Monarquía vs. republica: la historia sustento de la monarquía (II/II)

Sempiterna dicotomía. Debate nunca obsoleto, sino constante y actual, al menos en España. Asunto nunca zanjado. Problema recurrente. ¿Monarquía o república? Presentamos, en dos partes (aquí el autor), un interesantísimo trabajo sobre tan importante y trascendente cuestión, en el que se aborda en profundidad la razón histórica que sustenta a la monarquía como el mejor régimen para España; la España de hoy, como la de ayer… y la de mañana.

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Segunda y última parte de este trabajo (Aquí la primera parte)

Cuando digo que la Monarquía es la historia de España, obviamente estoy empleando una figura retórica, no es una fórmula matemática, pero con ello quiero decir que la Historia de España está basada no mayoritariamente, sino totalmente en la historia de sus reyes, y del hecho monárquico, de tal forma, que si sacásemos, de ese gran libro de historia que es la de España, la historia de sus reyes, todo el armazón se nos vendría abajo y solo nos quedaría el papel en el que estaba envuelto el libro.

Pero para no volver a caer en retórica pondré un ejemplo: si pretendemos hacer un trabajo por ejemplo sobre la desamortización en la Historia de España, pues obviamente nos ceñiremos a un periodo histórico muy concreto del siglo XIX, y todo el resto no aparecerá en el mismo, poco tendríamos que hablar de los Reyes Católicos, o de cualquier otro periodo. Si el motivo del trabajo es la República, también se concretaría en el tiempo, bastante reducido. Incluso el hecho americano, de tanta importancia no aparece hasta finales del siglo XV y al principio de XIX desaparecerá quedando el pequeño vestigio de las Antillas que se desvanecerá totalmente al finar dicho siglo. Como estos podríamos tomar muchos ejemplos. Pero si nuestro trabajo es sobre la Monarquía y la historia de España, el vinculo es tan potente que recorreríamos toda la historia desde el momento que aparece el concepto de nación española, aunque ciertamente en un principio sean varios los reinos asentados en la Península, pero obviamente monarquías. La historia de Aragón y sus reyes es la historia de España, la de Castilla, Navarra, etc. Y en todos los aconteceres históricos estará presente la sombra de la Corona. Yo creo que particularmente podríamos hacer este ejercicio, pero si se obstinan en discutirlo pondría miles de ejemplos…las guerras de Italia del Gran Capitán. Hace la guerra por su cuenta, pero por encima está la sombra del rey Fernando, que en su momento aparecerá en escena.

Cristóbal Colón se embarca en sus barquitos y va a hacer las Américas o a encontrarlas, pero arranca de su relación con los reyes, es la corona quien le patrocina el viaje. Cuando regresa va a darle cuenta de sus descubrimientos. Lo hemos visto hasta en el cine, versión vulgarizada de la Historia. En una película sobre Colon tiene que haber una actriz que haga el papel de la reina Isabel la Católica.

Difícilmente podríamos hacer un trabajo de historia sobre España, sin mencionar a alguno de sus reyes (me refiero a reyes de España, o reyes españoles, es decir de Castilla, Aragón, etc. también).

Se me ha objetado que si en un principio la historia de España se basaba en lo Reyes, a partir del siglo XVIII los políticos empiezan a desempeñar cargos importantes y soportan este protagonismo.

Los políticos siempre desempeñaron cargos a lo largo de la historia de España y tuvieron protagonismo. Felipe II, en el siglo XVI está rodeado de políticos. El gran duque de Alba ejerce un papel político, el príncipe de Éboli también, así como todos los secretarios del rey aunque no fuesen del estamento nobiliario.

El conde duque de Olivares, el duque de Lerma, el duque de Uceda…el duque de Osuna, virrey de Nápoles y Sicilia. Si nos vamos atrás en el tiempo también los encontraremos, don Álvaro de Luna, en fin, cada uno puede abrir su manual de historia y no es necesario que os copie el mío. ¿Que el papel de los Reyes era indiscutible y los políticos no pintaban nada?, bueno, eso también es muy discutible. La autoridad de Fernando II de Aragón sobre el reino de Castilla a la muerte de Isabel será puesta en entredicho por un grupo grande de nobles, cuya influencia competía con la del Rey.

Políticos fueron todos los virreyes y gobernadores de los territorios de la Corona, tanto en América, como en los Países Bajos y en Italia. Su papel era fundamental pero vuelvo al tema recurrente. No se puede hablar de la guerra de Flandes, con sus gobernadores, algunos de ellos de sangre real, sin hablar de Felipe II o Felipe III.

