Más sobre Lutero

Al presentar la imagen de Martin Lutero, quiero ser completamente objetivo y confiar en la autoridad de algunos de los eruditos más respetables disponibles, muchos de los cuales no son católicos.

Durante el último siglo, especialmente desde 1883, en el cuarto centenario del nacimiento de Lutero, han habido dos Luteros: uno de panegírico, romance y ficción, y el otro el Lutero de hecho. Dado que el 450° aniversario del comienzo de la Reforma Protestante se conmemora este año, estos DOS Luteros aún se están presentes. Recientemente, un ardiente ecuménico católico clerical escribió que la Iglesia Católica ahora admite que todo el tiempo se ha equivocado acerca de Martín Lutero, y que realmente merece ser canonizado como un santo. Por otro lado, la mayoría de los historiadores que presentan los hechos dan una explicación bastante diferente. Estos son hechos acerca de Lutero que presentaré brevemente, y le permitirán juzgar a usted, lector.

El Dr. Guilday, ex profesor de historia en la Universidad Católica, resumió el trabajo de la vida de Lutero de esta manera: “La división de Lutero de la Iglesia Católica no fue causada por la oposición al Papado, sino por la idea falsa, que parece haberlo perseguido hasta la obsesión: su impotencia total bajo la tentación. Fue esta negación del valor moral de la acción humana -esta negación de la capacidad del hombre para vencer el pecado- lo que llevó a su famosa doctrina de la inutilidad de las buenas obras. La única esperanza que tenía era confiar ciegamente en Dios, cuyo Hijo, Jesucristo, había arrojado a su alrededor el manto de sus propios méritos. Desde este punto de partida fue facilis descensus Averni. La oposición a todas las buenas obras, y particularmente a las regulaciones monásticas y a las indulgencias, llevó a la oposición a la autoridad episcopal y papal”.

Los hechos de la vida de Lutero confirman la verdad de esta afirmación.

Martin Lutero nació en 1483; era el segundo de ocho hijos. La disciplina en el hogar parece haber sido estricta para los estándares modernos, pero esto difícilmente podría haber afectado a su vida posterior, como algunos sostienen. Era un buen estudiante, y su padre decidió que su hijo debería estudiar derecho, y así darle un poco de prominencia a la familia, que era muy pobre. Los primeros cuatro años de los estudios de Lutero se dedicaron a las artes liberales, principalmente al estudio del latín, el griego, la filosofía y la ética.

A la edad de veintidós años comenzó sus estudios de derecho, pero se retiró después de unas semanas, y decidió, en contra de la voluntad de su padre, entrar en la vida monástica. Lutero dio como razón para cambiar, el temor por su salvación causada por un relámpago que mató a un compañero a su lado. Dijo que era una señal del cielo, y que en tal momento hizo voto de entrar en un monasterio, si su vida se salvaba. La mayoría de los eruditos expresan dudas acerca de que esta sea la razón, y opinan que Lutero había estado reflexionando durante mucho tiempo acerca de dicha posibilidad, y que el episodio sobre el voto le proporcionó la ocasión para llevarlo a cabo. De todos modos, no le gustaba estudiar derecho.

Después de un año en el noviciado, Lutero hizo su profesión solemne en Erfurt, el monasterio agustino. Algunos historiadores insisten en que “este fue el acto más duro de toda su vida y, sin duda, el más serio”, ya que Lutero no había dado ninguna muestra de tener vocación al sacerdocio o a la vida religiosa (Mons. Philip Hughes, A History of the Church, Vol. III, p.505). Nueve meses después fue ordenado sacerdote, y a continuación comenzó sus estudios de teología. Después de dos años fue enviado a Wittenberg para dar conferencias sobre filosofía y teología.

¿Qué clase de hombre había sido Lutero hasta ese momento? Todos están de acuerdo en que fue un trabajador incansable, pero temperamental, temeroso e impulsivo. Trató con fuerza de ser un buen religioso, pero no encontró la paz por la que había venido al monasterio; la angustia de años anteriores, el miedo a perder su alma, aún permanecía. Lutero frecuentemente hablaba de sus tentaciones -la peor de las cuales, decía, no era carnal, sino “Malos pensamientos, odio a Dios, blasfemia, desesperación, incredulidad”. Éstas eran las principales tentaciones. Hice penitencia, pero la desesperación no me abandonó”.

