¿Mascarillas? Sí, pero menos, mucho menos

Hay estudios recientes que muestran la permanencia del coronavirus en el aire durante varios minutos, en espacios cerrados, y advierten del riesgo de contagio que ello puede suponer. Los virólogos explican que lo importante no es la permanencia del virus sino su capacidad de infección, que disminuye notablemente a medida que las partículas se dispersan y van cayendo. La OMS considera que de momento no hay evidencia científica suficiente al respecto, y pide cautela

El coronavirus SARS-COV-2 trae consigo dudas nuevas cada día. Porque, cada día, hay un estudio nuevo que contradice lo que decían estudios anteriores, o lo matiza, o lo confirma. Los científicos trabajan a destajo desde hace meses para ir generando algunas certezas. Pero el camino es largo y tiene muchas idas y venidas. Y mientras ellos caminan, al resto de los mortales nos surgen dudas.

Es lo que ocurre, por ejemplo, con el tema que tratamos en este artículo, y que puede que se haya preguntado más de una vez: ¿Cuánto aguanta el coronavirus en el aire? Saberlo es crucial de cara a su transmisión. Pero la respuesta no es sencilla. Porque, además, nos lleva a otra pregunta: ¿Qué capacidad de infección tiene ése coronavirus que queda en el aire?

Estamos hablando de un virus respiratorio. Este coronavirus se transmite a través de las gotitas que expulsamos al toser, estornudar o incluso al hablar, pero no por las partículas suspendidas en el aire. Esto es lo que dice la OMS, o al menos lo que decía hace 15 días, cuando publicó un informe en que lo daba por confirmado: el coronavirus no viaja libremente por el aire.

Las infecciones respiratorias se pueden transmitir a través de gotas de diferentes tamaños. La OMS explica en ese informe que, en este caso, las gotas que se emiten al toser o estornudar son demasiado pesadas para quedar suspendidas en el aire, por lo que caen al suelo o a las superficies. Y se refiere a gotas de más de 5 micras (una micra es una milésima de milímetro, para que se hagan una idea de la dimensión).

Asegura por tanto que no hay evidencia científica sobre la posibilidad de que el coronavirus se transmita por el aire, aunque matiza que esa transmisión aérea sí puede ser posible en circunstancias y entornos específicos con alta carga viral, como en el trato con pacientes en hospitales.

El informe de la OMS cita un estudio que analizó 75.465 casos de COVID-19 en China, en el que no se encontró evidencia de transmisión por el aire. Pero quedaba entonces abierta la pregunta: ¿Qué pasa con esas gotas -esas partículas- hasta que caen al suelo o a las superficies? ¿Cuánto tiempo permanecen en suspensión?

Permanencia del virus en el aire

Recientemente se han hecho algunos estudios para averiguarlo, a través de simulaciones en espacios cerrados. El Instituto de Tecnología de Kioto ha utilizado cámaras de alta sensibilidad para captar las micro partículas que quedan en el aire en suspensión cuando una persona habla, tose o estornuda.

Simularon, entre otras cosas, una habitación cerrada con diez personas dentro. Una de ellas tose, y al toser las partículas más grandes caen al suelo, pero las más pequeñas quedan suspendidas en el aire. Las cámaras demostraron cómo algunas de esas micro gotículas pueden quedarse hasta 20 minutos en suspensión, con el riesgo de contagio que supondría para el resto de personas en la habitación.

La solución, no obstante, es fácil, y la dan ellos mismos: ventilar el espacio, abrir puertas o ventanas y aumentar la circulación del aire para que la corriente se lleve esas pequeñas partículas en suspensión.

En otro estudio reciente, investigadores de la Universidad de Aalto, en Finlandia, han presentado otra simulación que muestra cómo al toser o estornudar, se expulsan partículas de aerosol extremadamente pequeñas –de menos de 5 micras-. En este caso, se simula que una persona tose en el pasillo de un supermercado, y se ve cómo la nube de micro partículas puede alcanzar a otra persona que se encuentra en otro pasillo durante los minutos que pasan hasta que esa nube se diluye.

Los investigadores finlandeses advierten de que “estas partículas podrían terminar en el tracto respiratorio de otras personas cercanas”, y por eso destacan la importancia de mantener la distancia de seguridad y de “evitar espacios interiores concurridos” mientras dure la pandemia.

