¿Memoria histórica? Hablemos del PSOE y de sus cuates (III)

Aquel que desee conocer hasta qué punto se puede debilitar y arruinar un gran Estado debe estudiar la historia de la izquierda española y de sus cómplices. Si las madres, los héroes y los sabios hacen renacer la esperanza; los grandes criminales la frustran. Por eso éstos se empeñan en destruir familia, abnegación y sabiduría.

Los gratuitos actos de soberbia de nuestras izquierdas resentidas, su deplorable prepotencia, no son sólo el fruto de una absoluta falta de estilo, de educación o de prudencia; tampoco vienen sólo motivados por el evidente vacío de su sentimiento democrático o por el enfermizo, por desaforado, apego al poder. No; son fruto, sobre todo, de la inaudita impunidad que gozan; una inmunidad inimaginable en cualquier sociedad medianamente sana, y que chirría en todo pensamiento racional. Sólo por esta circunstancia la Justicia española debiera abrirse moralmente las venas, tras cantar la palinodia por la desvergüenza con que lleva deshonrando desde hace décadas a su profesión. Porque un país sin justicia está destinado a la indignidad y a la degradación.

Desde hace varios años, los frentepopulistas, despreciando a la España libre, se han unido amparados en la panacea del cambio antifranquista, un remedio particular al que tramposamente atribuyen virtud para resolver muchas cosas y en el que por supuesto ni ellos mismos creen, pero que astutamente no dejan de pregonar. Tienen ADN de parásitos. Su propaganda aboga por el reparto equitativo. Pero sólo reparten la miseria, porque la riqueza se la han repartido previamente sus dirigentes.

Con la promesa de repartir los frutos en el futuro, siempre exigen los bien provistos el sacrificio de los desprovistos. Pero nunca se compensa a los sacrificados, al menos ni suficientemente ni con equidad. Eso, que es un abuso y una infamia viniendo de las oligarquías financieras, es además una traición si quien la comete se autotitula socialista y obrero o pone el énfasis o los objetivos en la defensa del pueblo y de los desprotegidos.

Su estrategia constituye un nuevo revanchismo que no es sino un viejo mundo totalitario, ruinoso, sectario, deforme como un reptil. Buscan un patrimonio común entre la gente. Hombres, mujeres, animales, raza, cultura, edad, sexo, salud, enfermedad. Todo junto, mezclado, confundido, sobrepuesto. Cada uno participando de toda la miseria de los otros. Cada uno con su vida organizada por Papá Estado, por la abyecta oligarquía del Partido Único. Todo alejado de la excelencia, emparejado con el cieno.

Buscan la eliminación del individuo, de la dignidad y de la libertad. El regreso a la tiranía y a la violencia contra los disidentes. La subvención omnipresente para sus incondicionales y el reparto de las migajas para el resto; de las sobras dejadas por ese enjambre de pícaros que hacen del engaño su profesión, por esa clase social dirigente que codicia botín y poder, creando un régimen político en el que el Estado absorbe los poderes, las libertades individuales y los derechos de la ciudadanía. Y se queda con la Hacienda para repartirla entre los suyos.

Tratan de ignorar que la sustancia gris y sucia de las elites y de la masa que les siguen corresponde, como la suya propia, a la índole de la parte más inmunda de la población a la que tienen el privilegio de atraer. Nada puede resultar más nauseabundo a una pituitaria libre que el hacinamiento de estas almas que se odian a sí mismas, primero, y odian después a la vida por haberles moldeado así.

Siempre tienen necesidad de que se rompa la unión entre los españoles, y que el Bien y la Verdad capitulen incondicionalmente bajo sus botas de cuero endurecido, para llevar a las cárceles y a los paredones a oponentes e inconformistas. Porque nada hay más parecido a un resentido del norte que un resentido del centro o del sur y, todos ellos, al examinar sus íntimos secretos, ven el dilatado espacio que ha reservado en ellos la naturaleza a la ruindad.

Violan la Constitución, las libertades públicas y los Derechos Humanos, y con ello fortalecen la contextura antiespañola. En la tranquilidad que el silencio mediático e institucional les produce, los frentepopulistas sienten la tentación de la insolencia. Y cuando el colmo de la insolencia -tan común en personas que desde la más baja esfera se ven repentinamente ensalzadas hasta la más elevada- se mezcla con la ignorancia –algo usual en la actual casta política- hay motivos para echarse a temblar, pues si los ciegos guían, ¡guay de los que van detrás!

Sofistas y sectarios de toda clase han embrollado de tal modo las cosas que, cortando toda relación entre los ciudadanos y la virtud, los han obligado a aceptar lo que no tiene razón ni futuro, permitiendo los más escandalosos abusos, porque para los delincuentes todo saqueo es deseable.

Hemos sufrido una Transición que sólo ha servido en definitiva para llenar las calles y las instituciones de perturbados y delincuentes que encuentran en la perversión y en la destrucción de la libertad el caldo de cultivo perfecto para su locura. Por su actitud parecen buscar una nueva guerra civil sin sentido, con ejecuciones bárbaras, con prescripciones feroces, como si gobernar un país consistiera en una lucha codiciosa entre bandas políticas de diablos que anduvieran sueltos por las instituciones utilizando una fraseología falsaria y grandilocuente.

Muchos todavía callan lo que en su fuero interno saben de estos enemigos de la excelencia y de la libertad. Porque ya es manifiesto que la paranoia de estos advenedizos de la política y de su recua de parásitos inspira objetivos que vienen siendo terribles para España desde hace lustros. Si la justicia fuera limpia, no habría en las cárceles de este planeta un solo condenado a perpetuidad con más fundamento que estos desvariados. Actores de tercera en nuestra farsa social, buscavidas y logreros subvencionados desde los primeros pasos de su carrera política, que usan la verborrea y el trampolín partidista para firmar la destrucción de la Patria ordenada por sus financiadores.

Todo en ellos es mentira. Y lo dicen sus leyes. No quieren paz, ni democracia, ni libertad, ni por supuesto justicia; ni quieren educar a la infancia y a la juventud en el bien, sino convertir a adolescentes y menores en instrumentos sexuales al servicio de los pervertidos. Quieren apoderarse de España. Para destrozarla.

Estos individuos, estos partidos que se han visto impulsados por la consciencia del despotismo, la perversión y la ganancia, ya han llegado, confiados en su impunidad, al abuso desaforado a la vista de todos. Llevan tiempo tentando al destino, llamando inconscientemente al castigo que más pronto que tarde les alcanzará.

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2 respuestas a «¿Memoria histórica? Hablemos del PSOE y de sus cuates (III)»

  1. Si los pastores no hubieran huido (y entiéndase con el significado que se quiera) tan pronto como los lobos asomaron sus orejas, éstos no habrían podido hacer tantos destrozos en el rebaño.

    Cuarenta años de ataques «a piacere», dan para hacer mucho daño. No debería causar extrañeza el lamentable aspecto que presentan las pobres ovejas de la raza rojigualda.

    Y no me cabe duda de que, en algún momento, esos cobardes y traidores tendrán que dar cuenta de su pésima administración ante la Justicia Divina; pero, por ahora, me consolaría un poco que empezaran ya a sentir sobre ellos el «peso» de la justicia humana.

  2. «Gomorra» de Roberto Saviano…
    El poder està para hacer el Bien…
    en el momento en que se utiliza para hacer el mal pasa a llamarse crimen organizado.
    En el caso que nos atañe ,estos son la envidia de cualquier otra organizaciòn criminal .

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