Más vale tarde que nunca: por fin se bota el primer S-80, el submarino gafe

Ayer, 22 de Abril de 2021, salió de la nave de construcción en los astilleros Navantia de Cartagena –empresa de capital público–, como paso previo a su botadura el próximo día 26 ó 27, el submarino S-81 Issac Peral, el primero de los cuatro submarinos de la clase S-80 de nuestra sufrida, desmantelada y traicionada Armada –no sólo por los políticos de todo color, sino también en mucha medida por sus propios mandos, al menos los superiores–, que deben sustituir a los obsoletos y ya dados de baja de la clase Galerna; sí, España carece por completo de submarinos desde hace… casi dos décadas. ¡Ver para creer!

El S-81 Issac Peral saliendo del astillero

El acto fue presidido por Felipe VI –el rey cada día más ausente– y por Margarita Robles, ministro de Defensas,  que, ignorando la importancia de esta arma, considera sólo lo relativo a los puestos de trabajo que genera su construcción; lo que dice todo de ella… una vez más. Parece terminar así, aunque nunca se sabe, una historia de despropósitos, ineptitudes y negligencias, además de sospechas de corrupción, que nos deja a la altura del peor de los países tercermundistas. ¡Ver para creer!

Los submarinos pueden ser a) de ataque, denominados SSK (Submarine Ship Killer) o SSN (Submarine Ship Nuclear) en función del tipo de propulsión utilizada, que carecen capacidad de ataque a objetivos en tierra, siendo su misión principal el ataque a buques, otros submarinos y protección de la propia flota del ataque de otros sumergibles, y b) los denominados SSB (Submarine Ship Ballistic) o SSG (Submarine Ship Guide Missile) capaces de disparar distintos tipos de misiles contra blancos situados en tierra firme; si los misiles disponen de cabeza nuclear se denominan SSBN o SSGN, respectivamente. Asimismo, y según su sistema de propulsión, los submarinos pueden ser convencionales, si lo hacen mediante un motor diésel, bien que sólo en superficie o a profundidad de snorkel, y sumergidos mediante baterías eléctricas cargadas por los anteriores –cuyo radio de acción viene condicionado por la cantidad de combustible diésel que puedan almacenar–, o submarinos de propulsión nuclear que funcionan únicamente con un motor eléctrico accionado mediante un reactor nuclear y, por ello, con radio de acción y permanencia en inmersión casi ilimitados. Los S-80 son del tipo de ataque y propulsión convencional.

Submarino clase Bacalao

Al fallecimiento del Generalísimo en 1975, la Armada disponía de nueve submarinos, cinco de la clase Bacalao (S-30) norteamericanos de la II Guerra Mundial, y cuatro de la clase Delfín de diseño francés construidos conjuntamente entre Francia y España. En 1977 se dio de baja uno de la  clase Bacalao (S-30), y entre 1982 y 1987 los otros cuatro, siendo sustituidos por los nuevos de la clase Galerna (S-60) construidos en España bajo licencia francesa idénticos a los galos de la clase Agosta. Así pues, durante dicha década, se mantuvo estable el número de ocho submarinos de los cuales, normalmente, entre dos y cuatro estaban en tareas de abastecimiento, reparación o descanso de la tripulación, y entre seis y cuatro desplegados, repartiéndose entre dos y tres a cada una de nuestras costas (que tiene 8.000 Km en total), atlántica y mediterránea; hay que darse cuenta que de Cádiz a las Canarias hay 1.200 Km, que por el Estrecho de Gibraltar, siempre en litigio, pasan más de 100.000 buques al año entre civiles y militares –además de la intensa actividad ilegal de variado tipo en él– y que nuestro «amigo» marroquí no sólo no es de fiar, sino que más bien es un declarado enemigo.

Submarino clase Delfín

Por todo lo dicho, y muchos más, el arma submarina es esencial para España –como para cualquiera que se precie–, no entrando en cabeza normal que se tuviera tan pocos submarinos y tan mediocres. ¡Ver para creer!

