Martirio del obispo de Teruel D. Anselmo Polanco Fontecha

Mons. Polanco
P. Ripoll

Se llamaba Mons. D. Anselmo Polanco Fontecha, era agustino y había nacido en un pueblecito de León en 1881; por lo que cuando fue asesinado, junto con su vicario Felipe Ripoll Morta, el 7 de Febrero de 1939 tenía 58 años de edad.

Había sido nombrado obispo de Teruel en Junio de 1935. Cuando fue a tomar posesión de su episcopado la Casa Provincial de Beneficencia, edificio donde tradicionalmente los obispos velaban antes de hacer su entrada oficial en la ciudad, le negó tal posibilidad; bien que su presidente sí asistió a dicha ceremonia aunque a título personal.

Como se sabe, al comenzar la contienda la ciudad de Teruel quedó asediada, unida con la zona nacional por un estrechísimo y más que inestable pasillo. Debido al peligro que siempre corrió de que fuera tomada por los rojos, fueron muchos los requerimientos que le llegaron al obispo, de parte de numerosas instituciones y autoridades tanto eclesiásticas como civiles, para que saliera de la ciudad; a todas ellas contestó siempre en sentido negativo.

Fue uno de los obispos que, en Abril de 1937, firmó la carta colectiva por la cual la Iglesia bendijo al bando nacional. Pocos meses después, el diario comunista de Barcelona L´Humanitat publicaba en Diciembre de 1937 el siguiente suelto: «Teruel, como saben nuestros lectores, goza de un obispado. Inmediatamente de saber el asedio de aquella capital, nos preguntamos: ¿Y su ilustrísima? ¿Se habrá escapado? Todos estos días hemos estado preocupados por aquella personalidad. Al fin, alguien nos ha dado noticias de ella. Su ilustrísima forma parte del conjunto de fuerzas vivas encerradas en el Gobierno Civil. Y todos los días también, en las resquebrajadas casas de Teruel, los dinamiteros, de caras feroces, nos decían: ¡Allá abajo está el obispo! ¡El obispo! ¡Sería una gran cosa pescarle! El obispo, encerrado en las entrañas del seminario, había llegado a ser para los sitiadores el símbolo de toda la resistencia de los nacionales de Teruel».

D. Anselmo recién consagrado obispo con su madre y dos familiares en 1935

Tomada la ciudad por los rojos el 7 de Enero de 1938, el obispo se refugió en el monasterio de Santa Clara, pero nada más saber que le buscaban se entregó. Así lo recogió el Daily Express: «…, el obispo de Teruel fue sacado de entre las ruinas con negra barba no rasurada desde varios días, las mejillas pálidas y enjutas,… Los feroces dinamiteros no mostraron alegría al verle pasar ni hicieron gesto alguno poco correcto. También ellos sintieron compasión viendo al obispo en aquella forma… Alguien le dio a su alrededor un vaso de agua. El obispo manifestó su gratitud con una sonrisa…».

Primero fue llevado al puesto de mando sito en casa Ros, donde se le dijo que el Gobierno había dado orden de evitar cualquier violencia contra él. Después fue llevado a Rubielos de Mora con otros prisioneros, para seguir viaje a San Miguel de los Reyes en cuyo penal ingresó.

El día 17 es trasladado, con otros prisioneros, a Barcelona en un autobús, quedando internado en el convento dominicano de Montesión, que era un cuartel. El día 23 se le traslada al denominado «Depósito para prisioneros y evadidos 19 de Julio», ubicado en el convento de las Siervas de María; en él permanecería durante trece meses, durante los cuales no faltaron en la prensa roja numerosos sueltos o artículos sobre él tachándole de «…un faccioso más culpable que todos los demás…» (Adelante, órgano del PSOE valenciano); «…tú, Polanco Fontecha, no tienes corazón… tienes unos instintos propios de los fascistas, de los verdugos, de los negreros… Tú eres un aborto fascista, elaborado en la desgracia, la deslealtad, la deshonra y la desdicha del pueblo trabajador…».

