Metternich no frecuenta Santa Cruz o La mejor defensa de Ceuta y Melilla

Cuando me invitan a conferenciar sobre el Estrecho y puntos aledaños, “por mi reconocida competencia en esa y en otras zonas calientes”, se me aloja en Algeciras, más de una vez en el Reina Cristina, siempre señorial e histórico, marco de la Conferencia de 1906 como atestiguan las fotos en sus salones con la firma del acta entre once plenipotenciarios europeos, más Estados Unidos, Rusia y Turquía y el embajador marroquí en Madrid, El Mokri. En la Conferencia, a la que la propaganda recuerda que acudió un joven periodista Winston Churchill, amén de que los británicos hicieron valer su Entente Cordiale con París consiguiendo anular la amenaza contra la Royal Navy en Gibraltar de una base para la Kaiserliche Marine, el propio Kaiser impresionaría un año antes con su visita a Tánger, se consagró el dominio galo sobre le Maroc, que a cambio deja manos libres a Inglaterra en Egipto. Asimismo significa el origen mediato, hubo que esperar a su formalización en el tratado de Fez de 1912, del protectorado de Francia en Marruecos, que nos endosó una zona de influencia, otro protectorado un tanto atípico, ya que además de firmarlo con París, el sultán y los centros de poder quedaban en la mucho más grande y desarrollada parte francesa. Décadas más tarde recorrí desde Rabat nuestra zona con un ayudante, Toral Carleton, para preparar las negociaciones sobre los Bienes públicos de España en Marruecos, en las que participé. Y el hotel durante la Guerra Civil española y especialmente a lo largo de la Segunda Guerra Mundial, fue centro de espías alemanes e italianos controlando el paso del Estrecho.

Para mí, también se traduce simbólicamente en proseguir tratando nuestros contenciosos diplomáticos y esgrimir las conclusiones con honor y profesionalidad y ojalá que con acierto, ese mismo tino que le ha faltado al gobierno y acólitos: “la situación era insostenible” ha zanjado Sánchez, explicando pero no justificando claro, el dislate en el que ha incurrido Madrid, que es de harto complicada reconducción al tiempo de constituir la resultante de un cúmulo de errores desafinando en do sostenido, claro que no todos del presente.

Una de las consecuencias centrales de la neotérica relación hispano/marroquí, en la que la parte española ha encajado críticas e improperios desde todo el arco parlamentario, incluidos sus socios, de analistas y hasta de aficionados, con una elocuente terminología, pivotando sobre la ausencia de responsabilidad, cierto, se insiste, que crónica, es el anuncio de la celebración antes de fin año de la XII RAN, prevista inicialmente para diciembre del 2020. La anterior Reunión de Alto Nivel tuvo lugar en junio del 2015, con el gobierno del PP, y en cuanto elemento clarificador y potencialmente destrabador, resulta fundamental. Cuando se llegue a las negociaciones (antes se negociarán las aguas jurisdiccionales por expirar el plazo para que Rabat formalice su política de ampliación de la plataforma continental con todo lo que implica, “cuidemos las Canarias y los canarios los primeros”, les vengo reiterando  desde el afecto a aquellas buenas gentes, y en las que se toca hasta las Salvajes, y natural y vinculantemente el Sáhara) donde España se verá constreñida a una estrategia defensiva en tan proceloso tablero, jugando con las negras, en lugar de rentabilizar el ataque que proporcionan las blancas, entonces procederá nuestro recordatorio una vez más: se impondrá realizar un ejercicio de muy alta diplomacia, que permita compatibilizar el profundizar y antes, el reconducir los contactos con el para mí añorado Marruecos, los más históricos, ricos, especiales y complejos en la polícroma globalidad de nuestras vecindades, con el respeto a los principios.

