Memoria silenciada (V) La Religión, objetivo principal de las milicias rojas

“La revolución fue cruelísima, inhumana, bárbara y esencialmente antiespañola; pero sobre todo la revolución, fue anticristiana”. (1) Con estos calificativos definía la actuación de las milicias frentepopulistas durante la contienda civil, la Carta Colectiva del Episcopado español a los Obispos del mundo entero el 1 de julio de 1937. Había transcurrido sólo un año desde el Alzamiento y ya se cifraba el número de iglesias destruidas en más de 20.000; los asesinatos a sacerdotes alcanzaban un promedio del 40 por ciento e incluso en algunas diócesis se había alcanzado el 80 por ciento. Pero esta persecución genocida no había comenzado en julio de 1936; sino que fue alentada y planeada desde mucho antes. Basta recordar la quema de Iglesias y conventos entre los días 10 y 13 de mayo de 1931, pocas semanas después de haberse proclamado la Segunda República, dando contenido a ese programa que la Liga Ateísta presentaba ese mismo año y que recogía en uno de sus artículos: “Plebiscito sobre el destino que hay que dar a las iglesias y casas parroquiales”. No hay que olvidar al respecto el lema que la propia Liga defendía: «Luchar contra la religión, es luchar por el socialismo».

En el Acta del Congreso (2)  de los Diputados de la sesión parlamentaria celebrada el 16 de junio de 1936 (todavía no se había producido la sublevación del ejército nacional) donde se discute una propuesta presentada por Gil Robles bajo el título “El estado subversivo de España”, se enumeran entre otros, los siguientes hechos: “Iglesias totalmente destrozadas, 160; asaltos de templos, incendios sofocados, destrozos, intentos de asalto, 251; muertos, 269; heridos de diferente gravedad, 1287; agresiones personales frustradas o cuyas consecuencias no constan, 215…”.

También el Papa Pío XI, hacía una referencia a los horrores del comunismo en España: (3)

» El furor comunista no se ha limitado a matar a obispos y millares de sacerdotes, de    religiosos y religiosas, buscando de un modo particular a aquellos y a aquellas que precisamente trabajan con mayor celo con los pobres y los obreros, sino que, además, ha matado a un gran número de seglares de toda clase y condición, asesinados aún hoy día en masa, por el mero hecho de ser cristianos o al menos contrarios al ateísmo comunista. Y esta destrucción tan espantosa es realizada con un odio, una barbarie y una ferocidad que jamás se hubiera creído posible en nuestro siglo. una destrucción tan espantosa «.

Aunque se insiste machaconamente por parte de los historiadores en achacar la ola de violencia y persecución sufrida por la Iglesia durante los primeros meses de la contienda a la obra de incontrolados que asumían el mando en sustitución del Gobierno, que no pudo reaccionar y recuperar la autoridad hasta varios meses más tarde, lo cierto es que esta ola fue propiciada por José Giral, recién nombrado Presidente del Gobierno, quien decidió armar a las milicias populares en connivencia con el Presidente de la República Manuel Azaña. No olvidemos que Giral no era un republicano más; su deriva hacia la izquierda le llevó el 21 de diciembre de 1935 a ser uno de los participantes en el pacto del Frente Popular, lo que por otro lado le supuso su enfrentamiento directo con el propio Unamuno. Y ya es sabido el sentimiento del frentepopulismo hacia la Iglesia. Baste recordar el artículo publicado en el diario anarquista Solidaridad Obrera, (órgano de expresión de la CNT), el 15 de agosto de 1936:

Los templos no servirán más para favorecer alcahueterías inmundas. Las antorchas del pueblo las han pulverizado (…) Las órdenes religiosas han de ser disueltas. Los obispos y cardenales han de ser fusilados. Y los bienes eclesiásticos han de ser expropiados.