Está muy claro que una gran parte de este estado mental y espiritual de Lutero fue el resultado de los errores que en materia de filosofía y doctrina se enseñaban en el monasterio en ese momento. Se había proclamado una “nueva religión”, que era principalmente un renacimiento de las falsas enseñanzas de hombres como Ockham y Wyclif dos siglos antes. Estos herejes habían enseñado que la Biblia es la única fuente de fe y que Cristo era la única cabeza de la Iglesia lo cual excluía al papado. Algunos enseñaron una especie de predestinación; que sacerdote y laico son todos iguales, teorías que Lutero adoptó más tarde. Pero siempre detrás de la búsqueda de Lutero estuvo encontrar una manera de superar su miedo a la condenación.

En 1512, el superior agustino de Lutero le dio el cargo completo de la escuela de divinidad en Wittenberg. A partir de ese momento comenzó un cambio completo en la vida de Lutero. Comenzó a ser laxo en su vida espiritual. “Pocas veces tengo tiempo”, escribió a un amigo, “para recitar el Oficio Divino y celebrar la Misa, y luego, también, tengo mi tentación peculiar de la carne, el mundo y el diablo”. Dio la excusa de estar demasiado ocupado en predicar, estudiar, responder cartas, asuntos administrativos, etc. –incipiente causa de la ruina espiritual de muchos sacerdotes– “demasiado ocupados” con muchas cosas para ocuparse de las necesidades de su alma.

Aunque Lutero acuñó después frases como “concupiscencia invencible” y “peca valientemente, pero cree con más valentía”, y se casó con (?) una monja a pesar de sus votos monásticos y sacerdotales; aunque hablaría con la aspereza más repugnante de la vida sexual en general, y de sus propias relaciones con su esposa (?) en particular, no era su cuerpo el centro de sus verdaderos problemas, aunque a veces casi le volvía loco. Más bien fue su imaginación intensamente activa, que le describía la ira de Dios y Su castigo del pecado tan vívidamente, que apenas podía mirar el crucifijo. Por lo tanto, la única obsesión de su vida fue encontrar una manera de creer que su alma estaba predestinada a ser salvada más allá de toda duda.

Alrededor de 1514 pensó que había encontrado la solución a su problema en las escrituras de Ockham. Peter Ockham fue un fraile franciscano inglés, cuyos escritos fueron condenados por la Iglesia en 1347. Sus errores se referían principalmente a sus ideas sobre la naturaleza de Dios y la constitución de la Iglesia. Enseñaba que lo que Dios deseaba era lo más importante y que la voluntad del hombre no contaba. Dios bien podría ordenarle a un hombre que Le odiara, o que Le amara; y asimismo Él podría elegir condenar a inocentes y salvar a los culpables. El pecado podía coexistir en el alma junto con la gracia. En resumen, la salvación depende completamente de la voluntad de Dios, sin importar lo que el hombre sea o haga. Lutero meditando sobre estas ideas, concluyó que si lo que Ockham dijo era POSIBLE con Dios, y era la manera real en que Dios operaba, entonces su problema estaba resuelto; y procedió a formular en consecuencia sus doctrinas .

Lutero, después de mucho estudiar las enseñanzas de Ockham y su propio problema, formuló estas proposiciones: (1) El hombre, debido al pecado original, está corrupto por completo y para siempre; por lo tanto es incapaz de hacer alguna obra buena y meritoria. (2) La propia pecaminosidad del hombre no puede tener ningún efecto sobre su destino eterno pues, una vez que está vestido con las túnicas de los méritos de Cristo, Dios lo acepta como justificado y ningún pecado cometido por un hombre así puede darle al diablo alguna influencia sobre él.

De estas proposiciones, Lutero dedujo que la necesidad de buenas obras para la salvación es una farsa; que las penitencias, como las indulgencias, no son sólo inútiles, sino blasfemas; las oraciones de petición y todo el sistema sacramental deben descartarse. Y así la necesidad de una Iglesia y sacerdocio desaparece.

