Memoria silenciada (II) «Corrigendos desafectos» Los otros héroes y mártires

A la hora de hablar de las víctimas del frentepopulismo antes, durante y después de la guerra civil, la mayoría de las veces nos referimos a esos mártires que llenan los listados e informes de la Causa General; a esos que vertieron su sangre a manos de las milicias rojas y que con su sacrificio cimentaron el resurgir de una nueva España. Pero también el sacrificio y la heroicidad alcanzó a quienes padecieron persecución, castigo, humillaciones e incluso en muchos casos la muerte en aquellos Campos de Trabajo, donde la gavilla roja pretendía dar apariencia legal a sus crímenes.

Es cierto que hasta mediados de 1937 se segaba la vida con la mayor impunidad; sin embargo, con las visitas de los Comisionados Internacionales el tiempo de los “paseos” oficialmente había terminado. Había que idear nuevas fórmulas para llevar a cabo sus nefandos crímenes. Ahora ya no se mataba; había que “hacer morir” a los apresados, y de ello se ocupaban los batallones disciplinarios rojos, mediante el trabajo agotador y el hambre: insultos, palizas, golpes, vejaciones, viajatas interminables, agotamiento físico y psicológico, poco dormir y sin apenas comer. Era la “nueva legalidad” ideada por el socialismo frentepopulista para con los corrigendos desafectos: esos que nunca gritaron ¡Viva Rusia! y habían de ser “corregidos de ser y sentirse españoles”.

D. José Antonio Sánchez-Manjavacas

Fueron muchos los que perdieron su vida en estos campos de tortura y exterminio. Algunos, muy pocos en relación al número de los allí apresados, lograron salvar su vida soportando todo tipo de maltratos y vejaciones. Y han sido ellos quienes nos han dado vivo testimonio de la miseria y humillaciones que día a día habían de soportar sin más apoyo moral que su ardiente fe en Dios y la inquebrantable esperanza de un nuevo amanecer para España.

Yo conocí a uno de estos héroes. Era el criptanense D. José Antonio Sánchez-Manjavacas, excelente literato que fuera director de la Biblioteca Pública Municipal «Alonso Quijano» de Campo de Criptana y profesor de literatura en el Colegio Teresiano de dicha localidad tras terminar la contienda. Sería él, quien pasados los años prologara aquel libro de Manuel Romero Sánchez-Herrera, “Durandín, estampas de la guerra civil”, editado en Madrid en 1970.

Fue uno de esos corrigendos desafectos que consiguieron salvar su vida y que en sus escritos, en forma de estrofas, nos da fiel testimonio de la vida en estos campos de tormento y de miseria; versos escritos durante su cautiverio entre fusiles asesinos rezumantes de odio y que mantuvo en todo momento escondidos, “guardados sobre la propia carne”, pues el haber sido encontrados en cualquiera de los múltiples registros a que a diario estaban sometidos, habrían supuesto sin ninguna duda su inmediata condena a muerte.

Su libro “Estrofas”, un pequeño librito de apenas sesenta páginas, recoge a modo de diario, no sólo la historia de estos hombres. Constituye como apunta su anónimo prologuista, un “recuerdo para los que dando su vida por Dios y por la Patria, no alcanzaron a ver los días victoriosos de la paz”.

Describir lo que era un batallón disciplinario rojo no nos resultaría difícil a la luz de los documentos aportados por los historiadores y los testimonios de los familiares de quienes fueron víctimas de la barbarie frentepopulista en estos campos. Pero siempre sería una narración fría, carente de esas emociones vividas y sentidas en cada instante en el corazón de los allí apresados; le faltaría la emoción contenida y el ansiado remedio para el alma. Es por ello que preferimos hacerlo con las mismas palabras contenidas en aquellas estrofas impregnadas de la esencia y el alma de quien esperando el ansiado resurgir de España, acaso le embargaba el fundado temor de no llegar a verlo, pues cada día les parecía ser el último que percibiera su mirada.

Esas mismas estrofas que fueron escondidas durante los días de cautiverio de aquel falangista heroico nacido en Campo de Criptana.

En su libro y bajo el título “Siberia (Estampa de una batallón disciplinario rojo)”, encontramos aquellas estrofas escritas en Rivas de Jarama (hoy Rivas-Vaciamadrid) en mayo de 1938, relato fehaciente, cargado de emoción y sentimiento, con las que queremos dar nuestro sentido homenaje a estos otros héroes hoy vergonzosamente silenciados y en muchos casos hasta olvidados, cuyo sacrificio también contribuyó, y de qué manera, al resurgir de una Nueva España, armonizada en la trinidad de la Patria, la Justicia y el Pan.

Sobre las pardas colinas

que bordean el Jarama,

medio oculto entre las piedras

cual si fuera nido de águilas,

se halla del Cristo de Rivas

la vieja iglesia enclavada;

y, unido a ella, está el convento

que antaño fuera morada

de paz, y mansión de amores

y refugio de almas.

