Me ha impactado leer «Misión de audaces»

Óscar Rivas

He de reconocer que hacía mucho tiempo que un libro no me impactaba tanto como Misión de audaces de Óscar Rivas, excelsa recopilación de testimonios apasionantes en torno a los colegios Juan Pablo II de la Fundación Educatio Servanda (AQUÍ).

Nueve testimonios vibrantes, de alto voltaje emotivo, en donde el barro del que estamos hecho se transforma en fuego del espíritu gracias al alfarero divino.

Vivencias vitales que enganchan desde el primer momento y hacen que te metas de lleno en la piel de cada protagonista. Me gusta la sencillez y a la vez profundidad con la que los personajes van contando su historia, casi siempre dramática, pero con un final rebosante de esperanza. Me fascina como los va guiando Óscar, con guante de seda y mano de hierro. Se percibe a raudales como ha cincelado a conciencia cada testimonio, todos ellos seleccionados con paciencia de orfebre y con una profunda implicación personal.

Esencialmente el recorrido es siempre el mismo, un damasco pedregoso, un desierto de desolación, que desemboca en tierra fértil de promisión. Aunque lo atrayente al paladar del alma es que es guisado de diferente manera cada vez. 9 platos exquisitos, aderezados con el buen gusto del que cocina con amor e ingenio.

La enseñanza es clara, la densa tiniebla que es vivir alejado de Dios y cómo la apertura a la gracia, a la conversión, va inundando de haces lumínicos la existencia más gris o más negra, que se difumina como azucarillo en las neblinosas galerías del pasado.

Desde el pozo sin fondo que es el egoísmo y la desesperación humana se divisa en lontananza un caleidoscopio multicolor de profunda felicidad, antesala del paraíso. Son 9 historias de superación, pero de superación a lo divino, sin caer en voluntarismo, con la cooperación necesaria que requiere la irrupción torrencial de la gracia.

Un libro que te hace comprender en profundidad la maldad intrínseca del pecado, lo frágil que es la naturaleza caída y que todos podemos sucumbir ante las mismas o parecidas miserias. Pero a la vez, una vez tocamos fondo, siempre tenemos la oportunidad de volver al buen camino. Con la humildad y la ayuda de Dios, querer es poder. No suele ser sencillo y a veces es lento el proceso de ordenar de nuevo una vida extremadamente calamitosa, pero Dios siempre pone a personas providenciales en el camino, como el P. Ángel Villaplana, que al igual que el Cura de Ars, nos va mostrando poco a poco el camino del Cielo.

Un libro muy edificante y esperanzador para estos tiempos convulsos y un ejemplo eximio de colegios católicos, que no solo transforman la vida de los alumnos sino de toda la familia.


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