor, nos dedicarán, viéndonos sumidos en la discordia y la insignificancia y con una de las naciones más admirables del mundo rota y en el arroyo, a manos de los que tenían la obligación de engrandecerla como herencia de sus padres que era y sobre los que, al contrario, los mismos españoles escupen. Porque entonces, y bien cercana está la hora, a la vista de todo el mundo seremos lo que siempre han dicho que somos: el atajo de garrulos imbéciles que por si mismos se han convertido en estiércol que ni para abono vale.

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