.   .   .

Debió de ser éste un rincón

de soledades y calma;

lugar de meditación;

oasis de dulces auras

que diera reposo al cuerpo

y vivificase el alma.

Las flechas de las veletas,

en las nubes recortadas,

los caminos de la fe,

en su amplio girar, señalan.

Y es el murmurante arroyo

oración que corre mansa.

Y los álamos esbeltos

forman en fila alineada,

cual monjes penitenciarios

con la capucha calada.

*   *   *

Esto fue. Mas ya no es;

que la huerta está asolada,

y los árboles talados,

y ya faltan las campanas

que antaño sonaran dulces

desde la humilde espadaña;

y rotas están las puertas,

y la verja está arrancada;

y dentro de la iglesita

ya tampoco queda nada,

que imágenes y retablos,

árboles, verja, campanas,

los escudos y molduras,

vidrieras, cuadros, portadas,

y hasta los mismos sepulcros,

los destruyeron con saña

estos bárbaros modernos

que «reconstruyen» España.

Las «Milicias Populares»,

las «heroicas y abnegadas»

defensoras de este pueblo,

de su «libertad», las ansias

de justicia y de cultura

dejaron bien demostradas:

Por la «cultura»  y el «arte»

la iglesia está destrozada;

por la «justicia» mataron,

y están sus manos manchadas

por tanta sangre inocente,

que pide, no ya venganza,

sino justicia inflexible

en el nombre de la Patria.

*   *   *

Por la carretera, un día,

penosamente avanzaban,

bajo el peso de mochilas,

las sucias mantas terciadas,

unos hombres harapientos,

cuyas personas estragan

hambre, fatiga y miseria,

y tan sólo en la mirada

hay luz y sólo en los ojos

un destello de esperanza;

otros hombres con fusiles

los vigilan y los guardan.

«Corrigendos desafectos»,

prisioneros en las garras

del comunismo despótico,

personas esclavizadas,

hombres que en silencio sufren

el martirio por la Patria.

En los claustros encerrados

los «corrigendos» quedaban;

los esbirros a la puerta

dejan la guardia montada.

Y aquella noche otra vez

hasta la bóveda ahumada,

después de tan largo tiempo,

se elevaron las plegarias:

oración entre suspiros

de cansancio y de esperanza.

*   *   *

Los soldados del Caudillo

con gran ímpetu avanzaban;

han conquistado Aragón;

también Lérida; amenazan

con aislar a Cataluña

-de la corte del Azaña

escondrijo y baluarte-

y Castellón ya temblaba

viendo avanzar las columnas

de las Milicias Navarras.

La Falange que Bilbao

y Santander conquistara,

y quitó a los asturianos

su mito de roja fama,

los invictos, otra vez

han reanudado su marcha.

Y los pobres «corrigendos»

forzados de pico y pala,

con los dientes apretados

y la esperanza en el alma,

soportan la dura prueba,

otra cobarde venganza

de estos tiranos rojillos

que, no sin terror, miraban

su estrella de cinco puntas

que palidece y se apaga.

Trece horas de trabajo

forman la dura jornada,

trece horas de trabajo,

de insultos y amenazas,

sin descansar un momento,

sin levantar la mirada,

picando siempre, sin tregua,

sin soltar nunca la pala;

y un “¡Dobla el lomo, salvaje!”

son las mejores palabras

que pronuncian los sicarios,

y aun es milagro escucharlas

que, desde Esopo, no hablaron

las feroces alimañas.

Por alimento, pan, queso

y algunos tragos de agua.

Al sol mientras luce el sol,

Si hace viento que lo haga,

y si llueve, pues que llueva,

“así se lavan la cara”.

*   *   *

¡Semanita de Pasión!

¡Por siempre, Semana Santa!

pasada en Cristo de Rivas,

aunque la vida sea larga,

sea cual fuere la fortuna

que nos esté reservada

y dondequiera que estemos,

siempre serás recordada!

¡Batallón disciplinario

número dos, “Cheka” odiada!

¡Carreterita de Rivas,

“Nueva Siberia” te llaman!

Parte I


Una respuesta a «Memoria silenciada (II) «Corrigendos desafectos» Los otros héroes y mártires»

Deja una respuesta

Su dirección de correo nunca será publicada. Si la indica, podremos contestarle en privado en caso de considerarlo oportuno.*

Esta web utiliza cookies propias para su correcto funcionamiento. Contiene enlaces a sitios web de terceros con políticas de privacidad ajenas que podrás aceptar o no cuando accedas a ellos. Al hacer clic en el botón Aceptar, acepta el uso de estas tecnologías y el procesamiento de tus datos para estos propósitos. Más información
Privacidad