S-71 clase Galerna

En 1990 la Armada elaboró el denominado «Plan Altamar» que, entre otras cosas, concretó la urgente necesidad de sustituir a los submarinos de la clase Galerna S-60 por cuatro nuevos de la denominada clase S-80, así como de adquirir otros dos nuevos submarinos adicionales, incrementando el número de naves otra vez hasta diez. Todos ellos debían entrar en servicio en 2005. Pues bien, ni por asomo. Como ven, estamos en 2021, o sea que han pasado diecisiete años, y se va a botar el primer S-80 que, de todas formas, no va a estar operativo, y si se consigue, hasta 2022, y los otros tres… se supone que lo estarán en 2024 el S-82 Narciso Monturiol, para 2026 el S-83 Cosme García y para 2027 el S-84 Mateo García de los Reyes; pero dados los antecedentes… ni se sabe. Todo un record de inoperatividad, desidia, negligencia… ¡Ver para creer!

¿Las causas? Pues vamos sólo a resumirlas, porque daría para varios tomos y no hay espacio.

Graves desavenencias con el astillero francés DSN tras el desarrollo conjunto de la clase Scorpène (de la que el S -80 debería ser una evolución directa) y otras intrigas, contubernios y rivalidades industriales y políticas, nos llevaron a optar por diseñar y construir íntegramente nuestros submarinos, asumiendo un reto importantísimo que debería reportarnos autonomía y potencial militar e industrial, pero… ¿estábamos preparados para ello?

Los endémicos recortes presupuestarios de Defensa de todos los gobiernos con independencia de su color político –en España no hay un partido que crea ni se tome en serio la necesidad de disponer de unas FAS que realmente merezcan ese nombre–, afectaron a la Armada tanto como a los demás ejércitos; o casi más porque un submarino cuesta infinitamente más que… un carro de combate o un caza. No fue hasta 1997 cuando se consiguió definir las características del los S-80 y no fue hasta 2004, cuando se estimó –sólo se estimó– que el primero de los cuatro S-80 podría entregarse en… 2013 y el último en 2016; recuerden que el Plan Altamar fijaba la fecha de entrega prevista para 2005. Se va a botar el primero en Abril de 2021 y entrará en servicio «si el tiempo y la autoridad no lo impiden» en 2022. ¡Ver para creer!

El S-81 Isaac Peral saliendo del astillero

El cúmulo de despropósitos, negligencias, ineptitudes, desidias y… para qué seguir, puede concretarse también en los siguientes ejemplos que han sido en buena medida causa de tanto retraso; sin contar el típico del aumento descontrolado y  exponencial del presupuesto inicial del que mejor no hablar porque un poco más y se duplica. Todo un alarde. ¡Ver para creer!

A) El exceso de peso. Durante la construcción del submarino Navantia se da cuenta un buen día, así, como lo leen, de que… el submarino tiene un sobrepeso de entre 70 y 125 toneladas según unos u otros ingenieros. Se contrata una empresa estadounidense especializada para que dé una solución, porque los ingenieros de Navantia no tienen ni puñetera idea sobre qué hacer ¡Ver para creer! y no queda otra que… ¡alargar el submarino diez metros! con el consiguiente rediseño y modificación no sólo del ahora botado, que era el de más avanzada construcción, sino de los otros tres que ya estaban en producción aunque más rretrasada. ¡Increíble pero cierto!

Misil Tomahawk disparado desde un submarino

B) Se pretendía dotar a los S-80 con misiles Tomahawk norteamericanos, para los que se precisa de lanzadores verticales, lo que a su vez convertiría a los S-80 de SSK a SSG, lo que iba a suponer poder atacar desde ellos a objetivos en tierra con el consiguiente aumento de su capacidad de disuasión. Pues bien –y aquí el funesto ministro José Bono por medio–, a pesar de que los EEUU dieron su visto bueno –este misil sólo lo tienen los norteamericanos y el Reino Unido–, anunciaron que se reservaban siempre el derecho a autorizar su uso porque… el sistema de fijación de blancos en tierra no entraba en el paquete. En 2009 se desistió de dotar a los S-80 con esta arma, optando por hacerlo con misiles Haarpon contra buque que, aunque en caso de necesidad podrían ser lanzados contra objetivos en tierra, no tienen comparación con los Tomahawk; no sólo en fiabilidad, sino tampoco en alcance, ya que éstos llegan a los 1.200 Km y aquéllos tan sólo a los 270. O sea, que los lanzadores verticales de los S-80 no valen para nada y estarán vacíos a no ser que la tripulación los utilice como trasteros… que ya se sabe que en los submarinos el espacio es oro.