La ratificación de lo que verdaderamente ocurrió, la encontramos en el memorandum, o más bien en la decisión final tomada por el gobierno de Largo Caballero con ocasión del memorandum que el peneuvista Manuel Irujo presentaba como resultado de las condiciones puestas por el Partido Nacionalista Vasco para entrar en el gobierno de Largo Caballero y en el que se daba cuenta de la magnitud de lo acontecido y concluía presentando una serie de medidas concretas de cara a la normalización, entre las que se incluía la puesta en libertad de los sacerdotes presos y la efectiva libertad de cultos; la conclusión fue que tales propuestas serían rechazadas por unanimidad en la sesión celebrada por el Gobierno el día 9 de enero de 1937, dando así fiel testimonio de su pensamiento y proceder desde el primer momento.

Incluso el delegado de los rojos españoles en el Congreso de la “Unión de los sin – Dios», (Soyúz Bezbózhnikov), celebrado en Moscú, señalaba sin el menor pudor:

«España ha superado en mucho la obra de los Soviets, por cuanto la Iglesia en España ha sido completamente aniquilada«.

¿Cuál fue realmente el balance de esta genocida persecución planeada, orquestada y dirigida por el frentepopulismo? Llegar a establecer un número exacto de mártires de la fe resulta bastante difícil a día de hoy. Según el estudio del sacerdote e historiador Antonio Montero Moreno, que a la sazón llegara a ser Arzobispo de Mérida-Badajoz desde 1994 a 2004, (4) el número de religiosos asesinados en la retaguardia republicana al finalizar la contienda se elevó a 6857, de los cuales 4184 eran sacerdotes, 2365 frailes y 296 monjas. Sin embargo, con posterioridad, otros trabajos de investigación como el realizado por el P. Vicente Cárcel Ortí, encargado para la preparación del «catálogo de los mártires cristianos del siglo xx», solicitado por el papa Juan Pablo II en el marco del Gran Jubileo del Año 2000, amplían la estimación de esos datos, con más de 3000 seglares, en su mayoría pertenecientes a Acción Católica, con lo cual se estiman en torno a 10000 el número de víctimas pertenecientes a organizaciones eclesiásticas. En todo caso, el número real ha de ser notoriamente superior por cuanto la lista de los asesinados a causa de sus ideas religiosas fue muy superior. Lo que no ofrece ninguna duda fue el número de obispos que alcanzaron su martirio a lo largo de los años de la contienda:

Eustaquio Nieto Martín, obispo de Sigüenza (asesinado en 1936);

Florentino Asensio Barroso, obispo de Barbastro (asesinado en 1936);

Manuel Basulto Jiménez, obispo de Jaén (asesinado en 1936);

Manuel Borrás Ferré, obispo auxiliar de Tarragona (asesinado en 1936);

Narciso de Esténaga Echevarría, obispo de Ciudad Real (asesinado en 1936);

Salvio Huix Miralpeix, obispo de Lérida (asesinado en 1936);

Manuel Irurita Almándoz, obispo de Barcelona (asesinado en 1936);

Cruz Laplana y Laguna, obispo de Cuenca (asesinado en 1936);

Manuel Medina Olmos, obispo de Guadix (asesinado en 1936);

Juan de Dios Ponce y Pozo, administrador apostólico de Orihuela (asesinado en 1936);

Miguel Serra Sucarrats, obispo de Segorbe (asesinado en 1936);

Diego Ventaja Milán, obispo de Almería (asesinado en 1936) y

Anselmo Polanco Fontecha, obispo de Teruel (Parece ser que la orden de su asesinato partió de André Marty, Jefe de las Brigadas Internacionales apodado el carnicero de Albacete, cuando en 1939 al final de la contienda abandonaba España).

Víctimas de Ciudad Real y Toledo

Veamos a modo de ejemplo lo ocurrido en las principales provincias manchegas, (por el número y crueldad de los asesinatos), Ciudad Real y Toledo.

