Mons. Schneider: por la dignidad y libertad del ser humano

El pasado 8 de mayo de este año se publicó un texto titulado Llamamiento a la Iglesia y al mundo para los fieles católicos y  los hombres de buena voluntad. Entre los primeros signatarios figuraban entre otros tres cardenales, nueve obispos, once médicos, veintidós periodistas y trece abogados.

Sorprende que los representantes de las instituciones eclesiásticas y políticas y de los medios de difusión hayan desacreditado al unísono, según el pensamiento dominante, la preocupación del Llamamiento con el falaz argumento de tildarlo de teoría de la conspiración a fin de cortar de raíz todo posible debate. Recuerdo una forma semejante de reacción y de lenguaje en tiempos de la dictadura soviética, cuando los disidentes y los críticos de la ideología y la política dominante eran acusados de complicidad con la teoría de la conspiración del Occidente capitalista.

Los críticos del Llamamiento se niegan a reconocer las pruebas, como por ejemplo la comparación entre los datos oficiales de la tasa de mortalidad correspondiente al mismo periodo para la gripe estacional de 2017/2018 y la actual de Covid-19 en Alemania, donde la tasa de mortalidad es muy inferior. Hay países con medidas moderadas de seguridad y prevención del coronavirus que, por ese motivo, no tienen una tasa más alta de mortalidad. Si reconocer hechos evidentes y debatirlos se tilda de teoría de la conspiración, los motivos de preocupación por la existencia de formas sutiles de dictadura en nuestra sociedad están bien fundamentados para toda persona que todavía piense de manera autónoma. Como es sabido, la eliminación o el descrédito del debate social y de las voces no alineadas es una de las principales características que distinguen a un régimen totalitario, cuya principal arma contra los disidentes no son argumentos tomados de la realidad, sino el recurso a una retórica demagógica y populista. Sólo las dictaduras tienen miedo a los debates objetivos en caso de disparidad de opiniones.

El Llamamiento no niega la existencia de una epidemia y la necesidad de combatirla. Sin embargo, algunas de las medidas de seguridad y prevención suponen la imposición forzada de formas de vigilancia total de las personas que, so pretexto de la epidemia, vulneran las libertades civiles fundamentales y el orden democrático del Estado. También es sumamente peligrosa la anunciada vacunación obligatoria, que excluye toda alternativa, con las consecuencias previsibles de restricción de las libertades personales. A consecuencia de ella, los ciudadanos se están habituando a una forma de tiranía tecnocrática y centralizada, con la consecuencia de que la valentía cívica, el pensamiento independiente y sobre todo, cualquier forma de resistencia están seriamente paralizados.

Un aspecto de las medidas de seguridad y prevención impuesto análogamente en todos los países consiste en la drástica prohibición de todo culto público que sólo ha existido de una forma tan implacable en épocas de persecución de cristianos. Algo verdaderamente novedoso es que en algunos lugares las autoridades estatales llegan a prescribir normas litúrgicas para la Iglesia, como la manera de administrar la Sagrada Comunión; es una injerencia en cuestiones para las que únicamente la Iglesia tiene atribución. Un día la historia recordará con pesar a los clérigos del régimen de nuestro tiempo que aceptaron servilmente tales injerencias de las autoridades civiles. La historia siempre ha deplorado que en tiempos de grandes crisis la mayoría guarde silencio y se acallen las voces disidentes. Al Llamamiento para la Iglesia y para el mundo debería concedérsele por lo menos la oportunidad de entablar un debate objetivo sin miedo a represalias sociales y morales, como lo exige una sociedad democrática.

Para Adelantelafe


Una respuesta a «Mons. Schneider: por la dignidad y libertad del ser humano»

  1. Magnífico.
    Pero, por eso mismo, ni se le dará voz a Mons. Schneider ni al manifiesto. Ni por los obispos «juramentados» con el NOM ni por los políticos.
    No hace falta salir fuera para comprobarlo. Aquí un presidente autonómico de eso que bautizan como derecha (PP Andalucía) pide la supresión de la Eucaristía y un obispo, del Opus, dice que sus compañeros de la jerarquía eclesiástica se pusieron por delante de la manifestación anticristiana del gobierno socialcomunista.
    Lo aterrador es que estamos, literalmente, en los Últimos Tiempos y nadie quiere verlo (o reconocerlo)
    Porque si se viera, al menos individualmente las conductas serían otras.
    Tiempos de purificación nos tocan.

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