Teruel recién tomada por los rojos

De Enero a Mayo fue llevado a declarar en numerosas ocasiones, inquiriéndole siempre principalmente sobre su supuesto papel de cabecilla de la resistencia de Teruel; lo único verdadero en ello era, evidentemente, que su presencia y ejemplo fueron un importante factor de sostenimiento de la moral de los sitiados.

En Septiembre de ese mis año de 1938, el Gobierno rojo decidió someterle a juicio, siendo la principal acusación el haber firmado la carta colectiva de los obispos españoles en 1937. Antes había publicado algunas pastorales en los que calificaba a los líderes rojos organizadores de la persecución contra la Iglesia de «revolucionarios ateos», «turba impía ebria de furor iconoclata» y de «vandalismo soviético».

Mientras tanto, y debido a los continuos reveses que los rojos sufrían en el campo de batalla, y las consiguientes retiradas, el Gobierno optó por alargar dicho proceso, toda vez que a estas alturas ya no le interesaba sumar la muerte del prelado, además por cargos tan absurdos, a la larguísima lista de crímenes cometidos desde el inicio de la contienda; incluso hubo algunos contactos con el Gobierno de Franco para ver la posibilidad de canjear al obispo por otro prisionero de la misma talla, pero por mucho que los nacionales lo intentaron y mostraron su disposición nunca lo consiguieron.

Rey d´Harcourt

Tras la derrota roja en la batalla del Ebro, el final de la guerra se ve ya más que próximo, sin embargo, tres día antes de ser liberada Barcelona, el 26 de Enero de 1939, los presos mayores de cincuenta años del «Depósito 19 de Julio» fueron trasladados a Santa Perpetua de la Meguda; entre ellos el obispo y los Coroneles  Rey d´Harcourt, comandante militar de Teruel y artífice de su resistencia, y el Coronel Barba, su segundo en el mando.

Desde Santa Perpetua los presos fueron trasladados a varios lugares siempre en dirección a la frontera francesa, a cuyas cercanías llegan el 6 de Febrero, teniendo sus carceleros la intención de pasarla y liberar a los presos, sin embargo, les llegan órdenes del Negrín, a la sazón Presidente del Gobierno rojo, de preparar su traslado a Madrid.

Lugar del vil asesinato hoy profanado

Sin embargo, dada la desintegración que presentaba ya aquella parte de la zona roja ante el rápido e imparable avance de las tropas nacionales, el 7 de Febrero, sobre las diez de la mañana se presentaba en Can Boach, lugar en el que estaban los presos, un camión de soldados rojos bajo el mando de un Comisario Político comunista, que se hicieron con los presos alegando que iban a dar cumplimiento al traslado ordenado.

Sin embargo, tras maniatar a los presos de dos en dos –eran catorce en total–, los subieron en el camión y los llevaron a un paraje distante no más de un kilómetro y medio denominado Can Tretze, donde los hicieron descender y prácticamente de inmediato los fusilaron; lo anterior se repitió con los veintiocho presos que quedaban.

A continuación los cuerpos de todos ellos fueron rociados con gasolina y quemados. Diez días después un pastor los descubrió, comunicando el hallazgo a las autoridades nacionales. Quedaban tan sólo unos dos meses y medio para que terminara la guerra. 


7 respuestas a «Martirio del obispo de Teruel D. Anselmo Polanco Fontecha»

  1. UN OBISPO MARTIR, Y UN SANTO.
    En TERUEL hubo una resistrencia NUMANTINA.
    Teruel fue UN SEGUNDO ALCÁZAR DE TOLEDO…
    En el edificio nuevo del Seminario Diocesano, en el patio interior, hay una imagen del SAGRADO CORAZÓN DE JESÚS, llena de agujeros, pues era a la que disparaban los milicianos rojos, para expresar su profundo malestar CON LA IGLESIA CATÓLICA, ya que esa gentuza no solo eran ateos, SINO ANTIRELIGIOSOS, ANTIIGLESIA CATÓLICA.