En orden a la persecución que tuvo lugar en Ciudad Real, aparte del asesinato y martirio ya citado del Obispo D. Narciso de Esteneaga y Echevarría junto a su capellán D. Julio Melgar Salgado, que fueron asesinados en las cercanías de Peralvillo del Monte, a orillas del Guadiana y a unos 8 Km. de Ciudad Real, otros 10 sacerdotes adscritos a la catedral y el seminario caían victimas del odio, aunque uno de ellos, D. Evaristo Quirós y Quirós, natural de Campo de Criptana y que en aquel momento ostentaba el cargo de Chantre de la Catedral fue perseguido hasta Madrid, donde fue asesinado por las hordas rojas el 15 de septiembre de 1936 en Chamartín de la Rosa, junto a sus dos hermanos. En cuanto a los religiosos asesinados en la capital manchega hay que cifrar el número en 16, de los cuales 4 eran Jesuitas; 4 Misioneros Hijos del Inmaculado Corazón de María, y 8 Marianistas del Colegio de Nuestra Señora del Prado. Esta misma Comunidad habrá de ser engrosada con D. Bonifacio de la Fuente, de quien se sabe que fue detenido en Andujar, y posteriormente desapareció, sin que haya podido encontrarse el lugar de su ejecución y martirio.

En los pueblos de la provincia, y ocupando en el momento de su muerte, la condición de Párroco, un total de 26 sacerdotes a los que hay que sumar otros 55 que ejercían su ministerio como coadjutores en los distintos pueblos, si bien, en muchos casos se ignora el lugar donde fueron asesinados. En todos ellos, aunque en gran número no se dan detalles de su muerte, la tortura y las humillaciones constituían la nota dominante. De muchos de ellos sí se tiene constancia del refinamiento, la crueldad y la barbarie que rodeó su martirio, como el caso del sacerdote D. Bernardo Atochero López, caído en la localidad de Daimiel a quien los milicianos condujeron hasta el cementerio, obligándole a cavar su propia tumba. Seguidamente dispararon contra él sin conseguir matarle, lo que no les impidió arrojarle con vida a la fosa entre sus gritos de clemencia, rogándoles le dispararan de nuevo y no lo dejaran agonizante. Y así lo hicieron; volvieron a dispararle pero nuevamente sin acabar con su vida. Tras media hora en la fosa arrojaron sobre él cal viva que al caer sobre sus heridas le hicieron gritar de nuevo demandando que aún se encontraba vivo. No satisfechos con el tormento que le habían inferido, lo enterraron hasta los hombros, dejándole fuera la cabeza a la que patearon de forma inhumana hasta acabar con su vida. (5)

No menos refinado y cruel fue el martirio del sacerdote de Torrenueva D. Felipe Campos Rodríguez, detenido el 11 de Agosto de 1936. El sadismo rojo les llevó en este caso a destrozarle todos los dientes de la boca y sacarle los ojos. En tal estado y desnudo lo tuvieron al mediodía durante dos horas al sol de Agosto, hasta su muerte. Después de muerto fue arrastrado por la plaza pública y trasladado de una checa a otra, hasta la celda donde se encontraban los restantes detenidos de Torrenueva. Allí ante su vista permaneció insepulto durante tres días. Cuando al fin decidieron llevarlo al cementerio, al meterlo en un saco y dada la rigidez cadavérica, le cortaron las dos piernas.

De especial importancia en lo que a la persecución religiosa se refiere,  fue el municipio de Herencia donde de los 70 hombres asesinados, (69 hombres y 1 mujer), 34 fueron propuestos para su beatificación. Es notable que sólo pudieran ser enterrados en el cementerio 21 personas; el resto fueron arrojados a la Mina de las “Cabezuelas”, en Camuñas. (6)