Eso es así y yo no lo he inventado, solamente lo que hago es constatar el hecho histórico. Y eso ocurre en otros países también. Y ponía el ejemplo de Francia. Y vuelvo a repetir lo mismo. Un día inventa la Revolución. Y para basar ese nuevo régimen quiere romper con todo lo anterior porque le molesta. No es un progreso, es un salto en el vacío. Termina con los reyes asesinándolos, porque nadie que tenga el mínimo concepto de la justicia puede decir que el juicio a Luis XVI tenía algo de garantías jurídicas, lo mismo que el de la reina María Antonieta, y al niño que dejan morir en la prisión con 10 años. ¿Qué delito pudo cometer a esa edad?. Encima se le acusa a la reina de practicar el incesto con su hijo, cosa que supongo que hoy día avergonzará a los franceses. Y no solo se mata a los vivos, sino que se asesina también a los muertos. El sacrilegio que se comete en la basílica de Saint Denis es inconcebible y casi increíble, y no por una panda de incontrolados, sino que con ordenes del gobierno (¡qué gobierno¡). Se profanan los restos hasta del rey Dagoberto.

Pero el problema francés es que hoy día consideran que su régimen está basado en los principios de la Revolución. Y no reniegan de su error. Y se encuentran que tienen una historia incómoda, llena de reyes que hicieron la Francia, como dice Georges Bordonove en la serie de biografías de todos los reyes de Francia. Y no saben cómo solucionar el problema para culpabilizar a todos, de que si la revolución tuvo lugar, fue debido a que a lo largo de la historia hubo una serie de señores que fueron acumulando una serie de males hasta que estalló la revolución redentora y Francia se convirtió en una república.

Pero claro, estos nefastos personajes coronados son precisamente los que hicieron la Francia que llegó a finales del siglo XVIII siendo una gran potencia. Y entre ellos había un santo (San Luis), ¿qué hacemos con él? ¿Lo acusamos también de vividor y crápula? Y entonces se encuentran con un dilema que todavía no han resuelto. ¿Cuál es la historia de Francia?. Dios creó el mundo, y al octavo día creó la revolución y nace Francia. ¿Y antes qué?

Hay un libro que trata el problema de la enseñanza de la Historia en Francia, por estas razones que he expuesto anteriormente: «Les Rois de France. Enfants cheris de la Republique»; Autor : Claude Lelievre; Editorial Bartillat/Paris/1999.

Montesquieu

Cierto es que la Revolución aportó una serie de avances. Yo no voy a discutir las ventajas de los principios democráticos. La separación de poderes (aunque para algunos Montesquieu ya ha muerto). La soberanía nacional (aunque ahora ya parece que ha quedado caduco este principio y se piensa que la soberanía es individual o tribal), etc. Pero lo que si discuto es que esto se lograse de una forma tan traumática y tan sangrienta. Gran Bretaña consiguió dichos avances sin llegar a esos baños de sangre. Y los demás países habrían podido hacer lo mismo, ese es el progreso, ir hacia delante, pero no revolverlo todo y volver a la caverna.

Pero alguien para justificar la Revolución francesa dice: “mientras sus maravillosos reyes y nobles, vivían entre su boato, palacios, etc., ellos se morían de hambre, vivían miserablemente, y el país estaba desangrado por las guerras y las malas cosechas. No es de extrañar que al final los pobres franceses hiciesen algo así».

Eso es una visión muy sesgada de la historia. Primeramente la revolución francesa no la hicieron esos descamisados que aparecen en las películas con las picas y guadañas buscando cabezas que ensartar. No creo que Robespierre fuese un muerto de hambre que tuviese que matar a un orondo duque para…¿comérselo?

Ese mensaje es muy peligroso porque hoy día hay también muchas diferencias sociales y económicas pese a los bellos postulados de la Revolución

¿Y qué se hace? Matar al que come para comérnoslo? Ese argumento es el que está empleándose para justificar a los asesinos del quinto mundo, o del quinto infierno. Matan en los países desarrollados porque viven bien. Y se llevan por delante a un montón de trabajadores que se están ganando la vida con su trabajo diario. En Nueva York o en Madrid, o en cualquier parte del mundo que ocurra. El hambre no justifica el crimen. Ni ahora, ni en 1789. ¿El boato? ¿es que M. le President no hace alarde de boato cuando se pasea bien escoltado por los regimientos de la Guardia Republicana? ¿y es que no vive en un palacio? ¿es que en Francia no hay pobres? ¿o clochards?¿Para qué entonces esa revolución? ¿para terminar coronando a un revolucionario con una corona imperial, haciendo un remedo de las monarquías? Y empezar a repartir ducados entre sus parientes más próximos?