Fue para defender estas doctrinas que Lutero, en 1517, clavó en la puerta de la iglesia de Wittenberg las 95 tesis, incluida la cuestión de las indulgencias. Por lo tanto, Lutero convirtió el asunto de las indulgencias, que en ese momento era un tema muy vivo, en la ocasión para publicitar sus nuevas doctrinas. Este episodio NO fue el comienzo de la revolución contra la Iglesia; ya durante 200 años esto la había estado amenazando. Lutero sólo trajo al mundo cristiano su nueva versión de la dispensación cristiana. Mucho antes de la solemne condena de Roma de las doctrinas de Lutero en 1521, sus doctrinas habían sido discutidas en todas las universidades de la cristiandad. Tampoco tenía Lutero en ese momento ninguna intención de separarse de la Iglesia. Cuando, en 1520, el papa León X citó a Lutero para responder a las acusaciones de enseñar herejía, respondió: “Ante Dios y el hombre, nunca he deseado atacar ni a la Iglesia Romana ni al Papa, y hoy tengo incluso menos intención de hacerlo”.

Pero en 1517, la doctrina de Lutero aún no estaba completa. Tenía que encontrar BASES para ello; alguna AUTORIDAD. Como la filosofía de Aristóteles y la enseñanza teológica de San Agustín y Santo Tomás de Aquino no encajaban en sus ideas sobre el cristianismo, las descartó como “desactualizadas” y adoptó la enseñanza de los místicos. Esto resultó ser muy peligroso para Lutero con su salvaje imaginación, como lo ha sido para todos los que no han basado ni basan su fe en las sólidas doctrinas de la Iglesia. El mismo Lutero expresa sus ideas así: “El cristianismo no es más que un ejercicio perpetuo de SENTIR que no tienes pecado, aunque cometiste pecado, pero que tus pecados están apegados a Cristo”, es decir “cubiertos por los méritos de CRISTO, no por los tuyos, pues tú no tienes ninguno”. Entonces acuñó la famosa frase de la epístola de San Pablo a los Romanos (3:28): «La salvación se obtiene por FE SOLA”.

En esto hubo dos errores fundamentales. (1) La palabra “SOLA” no está en el texto original de las Escrituras. (2) Lutero tomó esta frase fuera de contexto, como tantas sectas han hecho, e ignoró docenas de textos que declaran claramente que, NO LA FE SOLAMENTE, sino también BUENAS OBRAS son necesarias para la salvación. Por ejemplo, Cristo declaró en Mateo 19:17: “Si quieres tener vida (salvación), guarda los Mandamientos”. Cuando alguien le preguntó a Lutero acerca de la epístola de Santiago declarando que “la fe sin obras está muerta”, Lutero respondió: “Es paja, no auténtico”.

Entonces, también, la leyenda de que Lutero fue el primero en traducir la Biblia al alemán y en dársela a la gente común, es contraria a toda la evidencia. Lutero HIZO una copia de la Biblia durante los diez meses que vivió de incógnito en el castillo de Wartberg por temor a ser asesinado por sus enemigos, pero probablemente la copió de una antigua Biblia alemana. No era una traducción del texto original en griego o hebreo, ya que Lutero no estaba lo suficientemente familiarizado con estos idiomas, ni podía entonces obtener ayuda. Además, ya existía literalmente miles de Biblias en latín y alemán en ese momento. A lo que parece es que Lutero quería que una Biblia se adecuara a su nueva doctrina, cambiando y omitiendo partes de ella para que se amoldara a su pensamiento; de ahí que él escribiera una suya.

A medida que pasaba el tiempo, Lutero se volvió más valiente, más orgulloso, más vulgar. Pensó que estaba inspirado, que solo ÉL decía la verdad. Fue cuando en 1521 el papa León X le excomulgó, cuando volvió su amargura contra el papado llamándolo agente del diablo –el anticristo– y quemó el documento de su excomunión en la plaza pública.

Para Lutero, la Iglesia era una entidad invisible –puramente espiritual–, compuesta únicamente por las almas DESTINADAS a ser salvas y sujetas únicamente a Dios; el Papado y la Jerarquía fueron fundados por Satanás; no tienen autoridad para hacer leyes ni para hacerlas cumplir. Pero dado que el poder para dirigir y gobernar a los fieles en la fe y la moral debe provenir de ALGUNA fuente, Lutero colocó esta prerrogativa en el príncipe gobernante: el Estado. ¿Con qué autoridad?  CON LA AUTORIDAD DE LUTERO. El Estado es el único agente de Dios, dijo; es supremo; puede hacer leyes que rigen a la Iglesia y rescindirlas; puede castigar cualquier infracción, incluso con la muerte. Enrique VIII actuó basándose en esta enseñanza de Lutero.