Si hay un municipio donde la Iglesia como institución y los sacerdotes en particular fueran objeto de una verdadera masacre, es Campo de Criptana, por entonces conocido como “el pequeño Moscú”. De los 7 sacerdotes que prestaban su obra en la Parroquia de la Asunción, 6 fueron mártires de la Fe en Cristo: D. Victoriano Beamud Sañoso, D. Especioso Perucho Granero, D. Manuel Antonio Muñoz Pedrero, D. Antonio Moraleda González, D. Franco Nieto Gallego y D. Avelino Ortiz Carrasco, además del antes citado chantre de la Catedral D. Evaristo Quirós y Quirós y el religioso D. Antolín Martínez Santos, este último asesinado en Alcázar de San Juan. No sólo los sacerdotes fueron masacrados, también miembros de Acción Católica, que se habían significado por su religiosidad eran ejecutados. Incluso las mujeres. Uno de estos casos de extrema crueldad fue el ocurrido en esta misma localidad el  20 de septiembre en la persona de cuatro mujeres que sacadas de la cárcel son conducidas hasta el cementerio donde tras ser violadas tres de ellas, son asesinadas y arrojadas a una fosa común. Más cruel fue si cabe, el trato dispensado a Dña. Pilar López, que estando embarazada, fue obligada a entrar en la habitación del conserje del cementerio junto a dieciocho milicianos. En su interior fue desnudada y objeto de todo tipo de bajezas y violaciones. Mientras la torturaban discutían entre ellos si cortarle los pechos, matarla con arma blanca o dispararle. Inconsciente, por los ultrajes sufridos, es trasladada por el exterior del cementerio hasta la Puerta Norte y conducida a la fosa donde habían sido ya arrojadas las otras tres mujeres. Una vez allí, dispararon sobre ella “unos 24 tiros de fusil”. No había sido suficiente; en el colmo de su mezquindad, colocaron una escopeta sobre sus partes genitales, efectuando dos nuevos disparos. (7)

El siguiente cuadro muestra un resumen de los religiosos asesinados por las hordas rojas en los pueblos de la Provincia de Ciudad Real. Un total de 85 entre Padres, Hermanos legos y estudiantes. (8)

De suma importancia para llegar a ver la violencia extrema de los frentepopulistas en su persecución a la Iglesia es el Boletín Eclesiástico del Arzobispado de Toledo, que fue incorporado a la Pieza décima de Toledo en los Archivos de la Causa General. En él se nos da una relación pormenorizada de los sacerdotes y religiosos víctimas del odio marxista:

Un total de 642 mártires más las victimas que fueron asesinadas en las 75 comunidades religiosas y de las que no se hace mención en el resumen del Boletín Eclesiástico del Arzobispado. Estamos hablando únicamente de sacerdotes y religiosos. Añádase el innumerable grupo de laicos ejecutados por sus creencias religiosas.

Casos de extrema crueldad se dan por el resto de la geografía española. Y aunque fuera de la Mancha, no podemos por menos que hacer referencia al escalofriante martirio de la madre Apolonia Lizárraga y Ochoa de Zabalegui, (9) superiora de las Hermanas Carmelitas de la Caridad, que contaba 69 años cuando sufrió su terrible martirio. Tras su detención el 7 de septiembre es trasladada a la checa barcelonesa de San Elías situada en el edificio que hasta el comienzo de la guerra había sido convento de las Clarisas. Allí permaneció hasta que el 8 de septiembre, es sacada de la celda diciéndole, “baja, que ahora descansarás”. A partir de este momento no se sabe nada de lo ocurrido salvo los testimonios de algunos de los allí detenidos que vieron lo sucedido tras su negativa de apostatar de su fe. Un testimonio directo y fehaciente es el de Mª Elena del Río Hijas, que recogió el relato que había recibido de su padre sobre el martirio de la madre Apolonia: “Fue cogida prisionera, llevada por los milicianos a una checa, la desnudaron y la llevaron a un patio. La ataron muñecas y tobillos y fue colgada de un gancho a la pared del patio. Con un serrucho la cortaron. Ella rezaba y rogaba por sus asesinos. Estos luego dieron su cuerpo a comer a unos cerdos que tenían allí, que al poco tiempo los mataron y los comían y vendían diciendo que eran chorizos de monja”. Otros testimonios refuerzan esta versión, pues era costumbre que algunos milicianos fueran por los bares de la zona ofreciendo “chorizo de monja”.