  2. La defensa numantina que del Seminario de Teruel, y de los religiosos en él refugiados, realizó el Coronel nacional del Arma de Infantería D. Francisco Barba Badosa, -medalla militar individual por dicha defensa-, dan idea los radio mensajes emitidos los días 5 y 6 de enero de 1938:

    Radio-mensajes del Coronel Nacional D. Francisco Barba a las Fuerzas Nacionales, correspondientes a los días 5 y 6 de enero de 1938, en la defensa del Seminario de Teruel:

    “Desde que hizo explosión la mina hasta este momento estamos conteniendo ataque del enemigo que se lanzó al asalto por varios puntos. Seguimos en nuestro puesto. ¡Viva España!.

    Por el panorama trágico de una serie de mujeres, ancianos y niños que mueren todos los días por enfermedades originadas por la deficiente o casi nula alimentación y muy cerca de un millar de enfermos y heridos a los que no se puede curar por falta de material sanitario. Da pena ver hombres que todo lo han dado por España con heridas leves a los que el tétanos y la gangrena hacen caer a montones. Por nosotros, por los que quedamos en pie no se preocupen. Ya sabemos lo que tenemos que hacer y lo haremos, pero por los demás, por los heridos y enfermos, los que están sepultados, dense prisa o sólo encontrarán aquí un cementerio. ¡Viva España!.

    Toda la noche en gran tensión. El enemigo ha incendiado el convento de Santa Clara y la Iglesia de Santiago. Nuestra gente estuvo en sus puestos. Hoy os esperamos y se asombrarán de nuestro estado, principalmente de los heridos y población civil moribunda. ¡Viva España!

    Los combatientes del Seminario y Santa clara sabremos morir honrando a España, más me permito decirle que más de 700 heridos y población civil compuesta de 600 mueren de sed desde hace tres días. Ruego pongan el hecho en conocimiento de la Superioridad por si pueden prestarnos auxilios inmediatos. Moriremos en nuestros puestos, ¡Viva siempre España!”

    (“La Batalla de Teruel”, publicación del Servicio Histórico Militar, Editorial San Martín, Madrid 1990, página 174-175.).

    Todos estos mártires, incluidos luego el propio Obispo , el Coronel Rey D’Harcourt y los demás con ellos asesinados, no solo fueron matados en aquellas circunstancias del año 1939. sino que volvieron a ser asesinados en dos ocasiones más separadas en el tiempo cada una de ellas 40 años:
    – Los asesinaron por segunda vez cuando los procuradores en cortes traidores votaron la reforma política, haciendo estéril todo el sacrificio de la Cruzada y condenando a los españoles a tener que volver a pasar por el martirio al que estamos avocados. Dios sea justo con ellos y reciban el castigo eterno por semejante ignominia.
    – Los asesinaron por una tercera vez, cuando con la complicidad también de la Iglesia, se está tratando alevosamente de cegar la luz de la verdad de estos acontecimientos y de este martirologio con leyes como la de Desmemoria, Falsificación y Manipulación Históricas de Zapatero/Rajoy, y la de «Memoria Jeta Antidemocrática» de Perro Sánchez/Ciudadanos/Podemos/Bildu/PP/ERC, para que todo esto quede ocultado a las generaciones venideras y el que se atreva a contarlo pueda ser encarcelado y si es funcionario (profesor de Instituto por ejemplo) expulsado de la Función pública por leyes inicuas en manos de un Poder Judicial y una Fiscalía que son ya la clara imagen de una banda de malhechores.
    La propia Iglesia que debería venerarlos, ha apretado en estas dos últimas ocasiones el gatillo de su asesinato. Dios quiera que haya Justicia para todos.

  3. Supongo que cualquiera de los «obispos» españoles actuales, si se viera en tan tristes circunstancias y poco antes de ser asesinado, tendría el valor suficiente para pronunciar la famosa frase bergogliana: ¿Quién soy yo para juzgar? …

  4. Parece mentira que con los denuestos que echa por esa b oca la izquierducha, no salgamos las buenas personas a desmentir con datos como este la desvergonzada ley de memoria histórica que están imponiendo solo para ellos. ¿Es que solo esa izquierdona tiene memoria histórica y todo el resto del mundo no?

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