El nacimiento de la república en Francia, una nación como he dicho ligada a lo largo de su historia a la monarquía no tiene un arraigo histórico. Actualmente se agarran a ese origen reciente, y curiosamente celebraron el bicentenario con gran regocijo, como si fuese el nacimiento de Francia. Yo tuve la vergüenza de asistir a la proyección de unos filmes realizados sobre la revolución con ocasión del bicentenario y que fueron proyectados en versión original y para invitados en el cine Palafox. Se trataba de dos películas, de una duración aproximada de 6 (seis) horas, dirigidas por Robert Enrico y Richard Heffron, que luego no fueron estrenadas en España en sesiones comerciales, tan solo hicieron un resumen de dos horas que ha sido pasado por la televisión. Bueno, pues entre el público mayoritariamente francófono, pues el acto lo patrocinaba la embajada francesa y Air France, me sentí avergonzado cuando en el momento del asesinato del rey Luis XVI, algunos facinerosos empezaron a aplaudir, aunque hubo otros que los abuchearon y gritaron Vive le Roi. Verdaderamente vergonzoso que esto ocurriera 200 años después de los hechos ocurridos, y que no solo no hayan utilizado el tiempo pasado para arrepentirse, sino que alardean de su crimen histórico.

Y por eso digo que es un estigma. Un castigo que arrastrarán a lo largo de los tiempos. Además la república nacida de la revolución, como sabemos, fue efímera. Primero por la traición a la misma de Napoleón creando una monarquía muy sui generis. Después como sabemos hubo una restauración borbónica y una monarquía burguesa en la que el rey ya no era tan absoluto. Luis Felipe fue rey de los franceses, y su bandera la tricolor. Tampoco sirvió. Otra intentona. Segundo Imperio. Tampoco vale. Y es sabido que a finales del siglo XIX hubo intentos de una nueva restauración. Y por último también se lo planteó el general De Gaulle como sucesión a su régimen, la V República. Porque eso si, un rey se echa y se acabó, pero las repúblicas se suceden a sí mismas y hasta que no se acaben los números ordinales no se terminarán.

Decía anteriormente: Se respira monarquía (en Francia) en su historia, en el nombre de sus ciudades, de sus regiones, de sus unidades militares, de los símbolos e insignias de sus regimientos.

En cuanto a las denominaciones de algunos regimientos militares, curiosamente siendo paracaidistas, entroncan con sus antiguas denominaciones como regimientos de húsares. Verbigracia: el Regimiento de Húsares Paracaidistas de Tarbes.

Recuerdo que la II República española quiso cortar con el historial de todos los regimientos militares y les quitó sus gloriosos nombres dejándoles solamente un numero para identificarlos.

No quitó solamente los nombres relacionados con la familia real, Regimiento del Rey, de la Reina, del Príncipe, de la Princesa, de Borbón, sino también los que hacían mención a gestas de las unidades militares y de la historia de España. Pavía, Flandes, Sicilia, América, Lepanto, Covadonga, Villaviciosa, Almansa, Nápoles, Saboya…y un largo etcétera.

Francisco I en la batalla de Pavía

Y abundando en el tema militar, por aquello de que los ejércitos son garantes de la historia patria, los franceses, si tienen ese merito que he apuntado anteriormente, cometieron el grave error de cercenar su patrimonio histórico destruyendo todas las banderas de las unidades militares anteriores a la república. En el museo de los Inválidos no encontrareis ninguna bandera anterior a la revolución, fueron destruidas. Quizás se salvaron de esa ignominia las banderas que cayeron en poder de otras naciones en combate (pues aun enemigos en el campo de batalla se tenían un respeto a los símbolos). Pero las que tenia España, bien se preocuparon en el saqueo que practicaron cuando vinieron a visitarnos las tropas napoleónicas, de llevárselas. Supongo que también irían a la hoguera. También se llevaron la espada que Francisco I había rendido en Pavía (no sé para que querrán la espada de un rey por muy francés que fuese, aunque la excusa puede ser que fue en tiempo de Napoleón, el aprendiz de rey). Lo considerarían una recuperación, aunque no creo que eso fuese aplicable a los cálices de la catedral de Córdoba y los saqueos de tumbas para lo cual ya venían bien entrenados. En compensación nos dejaron las ideas revolucionarias que iban exportando por Europa a golpe de sablazo, entre ellas esa tan pintoresca de profanación de tumbas e iglesias, que cuando empezamos nuestras andaduras progresistas comenzamos a practicar en casa para ver si habíamos aprendido bien la lección.