Dentro de la crisis general de valores y de hechos en que se debate el país, cuarta/tercera potencia de la UE, la política exterior arroja un déficit considerable, asaz preocupante en su carácter inercial, y han sido los contenciosos y en particular el casi olvidado y para mí bienquisto Sáhara, donde censé a los 339 compatriotas que allí quedaron, el factor desencadenante, que miren por donde ha vuelto a la palestra. Sobre el Sáhara, se reitera de nuevo, todas las veces que fuera menester que diría el clásico, que la resolución a tan enconado conflicto requiere ineludiblemente la concertación entre los contendientes como preceptúa Naciones Unidas. Que la clave radica en llegar al acuerdo entre las partes. Y ni la RASD, ni Argelia, parte más que interesada, aceptan la nueva política española, que parece no tener en cuenta elemento tan básico.

Y por otra parte, sobre Ceuta y Melilla, Madrid, Moncloa/Santa Cruz, tendría quizá que manejar más la variable muy visible de una posición ventajosa, sobre la que parece indicado insistir, a la que no se ha llegado por ninguna sutil técnica diplomática sino por el dato primario de que la situación es la que es. Y debería de jugarla sin alharacas pero sin complejos, sin llegar al touché pero con una sugerente soft diplomacy, esto es, de esgrimirla cuando y como corresponda, y todas las veces que aconseje la oportunidad, que este parámetro sí resulta incluible en la técnica de las relaciones internacionales, y en concreto en la de la coyuntura estratégica, ya que podría llevar al trono alauita a matizar su enfoque, a refrenar su audacia bien probada en el Sáhara, como es de suponer que tan advertidos y competentes diplomáticos están ya haciendo aunque sea sotto voce.

Esa variable es la propia legislación internacional, en la que creemos tan modesta como fundadamente, que radica la mejor defensa que quizá exista en primera instancia sobre Ceuta y Melilla.

Como es sabido, la reivindicación sobre  las ciudades, islas y peñones, que forma parte del credo programático e irrenunciable alauita, que es histórica e imprescriptible, está congelada en Naciones Unidas por Marruecos desde el 13 de agosto de 1975, era el momento del Sáhara y Hassan II en buen táctico decide bifurcar los esfuerzos, “pendiendo como espada de Damocles sobre la cabeza del gobierno español hasta el día en que a Rabat le interese reanimarla”, en la frase autorizada aunque un tanto efectista del diplomático Francisco Villar, lo que, siempre teóricamente, activado el caso, colocaría el tema ante el Comité de los 24 (Mohamed VI o su sucesor, no irían al TIJ porque a diferencia del Sáhara, sus chances se dirían menores), esto es, incluible en el Estatuto de Territorios no Autónomos. En este punto se recuerda que las modalidades de la libre autodeterminación son, independencia; libre asociación; integración, o cualquier otro estatuto político.

Entonces, y estamos repitiendo fundamentalmente las tesis, el catálogo de una veintena de “soluciones”, que escribí hace más de treinta años en Córdoba, Argentina, luego editadas por el Instituto de Estudios Ceutíes, (se publicó allí, donde yo fungía como cónsul general porque en Exteriores me pidieron eliminar “la promesa de devolución por parte del rey de España”, cuando era más que conveniente dar a conocer en nuestro país la inexactitud de Attilio Gaudio, lo que no ocurría y yo la había encontrado casi de casualidad reproducida, con las cautelas de rigor, que todo hay que decirlo, “se serait engagé…”, en un fascículo de Negocios Extranjeros de Rabat, es decir, que existía una suerte de casi oficialización, que se imponía atajar) existiría la posibilidad de que Marruecos “recuperara” las ciudades. Pero se daría también la misma eventualidad, sólo que con visos de mayor probabilidad, de que se desestimara la opción marroquí. No parece haber necesidad de argüir en demasía para concluir que en la disyuntiva integración a España o a Marruecos, las ciudades se decantarían por la alternativa española o en otros términos, que en ninguno de los cuatro supuestos de la autodeterminación, Ceuta y Melilla revertirían a Marruecos.