Pero la persecución no se limitó únicamente a las personas. También supuso la destrucción del patrimonio histórico artístico, monumental y documental. Iglesias, conventos, archivos, imágenes, objetos sagrados…, todo fue objeto de profanación y devastación. Conventos destruidos, iglesias en llamas, artesonados e imágenes hacinadas en las calles y plazas fueron pasto de las llamas. Quizá en toda España no se dio un caso de devastación de templos no decimos igual, sino similar al ocurrido en la población de Campo de Criptana. Lo que allí ocurrió (10) el 18 de Agosto de 1936 no tiene nombre. Las Milicias Rojas de esta localidad, que junto, a las de Alcázar de San Juan, Socuéllamos, Herencia y Pedro Muñoz, todos ellos integrantes del temido “Batallón Mancha Roja” que marcharon en dirección a Extremadura al objeto de contener el avance del Ejercito Nacional, lejos de conseguir su propósito son reducidos en dos días, lo que motivó una desbandada general. A su regreso, encolerizados, el 18 de Agosto tuvo lugar la jornada más sangrienta y luctuosa vivida durante toda la contienda. Aquel día se cometía un triple crimen: contra la religión, contra la vida y contra el Patrimonio Histórico y cultural. La humillación a que habían sido sometidos los encolerizó de tal modo que desataron su cólera contra los once templos que se hallaban en la localidad manchega, arrasando dos de ellos hasta su total devastación: la pequeña ermita de San Sebastián y la Iglesia-Templo Parroquial del siglo XIV, para cuya demolición se llegó incluso al uso de dinamita. En la fotografía que se adjunta se contempla lo que quedó de la Iglesia; ni una capilla, ni siquiera una pared derruida; tan sólo las piedras deshechas y amontonadas en el suelo. Lo mismo ocurrió con las ermitas del Cristo de Villajos y de la Virgen de Criptana, patronos del municipio, si bien en este caso fueron incendiadas sin llegar a la total destrucción, como ocurrió con la Iglesia.

Imagen atroz que muestra los restos de lo que había sido el templo de Ntra. Sra. de la Asunción de Campo de Criptana. Posiblemente sea la mayor devastación de un Templo habida en toda la España roja.

La inquina y el odio que albergaban socialistas, comunistas y anarquistas hizo que ni siquiera se respetara a los muertos. Mientras las milicias permanecen dentro de templos y conventos, son utilizados como garajes, graneros, cárceles e incluso como salones de baile. No faltan escenas atroces en que se organizan grandes orgías; se desentierran los cadáveres de religiosos/as que llegan a  exhibirse en algunos casos en actitudes hasta obscenas y de bufa a un público blasfemo que disfruta envilecido del macabro espectáculo de la profanación del templo. Hay casos como el ocurrido en Vich, donde se llega a jugar al fútbol con la calavera del Obispo Torras y Bages. Las imágenes son profanadas y mutiladas. Cálices, custodias, sagrarios son profanados e incautados. Órganos destrozados y quemados, archivos devastados e incendiados.

Este es el terrorífico bagaje de un socialismo genocida a quien hoy se rinde homenaje por su defensa de la democracia y la libertad. Su gran conquista, esas listas interminables de crímenes, saqueos, robos, torturas y mutilaciones. Su excusa, la defensa de una democracia que jamás existió durante la vida de la segunda república. Esta es la verdadera memoria de España; la memoria histórica que pretenden hacer desaparecer bajo amenazas, sanciones y manipulación en base a una ley labrada en el odio y que más que salida de un Parlamento que se dice democrático, parece salida del despacho de un tirano liberticida, que amparándose en la democracia, tan sólo pretende la incautación de la libertad de opinión y pensamiento, secuestrando la Historia de España, con la arrogancia chulesca del sátrapa más hostil y depravado.