Como el hombre es todo maldad, no puede obtener ningún mérito para la salvación por las buenas obras; por lo tanto, no hay necesidad de los sacramentos ni de los sacerdotes. “La misa es simplemente maldad diabólica”, dijo. Del mismo modo, dado que el hombre no tiene libre albedrío para decidir su destino eterno, los Mandamientos no tienen ningún significado; Dios decide si un hombre está destinado a ser salvo. Solo la fe salva. Pero cómo adquirir esta fe salvadora. Lutero nunca lo clarificó más allá de decir que uno debe seguir creyendo hasta que esté internamente convencido de que es salvo; todo depende, pues, de los sentimientos; nada es definitivo.

Fue en su conducta moral y en sus enseñanza donde Lutero destacó por utilizar expresiones groseras, difamatorias e incluso obscenas. La mayoría de los historiadores declinaron imprimir su vil conversación. Su lema “Peca valientemente, pero cree más valientemente”, da la clave de su pensamiento. Aconsejó a sacerdotes y monjas que se casaran como lo había hecho él. Instó al Estado a abolir todos los monasterios y conventos; lo que muchos Estados hicieron. Predicó que la castidad fuera del matrimonio es una abominación y que el voto de castidad es peor que el adulterio. Aconsejó el concubinato y la inmoralidad a los maridos. También el divorcio y las segundas nupcias a voluntad del marido.

En su “Mesa de conversaciones”, habla en broma de sus relaciones sexuales con la madre de sus seis hijos. “Confieso que no puedo prohibir a una persona que se case con varias esposas, ya que no se contradice en las Escrituras. Yo mismo no pude y no me abstendré de la impureza”.

Catherine Bora

Casi todos los historiadores coinciden en que Lutero fue el instigador de la horrible insurrección de los campesinos, lo que el propio Lutero admite. Más de 100.000 campesinos fueron asesinados, pero Lutero ni se alteró. Un historiador comenta que celebró el evento casándose con la religiosa, Catherine Bora.

Algunos insisten en que Lutero reformó la Iglesia; NO la reformó, trató de DESTRUIRLA tanto como pudo, dejando un orden espiritual y moral mucho peor. Incuestionablemente, la Iglesia necesitaba una reforma, y Lutero lo provocó en la medida en que su predicación y escritura despertaron al Papa y a los Obispos de su complacencia, dando lugar al Concilio de Trento. Asimismo, el hecho de que la Iglesia haya sufrido la división en unas 400 sectas, todas las cuales sostienen que la suya es la única y verdadera Iglesia que fundó Cristo, quita cualquier crédito a Lutero.

Lutero hacia el final de su vida sufrió mucho por las enfermedades; estaba lleno de remordimiento y a menudo cedía a ataques de ira, sin escatimar ni a su esposa (?) ni a sus amigos. Uno de sus remordimientos fue que había dicho misa durante 15 años. En su último sermón, criticó duramente a los monjes por negarse a descartar sus hábitos. En su lecho de muerte respondió a la pregunta que le hizo un discípulo, que perseveró en sus doctrinas. En la pared, cerca de su cama, el doctor encontró esta inscripción en latín: “Fui tu plaga mientras viví; cuando muera, seré tu muerte, oh Papa”.

“El menos santo de los hombres”, dijo un obispo protestante inglés acerca de Lutero, ¡difícilmente un digno candidato para la canonización! ¿Estás de acuerdo?» P. William Adrian

Para The Wanderer (1967)


3 respuestas a «Más sobre Lutero»

    1. Estimado seguidor: creemos que fue, posiblemente, un endemoniado de cabo a rabo. Tanto, que creemos que llegó a serlo tanto que se convirtió en una encarnación del mismo Satán. Saludos cordiales

  1. En sus escritos, que incluso desde sectores de la Iglesia católica se han solido considerar geniales, muy eruditos, están salpicados de manipulaciones y tergiversaciones de la Sagrada Escritrura, de blasfemias y groserías contra la Iglesia de Cristo y el sucesor de Pedro, de injurias y expresiones llenas de resentimiento y odio contra la fe católica, de obscenidades propias de un verdadero desgraciado o golfo moral.

    Un ser grotesco y del todo despreciable debió ser este Martín Lutero.

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