C) El sistema de Propulsión Independiente de Aire (PIA en español ó AIP en inglés) con el que se quiso dotar a los S-80, constituyendo una novedad y un avance digno de un monumento, ha resultado… otro fiasco y un ridículo… monumental. El PIA es un sistema de propulsión eléctrico basado en células de combustible que convierten bioetanol en hidrogeno que, mezclando con oxígeno, genera electricidad, la cual mueve el motor del submarino, permitiéndole permanecer sumergido mucho más tiempo –de dos a tres semanas– que un submarino convencional que no esté dotado del PIA. Pero… el PIA no ha piado, porque los ingenieros españoles no han conseguido lograr que la pila de combustible de fabricación norteamericana encaje en el reactor capaz de transformar el bioetanol en hidrogeno de fabricación nacional desarrollado al principio por Hynergreen Technologies, filial de Abengoa –y ya saben lo que viene pasando en este empresa–, ante cuyo desastre se unión Técnicas Reunidas, bien que sin conseguir nada, de forma que no se sabe a ciencia cierta si en algún momento, tal vez para cuando estén listos los submarinos que faltan, se podrá disponer del PIA o… los S-80 definitivamente se propulsaran a pedales que es, metafóricamente hablando, lo que le ocurre a S-81 Isaac Peral, el primero de la serie ahora botado.

Submarino clase S-80

El largo, espeso y penoso periplo del primer S-80 ha puesto en evidencia muchas cosas, aparte de la mediocridad, irresponsabilidad y falta absoluta de dignidad y patriotismo de nuestros políticos de todo color, lo ha hecho también con nuestra precaria capacidad industrial, así como ha dejado al aire la decadencia de nuestra Armada –mediocridad de sus mandos superiores de estas últimas décadas incluida– y en general de las FAS, empeñadas en misiones por eso mundos de Dios que ni nos van ni nos vienen y nos cuestan un dineral del cual andamos tan escasos, mientras no son capaces –ni parce que les interese, ni a unos ni a otros– velar por la defensa de la unidad, soberanía e independencia de nuestro suelo patrio, y del honor y dignidad de nuestra nación. ¡Ver para creer!

Así pues, nuestra capacidad submarina, esencial hoy en día, sigue más que coja y no parece que vaya a mejorar por lo menos hasta 2027 si para entonces se consigue tener operativos a los cuatro S-80 y si se les dota de misiles y de un sistema de propulsión adecuados. Por su parte, nuestro enemigo del sur, Marruecos, cuya escalada militar en todos los órdenes es exponencial, y que cada día consolida más sus alianzas diplomáticas y militares, tiene previsto disponer de su primer submarino a no tardar mucho, y ya verán como no falla.

Aún así: ¡Buena suerte S-81 Issac Peral! La vas a necesitar.


Una respuesta a «Más vale tarde que nunca: por fin se bota el primer S-80, el submarino gafe»

  1. Brillante estudio. Enhorabuena
    Dos apuntes:
    El submarino de Isac Peral lo torpedeo la masonería probritánica, implantada en los liberales conservadores y progresistas en el Gobierno y en la Armada. PUNTO y a reflexionar.
    El «Issac» actual aun llegará tarde para cuando los marroquíes nos invadan (seguramente incluso antes compraran un submarino). El terminar la construcción del actual y sus pruebas hasta la entrega a la Marina retrasará el barco más de un año.
    Habrá que luchar con hondas en las fronteras y en interio

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