Pero «hay un factor que no se muestra en el vídeo», advierte el virólogo de la Universidad Autónoma José Antonio López Guerrero, y que es clave de cara a la transmisión del virus: «la densidad de las partículas a medida que se van dispersando». 

Virus en el aire y capacidad de infección

Los resultados de ambos estudios pueden asustar un poco. Porque, ahora que sabemos que esas partículas pueden permanecer más tiempo en el aire del que se pensaba (siempre en espacios cerrados), podríamos pensar que es fácil contagiarse a través del aire. Pero cuidado, porque en ciencia los matices son importantes.

“Puede haber partículas flotando, sí, pero no hay virus flotando en el aire. Hace falta una mínima carga viral para contagiar. Hace falta una mínima cantidad de virus para que la infección sea productiva”, explica López Guerrero, virólogo y coordinador de Neurovirología de la UAM.

La clave, entonces, no es tanto que el virus permanezca en el aire como la capacidad de infectar de esas partículas que quedan en suspensión.

“El riesgo cero no existe”, advierte este virólogo, e insiste en que eso no hay que olvidarlo nunca. Pero dicho esto, es importante tener en cuenta que en estos casos, estamos hablando de un riesgo mínimo, que López califica de “despreciable”.

Porque por ejemplo, y en alusión al estudio de los científicos japoneses, este virólogo explica que “en poco tiempo y en poca distancia, el virus va cayendo, y a medida que cae se va diluyendo en el aire, en ese espacio aéreo va perdiendo densidad vírica. Sería más peligroso el virus que cayera en una superficie que el que queda flotando por el aire durante esos 20 minutos. Es mucho más infectocontagiosa la superficie donde cae que el aire en el que queda suspendido”.

Pero es que además, estamos hablando –aunque a los no científicos nos cueste creerlo- de un virus “grande”. López explica que “estos virus son grandes y se expelen en aerosoles de mayor tamaño, todo hacer pensar que donde se expele es en las partículas húmedas y grandes que soltamos”. Es decir, mayores de 5 micras. En otros virus, sin embargo, las partículas en las que viajan y se transmiten son mucho más pequeñas, por lo que permanecen más tiempo en el aire. Es el caso del sarampión, por ejemplo.

Un ejemplo: el virus en la sala de reuniones

Para entender gráficamente la permanencia del coronavirus en el aire y su capacidad de infectar, vamos a poner un ejemplo muy gráfico, que a muchos les sonará cotidiano. Una sala de reuniones, un espacio cerrado y sin ventanas. Diez personas sentadas en torno a una mesa durante un rato. Hablando. Uno de ellos, infectado. Habla como el resto, se toca la cara como el resto, e incluso tose alguna vez durante el tiempo que dura la reunión. Termina y todos se marchan. Cuando salen, entra la persona de la limpieza. La sala está vacía. Entra y respira ése aire. ¿Tiene riesgo de contagiarse así?

López Guerrero es tajante: “El riesgo de contagio para esa persona a través del aire es despreciable. Hasta ahora, al menos, es lo que dicen los estudios. La ciencia no contempla la transmisión aérea del virus, a día de hoy”.

El riesgo de infectarse es “despreciable” si lo comparamos con el que tiene al tocar ciertas superficies en esa sala. Comparado, por ejemplo, “con el riesgo que sí tendría al tocar el pomo de la puerta que tocó la persona infectada, su silla, sus papeles o la parte de la mesa donde estuvo apoyado al hablar. El riesgo de infectarse por las partículas en suspensión que hayan quedado en el aire es despreciable, a la luz de los estudios publicados hasta ahora”, insiste el virólogo.

Parece, por tanto, que la permanencia del coronavirus en el aire no implicaría necesariamente riesgo de infección. Pero en este asunto, como en todo lo demás cuando hablamos de este coronavirus, la OMS pide cautela. «Algunas publicaciones científicas proporcionan evidencia inicial sobre si el virus COVID-19 puede detectarse en el aire y, por lo tanto, potencialmente implican la transmisión aérea. Estos hallazgos iniciales deben interpretarse con cuidado».

Para Minusdiario


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