(1)   Carta Colectiva del Episcopado español a los Obispos del mundo entero, redactada el 1 de julio de 1937 por el Cardenal Primado de Toledo D. Isidro Gomá
(2) En el Diario de Sesiones del Congreso de los diputados queda recogida la sesión parlamentaria celebrada el 16 de junio de 1936, se enumeran entre otros, los siguientes hechos:
“Iglesias totalmente destrozadas, 160; asaltos de templos, incendios sofocados, destrozos, intentos de asalto, 251; muertos, 269; heridos de diferente gravedad, 1287; agresiones personales frustradas o cuyas consecuencias no constan, 215; atracos consumados, 138; tentativas de atraco, 23; centros  particulares  y  políticos  destruidos,  69;  ídem. asaltados, 312; huelgas generales, 113; huelgas parciales, 228; periódicos totalmente destruidos, 10; asaltos a periódicos, intentos de asalto y destrozos, 33; bombas y petardos explotados, 146; recogidas sin explotar, 78”.
(3) Montero Moreno, Antonio, Historia de la persecución religiosa en España. 1936-1939. Biblioteca de Autores Cristianos, Madrid, 1961, 1999, ISBN 84-7914-383-5.
(4)  Encíclica Divini Redemptoris de Pío XI de 19 de marzo de 1937 sobre el comunismo ateo. Horrores del comunismo en España, 20
(5) Pieza décima de Ciudad Real. Persecución religiosa Archivo Histórico Nacional, FC-CAUSA_GENERAL,1033,Exp.3 Página 384. También se relaciona en el Informe del Ayuntamiento de Daimiel en Archivo Histórico Nacional, FC-CAUSA_GENERAL,1033,Exp.3  Pagina 90
(6)  P. Gómez- Montalbán, Joaquín. “Para la eterna memoria”.  Herencia 1936-1939. Archivo parroquial, Libro de difuntos nº 25, fechado el 30 de septiembre de 1939.
(7)  Informe del Cabo D. Tomás Hervás Expósito de la 202 Comandancia Rural de      Campo de Criptana (Ciudad Real) Archivo Histórico Nacional, FC-CAUSA_GENERAL 1029, Exp.25 Página 112.
(8) Pieza décima de Ciudad Real. Persecución religiosa Archivo Histórico Nacional, FC-CAUSA_GENERAL,1033,Exp.3   Paginas 13 a 35
(9) Así fue el martirio de la beata Apolonia del Santísimo Sacramento en la Barcelona de la Guerra Civil. Infovaticana. Juan E. Pflüger/ La Gaceta.
Ver también, Real Academia de la Historia. Beata Apolonia del Santísimo Sacramento: “Las gestiones que se hicieron para conocer sus últimos momentos de vida están reflejadas en la causa de beatificación, donde se señala que la madre general fue llevada a la checa de San Elías y descuartizada viva, echando sus carnes a los cerdos que cebaban en dicha checa. Estos testimonios han sido proporcionados por personas que no fueron testigos de vista de los hechos, pero sí oyeron manifestaciones de diversas personas relacionadas con dicha checa”.
(10) Archivo Histórico Nacional, FC-CAUSA_GENERAL 1029, Exp.25 Pág.115 respecto al Informe de la Jefatura Local de Falange Española Tradicionalista y de las JONS de Campo de Criptana (Ciudad Real), en concordancia con el Informe del Cabo D. Tomás Hervás Expósito de la 202 Comandancia Rural de la Guardia Civil de Campo de Criptana (Ciudad Real).

2 respuestas a «Memoria silenciada (V) La Religión, objetivo principal de las milicias rojas»

  1. Terrible, espeluznante…
    Gracias al autor por esta serie de artículos de la verdadera «memoria histórica».
    Sería imprescindible que la Iglesia, con capacidad económica para ello, editara un libro con la recopilación de estos artículos, poniéndolo a la venta sin ánimo de lucro
    O mejor aún, repartiéndolos de forma gratuita tras una buena campaña publicitaria. Y no sólo en las Iglesias, también en los MCS
    Es justo y necesario.

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