Mártires Manuel Calleja Montero y José Calleja Teruel

P. Manuel Calleja Montero

Manuel Calleja Montero, seminarista del Seminario Menor y posteriormente del Mayor de Madrid. Ordenado sacerdote en 1935, celebró su primera Misa el 16 de Junio de dicho año en la iglesia de los Mercedarios, en Madrid capital; en ella predicó D. Hermógenes Vicente, párroco de Carabanchel Bajo que había sido su formador en el seminario y quien también sería mártir.

El primer y único destino del P. Manuel Calleja fue como Coadjutor de la parroquia de Santo Domingo de Silos, de la localidad madrileña de Pinto;  también fue designado capellán de las Ursulinas del colegio de San José del mismo pueblo.

José Calleja Teruel

El 27 de Julio de 1936, el P. Calleja Montero, con 24 años de edad, fue detenido a la salida del convento de las Ursulinas por un grupo de milicianos frentepopulistas; junto a él se llevaron a su padre José Calleja Teruel, de 54 años, que le acompañaba siempre a todas partes consciente del riesgo que corría su hijo. Ambos fueron conducidos hasta un teatro que se encontraba enfrente de la parroquia, donde permanecían encerradas otras 29 personas del pueblo por orden del alcalde socialista por ser católicos conocidos o de «derechas»; entre ellos un hermano del propio alcalde.

El alcalde, informado de que un nutrido grupo de milicianos frentepopulistas se congregaba con la intención de sacar a los presos para asesinarlos, y con el fin de salvar a su hermano, urdió la siguiente artimaña: dejó salir al P. Manuel Calleja y a su padre José,  indicándoles que para salvar la vida lo mejor era que huyeran del pueblo por el camino a Parla.

Al llegar los milicianos, el alcalde les informó de que “si queréis coger al sacerdote y a su padre, acaban de marchar camino de Parla”. Mientras los milicianos enfurecidos perseguían al sacerdote y a su padre, el alcalde liberó a las otras 29 personas encerradas; muchas de ellas serían más tarde asesinadas.

Como no podía ser de otra forma, el P. Manuel Calleja y su padre José fueron alcanzados por los milicianos, desnudados, vejados y maltratados brutalmente y vilmente asesinados. La crueldad de los frentepopulistas no tuvo límites. El padre del sacerdote, José Calleja Teruel D. José Calleja, llegó a implorar de rodillas a los asesinos morir antes que su hijo, lo que le negaron para su mayor escarnio y sufrimiento. Ambos fueron enterrados en el mismo lugar de su martirio en una zanja junto a la vía del tren.


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