Por lo pronto está el argumento más simple, el numérico (atención, políticos hispánicos) pero hasta en cuotas similares hay datos suficientes para pronosticar que los musulmanes se sienten melillenses y ceutíes lo que les da un nivel de vida político y económico superior al que, a pesar de sus meritorios y sostenidos avances, ofrece el vecino del sur, que necesitaría bastante tiempo, así en genérico, para superar el gap. “Somos melillenses”. Ni españoles ni marroquíes. Melillenses, proclamaban, como tantos otros, en las manifestaciones masivas de finales del 87, los miembros musulmanes del grupo cultural Averroes, colocando la problemática en la nueva dimensión que se deriva de un acendrado particularismo, de un sentido y arraigado localismo, originado como reacción defensiva y en el que podría subyacer el recurso quizá menos forzado: el reconocimiento del sentimiento melillense y por supuesto, en su caso, del ceutí, como variable potencialmente dirigida a la libre determinación.

Y si se quiere, incluso la misma independencia, que aparte de su basamento legal, se inscribiría de forma natural en el contexto de la autodeterminación de los pueblos. Se trata de núcleos poblacionales de cuantía considerable, que llevan establecidos en el territorio secularmente. Situados así, ante la salida independentista, no resultaría inconveniente determinante la exigüidad territorial (Ceuta, 19.300 Kms2; Melilla, 12.300). Recordemos que Mónaco tiene una superficie de 2 kms2.

A partir de aquí, la viabilidad sería otra cuestión, lo que emplaza el tema ante la posibilidad teórica de la libre asociación, en el estado políticamente casi puro de Puerto Rico con Estados Unidos o en los más peculiares pero igualmente operantes de la “amistad protectora” de Francia con Mónaco o de Italia con San Marino, y dentro de esos regímenes interesarían los aspectos económicos, es decir, las uniones aduaneras del tipo Liechtenstein/Suiza o Mónaco/Francia, como recoge todo ello el inolvidable profesor de París, Charles Rousseau.

Sea como fuere, la eventual salida, en tamaña cuestión, sin duda el contencioso más delicado y complicado que tiene España, donde el concepto y la terminología salida resulta más indicado que el de soluciones, pasaría por la voluntad de los habitantes, base incuestionable de cualquier derecho internacional que se proclame moderno.


4 respuestas a «Metternich no frecuenta Santa Cruz o La mejor defensa de Ceuta y Melilla»

  1. Al paso que vamos, la única salida es el abandono de las alianzas internacionales que no nos protegen y nos maniatan, es decir, la OTAN y la UE, cambiándolas por las que sí lo hagan, no tan difíciles de encontrar. A lo anterior hay que añadir el claro mensaje a Marruecos que su inestabilidad interna (social y étnica) puede ser explotada por España en su legítima defensa: recordemos el ofrecimiento de Abd El Krim en 1954, quien propuso a España que independizara su Protectorado del Rif a cambio de ampliar las zonas de seguridad de Ceuta y Melilla (Israel lo hace por la fuerza en El Golán, cosa que incluso Francia rechaza hasta hoy en día). Además de que España puede y debe reclamar sus obligaciones como potencia administradora del Sáhara ante el Consejo de Seguridad, en defensa del nunca celebrado referéndum y del masacrado pueblo saharaui, además de la soberana RASD.
    (Tomado de «España, Marruecos y el Conflicto del Sáhara», Ed. Gallandbooks)

  2. Don Ángel es un placer y un honor poder leerle en este magnífico diario digital, y aprender mucho de sus amplios y sobresalientes conocimientos.
    Mis fel.icitaciones a usted, y a El Español Digital, por tenerle en nómina, pero, eso sí, sin sueldo.
    Gratis et honorem, como se hacen las cosas importantes en la vida.

  3. Pretender que Ceuta y Melilla sean dos nuevos estados, en el peor de los casos, asociados a España (si quieren, estilo Puerto Rico con USA), me parece una gran idea, en el plano teórico, pues creo es evidente que Marruecos la rechazaría de plano.
    ¿O España admitiría que GIBRALTAR fuera un estado tercero, entre los hijos de la Gran… Bretaña, y nosotros?
    (Aunque, con esta m. de gobierno sanchista, todo es posible).

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