No quiero dar la impresión de tener animadversión a los franceses. Es un país que me encanta. Solamente quiero remarcar ese error histórico de romper con su historia para basar su régimen político en algo tan contradictorio a su esencia, como es la república.

Se me objeta también a lo expuesto anteriormente que: “Y un país no debe ser monárquico porque siempre haya sido gobernado por reyes, una cosa no tiene porque seguir siendo siempre igual, se debe cambiar, siempre hay que progresar, si no cambiásemos la humanidad nunca hubiese progresado, y estaríamos estancados en la Prehistoria».

Ciertamente las cosas no siempre deben ser iguales, yo también creo en el progreso, no en el regreso. La progresía esa palabra tan bonita ahora, que se dice cuando no se sabe qué decir, como el “superkalifragilistico espialidoso” de Mary Poppins, resulta que no se ha inventado ahora, ya existía hace bastante tiempo (habrá que mirar su fecha de caducidad no sea que nos apuntemos a ella y ya esté obsoleta, perdón caducada, el término obsoleto lo emplearé después). Concretando, si la palabra progreso según el diccionario de la RAE viene del latín progressus, y significa acción de ir hacia delante, fijaos si es antigua, tanto como el andar “palante”, que diría un castizo.

Una de las cosas que nos hace progresar es la ciencia, la tecnología. Que mayor maravilla que ésta de estar comunicándonos a miles de kilómetros uno de otros por medio de este gran progreso que es el Internet. Y cuando cierre el ordenador, coger un avión y plantarme en París o Londres en unas dos horas aproximadamente. Eso es progreso, y como esos ejemplos puedo poner cincuenta mil más.

Pero lo que no es progreso es considerar que hay instituciones que tienen un plazo de caducidad, y pasado el cual se vuelven obsoletas. La familia no la hemos inventado ahora, lleva instituida miles de años, bueno pues nos tiene que seguir sirviendo. Obviamente las relaciones familiares no son iguales que las de hace un siglo, o hace quince. Quizás en una época de nuestra vida nos pese un poco y queramos romper las cadenas, pero luego formamos nuestra propia familia, y pretendemos restablecer el enlace con nuestros ancestros. Ha habido intentos de romperla, por ese progresismo que entonces se llamaba comunismo.

Estoy hablando de la U.R.S.S, de la que obviamente voy a tratar con mayor abundamiento cuando hablemos de la monarquía. No se van a ir de papitos. Bueno pues ahí está el resultado. La URSS ha caducado, y la familia sigue vigente. Me he extendido un poco con la familia, para demostrar que una institución por muy antigua que sea no quiere decir que por eso sea obsoleta.

Voy a poner más ejemplos aunque estos solo los apuntaré. Creo que no es necesario explicitarlos pero si se me requiere no tengo inconveniente en ello.

Instituciones milenarias no caducadas, con total vigencia: Ejércitos. Ya los griegos, y antes otros pueblos, asirios, caldeos…(en fin, abramos nuestro manual de historia universal por donde queramos), tenían ejércitos. Bueno pues ahí siguen. Obviamente son diferentes a las legiones romanas o las falanges griegas. También los ejércitos progresan. Pero no caducan. No están obsoletos. Ah! Y la repúblicas también tienen ejércitos, y no digamos aquella que encima no solo era una república sino una unión de repúblicas.

El Estado…pues tampoco ha caducado. Bien que también los progre de la época, los anarquistas, elucubraron que se podía vivir sin estado. Pero caducó su forma de pensar…bueno, alguno quedará. Pero lo cierto es que todas las naciones tienen sus estados. Algunos de ellos republicas ciertamente. Pero ahí está el Estado como institución no caducada por obsoleta.

La Hacienda pública, los impuestos. Bien quisiéramos todos que hubiesen caducado, porque también es un poco antiguo esto de pagar impuestos. Recordemos lo de dar al Cesar lo que es del Cesar, etc. Pues nada. Sigue vigente y obviamente así debe ser pues si no quien va a pagar las carreteras (es un verbigracia, hay miles).

En fin no quiero aburrir con más ejemplo para hacer evidente que una institución por muy antigua que sea, y por mucho que progrese la humanidad no tiene porqué ser obsoleta, pues precisamente ese progreso también lo van a efectuar dichas instituciones.

Y la Monarquía es una de esas instituciones milenarias, que se mantiene, que obviamente ha evolucionado, o progresado. No es lo mismo el rey don Pelayo, que Felipe II, que Carlos III, y obviamente que don Juan Carlos I.

Y si se me dice: “Y un país no debe ser monárquico porque siempre haya sido gobernado por reyes”. Pues precisamente ahí está la clave de la evolución de la institución. El país es monárquico, la forma política del Estado es la Monarquía parlamentaria, pero ahora los reyes no gobiernan. Algo ha cambiado ¿no?

¡Ah! Por cierto. La república no se inventó antes de ayer. Incluso Roma antes de ser Imperio fue una República. Y el largo etcétera que nos ofrece la historia, que vuelvo a repetir que está en los libros. Resumiendo: que las instituciones no tienen fecha de caducidad como los yogures. Y obviamente están sujetas a evolución o progreso (a mí también se me llena la boca con esta palabra, que no es privativa de nadie), sin necesidad de que desaparezcan para cambiarlas por otra, que quizás sea más rancia y obviamente menos significativa para el país del que tratemos.

Y también se objeta: “Un país debe ser a imagen y semejanza de sus habitantes, no de sus antiguas costumbres, o tradiciones obsoletas». Bueno, lo de las tradiciones obsoletas ya lo he contestado. Pero lo de que debe ser a imagen y semejanza de sus habitantes…pues no.

Un país, o mejor dicho una Nación es un conjunto de tradiciones, que forman lo que es la cultura de esa nación. Es su Historia, es su territorio, es su cultura artística que observamos cuando miramos en nuestro derredor, ese castillo cuyas piedras aun resisten al paso del tiempo y sigue dominando el paisaje. Esa casona de campo, esa catedral que se alza hacia el cielo y que nos habla de una historia y de unas creencias ancestrales, vayamos o no a misa. Es su idioma, o sus idiomas, su literatura, todas las expresiones de la cultura. Idioma original o importado. En España la lengua latina nos fue traída de fuera, así como en Hispanoamérica también recibieron de fuera el legado de la lengua española. Es su territorio, obviamente cargado de historia, que se ha ido conformando a lo largo de siglos.

Y son sus habitantes, sus naturales…pero, atención, no solamente la generación que en el momento que nos ocupa lo está ocupando, valga la redundancia. Somos nosotros, nuestros ancestros y los que vienen después. Y ahora voy a decir algo muy fuerte: ninguna generación, NINGUNA, tiene el derecho de enajenar el patrimonio que hereda y que debe transmitir a sus descendientes.

No podemos dividirnos el territorio entre todos, y el que venga detrás que arree, y no podemos cargarnos las instituciones para estar a la moda…de París. Es lo que podemos llamar el LEGADO, político, cultural e histórico. Nosotros lo recibimos, lo administramos, lo debemos engrandecer, y después cederlo, legarlo a las generaciones futuras.

Las naciones se han conformado con unas razones históricas, entre las cuales en su día estaba el derecho de conquista, pero obviamente evolucionando se ha llegado a un estatus que no se puede alterar caprichosamente. Granada es España, y Buenos Aires es Argentina. Y ahora es impensable pensar que me devuelvas esto que era mío y yo te doy aquello o lo que sea.

Ciertamente que hay litigios de fronteras en el mundo, y que deben resolverse. Pero las naciones que se han consolidado a lo largo de la historia no pueden estar a los vaivenes de las modas que quieran implantar unos y otros. He recurrido nuevamente al patrimonio territorial. Pero solamente lo quería poner como ejemplo para exponer que al igual que el territorio las instituciones, y en este caso la Corona, no pueden estar sujetas a los citados vaivenes.

Obviamente lo han estado a lo largo de la historia, pero precisamente la normalidad es que vuelvan a su estado estable y en él permanezcan. Sin ir más lejos me remonto al siglo XIX español, cuando los políticos no sabiendo resolver los problemas pensaron que el problema era la Reina Isabel II y la destronaron. Se inventaron todas las formas políticas del estado hasta que al final hubo que recurrir a lo que era lo tradicional y lo congruente: la Monarquía Borbónica. Y algo parecido pasó en el siglo XX.

Sugiero, a quién desee realizarlo, otra razón a estudiar que justifica la monarquía: el declive de todas las Monarquías europeas que existían al principio del siglo XX y se convirtieron en repúblicas «progresistas» por diferentes causas, y así les fue a algunas de ellas.

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